Hola, ¿qué tal el descanso de carnaval? Yo estoy medio zombi, porque regresé hoy en micro –15 horas de viaje– desde Catamarca. Por suerte, rompí el chanchito y me pagué el súper, extra, ejecutivo cama, que no solo tiene azafata, sino la comodidad de un asiento que se abre a 180°. Además, vi todo un recital de Marcela Morelo (debo confesar que sabía casi todos los temas) y después por suerte me quedé dormida en una película francamente mala, algo así como "El novio de mamá" (con Antonio Banderas y Meg Ryan, creo, porque está irreconocible). Amanecí tipo 6.30 cuando nos despertaban para desayunar algo que no tomé, preferí hacerlo en casa mientras Kali, a puro ronroneo, me "amasaba" el regazo.
Es interesante cómo cuando llegás a determinada edad, ponele después de los 30, lo que antes te pasaba desapercibido, ahora te pasa factura, desde lo que comés y tomás hasta cómo y cuánto dormís. Tampoco es que me pegó el viejazo, pero ¿soy yo o ya no es lo mismo? Ahora si como helado por la noche, a la mañana amanezco con dolor de panza (no hay caso); o si duermo poco, quedo cansada el resto del día, ¡a los 20 simplemente podía no dormir y seguir de largo! ¿Qué me pasó? Ni hablemos de lo importante de hacer gimnasia para recuperar el peso, ya no se arregla con aflojar con la panera un par de semanas. Hoy, los hábitos me resultan fundamentales, mi organismo funciona mejor si cumple una armoniosa y saludable rutina.
Por eso, hoy siento el cansancio de haber dormido agarrada por el cinturón de seguridad a una seudo cama de cuerina, mientras el micro evitaba los baches ruteros y los camiones que venían de frente iluminaban mi descanso. G me diría: "¡Si dormiste como un tronco, en coche-cama!", y es verdad, pero no amanezco igual, simplemente estoy cansada. Como diría mi suegro: "Sarna con gusto, no pica". ¿Quién me saca mis días en la montaña, mis paseos en pareja, el tiempo con mi familia política, las meditaciones al aire libre? Soy tan afortunada, aunque ahora tenga un poco de sueño.
¿Te pasa?, ¿qué hábitos se volvieron fundamentales para sentirte bien?
Linda semana corta, ¡se viene otro feriado!
Buenas, ¿cómo están? Ayer el debate me conmovió, realmente me maravilla cómo podemos compartir cosas tan íntimas y profundas, y de alguna manera, estar conectadas. Pensaba en eso en la peluquería, cuando mi vecina de espejo me pedía que le sacara una foto para mostrarle a su modista cómo sería el peinado para el casamiento. "Tomé la mala decisión de casarme", me dijo riendo, atareada con tantos preparativos. Había conseguido fecha en la iglesia para un viernes, porque los sábados ya estaban todos ocupados, pero ahora se enteraba que algunos habían quedado disponibles. "Es por eso que te piden el dinero de antemano, porque saben que muchos no llegan al altar", me dijo con crudeza. Pensar que hay algunas parejas que organizan su casamiento con más de un año de anticipación, ¡tantas cosas pueden pasar en la mitad! ¿O no? La verdad es que siempre quise casarme, pero pasados los 30 ya no tengo la ilusión de la fiesta, el vestido blanco, el centro de mesa. Sí me imagino con G. casándonos, casi a escondidas, con una ceremonia simple, mirándolo a los ojos, pidiéndole al Universo que tengamos la habilidad de combinar cambio con estabilidad. Siempre me resultó corto eso de "en la salud y en la enfermedad", ¡hay tantas variables en el medio!
Tuve una amiga (que hace mucho que no veo) que se casó y al mes se separó, habían estado años de novios, él era el primer amor de ella. Pero en la luna de miel él entró en depresión, se le había muerto el padre hacía poco y no podía conectarse con la nueva etapa. Mantuvieron las formas, hasta que se hizo irremontable y él dejó el flamante nidito de amor. En esa época yo era partidaria del "si no va, no va" y creo que eso terminó de distanciarnos, porque ella estaba convencida de que el compromiso podría sobre las vicisitudes. Esperó y esperó, y lo cuidó, aunque él le decía: "No te amo". Ella tuvo paciencia y por algún motivo permaneció ahí frente a un desconocido que conocía desde la adolescencia. Contra todos los pronósticos, después de casi un año se reencontraron, se empezaron a ver, ella quedó embarazada y empezaron a formar su familia. Hace poco la busqué en Facebook y los vi en fotos sonrientes con sus dos hijos. Y me dije: "Les funcionó". Esa sensación me dio, pero no lo sé.
¿Qué estamos dispuestos a dar o dejar ir por armar un vínculo de amor sincero? Yo creo que no estoy ni cerca del "sí, quiero" frente a un juez de Paz, pero sí me encuentro eligiendo a G. cada día, y cada instante construye mi/nuestro futuro y si es así tal vez la muerte nos separe algún día… o quizás ni Ella lo logre. Eso me quedé pensando mientras la futura novia pedía un turno de depilación completa.
¿Se casaron?, ¿cómo les fue?, ¿qué cambia?, ¿qué camino, si no, eligieron?
Abrazo y lindo fin de semana,
Sole
Unos amigos se separaron y quedé en el medio. Soy amiga de los dos, los quiero mucho. Entonces me tocó escuchar ambas campanas que resuenan con una irremediable verdad: algo se terminó. Ambos están destrozados, pero ya no pueden estar juntos. Él es muy "algo", ella es muy poco "otra cosa". No encajan. Cada uno tiene necesidades que el otro no puede atender, porque está resolviendo las propias. ¿Cómo construir un vínculo cuando ni siquiera llegamos a ser media naranja –ni te digo naranja entera– sino que más bien somos un gajo seco que quedó olvidado en la heladera?
Después de varias crisis y rupturas amorosas, tomé conciencia de que yo debía estar bien para tener una pareja sana y armoniosa, porque si seguía pidiéndole al otro lo que me faltaba nunca iba a ser suficiente. A veces era que me diera seguridad económica, otras que fuera más romántico, otras que se relajara, otras que se comprometiera, y así…, pero siempre había un agujero. Cuando revocaba a uno, aparecía otro, sin fin. Recuerdo que en una de esas oportunidades que estaba frente al abismo de una relación, decidimos ir a terapia de pareja. Él, anti-psicólogos, había decidido ir porque ya no quedaba otro remedio; y yo, psicoanalizada desde la adolescencia, estaba en mi salsa. Secretamente tenía una certeza: cuando llegáramos allí la terapeuta le sacaría la ficha rápidamente y le diría a él todo lo que yo pensaba que debía cambiar, por el bien de nuestro amor. Pero sucedió algo curioso, después de la sesión dijo estas sencillas palabras: "Muy bien, entonces vamos a seguir así, Sole está bueno que vos hagas terapia". ¡¿Eh?! "¿Y él?" "Empecemos trabajando en vos." Algo fallaba, ¡¿acaso yo no era perfecta?! Para nada, mi psico descubrió algo maravilloso: cómo usaba al otro de bastón y, en vez de mirar la pata que tenía floja, argumentaba lo malo que era el bastón que yo misma había elegido.
Entonces, en ese proceso aprendí a escucharme, a saber qué quería, a elegir a ese hombre con sus debilidades, a pensarnos como un equipo que podía potenciar nuestro crecimiento. Una gran herramienta en esa época fue no pedirle lo que él no podía darme porque no estaba en sus posibilidades o intereses y empezar a buscar en mi entorno quién podía suplir ese rol, que no tenía por qué ser de él, para cosas como desde ir al teatro hasta tener una charla profunda sobre mi trabajo. "No le pidas peras al olmo", dice el refrán, y yo agregaría: "¡si hay tantos perales!".
Por otro lado, me permitió conocerme a mí misma, porque al sacar la lupa de él, no quedó otra que mirarme a mí. Es por eso que las separaciones son tan poderosas; toda esa energía que invertías en el otro, vuelve –como un reflector– hacia vos.
Mi gran descubrimiento era esto de las naranjas (hoy estoy muy frutal): yo debía ser una naranja entera y encontrar a otro entero. Me volví consciente de lo que debía trabajar en mí y cuando puse manos a la obra, entonces vino alguien capaz de amarme sin condiciones, fuerte, estable, amoroso. ¿Otro hombre? No necesariamente, quizás el mismo, qué importa. Todos somos distintos a cada instante y podemos elegir ser mejores personas diariamente.
Me vuelve la separación, el dolor de mis amigos, y siento empatía por lo que deben atravesar, lo que todos atravesamos en el desafío de amarnos, de amar a los otros. ¡Qué viaje! Ojalá ellos puedan tener la claridad suficiente para aprender de esto y que el tiempo los encuentre en la aventura de crecer de a dos. O no, pero que aprovechen la travesía.
¿Cómo es para ustedes el crecimiento junto a su pareja?, ¿es posible?, ¿se potencian?
Agus, una lectora de Tomátelo con soda, mandó este videito (¡gracias!), que acompaña perfecto el tema. Una vez más, viajamos a París.
