Mis estudios de francés terminaron y puedo contarles, con todo el orgullo, que lo hablo fluido y que cada día estoy más y más enamorada de este idioma. Fue muy sacrificado sobrellevar un estudio tan intenso en medio de lo inestable que puede ser mi agenda, pero la tarea está cumplida! Hoy rindo Historia del arte y c'est fini.
Seguir con Filosofía a la distancia se me hizo complicado y hubiese perdido un año de seguirla en París. En este último año y pocos meses que pasaron entendí que hay una parte de mi vida en la que de estudiar se trata. Será que el trabajo se antepuso desde muy chica que siempre sentí que quedaba algo pendiente de hacer para crecer, un vacío. Y este sentimiento se fue agudizando con los años. Me acuerdo cuando tuve una compulsión por leer, por ejemplo, que no terminaba un libro y ya estaba en la búsqueda del siguiente. Hoy siempre estoy con uno pero puede pasar una semana o dos hasta el próximo. No vengo de un hogar muy lector y los libros empezaron a interesarme de más grande, así que atribuyo a este interés ser el indicio de mi búsqueda por saber un poco más cada día, por cultivarme como la mayoría aunque mi carrera de modelo sea la profesión que amo y la disfrute tanto.
La novedad es que en unas semanas voy a empezar a cumplir otro gran sueño: estudiar actuación en la NYFA (New York Film Academy), especializada en cine. Estoy muy feliz y decidida a intentarlo a fondo. Tengo el presentimiento de que es el momento idicado y ya me saqué algún que prejuicio que rondaba por mi cabeza y que estoy segura me impedía dar el paso. Actuar siempre me llamó la atención y en mi carrera tuve oportunidades para hacerlo mínimamente en cortos y comerciales. Incluso las gráficas te invitan a interpretan un rol y son siempre en movimiento. Quiero que estudiar también me signifique una diversión, una oportunidad más para reírme y liberarme. Será intenso y más sacrificado que Francés porque cursaré todos los días durante varias horas, pero ya me estoy organizando para compaginar el trabajo y demás partes de mi vida.
Mientras pensaba en este post, se me dio por listar gente del cine que me gusta, películas y lo que me gustaría hacer cuando tenga la gran oportunidad:
Directores: Woody Allen, Pedro Almodóvar, Francis Ford Coppola, Quentin Tarantino, Tim Burton, Paul Thomas Anderson...
Actores: Jack Nicholson, Al Pacino, Charles Chaplin, Javier Bardem, Philip Seymour Hoffman, Gary Oldman, Ricardo Darín, Michael Douglas, Jhonny Depp...
Actrices: Meryl Streep, Diane Keaton, Kate Winslet, Nicole Kidman, Natalie Portman, Cate Blanchett...
Películas: Kramer vs Kramer, Magnolia, Los domingos al sol, Amelie, Last night in Paris, Forest Gump, El silencio de los inocentes, The game, The Shining, Sexto Sentido, Una mente brillante, Black Swan, As good as it gets, El hijo de la novia, What's Eating Gilbert Grape?, The devil wears Prada, Rain man, Jerry Maguire, True Romance...
Nombre de una película: Don Juan de Marco
Género: drama y comedia.
Libro llevado al cine: Alicia en el País de las Maravillas, de Tim Burton.
Un rol que interpretar: lo que hace Maryl Streep en Kramer vs Kramer.
Si bien la crítica en su mayoría la está destrozando y la destrozó bastante, confieso que me reí mucho con la nueva película de Pedro Almodovar, "Los amantes pasajeros". Una vuelta a la comedia y un ambiente 100% bizarro para retratar una historia que transcurre en un vuelo entre España y México. Los azafatos son todos gay y los pasajeros parecen estar todos chiflados, cada uno con un rollo más grande que del otro. En determinado momento, hay una emergencia y se anuncia que el avión se va a estrellar.