Abrazo,
Sole
Buenas, ¿cómo están?, ¿cómo amanecieron hoy? Yo, muy temprano. Me quedé dormida así que salí corriendo de casa rezando que no se hubieran llevado el auto, que había dejado de noche sobre la avenida. Ahí estaba, qué alivio, así que empecé el día. Después de dos reuniones, coincidí en la puerta de la empresa con una compañera, hicimos el recorrido juntas hasta llegar a nuestra oficina, pero ella se detuvo y me dijo que se quedaba afuera para fumarse un pucho. Me acordé de la cantidad de veces que quiso dejar y no pudo, y subí las escaleras rumiando el tema: abandonar el vicio. ¿Se puede? Otra compañera de trabajo siempre me dice: "Soy vegetariana, tengo una vida completamente saludable, hago meditación y yoga, sin embargo fumo, que no tiene nada que ver con mi vida". Pero no puede dejarlo. Cada tanto me cuenta: "Dejé, incluso estoy con ansiolíticos que me dio la médica para que me sea más fácil". Yo celebro la decisión y al mes la veo de nuevo en la puerta, casi con culpa, y me dice: "Volví".
Hoy a nadie le quedan dudas de que el cigarrillo no solo hace mal (tiene una cantidad de metales mortales para el organismo, como plomo, por ejemplo), sino que es contaminante para nuestro entorno. ¿Sabías que un lugar en donde se fuma, aunque estén las ventanas abiertas, tarda 15 días en limpiarse de los residuos que deja el cigarrillo? Esto quiere decir que es igual de tóxico subirte a un taxi apto para fumadores, aunque el chofer no esté fumando en ese momento.
El año pasado concurrí a un taller sobre el impacto del tabaco en nuestra sociedad, y en relación a eso, las nuevas leyes que promueven los espacios libre de humo. Lo más interesante del seminario fue que el foco no solo estaba puesto en los no fumadores, en cómo "protegerlos", sino en cómo ayudar para que el fumador pueda elegir una vida más saludable con programas gratuitos en los hospitales o centros de salud. ¿Fácil? No, para nada fácil. Carola Sainz, periodista y ex fumadora, quien escribió el libro "El placer de no fumar nunca más", equipara dejar el vicio con la muerte de alguien cercano, con hacer el duelo por un compañero que se va. No caben dudas, es un gran desafío. El tema es estar dispuesto a atravesarlo, no todos quieren dejar de fumar, pero cuando uno tomó la decisión lo bueno es ponerla en marcha hoy y usar todos los recursos que estén al alcance. Mi dentista me contaba el otro día que muchos de sus pacientes dejaron de fumar con un consejo que a él le dio resultado: "Perdonate". ¿Cómo sería? Si en el proceso te fumás un pucho, perdonate, no tires todo por la borda. Nuestra mente suele hacernos pisar ese palito, estamos a dieta, te comiste un brownie y ya está, desbarrancamos. En cambio, date una palmadita y decite: "Ok, volvemos a empezar, no pasa nada". Castigarte es mucho peor.
La verdad es que yo nunca fumé, pero el tema me preocupa e interesa, también me genera una gran alegría cuando alguien deja de fumar, porque sé lo que eso significa, sé lo que está ganando al hacerlo. Sé lo que implica respirar aire puro, hacer de nuestros pulmones herramientas para una mejor calidad de vida.
5 claves para dejar de fumar
Fuente: Revista OHLALA!
Por Julieta Cassone, coordinadora del Programa de Cesación Tabáquica de la Fundación Foro.
- Cuando dejás de fumar, experimentás un aumento de tu autoestima, te sentís activamente responsable.
- Dejar de fumar es un logro que uno desea compartir ya que, según las investigaciones, aumenta tu estatus y aceptación social.
- Surge el orgullo en vos, que se produce por una valoración positiva de uno mismo ("pude dejar de fumar").
- Al tratarse de un estado positivo y placentero, uno trata de reproducirlo en otros ámbitos de su vida.
- Como el número de recaídas en tabaquismo es muy alto –sólo un 30 por ciento de los pacientes que dejan de fumar sin ayuda llegan al año sin reincidir–, es fundamental pedir ayuda profesional.
¿Qué te despierta el tema del tabaco?, ¿querés dejar de fumar?, ¿qué te dio resultado?
Abrazo y lindo miércoles,
Sole
Hola, ¡feliz día de San Valentín! En mis épocas de enarbolar la bandera del antiimperialismo solía decir que era una fecha impostada para aumentar el consumo, entonces toda la cursilería rosa y roja me parecía una fantochada. ¿Era necesario regalar un oso de peluche con un "Te amo" estampado para la ocasión?, ¿la música melosa?, ¿las notas en TV de personas jurándose amor eterno?, ¿las personas pegoteadas por el calor en las plazas para cumplir con la fecha?, ¿las solteras desorientadas?, ¿las bombonerías haciendo promos de chocolates derretidos? ¿Es necesario? Hoy creo que sí, y lejos de despotricar por las fechas articuladas con un boom de compras, creo que cualquier excusa es buena para celebrar. Está bien esto de "todos los días debería ser día de la madre, o del padre o de la pareja", pero no vienen mal los recordatorios.
Estas efemérides, que para quienes trabajamos en algún medio de comunicación nos marcan el ritmo y tono del contenido, son como post-it que nos obligan a poner la atención ahí. Recuerdo que una vez una amiga me confesó: "Yo odiaba el día de la madre, pero ahora que tuve un bebé no solo quiero que me digan feliz día, sino que me mimen, me regalen algo lindo, que sea un día especial."
Hoy no haré nada de nada, primero porque G. está de viaje, segundo porque si estuviera, no sé ni siquiera si se acordaría, calculo que caería con un ramo de flores después de mil indirectas, pero valoro mi conexión con él a distancia, disfruto de los festejos ajenos, celebro el amor en todas sus formas incluso los que vienen con moños de estampa de corazoncitos. Una señora en el noticiero decía horrorizada: "Hoy festejan San Valentín y en un mes se separan." Y yo me preguntaba: "¿Y?, qué importa, si no sabemos dónde estaremos en un mes".
Entonces, me viene a la mente un poema que aprendí de memoria a los 15 años, cuando tuve mi pico de cursilería. Es de Mario Benedetti y siempre me conecta con un espacio interior mío de amor ilimitado. Hoy, San Valentín mediante, me puedo dar este permiso:
Hagamos un trato
Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo
Feliz día, y ustedes también pueden contar conmigo.
Abrazo
Buen lunes, ¿cómo están? ¿Qué tal pasaron el fin de semana? Yo estuve largo rato en la naturaleza, pasé tiempo con grandes amigos, vi una película pochoclera ("Amigos con beneficios") y organicé cenita en casa para mi familia, así que estoy muy contenta.
Una compañera de trabajo llegó hoy de vacaciones con algunas demoras porque en el aeropuerto de Bogotá se encontró con una huelga de empleados bautizada Operación Tortuga. ¿Objetivo? Demorar los vuelos. Si bien no terminaban de oficializarlo, era un rumor entre los pasajeros que se agolpaban esperando que de una vez por todas saliera su avión, desconociendo los reclamos por aumentos de sueldo. Obviamente, es difícil tomárselo con soda cuando sos uno de los viajeros en apuro o uno de los trabajadores en reclamo, pero me quedé pensando en el concepto: ralentizar. Y aquí va mi asociación libre, ja: me vino inmediatamente Carl Honoré a la cabeza, periodista y promotor del movimiento slow. Él se dio cuenta de que había que empezar a vivir más despacio cuando registró que mientras le leía a la noche cuentos a su hijo, estaba pendiente de su celular. Fue así que comenzó a investigar un modo de vivir más sereno. ¿Qué pasaría si hiciéramos las cosas más lento?, ¿cuál es el gran beneficio de andar a las corridas? Me acuerdo que cuando leí "Elogio a la lentitud", su best seller, uno de los estudios que más me llamó la atención fue la inutilidad de caminar más rápido cuando estamos apurados. Creemos que acelerar el paso nos redundará en un gran beneficio, pero la diferencia entre ir rápido e ir pausado es de pocos minutos, insignificantes. ¿Entonces porqué correr, acelerar nuestro ritmo cardíaco, transpirar, etc.? ¿A dónde queremos llegar?, ¿qué es lo TAN importante que nos espera…? "Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida", asegura él en su libro y propone: "la lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo, tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros." Vivir más lento, me quedo pensando… ¿cuál sería mi Operación Tortuga?, ¿es hora de enjaular a la liebre?
Vos, ¿estás a las corridas?, ¿por qué?, ¿cómo podrías remediarlo?
Linda semana, bienvenidos los que llegan de vacaciones...
Sole
¡Buen día!, ¿cómo están? Ayer pensaba en descansar este fin de semana, en cómo parar un poco la pelota porque los últimos días fueron de mucha actividad. Pensaba, de alguna manera, cómo equilibrar. Tengo una imagen en la cabeza: es como andar en bicicleta, si uno no pedalea parejo, la bici se ladea. Entonces, después de mucho trabajo, debo encontrar un espacio de relax, recordar ese pedal. Eso para mí es no hacer nada de nada, darle la oportunidad al tiempo de desplegar su laxitud: reunirme sin objetivos, no tener nada planeado, dejar que el día me sorprenda, permitirme estar en la cama, comer rico, verme con amigos, estar sola. En fin, evitar esos compromisos que te requieren resolutiva o simplemente apagar a la mente "resultadista" (que espera que el sábado y el domingo clickee tantos compromisos que vengo postergando). La nada (para mí, una agenda sin ninguna cita) te sumerge en vos mismo, te permite observar cómo estás y qué querés en la vida, te propone estar con vos como buena compañía; al fin y al cabo quizás es la prioridad que tenías olvidada. Entonces, me acordé de un video que filmé para este espacio y nunca subí. Es de un amigo, Juani, haciendo pizzas. En realidad me copó cómo las armaba y los sabores que eligió (nunca vi una pizza con palta, por ejemplo), además es el retrato de un día de diversión y amor, porque había muchas personas que quiero, con las que puedo estar callada, tirada en un sillón, sin hacer nada, o jugar, reírnos, charlar.
Por otro lado, ¿hicieron alguna vez pizzas caseras? Te conectás con la masa, con la capacidad de crear nuestro propio alimento desde cero, sin delivery. Además, ¡amasar relaja!, ¿les pasa? Y comer, ni les cuento...
Espero que les guste. Con ustedes, la cocina de Juani...
Que tengan un gran fin de semana y que puedan descansar.
Sole
Buenas, ¿cómo están? Ayer hablábamos de los malos entendidos, y hoy pensé en homenajear a una entendida del saber decir, contar, compartir: Ana María Bovo. ¿La conocen? Ella es narradora, actriz ("Maní con chocolate 2"), escritora ("Rosas colombianas" y "Cuentos de humor y amor") y realmente es delicioso lo que hace. Me puse a pensar por qué me cautiva que me relaten un cuento y me descubrí niña en la respuesta. Me acordé de cuando mi papá me inventaba historias fantásticas sentado al borde de mi cama, y noche tras noche contaba la misma historia, con nuevos elementos que despertaban sorpresa (un laberinto del que había que encontrar la salida, una torta multigusto, un grupo de amigos ante una nueva aventura...). Entonces, me dejaba llevar por mi imaginación y descubría que dentro mío había un Universo vasto e inagotable, al alcance del relato. Por eso, de grande, me hice fan de Ana María, y hoy quería compartir con ustedes un audio de ella, cortito, pero precioso.
¿Ustedes les relatan cuentos a sus hijos/sobrinos, les gusta escucharlos?
Lindo jueves, ya llega el fin de semana!
Sole
Hace algunos años nos distanciamos con una amiga por culpa de un mail. Ella entendió que yo le dije una cosa, y yo entendí que ella me había dicho otra, y por dos entendimientos mal entendidos estuvimos un tiempo sin hablarnos. Durante esos meses yo no solo argumentaba en mi mente lo que me había escrito, sino que salpimentaba el drama con algún extra de nuestra historia compartida. "Siempre fue una chiquilina", "es una desagradecida", "yo siempre fui generosa con ella", y bla bla bla… la memoria, como si fuera un camión de basura, se ocupaba de recolectar lo malo, lo seleccionaba, generalizaba ("ella nunca estuvo para mí") y, por último, sacaba las cosas de proporción (mi amiga de toda la vida, era mi peor enemiga). ¿Era así? Claro que no. Muchas veces el otro nos deja desnudos con nuestras propias carencias, nos espeja nuestras debilidades, se convierte en nuestro maestro zen, con varilla de bambú incluida que nos alecciona cuando nos equivocamos. Si bien con el tiempo nos amigamos porque no nos daba más el corazón de extrañarnos, siempre intuí que habíamos resuelto mal el conflicto.
Entonces repasé el paso a paso de nuestro entredicho.
1) Algo nos molestó.
2) Una escribe un mail lleno de rencor y bronca.
3) La otra le responde del mismo modo.
4) Vuelve a llegar un mail, más hiriente y argumentativo aún.
5) La otra en una manipulación de poder, no le responde.
6) Cada una maquina lo que quiere en la cabeza.
7) Evitamos encontrarnos en eventos comunes.
8) Ya no sabemos por qué nos peleamos.
Ahora, imagino un plan B ("b" de bueno).
1) Algo nos molestó.
2) Una llama a la otra por teléfono y le dice de encontrarse.
3) Se encuentran, comienzan hablando de cómo se quieren.
4) Ambas creen tener razón, pero una elige ceder ese derecho para preservar la amistad.
5) Se sinceran, vuelven a priorizar cuánto se quieren y la historia compartida.
6) Dejan de argumentar, y alguna hace un chiste (quizás hablan del chico lindo que pasa).
7) Alguna puede llorar, la otra también (somos mujeres, al fin y al cabo)
8) La amistad se enriquece, nos conocemos más a fondo, nos volvemos a elegir.
¿Quién inventó eso de escribir lo que sentimos por mail? Para quienes nos damos maña con la escritura o tenemos poco tiempo, parecería una buena forma de mantenerlo todo bajo control. ¿Pero es así? Lo que escribimos tiene un tono librado al temple emocional de quien lo lee. No registrás el impacto que surte en el otro, no hay manera de medir lo que decimos en función de nuestro interlocutor. En definitiva, nos desconectamos y dejamos de ser seres humanos para ser grandes argumentadores Gmail.
Ayer me volvió a pasar. Me encontré provocando un ida y vuelta de correos descorazonados con otra gran amiga. Y aprendí la lección (al fin, "la letra con sangre entra"), hasta que paré la pelota y me dije: ¿y si la invito a comer? Y en la valentía del cara a cara limaremos nuestras asperezas. Agradezco, entonces, estos avatares de la vida que me hacen observar dónde poner la lupa, y a tantas amigas sabias que eligen construir relaciones sinceras y amorosas.
¿Te suena lo que te cuento?, ¿te pasó?, ¿cómo resolvés vos esos conflictos?
Que tengan un miércoles más fresquito,
Sole
¡Buen día!
Estuvo bueno el debate de ayer. El cambio siempre nos despierta distintas miradas, porque hay tantas formas de atravesarlo como personas en el mundo. Por eso, agradezco sus aportes.
Les cuento que hoy llegué a la oficina con el último aliento. Suelo tener baja presión, así que estos días de tanta humedad y calor me dejan sin fuerza. Viajo en el Twingo (sin aire) como si condujera un sauna y luego camino cual zombi por la ciudad transportada por la inercia, como en una película en cámara lenta. No hay papa frita que me levante (supuestamente la sal ayuda, ¿no?).
¿Cuándo me tomaré vacaciones?, ¡extraño Necochea!, pienso. Entonces, llego a mi escritorio y renovada por el aire acondicionado me dispongo a armar una lista de las cualidades de un verano urbano, sólo para no dejar que los 30 grados me aplasten...
5 razones para pasar el verano en Buenos Aires/tu ciudad (cuando no te queda otra...)
Los trámites se hacen más rápido. Todo lugar donde se armen colas es más ameno de visitar en enero y febrero, idealmente temprano, ¿no?, cuando no hace tanto calor.
No hay tráfico. Las distancias que me llevan 30 minutos de auto, ahora pueden llevarme la mitad del tiempo.
La gente está de mejor humor. No sé si es por el contraste de la locura de diciembre, pero los primeros meses del año predisponen mejor a la gente.
Atardece tarde y se disfruta más el día. Podemos aprovechar para vernos con amigos (happy hour). Estamos siempre un poco de vacaciones.
En general, tenemos menos trabajo. Salvo excepciones, no son meses de muchas exigencias.
¿Qué es lo que te gusta a vos de pasar un verano en la ciudad?
Lindo martes,
Sole
Buen lunes a todos. ¿Cómo están?, ¿cómo pasaron el fin de semana? Hoy quería mostrarles un video que me encantó. Resulta que hace algunos meses apareció en el jardín de Publirevistas una gatita escuálida. Nuestro lugar de trabajo, gracias a mi compañera Jackie (amante gatuna) y algo de mi ayuda, se ha convertido en una especie de Botánico. La cachorrita temblaba de frío con 30 grados a la sombra y parecía no haber comido en los últimos días. Imaginábamos que tendría un mes y supimos enseguida, por su pelaje tricolor, que era hembra. ¿Qué haríamos con el gato? Jackie ya tenía a Lola (a quien también había rescatado), yo tengo a Kali, que es capáz de comérsela cruda. Entonces, durante ese día les preguntamos a nuestros amigos quién podía adoptarla, y a la tardecita ya tenía dueño y nombre, Susana. Qué alivio.
A las semanas, recibimos un video que había filmado el padre adoptivo y me pareció genial, se titulaba First week. Hate – Love y retrataba cómo Sony, su antiguo gato, tuvo que aprender a convivir con la gurrumina y pasó del odio al amor. Me recordó mis celos de infancia cuando llegó mi hermana María, recién nacida, a casa, y me destronó de ser la hija única. La cantidad de veces que me resisto al cambio y sufro, y también cómo nos condicionan los prejuicios; a veces arrancás con el pie izquierdo con alguien, quien luego se convierte en un gran amigo. Pero lo más revelador fue ver al gatito –inmutable frente a los zarpazos del gato grande– porque a veces nos hacemos tanta mala sangre por lo inevitable de una situación, por ejemplo la imposición de un vínculo y no nos damos cuenta de que en la aceptación está la clave. Eso nos permite actuar, en vez de reaccionar, y armar nuestra realidad con lo que ésta propone. No significa que uno se deba resignar, por supuesto, siempre es preferible evitar aquello que te hace mal, ¿pero cuando eso no es posible? Cuando tenés esa suegra, ese compañero de trabajo, ese cambio irrefrenable en tu vida, ¿qué hacés? Yo elijo aceptar y que venga lo que venga, me predispongo lo mejor que puedo. Entonces, en general, el otro revela su mejor cara.