Hay quienes dicen que la película no tiene razón de ser, que no tiene un objetivo y que son puros chistes gays. A mí me gustó, disfruté una vez más de la ambientación kitsch que a Almodóvar le gusta dar a los espacios, y en un avión debe ser todo un desafío. Me hizo pensar en los diseños que implementan las aerolíneas. De las más originales en las que viajé, rescato las asiáticas. Una vez me tocó un avión en el que todo era bordó de pana y dorado, y las azafatas llevaban capelinas enormes con unos trajes que parecían de alta costura, cada una diferente pero en el mismo estilo.
La película también me disparó el recuerdo de un mal vuelo que tuve hace poco, en donde pensé que nos veníamos abajo. La pasé muy mal, fueron dos horas de desesperación generalizada y un miedo que no me dejaba pensar, cuando en realidad no le temo al avión jamás. Nos metimos en una tormenta eléctrica espantosa, los rayos iluminaban la cabina y el cuerpo se me sacudía sin control. Lo que pensaba es que no tenía nada que hacer, así que me limité a rezar y rezar mientras sentía los gritos y cómo la gente desesperaba. Tuvimos que desviarnos bastante para pasar ese tramo. Fue tal la situación que una vez tranquilos, el piloto salió a preguntarnos cómo estábamos. Aún nos quedaban muchas horas de vuelo, yo sólo pensaba en bajar.
Cada vez que voy a Buenos Aires desde Europa hay un tramo de movimiento, de turbulencias infalibles. Pero, en general, siempre tengo vuelos buenos y cada vez que estamos por despegar me encomiendo a Dios para que guíe las manos de los pilotos. Sólo así puedo dormir todo el vuelo, como mi cuerpo necesita.
Les dejo el trailer de la película:
Aún me dura el jet lag. Lo comprobé y es como dicen: dura una semana, y yo voy por la mitad. No sólo lo noto porque me da sueño a las seis de la tarde y son las cinco de la mañana y abro los ojos, si no también porque el sueño cambiado se refleja en mi cuerpo y en mi cara, a los que necesito frescos para trabajar.
El año pasado fui y vine muchísimas veces de Europa a América, una cada dos semanas mínimo, y repasando editoriales y otro tipo de producciones veo al sueño mal dormido desalinear ciertas partes de la imagen, como si el cansancio estuviera más presente en lugar de la distensión que se necesita para brillar frente a la cámara. Sutilezas típicas de una vida más inestable, en el aire, y no está bueno. Me llama la atención no haberlo notado antes, aunque siempre fui muy consciente de lo importante que es dormir bien para evitar ojeras y bolsas debajo de los ojos, que se opaque la piel y resquebraje el pelo, no engordar desmedidamente y en poco tiempo o bajar demasiado de peso, entrenar con energía las horas que uno entrena... Por mal dormir, y en consecuencia comer mal, tuve épocas con herpes enormes cerca de la boca. Una tremenda y dolorosa fue en la pera, me desperté con toda la cara inflamada el día de la producción y todos tuvimos que esperar hasta que se normalizara la cosa. Después retoques a la imagen, claro. Le estaré muy agradecida a ese cliente por siempre, podría haberme dado de baja con toda razón porque justamente me había contratado por la cara.
La vida de una modelo profesional es (o debería ser) bastante más sana de lo que se suele imaginar. Y con sana me refiero a hábitos saludables y básicos, como los de un bebé. Para empezar, dormir y comer bien. Muchas colegas duermen la siesta de forma sagrada, estén donde estén. Varias suben con su almohada a los aviones y la orden es no despertarlas por nada en el mundo. Más de las que se imaginan se van temprano de las fiestas. La mayoría entrena al alba.
Porque hay que estar preparadas para que la producción caiga cuando sea en donde sea. Estar ahí, frescas y relucientes, ágiles.
Sigue dando que hablar la gala del MET que se celebró hace un par de días en Nueva York y que, como cada año, convoca a las celebridades más top de todo el mundo enfundadas en diseños de los más grandes. Esta vez la consigna fue revivir la cultura punk y así quedó inaugurada la muestra Punk: chaos to couture a la que recomiendo ir. Es una buena caminata por trajes y prendas que retratan este movimiento cultural por modistos modernos. Y está muy de moda este estilo, pero soy de la idea que muy pocos lo llevan con admiración a los primeros punks porque es un estilo de vida, no una moda. Pienso entonces en la artista californiana Natalia Fabia como una neo punk las 24 horas y en Vivienne Westwood como la diseñadora que enfoca a ese target joven que quiere lo trush, los grotesco con límites, lo border glam. Ella se mantiene en la misma línea siempre.