Claro, no fue el caso de Sony... hasta el final del video...
¡Qué tengan una linda semana!
Sole
¿Bailás?, me dice un gordito, algo pelado, al borde de la pista.
Hay algo que me inquieta. No me termina de gustar que un extraño me agarre, me haga bailar, pero él me da cierta seguridad. "¿Pero si no le entiendo los pasos?", cruza mi mente, pero ya estoy bailando. No supe decirle que no, no quise quedarme como mera espectadora de una nueva tanda. "¡Un vals!", me sorprendí y me hundí en su pecho, olía rico, masculino. Estaba bailando tango, pero me sentía en una pista de patinaje sobre hielo, deslizándome, todo sucedía a pesar mío, y por un lapso la mente se calló. Sonaba como un arrullo la melodía de Desde el alma, de Homero Manzi y Víctor Piuma Vélez, que me despabiló con una de sus estrofas más aguerridas: "¡Deja esas cartas!/ ¡Vuelve a tu antigua ilusión! / Junto al dolor / que abre una herida/ llega la vida / trayendo otro amor." Yo, que estaba recién separada, no de G, sino de Juan, seguí bailando.
"Pensar es el mayor error que un bailarín puede cometer. No hay que pensar, hay que sentir", decía Michael Jackson. La danza es meditación en movimiento, es poder estar en el aquí y ahora, es dejar afuera el "qué dirán" para expresar la libertad del movimiento. La verdad es que bailo menos de lo que me gustaría. Hace tiempo que no voy a una milonga, y casamientos tengo poco y nada, y no piso un boliche desde los 20, más o menos. Pero cada vez que tengo oportunidad, corremos los muebles, y bailo con G en el living, a él le encanta bailar, es un gran bailarín, y cierro los ojos y me animo a hacer pasitos descoordinados, "trucos" de baile, y saltar al mejor estilo pogo solitario. Me acordé entonces de la brillante escena final de Little Miss Sunshine, ¿se acuerdan?, la nenita que freakeaba a la audiencia con una coreo bizarra sin importarle la mirada ajena, porque ella solo quería bailar. La admiré, tan resuelta y natural, finalmente acompañada por su familia, quienes hartos de cumplir con las formas se entregan al baile, y al fin sonríen, disfrutan. Hasta que la música al fin se acaba.
¿Te gusta bailar?, ¿qué?
Sole
¡Hola!, buen día, ¿cómo amanecieron hoy?
Quiero compartir con ustedes un video de una canción que me envió por mail una de las lectoras del blog. Busqué la traducción de la letra, porque está en francés, pero lo más lindo es ver la fuerza de quien la canta, una compositora joven, Zaz. ¿Escucharon hablar de ella? Para mí es la primera vez.
Esta versión la filmaron caseramente en Montmartre, y también es una linda excusa para viajar al menos por cuatro minutos a París, ciudad a la que siempre quiero volver.
Espero que les guste, a mí me encantó cómo rescata la inocencia de los niños, del juego, de expresarse sinceramente. ¿Qué les provoca a ustedes?
Los Transeúntes
Los transeúntes pasando
Paso el tiempo mirándolos, pensando
Sus pasos precipitados en sus cuerpos heridos Sus pasados se revelan en los pasos sin preocupación
Así, sospechosa, a la caza, percibo el juego de Pan.
Sus rostros como máscaras me dan la impresión repugnante De que fingir está de moda
Estribillo:
Pasa, pasa, pasará
La última se quedará
El niño está hecho sólo de fiestas.
El hecho es que el efecto se refleja
En su capacidad de aceptar el hecho tal como es Sin referirse a un sistema de pensamiento en su cabeza
Ya es otoño, ayer aún era verano.
El tiempo me sorprende, parece acelerarse.
Los números de mi edad me llevan hacia este mes soñado
Estribillo:
Pasa, pasa, pasará
La última se quedará
Cada mes se desarrolla en ciclos diferentes.
Es raro, esta agitación que me anima a través del tiempo.
De un estado a otro, oscilo inexorablemente
Hoy en día corro hacia el equilibrio.
Cada juicio sobre la gente me da la dirección a seguir Sobre estas cosas en mí que tengo que cambiar, que me impiden ser libre
Las voces se liberan y se exponen
En los escaparates del mundo en movimiento.
Los cuerpos que bailan en armonía
Se deslizan, tiemblan, se confunden y se atraen irresistiblemente
Hoy en día corro hacia la expresión.
Cada emoción sentida me da ganas de expresar lo que no se dice Y que se haga justicia en nuestras
pobres vidas dormidas
Estribillo:
Pasa, pasa, pasará
La última se quedará
Sole
Buen día. Hace algunas semanas terminé de leer la primera novela de Carolina Aguirre, El efecto Noemí. Descubrí a la autora cuando escribía su blog Bestiaria y la conocí en los comienzos de OHLALA!, como colaboradora, cuando me tocó editarle sus textos de prosa impecable. Entonces, al recibir su libro, ni lo dudé y le dediqué mis ratos de fiaca. Bah, me lo comí, así como el protagonista, recién separado, engulle la lata de frutas secas importadas. No solo me divirtió sino que me hizo asombrar y tomar distancia de una Soledad que cae en los lugares comunes de enloquecer a su pareja: "Levantate, dale", "¿llevás abrigo?", "no lo hiciste así", "¿por qué no lo hacés asá?", "no me llamaste", "llegaste tarde", etc… Sin embargo, recién el otro día, rumbo a Mar del Plata, terminé de tomar conciencia del poder de esa Soledad que se cuela hasta la última rendija de G.
Estábamos en Atalaya, él se había bajado a comprar medialunas calentitas, ahí por el kilómetro 100. Abrí el paquete y exclamé: "¡qué poquitas!". Eran 8. "¿Por qué no compraste una docena?". G se rió: "Porque pensé que me ibas a decir que eran muchas". Me comí dos y le dejé el resto a él por la culpa que me carcomía por dentro. ¿Quién era esa chica que le hablaba a él en la cabeza?
Entonces, me acordé del libro, que relata cómo Boris no puede deshacerse de esa mujer que ya no duerme con él, pero que opina y lo provoca; lo interpela, por ejemplo, cuando va a comerse una ración extra: "Te va a hacer mal. ¿No era que te dolía la panza? ¿Por qué no te tomás un té y te vas a acostar?" Me propuse entonces, llamarme al silencio más seguido, y a su vez comencé a observar a quién tenía yo en la cabeza. Descubrí un festín de familiares, compañeros de trabajo, usuarias del blog, distintas versiones de G, que armaban su propio talk show, sin Lía Salgado de por medio.
Respiré, e identifiqué cómo yo podía encontrar mi propia voz entre el murmullo de voces. "Ponete derecha, estás toda encorvada", me dice G. "¿Cuándo vas a visitar a tus viejos?", me consulta un simulacro paterno. "Acaso no vas a responder al debate de ayer", me increpa un avatar cualquiera. "Estás más gorda", me sorprende mi hermana estilo holograma. "¿Estás comiendo sano?", me consulta mi médico. "¿Sos feliz?", me pregunta mi Maestro interior. Y me queda pimponeando esa última pregunta. Y en eso estoy, viendo cómo procuro mi felicidad, una tarea diaria.
Vos, ¿a quién tenés en la cabeza?
Conclusión del debate de ayer: Creo que no hay conclusiones, los debates no tienen fin. Mi propuesta es que temas que requieren cierta profundidad las charlemos personalmente, este espacio es limitado y se presta a más de una confusión. Entonces, me encuentran en Facebook, o por mail: solesimond@gmail.com, que es mi casilla personal, e incluso tomamos un té cuando quieran. Por último, agradezco la participación de todos, porque en general detrás de cada comentario hay buenas intenciones (salvo, claro, aquellos que son realmente hirientes, despectivos y que toman a la mujer como objeto). Dicho esto, sigamos compartiendo.
Que tengan un muy lindo día,
Sole
¿Cómo están? ¿Qué tal esta mañana lluviosa? Yo la arranqué en Informadísimos, el programa que conduce Verónica Varano por canal Magazine. Entre el móvil con Aníbal Pachano, las problemáticas de los jubilados, la última expulsada del Soñando por bailar, la promo del "¿paint zum?", aparecí yo, que ya estaba por huir (me había agarrado una especie de fobia por esperar tanto tiempo en un lugar que no me era familiar). Sin embargo, me quedé y estuvo muy bueno. Para mí es todo un aprendizaje: cómo decir, qué decir, cómo inmiscuirme en un Universo ajeno de manera natural. En fin, hoy quería contarles que en estas dos últimas semanas estuve con nueve bebés: Fermín (mi ahijadito), Manu, Matilda, Mateo, Rocco, Lara, Renata, Olivia, Tania, ¡y aún me falta conocer a Vitto!
Si hay algo que me da felicidad en la vida es pasar tiempo con ellos, auparlos, hacerlos reír, cantar "qué linda manito", darles de comer, y sobre todo estar con las mamás, mi grandes amigas, especialmente con las recién paridas, que solo hablan del parto, los sacaleches, las pezoneras, los pañales, y las últimas gracias. Me fascina escuchar mil veces cómo se las ingenian para descifrar el llanto, o lo impredecible del descanso, o cómo su pareja ahora es papá y ellas ¿quiénes son?, ¿qué son?, ¿dónde están? La maternidad cayó como un meteorito en sus rutinas y aún están en pleno temblor buscando qué quedó en pie.
Entonces observo el caos como un momento mágico de despertar. La maternidad, a pesar de las pocas horas de sueño, te despabila, y disfruto de esa transformación ajena, esperando contagiarme al menos un poquito de esa energía acuosa, de puro amor.
El otro día, mi amiga Uge, recién parida me escribió un mail: "perdón si hablamos mucho de temas mamísticos, ya se nos pasará el puerperio y volveremos a ser personas normales". Y yo pensaba ojalá no, ojalá siempre sean esas mujeres extraordinarias, con ese temple, esa calma.
Recuerdo que cuando fui a ver a mi amiga Anahí, subeditora de fotografía de OHLALA!, a su casa después del nacimiento de Olivia, la atmósfera era como la de un ashram (o hall de prácticas espirituales), si cerraba allí mismo los ojos, hubiera entrado en meditación profunda. La disciplina de llanto, teta, pañal, siesta, y vuelta a empezar, es más rigurosa y profunda que la de un templo tibetano. "Le doy el pecho y miro por la ventana, me vi todos los cielos de esa ventana, a toda hora", me confesó Ani.
Es cierto que no es el tiempo de contar nuestra última pelea amorosa o el pedido de aumento de sueldo en el trabajo, es momento para otra cosa, para sumergirnos en ese silencio que flota en el aire o incluso cotejar nuestra paz mental ante un llanto que no cesa.
Por eso soy feliz por mis amigas mamás, aunque ellas me digan: "sí, pero tiene todo otro costado…". Lo sé, como cada despertar en la vida, el aprendizaje está lleno de opuestos y contradicciones, pero es sólo para que el disfrute se potencie y una salga de la experiencia más armada y serena, acompañada por ese Maestro recién llegado, que sabe exactamente qué viniste vos a aprender.
¿Qué te moviliza la maternidad?, ¿cómo fue tu experiencia?
Conclusión del post de ayer: veía cómo siempre la solidaridad es un tema que nos moviliza, y en ese punto me gustaría quedarme: "empezar a hacer". Lo que sea, con lo que cada uno se sienta cómodo. Escucharon esa frase que dice: "tus habilidades y tus dones son un regalo, pero no son para vos, son para los demás". Entonces, si sabés cocinar, cociná para otros; si sos buena comunicando, comunicá; si sos abogada, ponete al servicio de una buena causa; si sos buena con los chicos, serví en ese sentido. Y sé el cambio que querés ver en el mundo, si querés Paz, que todo lo que hagas sea con amor y calma.
¿Cómo están hoy? Yo estoy recién llegada de la costa, por suerte perdí el blanco teta, pero gané algunos kilos a pura medialuna (¿¡por qué son tan ricas las de la costa!?).
Ayer una amiga me habló de un chico de Pergamino que actualmente vive en Austin, Texas, que tiene un lindo proyecto de servicio. Se llama Pachi Tamer y su misión es preguntarle a los sin techo cuál es su deseo y ponerse en campaña para cumplírselo. Se tratan de sueños simples –como tener una bicicleta– y uno puede sumarse donando un dólar.
La idea me parece inspiradora, porque cualquiera de nosotros podría salir hoy a la calle y preguntarle a otro: "¿qué puedo hacer por vos?". Me recordó cómo una amiga le consiguió trabajo a un hombre que vivía en la calle hace 15 años, por ejemplo. Pero también me disparó otras preguntas: ¿qué te gustaría hacer antes de morir?, ¿cuál es tu sueño?, ¿qué estás haciendo para lograrlo? ¿Vieron la teoría de los fractales? Lo que está en pequeño, estará en grande, sería a grosso modo. Es decir que si todos los días procurás tener un rato para vos mismo eso impactará en la proyección de tu vida. "Quiero tener plata", podrías decir. OK, ¿qué hiciste hoy para acercarte a este objetivo? "Quiero cambiar de trabajo", OK, ¿hoy mandaste algún CV? "Quiero pasar más tiempo con mi familia y amigos", OK, ¿hoy los llamaste?
Eso que queremos en el futuro se construye desde el hoy, con pequeños gestos, actos.
Yo quiero tener más tiempo para profundizar en mis vínculos y pasar más tiempo en la naturaleza, ahora veré qué hago para ponerlo en marcha.
Más info sobre el proyecto: www.one-dollar-dreams.com
También está en Facebook.
Les mando un beso grande
Linda semana,
Sole
En los momentos de dificultad uso el título de este post como mantra, me doy cuenta de que así como los problemas del pasado hoy son solo una anécdota, los de hoy también son pasajeros, efímeros, solo tengo que ponerme a disposición del Universo para resolverlos. "Poner el cuerpo", me gusta decirme, entonces la solución viene al encuentro, en cambio si me quedo enrroscada en por qué me pone la vida tal o cual desafío, el obstáculo se vuelve imposible de atravesar.
Este video de Ok Go me recuerda cómo se puede utilizar la capacidad destructiva para generar un efecto positivo. Así como el Ave Fénix, todos tenemos la posibilidad de morir y renacer en mejores personas a cada instante, sabiendo que todo cambia, todo está en movimiento. Entonces, viene a mi encuentro el desapego y practico un andar más liviano, que apenas deja su huella en la arena.
Si lo ven, cuéntenme qué les parece.
Les deseo a todos un gran fin de semana.
Abrazo desde la playa,
Sole
PD: chicas, les pido que los comentarios sean en el marco del respeto ya que este espacio busca el sano intercambio de opiniones. ¡Gracias!
Buen día, ¿cómo están? Estoy partiendo rumbo a Pinamar. Ayer estuve un rato en la Bristol, lo viví como un fenómeno. Les conté ya que soy chica de Necochea y realmente nunca había pisado una playa tan populosa. Es increíble cómo tanta gente elige pasar sus vacaciones, apiñados.
Entonces todo sucede en un metro cuadrado: el vendedor de pelotas, el nene que corre, la que se pone protector 50, el que toma mate, el que intenta caminar, el perro, la reposera la sombrilla, la palita, el castillito de arena, la música, la radio, los gritos, las risas, la piel ardida, los ya bronceados, "a solo 30 pesitos", promete un vendedor y sigue. Y mientras, yo lo miro a G., que está estupefacto, molesto, incómodo, y me dice: "no me gustan las multitudes". Y vamos a comernos un churro en Manolo, donde hay que hacer cola, y queremos caminar y hay que esquivar gente, y pensamos por qué no agarramos el auto para irnos al sur, pasando el faro, donde las playas te permiten extender las patas. Pero ya no hay tiempo.
Entonces, quería preguntarles a ustedes, ¿por qué creen que la gente se amontona? Me intriga, ¿por qué será? Debe haber buenos motivos.
Estas son algunas fotos de ayer, se titulan "Turista en Mardel"
Lindo jueves.
PD: A las 11 AM, Juan Alberto Badía me entrevistará en su radio en Pinamar y a las 17.30 estaré en el parador Mirasoles, por si alguna está por la zona. Así de paso nos conocemos.
¡Hola!, ¿cómo están hoy? Mientras leen el post, yo estaré de viaje hacia Mardel, espero que comiendo una medialuna de Atalaya. Entonces, dejo este sueño escrito: este año quiero volver a India. Viajé hace seis años, con un corte de pelo olvidable (producto de un peluquero que se creía Dalí, posta), con mi mamá y mi hermana. Y la sensación que me quedó es que es la tierra de los deseos cumplidos, de la inocencia, de los contrastes. Fue paradójico, fui a buscar silencio, pero me encontré con mucho ruido. Aquello que nunca imaginé posible se me cumplió, y los ojos, desde ese viaje, se me hicieron grandes. Desde entonces, veo distinto; la vida tiene otro matiz, puedo honrar la vida, porque allí agradecen cada instante, y también me encontré con mi costado más compasivo ante el dolor, ante la carencia, ante la falta. La misma que surge cuando un nene me pide una moneda en el semáforo, porque no es otra pobreza, claro.
Recuerdo que me miraban como si fuera un bicho raro, algo extraño. Me gustó sentirme visitante, y ellos dándose el gusto de mirar sin pudor, como si yo fuera el animal enjaulado en el zoológico. Entonces, al darme cuenta de que estaba a la merced de la mirada de esos extraños que por algún motivo me eran tan familiares, pensé: "¿cuándo habré estado acá antes?". Y me sumergí en ese misterio.