Punks como los del principio no quedan en el mundo de la alta moda, si es que alguna vez hubo alguno: el punk no era fashion, el punk remendaba en serio y tapaba agujeros de verdad, se vestía de la calle o con lo más barato que encontrara por ahí, no combinaba nada, pero no a propósito, sino porque no tenía recursos ni los hubiese gastado en una tienda de moda. El punk protestaba contra el deber ser y el artificio, el punk no ganaba ni gastaba un peso en una estética refinada. El desprolijo era el resultado inevitable, no un objetivo planificado.
Confieso que lo que vi en la gala del MET no me desvivió porque no vi una identificación con las ráices de este movimiento. Se notaba que la mayoría quería estar correcta y divina, sexy y glamorosa, antes que jugarse por un verdadero look punk, en todo caso con estilo, pero punk al fin. Y pensé que esto quizás pasó porque justamente no hay bases comunes entre el punk y la alta costura: sus orígenes son opuestos. Imagino a los primeros diseñadores criticando a los mugrientos punks que vagaban por las calles y retaseaban harapos... Pero claro, hoy ser punk es cool.
Haciendo un repaso y salvando distancias, las que me gustaron fueron cuatro: Sarah Jessica Parker (Philip Treacy), Beyonce (Givenchy), Carine Roitfeld (Givenchy) y Cara Delevingne (Burberry).
El resto fue chiste, sinceramente no me gustó nada más. Había looks que me cuesta creer que hayan sido presentados como punk: Gisele Bundchen vestida por mi caro Anthony Vaccarello no fue nada del otro mundo, esperaba más de él. Aunque ella es espléndida por donde se la mire y se esmeró por mostrar una actitud divertida, le puso onda.
El resto de lo que hizo Givenchy estuvo muy bien, pero cero punk, al igual que Tom Ford. Ambas casas me fascinan, pero en la consigna le erraron.
Yo hubiese elegido un vestido negro de Alexander McQueen vintage (cuando él todavía vivía) con la espalda descubierta y la cola larga, los géneros superpuestos y combinaciones con cuero. Hubiese jugado mucho con el pelo y llevado toneladas de accesorios, aros, ganchos y broches, todo el detalle al mejor estilo Gaultier.
De todas maneras, me hubiese costado. El estilo punk no es mi estilo, no suelo elegirlo, en todo caso me tiro más para lo rockero cuando quiero dar toques hard a un outfit, pero lo punk no me identifica. Lo analicé mucho siempre porque está latente en cada diseñador esta desviación, pero no me pega ni le pego. Sólo en Halloween, la única vez al año que me encanta disfrazarme de punk. Con cresta y todo.
Con mi hermana Ximena tenemos una suerte de pacto: cada vez que ella viaja, que sale de Argentina, yo me muevo a donde ella esté para vernos. Esta vez fue Nueva York y la segunda que nos encontramos en esta misma época del año. Ximena dice que lo hace para festejar juntas mi cumpleaños aunque sea unos días después, pero lo cierto es que somos muy muy muy unidas y las coincidencias de viajes se dan en cualquier época, porque como sea trato de moverme para verla. En realidad, entre mis hermanos somos todos muy apegados, pero quizás Xime es la que empezó a viajar más estos último años y ya de chicas éramos muy unidas. Siempre digo que fuera de casa uno potencia esa relación que tiene con otro cuando es buena. Como cuando estás en una ciudad remota y te encontrás por casualidad con un conocido en la calle y desde ese momento lo considerás casi un hermano. Es raro, pero la familiaridad, por más mínima que sea, te une muchísimo cuando estás lejos de tu ámbito.
Al margen del genial reencuentro con ella, fue una sorpresa reencontrarme con una ciudad a la que amo y a la que hace unos cuantos meses no iba. Me di cuenta, más que nunca, que cada vez que vuelvo es como volver a descubrirla. Nueva York siempre cambia, siempre se mueve, todo muta con total autonomía en ese simple y maravilloso gran rectángulo que es. Y el ritmo de vida es tan acelerado, tan diferente al de París... Sentí un tanto lejanos a esos cercanos años en los que viví allá, a las corridas. Porque si bien Europa también te obliga a un ir y venir constante, hay pausas, hay respiros sin que todo tenga que cambiar: uno es el que se mueve, no los escenarios. Hoy lo pienso y, pese a adorar Nueva York, no me gustaría vivir para siempre ahí, aunque volver seguido sea una bocanada de aire fresquísimo que quiero seguir disfrutando siempre. Diría un querido amigo, ¿existe el "para siempre"? Y yo le diría que sí existe, sobre todo cuando pensamos en situaciones extremas, como amar a alguien o instalarte en un lugar. Existe cuando pensamos y cuando queremos que así sea.
Les dejo un álbum de fotos que hice de esta nueva Nueva York con la que me encontré hace unos días:
Pregunta recurrente si las hay es qué como. No sólo aparece en el blog, y a veces hasta de forma muy grosera, si no también en mi casilla de correo o cuando conozco a alguien y al ratito se genera algo parecido a la confianza. Porque uno no le anda preguntando a la gente qué come, es un tema de la intimidad de cada uno como leer o dormir, pero en el caso de una modelo es corriente que pase la indagación. Me acuerdo de una reunión en la casa de un embajador, fue hace unos dos años. Había cosas ricas por todas partes y la mujer de este señor no paraba de ofrecerme plato tras platito y no me sacaba los ojos de encima. Y por supuesto que accedí a sus atenciones, pero no a todo porque había cosas que no hubiese elegido nunca, fuera modelo o abogada. Y noté que en un momento ella no pudo más: "¡Comés de todo! ¿O sólo en fiestas? ¡Contame por favor! Cuando supe que venías a casa hasta hablamos con mi hija de este tema, de cómo te sentirías frente a toda esta comida".
Es un tema que siempre sale y vuelve y, a medida que mi carrera avanza, se afianza, como si mantenerme en este trabajo como me mantengo generara aún más curiosidad a los curiosos sobre la comida, que en mi vida ya está más que incorporada y es un tema natural como el de cualquier otro. A veces espero más preguntas sobre moda o tendencias, qué se yo, pero no: qué como está a la cabeza de lo que todos (o muchos) quieren saber. Un morbo especial, mucho más cuando se publican noticias como esta de las modelos que comen papel o ayunan días enteros antes de un desfile. No lo voy a negar, lo he visto y mucho, pero nunca me prendí en esa. Como también tengo colegas que todos los días comen chocolates o papas fritas. Son las menos, quizás porque creo que es hasta poco profesional, un camino que te lleva al desgaste de los atributos necesarios para brillar, que es el objetivo de nuestro trabajo. Pero en fin, cada uno decide.
Así que este post viene en cierta manera a dar respuesta, que no justificaciones, porque la verdad es que estoy muy orgullosa de mi alimentación y de cómo repercute en todo mi cuerpo. Y si de paso pudiera despejar dudas e intrigas, lo cual está bueno porque saber ayuda, genial!
Desde muy chica supe que si bien tengo una genética ideal para esta carrera, debía cuidarme de no consumir comida chatarra porque te arruina la piel, el pelo, las uñas, al margen de todo lo que pasa en las arterias. Si hay un vicio que tengo, muy de vez en cuando, cuando salgo, es el pucho y alguna bebida cola o con gas. Adoro la soda, es mi perdición, pero infla innecesariamente y quienes digan que quita el hambre se equivocan. Además, creo que no hay que engañar al estómago con aire porque el hambre es una señal de carencia que repercute en todo nuestro ser y nos daña. Nuestra mente empieza a obsesionarse, a quemarse por un canapé. Empieza a crecer una necesidad insatisfecha tremenda que después nada la completa. Mi lema es: "de todo un poco, y si me encanta, a disfrutarlo!".