"Agradecé", "pedí deseos", "cerrá tus ojos", "honrá", "amá", "buscá", son las palabras que me vienen, son las palabras que me marcaron no en ese momento, sino mucho más tarde, porque hay que masticar la experiencia. India decanta con el tiempo.
Hice shopping de cosas que casi nunca usé, todavía tengo saris que siguen doblados en mi placard esperando ser vestido, almohadón, ¡o algo! Pero nada. A veces me animo a ponerme un bindi (la marca en el entrecejo) y me veo linda, ¿pero quién soy yo para ponérmelo? Y tengo algunas imágenes del hinduismo que me inspiran, como Ganesha (el elefante), que remueve los obstáculos y me abre camino. Creo en lo que yo quiero, porque si hay algo que me llevé de allí es una fe indestructible. Hoy creo en lo que me propongo, en principio, y en que estoy siendo cuidada. Creo, solo eso. Y eso, se lo debo a la India, a donde espero volver este año. ¿Quién te dice? Quizás lo logro.
¿Cuál es tu sueño para este año?
Lindo miércoles,
Sole
¡Buenas, buenas!, ¿cómo están? ¿Bien? Recién me ponía al día con los comentarios de ayer. Me duele la agresión en general, pero especialmente entre quienes comentan, ¿qué se gana con eso?, ¿cómo se quedan ustedes cuando agraden aquí o en cualquier lugar? Todos pensamos distinto, ¿y?, es parte de la vida. En fin, me lo quedo pensando.
Les cuento lo que me pasó esta mañana. Corría hacia una reunión, por eso me subí apurada al ascensor, recién bañada y terminándome de acomodar la ropa, y le dije un hola veloz a mi compañero de viaje, un señor que bien podría haber sido mi papá. Teníamos 19 pisos para compartir ese cubículo metálico. Entonces, me puse a arreglar el pelo en el espejo hasta que me interrumpió:
– ¿Qué harían las mujeres sin espejo en el ascensor.
– Mmmm, ¿saldríamos ya arregladas?, ¿haríamos todo con más tiempo.
– En el consorcio estamos pensando en pintar los espejos de negro.
– ¡No!, ¿qué haríamos en el viaje?, ¡son 19 pisos!
– Quizás hablarían con la persona que tienen al lado, ¿no?
Les juro que no era de viejo baboso, era una enseñanza aleccionadora, para tomar conciencia. Me di cuenta de la cantidad de veces que me subí a ese mismo ascensor y usé el celu como excusa para mirar para abajo, o busqué algo en la cartera, o inventé un tema pavote, como el calor y esas cosas. Salvo que en el ascensor hubiera un perro o un chico (siempre temas de conversación), en general viajo callada, ignorando a quien está a menos de 20 centímetros, al que casi puedo sentirle el aliento. ¿Por qué no le hablamos? ¿Lo pensaste alguna vez? Por qué no preguntarle, por ejemplo, sinceramente: "¿cómo estás hoy?" ¿Acaso porque no nos importa?, ¿y por qué es eso? ¿Por qué no nos importan las personas que el azar pone en nuestro camino (o en nuestro ascensor)? ¿Es muy poco tiempo para charlar?
A veces sí charlo, encuentro algún pretexto: "¿venís de entrenar?", "¿un largo día?", "¿ya podés irte a descansar?" Pavadas que te conectan con el otro. Así descubro que puedo sentir una conexión, fugaz quizás, pero sincera, y con eso me basta. Sin embargo, la mayoría de las veces ignoramos a los otros: el taxista, el portero, el de la obra en construcción, la recepcionista, el de seguridad, el pintor del edificio, el verdulero de la cuadra, el policía, el del estacionamiento, las otras mamás de los otros grados, el mozo… ¿Quiénes son esos otros que, de alguna manera, son parte de nuestra vida?
Entonces sé que puedo conectarme y cuando más conectada con el mundo, mejor sintonizaré conmigo. Esos otros son parte de la misma trama, son hilos del tejido que nos entrelazan dándonos forma, relieve, textura. Pero que quizás, nunca sabremos quiénes son, cómo se sienten, hasta que algún día les preguntemos sinceramente: "¿cómo estás?"
Lindo martes.
PD: Para quienes preguntaron, estaré este jueves 26 en Pinamar a las 17:30 hs, en el Parador Mirasoles, Avenida Del Mar y Tritones. Obvio, gratuito. Meditación guiada incluida.
Buen día, ¿cómo están? Yo estoy en la previa a irme unos días de gira a la costa por el libro. Me siento una rock star por esto de la gira, pero simplemente daré algunas charlas en paradores y esas cosas. No lo puedo creer aún, "Yo Respiro" está 4° en el ranking de los libros de no ficción más vendidos. ¿Pueden creerlo? Yo no. Esto era impensable para mí. ¡Impensable! Mi corazón está de fiesta.
Hoy me levanté con un tema simple, pero fundamental en la cabeza: el agua. ¿Vieron que las publicidades dicen que hay que tomar 2 litros de agua por día? Ese es un buen plan, ¿pero lo estamos haciendo?
El agua permite eliminar las toxinas de nuestro organismo y logra que nuestro riñón (que filtra las impurezas de nuestro cuerpo) trabaje más eficientemente. Si bien podríamos tomar infusiones, por ejemplo, lo más efectivo es tomar agua (si es filtrada o mineral, mejor, si no la que haya). No es casual que si querés aliviar una resaca tomes agua, el agua limpia. Por eso cuando uno llega a su casa cansado de trabajar el mejor plan es darse un buen baño. Incluso, aunque no lo sientas como una necesidad, darte un baño ayuda a hacer borrón y cuenta nueva, ¿te diste cuenta? Estos días, ¿probaste con agua fría? Es increíble cómo puede activar tu sistema un buen baño fresco. No tenés que ser masoquista, simplemente poné el agua un poco más fría que de costumbre y fijate cómo te sentís.
Eso sí, yo evito tomar agua helada, porque no ayuda a la digestión, prefiero –cuando me sirvo el agua del filtro de la oficina– siempre tirarle un chorrito de agua caliente y tomarla natural, aunque haga mucho calor. Por otro lado, les contaba, alguna vez, que suelo tomar una taza de agua tibia a la mañana, ¡un Activia casero!, y da buenos resultados.
Además, hago lo posible para llegar a 3 litros de agua diarios (obviamente bien distribuidos en el día, nada de tomártelos todos juntos que te puede hacer mal). Para lograrlo, evito cualquier otro tipo de bebida que me quite la sed, elijo el agua (¡gran antídoto contra la celulitis también!). Y cada vez que puedo, ahora con la quemadura se me complicó, me voy a una pileta. No hay mal humor que dure con un piletazo, ni tristeza que no alivie un llanto, así como la expresión "dejar que pase agua bajo el puente", te invita a tener paciencia ante la dificultad.
El agua atraviesa nuestra vida, fuimos engendrados en agua, el 70% de nuestro cuerpo es agua, también el río, el mar, la lluvia, la nieve... agua. Me acuerdo de los juegos de infancia batalla naval ("hundido", "agua"), del Marco Polo, del carnaval con bombuchas. El agua, sea como sea, siempre me pone feliz. Y así como somos lo que comemos, también somos lo que tomamos. ¿Qué estamos bebiendo?, ¿cuánto? ¿Hiciste la prueba de tomar dos litros o más de agua? Hacela, vale la pena. Solo esta semana, es un lindo desafío.
Y para arrancar a full la semana el video de "I´m singing in the rain" con Gene Kelly. Una filosofía de vida: cantar ante la adversidad.
Que tengan un lunes increíble.
Abrazo,
Sole
Hola, ¡buen día!, ¿cómo están? Yo estoy un poco dolorida por las quemaduras. La piel vieja se corrió y estoy en carne viva en algunas zonas. En principio, aceptación. Ahora voy a ver si voy a una guardia porque no hay vendaje que me dure. Entre el calor, el encremado de Platsul y el movimiento de la pierna, la venda se cae y me arde, me molesta. Sé que es solo hasta que se forme la nueva capa de piel y que está bueno que la zona se oree.
Entonces, me pongo a pensar la cantidad de veces que nos quedamos "sin piel" y tenemos que esperar a que se genere de nuevo. A veces es la muerte de un familiar, o una crisis de pareja, o la discusión con alguien que queremos. Entonces, nos quedamos sin defensas, sin argumentos, sin excusas, estamos desnudos frente al dolor, la decepción, la incoherencia: en carne viva. ¿Qué hacemos en esos momentos? Dejamos que pase el tiempo ("el tiempo todo lo cura", nos dicen las abuelas), tomamos la medicina que nos toca, hacemos reposo, esperamos. Lo maravilloso de esta vida es que los opuestos son complementarios: reconocemos y valoramos la salud, porque alguna vez estuvimos enfermos, ¿cierto? Los opuestos que parecen contradictorios en realidad se necesitan para encontrar su valor, su sentido. Es como en las novelas, ¿qué función tendría un héroe si no existiera el villano?
Entonces, pienso eso, que este dolor que siento es para luego disfrutar en calma, el alivio.
Hoy nos reunimos con Inés Dates, nuestra psicóloga de OHLALA! y dijo una frase que me parece que es ideal para el blog: "en la diferencia de puntos de vista está la sabiduría". Este espacio es un crisol de opiniones que pueden arrimarse, todas juntas, a la verdad.