En todas mis comidas trato de incluir proteínas y sólo los hidratos de carbono necesarios para lograr un balance. Lo cierto es que las harinas refinadas no son buenas, menos en exceso, además de hinchar, dan celulitis, ablandan los tejidos y tapan venas. Sí como muchas verduras, frutas, legumbres y semillas a lo largo de todo el día, especialmente durante la mañana y a las que combino con claras de huevo. Lacteos descremados, muy poco, y alimentos crudos todo lo más posible, desde carnes hasta verduras. Al entrenar mucho cada día es fundamental sentirme fuerte, así que mis colaciones tienen energía. Me hago unos batidos poderosos que me llenan el corazón!
No sigo una dieta ni veo nutricionistas, sino que ya sé qué necesito y confío en lo que me va pidiendo el cuerpo. Tampoco soy obsesiva con la comida, me gusta disfrutarla y recrear recetas, invitar amigos y hacer compras, no me pierden los chocolates pero sí un buen tiramisú. Cuando llevo una seguidilla de días 100% sanos, siento que toda la naturaleza se refleja en mi piel y el pelo se vuelve más dócil.
Soy feliz por haber aprendido a comer bien y que me guste hacerlo así. Al margen de si me da el físico para ser modelo de alta costura, creo que la cultura gastronómica que fui cosechando es la mayor ventaja para mantenerme como mi trabajo en general rige. Y para disfrutar mejor de la vida, a mi manera.
Les dejo dos recetas en las que incursioné estos días, no muy elaboradas que digamos pero llenas de energía y de amor:
Espárragos verdes, palmitos, piñones, aceite de oliva y limón.
Galletas de arroz. Espárragos blancos y verdes salteados con un poco de aceite de oliva. Salmón fumee con limón, ensalada de rúcula, tomates cherry, queso parmesano y piñones. Lentejas orgánicas que cocino con un caldo de pollo y les agrego mostaza dijon (infaltable en mis ensaladas).
¡Muchas gracias a Tod@s y cada uno de ustedes por tantos y tan sentidos mensaje de cumpleaños!
Me emocionó ver que muchos se fueron acordando días antes, me puso muy feliz.
Hace años acostumbro a pasar mi cumpleaños lejos de Buenos Aires, pero desde que tengo el blog, especialmente este último año, siento que también celebro allá.
Hace poco leí que las redes sociales llegaron, entre otras cosas, para hacer que los días de aniversarios duren mucho más que 24 horas: empiezan días antes y duran hasta que todos, estén donde estén y estés donde estés, te saludaron. Y entre ellos nunca faltan los que siempre se olvidan o se confunden de día o los que te expresan cariño a lo largo de todos los días que se habla del tema.
Este año festejé en París, en un bar que se llama Le Bar, en el 6 éme. Fue todo muy íntimo, entre íntimos y muy pocos, a diferencia del año pasado que fue una súper fiesta en Nueva York, llena de luces, brillos y mucha gente. Vengo de muchos días de trabajo intenso y esta vez quise que fuera así, muy sentido en diferentes sentidos.
Este bar me pareció a tono porque es súper oscuro, escondido y no mucha gente lo conoce, pero existe hace por lo menos 15 años. Es una mini cueva con sillones negros y adornos budas. No puedo decirles mucho más de la decoración porque casi no se ve, apenas te ves con quienes estás. Tiene una linda vibra de privacidad y diversión. Ahí nos reunimos, hasta el amanecer, brindamos y nos confesamos, como pasa entre buenos amigos y cuando hay cariño. Eso, así fue: sentido, profundo, para no olvidar que, por suerte, los años jamás vienen solos.
Finalmente me decidí, organicé un poco cómo sería la vida con él y con los viajes y aquí está: les presento a Batman, mi bulldog francés mini que me tiene muerta de amor. Adoro los animales, incluso me gustan más los perros grandes, pero en una ciudad como París es muy difícil tener uno porque todo es muy reducido y ahí sí que yo no daría a basto.