Por eso, ¿cuándo te sentiste en carne viva?, ¿qué "ungüento" usaste?
Para este finde: Imperdible "La piel que habito", de Pedro Almodóvar, un ejemplo de mala cicatrización, ja, pero atrapante, ¡conmovedora!
Para quienes no la vieron, aún. El trailer...
Hola, ¿cómo están hoy?
Quería compartir con ustedes un mail de una lectora del blog:
"El otro día fue mi cumpleaños y me puse a pensar en las cosas que quería mejorar en mí, y me di cuenta de que muchas veces postergo visitas al ginecólogo, dentista, dermatólogo, etc, por no considerarlas "urgente". Eso sí, el último viernes salía y, como no tenía un collar que combinara con los aritos que iba a usar, me fui corriendo a comprar unos acordes a la situación... ja ja. O pienso en los minutos / horas que me lleva maquillarme frente al espejo para estar impecable. Es decir, cuánto cuido la imagen que quiero que vea el mundo exterior y cuán poco cuido lo físico, lo orgánico que hace posible que yo salga a ese "mundo exterior". Entonces, para esta nueva etapa que estoy empezando me propongo cuidarme más, quererme mas."
Me sentí identificada, no por el tema maquillaje, porque la verdad casi nunca me maquillo, ni por los aros, porque no uso, sino porque postergo muchas veces citas que son importantes, que aunque al principio me den fiaca, a la larga me hacen bien. A veces es una consulta médica, otras es una visita a una amiga que hace mucho no veo, otras es la posibilidad de practicar más yoga o sumarme a alguna clase que me renueve. Todas cosas que cultivan mi alma, que me llenan de energía. Entonces aprovecho este comienzo del año para apuntarme mentalmente mis citas conmigo misma.
¿Cuáles son las tuyas?
Lindo día.
P.D.: Hoy saldré por la radio con Combustible Espiritual en Continental a las 19.30 hs. Para las que quieran escuchar.
¿Cómo están? Es interesante el debate que se dio ayer, ¿no lo creen? Me hizo pensar algunas cosas. En principio siempre siento algo muy particular cuando escribo el post, mientras lo redacto una vocecita mía (en forma de comentario) me contradice. Me dice: "Pero no es lo mismo un sueño que el pasado", "la idea es un poco simplista", "esto no se entiende", "te van a matar a comments". Es como si todo el tiempo hubiera un diálogo interno conmigo cuando escribo estas líneas. Porque hay una parte mía que piensa igual que las comentaristas que usualmente se oponen. No es casual, toda idea o concepto es carne de contradicción: hay tantas opiniones como seres en esta tierra. Mientras, hay otra parte mía que cree en los mensajes simples, que observa su propia vida amablemente, que quiere brindar un mensaje desde la inocencia (pero no desde la ingenuidad).
En fin, estoy aprendiendo a construir este espacio día a día, porque como ya les dije alguna vez, no soy una chica tecnológica, no consumía blogs. (Eso sí a los 20 años tuve un protoblog (como un mailing que mandaba a un grupo de mujeres) que se llamaba Correo Femenino, aunque confieso que el contenido era una tanto más picante).
Entonces, hablando del pasado, descubro que lo que ya pasó, pasó. Parece una pavada, pero tantas veces nos regodeamos en el pasado, nos aferramos a él y lo idolatramos, ¿no? Y lo que observaba ayer con el mal sueño (al que le doy la trascendencia necesaria, porque si bien soy hija del psicoanálisis soy mujer de otros enfoques) es que me generaba el mismo impacto emocional que un recuerdo desagradable. Entonces los relativizaba: para la mente el pasado tiene la consistencia de un sueño. Me pregunto: ¿es importante el pasado? Sí, siempre y cuando uno pueda capitalizarlo, aprender de sus errores, sacar lo bueno. ¿Para qué me sirve? Para darme cuenta de que existe un presente y que desde el hoy puedo cambiar aquello que me dolió, que me salió mal, que no me sirve, porque a veces son las 10 de la noche y estamos reviviendo el minuto al minuto de la pelea en la oficina del mediodía, ¡como si todavía estuviéramos ahí!
"Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora.", decía John Lennon. Sin embargo, solo en este mismo momento podemos ser felices o estar alegres, ¿no? ¿Qué estamos eligiendo para serlo?, ¿qué tipo de bienestar nos procuramos? Como dice esa frase linda de Kung Fu Panda (la sabiduría está en todos lados): "El pasado es historia, el futuro una incógnita, hoy es un regalo y por eso se llama PRESENTE".
¿Qué opinan?, ¿la mente se les queda aferrada al pasado?, ¿les gusta?, ¿cómo lo viven?
Debe haber sido la torta de chocolate que me comí a las 10.30 de la noche. Eso quiero pensar, porque aún no me borro el recuerdo del ahogo. Y se me viene tipo flashback: el deleite por tomar un masaje, la masajista, el aceite, el placer y de repente, la imposibilidad de respirar, mi cara contra la camilla, embebida en aceite y sin posibilidad de sacar la nariz para encontrarme con un poco de aire. Me despierto y miro a mi lado, está G. dormido, es de día. Miro la hora, son las seis de la mañana, y ya no quiero volver a dormirme por miedo a que reaparezca el spa maldito. Mi corazón galopa, como si quisiera alejarse del mal recuerdo y recupero el ritmo de mi respiración de a poquito. Había un mito, ¿no? Algo así como que si contabas los sueños antes de desayunar se cumplían, ¿o era al revés? Ya desayuné.
Es extraño, muy pocas veces tengo pesadillas y siempre me sorprenden, entonces le adjudico la culpa a un atracón goloso o al estrés, no lo sé, pero hoy la respiración aún es corta y me obligo a tomar profundas bocanadas para recuperarme. Lo más interesante es que descubro que las situaciones feas que me han pasado en la vida tienen la misma consistencia en la memoria que un sueño. Recuerdo de la misma manera el sofocón del sueño que la muerte de mi abuela, entran en la misma categoría mental. Traen sensaciones de la misma manera cuando brotan de mi memoria. Siento que la mente no logra distinguir que es una mentira, que en realidad no pasó, que fue solo un descanso agitado.
Entonces, hoy amanecí con una pregunta: ¿qué es real? Lo que pasó ya pasó, ¿por qué no convencerme de que también fue una pesadilla?, ¿porqué le damos tal categoría a los hechos del pasado?
Preguntas que me ayudan a despertarme.
¿Qué opinás?, ¿te animás a contar tu última pesadilla?
Lindo martes.
Ayer salí a desayunar después de haber estado todo el sábado en cama (se me cayó el mate encima y me quemé bastante feo) y me colgué con una conversación vecina. Mientras yo hacía que leía el diario, en la mesa de atrás una joven llamada Sol contaba:
- Ayer le dije a una compañera de trabajo que me iría a Punta del Este de vacaciones y ella me respondió "¡Qué envidia te tengo!". Entonces le dije "¡Qué feo que me digas así". "Pero es envidia sana", me respondió. ¡No puede ser así, la gente debería alegrarse por lo lindo que le pasa al otro, ¿no?
Entonces el padre trataba de explicarle que es una expresión nada más. "No, no es una expresión, deberíamos cambiar este tipo de expresiones, lo que decimos está afectando lo que pensamos, lo que sentimos. Es como cuando mi amiga Flor me corregía cada vez que yo me decía a mí misma que soy una tarada, porque también es importante lo que nos decimos", retrucó acalorada.
Me hipnotizó su pasión para argumentar, sus ganas de cambiar el mundo: "Tenemos que ser mejores personas", concluyó.
Mientras me liberaba de la tortícolis por escuchar lo que no me correspondía, pensaba en mis propias envidias (desde cosas pequeñitas hasta las más grandes). ¿Es posible no sentir envidia? Mi gran estrategia, para esos casos, es observarla, no accionar desde la bronca, ni la sensación de falta, sino quedarme en el molde. Saber que esta emoción, como el resto, es pasajera. Preguntarme: ¿qué información me trae?, ¿qué tengo que ver/aprender con esto?
Entonces recordé una nota sobre el tema (escrita por Nuria Docampo Feijóo) donde Inés Dates, nuestra psicóloga de OHLALA!, aseguraba que era una emoción que muchas veces nos impulsa a superarnos, pero que otras nos hunde en la amargura de la carencia. Por eso, daba algunas herramientas para capitalizar este sentimiento desagradable. Lo comparto con ustedes:
Distraerse. Salirse de ese vicio molesta, duele; por lo tanto, hay que forzarse a hacerlo. ¿Cómo? Focalizando la atención en otra cosa y esperando a que se pase la química de la preocupación.
Observar nuestros logros. Puede ser algo concreto o el recuerdo de cualquier situación en la que hayamos experimentado triunfo, control o relajación.
Buscar compañía. Si es algo que duele mucho, podemos buscar consuelo en alguien, es un antiestrés muy eficaz. Pero sin palabras: o sea, no hablando del sentimiento en sí sino recibiendo mimos o manteniendo una charla sobre cualquier otro tema.
Darse un gusto. Otra salida eficaz es irse a un lugar de amor con nosotras mismas que nos dé placer, como caminar, comer tu plato favorito o una película tonta.
Dar señales claras. Lo importante es mandar una señal contundente a nuestro interior: podemos soportar tener estas emociones y pensamientos, pero no nos paralizan ni nos controlan.
¿Qué te parece?, ¿tenés alguna táctica propia?
(¡si nunca sentiste envidia, pasanos la fórmula por favor…!)
Que tengan una gran semana poniendo atención a tantas bendiciones que nos rodean J
Abrazo
¡Buen día!, ¿cómo están? Agradezco el debate de ayer, me sirvió para pensar algunas puntas, que las desarrollaré en futuros posts, así no agotamos este tema, que entiendo es súper profundo y enriquecedor.
Hoy no sé por qué -quizás porque amanecí barriendo bolas de pelos- quería contarles de Kali, mi gata siamesa. Ustedes dirán, ¿qué tiene que ver un gato con un blog de bienestar? Mucho. Quienes tenemos mascotas sabemos que los animales simplemente te hacen feliz.
Siempre tuve gatos callejeros, pero cuando me mudé con G. quisimos tener un siamés, que tienen fama de ser estilo gato-perro y son particularmente pegotes con el dueño. La fui a comprar en secreto, porque él se había arrepentido en las últimas semanas, así que decidí "sorprenderlo". Desde que me subí al taxi ya me di cuenta de que la gatita estaba loca, no dejó tapizado del auto sin "escalar". Era mínima y escurridiza.
G. me quiso matar, pero la gata ya se paseaba por nuestro nidito de amor en Parque Patricios, como pancha por su casa. Al rato, ya dormían juntos la siesta. Y G. no sabía cómo había hecho para estar tanto tiempo sin ella.
Le pusimos Kali (nombre de una diosa guerrera del hinduismo). Me arrepentí, porque realmente los primeros años estaba al pie de batalla (era imparable). Entonces, pensaba: "¿por qué no le puse Shanti (que significa Paz)?" Dicen que los nombres de alguna manera invocan la energía de su significado.
Hoy ya es una señora gata y vive conmigo en mi depto nuevo. Nos acostumbramos a dormir cucharita, le hablo cual loca del Jardín Botánico y descubro que tiene algunas mañas, como tomar agua de la canilla, salir a pasear por el pasillo común del edificio, tumbar las lámparas, embarrarse las patitas y dejar huellas por toda la casa, ¡meterse en la heladera!, entre otras.
Lo bueno es que con los años se volvió más mimosa y se banca que la apretuje un poco. Entonces, me gusta pasar tiempo con ella, acariciarla (ahora debería comprar esos cepillos saca pelos), dejarla dormir en mi pecho, que nos miremos un rato y en silencio sentir un amor profundo entre nosotras, un amor secreto.
¿Por qué será que los animales nos sacan nuestro costado más juguetón y amoroso?
¿Vos tenés o tuviste mascota?, ¿cómo se llama/ba?, ¿cuál era su gracia?
¡Lindo fin de semana!
Sole
¡Buen jueves!, ¿cómo están?
El otro día un amigo me contó que salió de 10 a 12 de la noche a repartir alfajores Havanna a los policías que estaban parados en las esquinas. Quería hacer una buena acción y pensó que podía sacrificar su caja de tentación marplatense por darle una sorpresa a quienes cumplían con su trabajo. Le sorprendió encontrar menos policías de los que suponía, pero llegó a liquidar la caja en dos horas.
"Nunca, en diez años de servicio, alguien tuvo un gesto así conmigo", le confesó uno. Y me hizo acordar a aquellas épocas en las que los guardianes del barrio eran como de la familia, y el panadero sabía guardarnos nuestra factura favorita, o el almacenero nos fiaba; cuando "las buenas acciones" estaban a la orden del día, no como un desafío, sino como parte de nuestra naturaleza.
Hoy quería compartir con ustedes un video que me envió Clau, una forista, que me encantó, todo un plano secuencia.
¿Qué les parece?, ¿cuáles son sus buenas acciones cotidianas?
"Al crear una experiencia bondadosa emocionante y accesible, podemos tomar conciencia de las oportunidades que nos rodean y reconocer nuestro potencial para cambiar el mundo, simplemente cambiándonos a nosotros mismos", aseguran en el programa Life Vest Inside, creadores del video.
Más info: www.lifevestinside.com
¿Buen día, cómo están?
Gracias por todos los comentarios de ayer. No me pude conectar para comentar porque después del mediodía se rompió el aire acondicionado en el laburo (repentino sauna) y todos partimos para nuestras casas, y encima la mía ¡no tenía electricidad! Así que me estoy poniendo al día.
Hoy quería compartirles una nueva estrategia que estoy poniendo en práctica: dejar el auto estacionado y caminar. Les cuento que hace 3 años me compré un Twingo bordó. Siempre amé ese auto, desde chica; y cuando pude no dudé en comprarme uno usado (año 94, ¡con GNC!) aunque se hubiera dejado de hacer en 2001. Está diseñado para las mujeres, tiene detalles súper femeninos y es muy cómodo, tiene mucho espacio interior. ¿Lo ubican?, ¿se subieron alguna vez a uno? Realmente me cambió la vida, porque tengo una agenda un tanto apretada y entonces achica las distancias, me permite cargarlo de bártulos, manejar mis tiempos gastando muy poco... En fin, me enamoré del auto. Pero, ahora recuerdo una frase que Flor, una amiga, me dijo: "Cuando te comprás un auto, engordás". No me parecía un lindo presagio, pero estaba dispuesta a correr el riesgo.
El fin de semana, que estuve haciendo orden en el placar, descubrí que mis pantalones que cumplen tres años ya no me entran. Entonces, decidí empezar a caminar un poco más. Esto me obliga a salir con tiempo, que es algo que nunca hago, pero me gusta no andar a las corridas, mirar los nuevos negocios, parar si algo me tentó de alguna vidriera. Incluso es más fresco que andar en mi auto, que no tiene aire y que se convierte en un hornito eléctrico bajo el rayo del sol.
No sé si voy a recuperar mi figura, ya creo que los años no vienen solos y por algún motivo me vuelvo más caderona, pero sí elijo ir a pie algunas veces. Es más ecológico, más saludable, más relajante, me permite respirar profundo en alguna callecita arbolada.
¿Ustedes?, ¿caminan?, ¿cómo se mueven?
Lindo día lluvioso
Hace algunos años, G decidió dejarse la barba. Al principio era sólo una sombra, que le daba un look de desaliñe atractivo, pero fueron pasando los días y se convirtió en la barba de mi papá y luego de unos meses en una frondosa mata estilo Che Guevara. No hubo un día en que no le preguntara: "¿Cuándo te vas a cortar la barba?". Simplemente no me gustaba. Pero él estaba feliz, observaba sensaciones nuevas, como por ejemplo que el viento se la despeinaba, y la había convertido en su objeto fetiche. "¿Cuándo te vas a cortar la barba? No me gusta cómo te queda", insistía. Pero no había caso. Una vez llegó a decirme: "Si querés alguien que haga lo que vos quieras, entonces comprate un perro". Pero para mí el tópico barbudo era ya una cuestión de vida o muerte. Pensaba: ¿por qué si a MÍ no me gusta, se la deja?
Hasta que un día amanecí sobresaltada: ¡¿había un tipo extraño en mi cama?! No, era solo que G se había afeitado.
Entonces descubrí todo el tiempo que había perdido en el fastidio de que no me hiciera caso, de que él no fuera como yo quería. Durante meses me hice mala sangre con el tema, perdí tiempo en interrogarlo sobre cuándo finalmente volvería a ser el hombre que yo había elegido. Pero, como dijimos el otro día, todo cambia, ¿no? Me di cuenta, entonces, de que debía aceptarlo tal cual era. Que eso que me enojaba de él, era lo que más amaba: su libertad, su convicción, su firmeza. Esta existencia es tan vasta y tan ecléctica, y eso es lo que la hace maravillosa. Imagínense si todos pensáramos lo mismo, actuáramos igual, tuviéramos los mismos valores y fuéramos parecidos... sería aburridísimo. Esta vida es enriquecedora gracias a las diferencias, por eso me gusta este espacio, porque reúne diferentes voces. Aún me cuesta la discrepancia agresiva, porque pienso que cuando una idea a uno no le gusta, propone una nueva, con respeto. Además, lo maravilloso del ciberespacio es que hay lugar para todos, y que cada uno puede elegir dónde se siente cómodo.
Mientras, pongo mi energía en aceptar a las personas (y comentarios) tal cual son, haciendo lo posible por no esperar que hagan lo mismo conmigo (¡aunque, confieso, me gustaría!, je)". Y elijo la sinceridad, que a veces viene con barba y otras con una afeitada al ras.
¿Qué opinás?, ¿qué cosas no aceptás?, ¿qué estás resistiendo?
Lindo martes de amor y paz.
Nombre: Sole Simond
Edad: 32 años
Profesión: Además de ser editora de OHLALA! desde que arrancamos, soy instructora de respiración de la Fundación El Arte de Vivir.
Estado civil: En veremos.
Mascota: Kali, una gatita siamesa.
Sueño: que este blog nos conecte con esos espacios que nos hacen bien.