Hace muchos años que fijé la vista en esta raza, pero me ganaba el pensar que no podría con tantos viajes. Soy de la idea que tanto las mascotas como las plantas, así sea una sola maceta o un canario (jamás tendría pájaros teniendo ellos todo un cielo), se merecen un cuidado continuo, demandan responsabilidad y te generan dependencia. Pero mis amigas prometen cuidarlo cuando esté afuera por unos días y si el viaje es largo vendrá conmigo.
Batman es pura ternura, como un bebé, tiene cuatro meses, es muy chiquitito. Cada minuto que lo tengo encima se queda dormido automáticamente. Sé que en algún momento de mi vida tendré hijos y que esto de ahora no se trata de un entrenamiento, como escucho que dicen por ahí, pero les confieso que me despierta un sentimiento de protección diferente. Así que ya no vivo más sola, ahora somos dos. Espero que también me ayude a extrañar menos...
Me llega a mis manos una nueva editorial que hice para la revista L'Officiel Ukraine. Ya hice otras producciones como morocha, siendo yo muy blanca, y si bien todo el contexto de esta editorial es bastante denso, percibo en el resultado una enorme fragilidad y delicadeza.
El petróleo con el negro siempre me pareció una combinación muy elegante, y esa mezcla de satén, especialmente crudo, con top puntiagudo, lo mismo que el encaje, le transfieren el lado vintage que hoy todo outfit, aunque sea mínimamente, busca transmitir, como un IT que hoy no se puede negar. Una mezcla oscura pero femenina, nada débil pero frágil. Traslúcida, que se puede ver el fondo.
Esta es la editorial:
Encuentro hace unos días una nota en la revista Ñ que me interesó bastante porque en muchos sentidos tiene que ver con mi profesión, aunque, a los ojos de la nota, tiene mucho que ver con el género humano en general y en todas sus esferas. Se trata de una entrevista a la socióloga inglesa Catherine Hakim . Ella acaba de publicar un libro que se llama El capital erótico, investigación que llevó su buen tiempo y un profundo análisis de ese conjunto de atributos que todos tenemos para conquistar, ganar, convencer, enamorar y triunfar (caben todos los verbos afines que se imaginen). En palabras de ella, el capital erótico es:
"La combinación del atractivo físico que genera toda interacción social. Si uno entiende el poder del capital erótico y el potencial que otorga en todas las situaciones sociales, indudablemente será exitoso en el trabajo, sus amistades, la política y la vida privada".
¿Un poco exitista Hakim? ¿Exigente? ¿Superficial? ¿O realista? Lo que viene más abajo, y prefiero transcribirlo tal como lo leí porque a la vez sé que es un tema algo delicado, va un poco más allá:
"La noción de capital erótico está conformada por seis elementos: la belleza facial, el sex appeal (un buen cuerpo), el charme, la vitalidad, la elegancia y la sexualidad. Es imposible definirlo separando estos seis elementos, tiene que comprenderse como un todo. Por ejemplo, los informes más interesantes que he estudiado para mi libro vienen de la Argentina: estos muestran que el atractivo físico y lo social están íntimamente relacionados. Las personas más hermosas tienen mejores habilidades sociales, y viceversa".
La entrevista sigue y toca varios temas, como el machismo y el feminismo, a los que Hakim ve con varias similitudes. Pero me quedé pensando en estos seis elementos que mucho tienen que ver con lo físico y que ella asegura que todos tenemos para explotar y así lograr conquistar nuestras metas y sueños, para ser exitosos. Y, aunque al final de esa explicación ella diga que las personas hermosas son de alguna manera más exitosas, no estoy segura de que se trate de una persona cual muñeca Barbie al 100%. Yo creo en la belleza que triunfa como una buena composición entre lo físico, el espíritu y la mente. Y a su vez creo que no todos tenemos el mismo concepto de belleza: una gran amiga, mucho más grande que yo, siempre me dice que el éxito para ser eternamente bellos es conservar en perfecto estado la piel, el pelo, los dientes y las uñas. Que el resto es anecdótico porque una sonrisa amplia y blanca derrite, lo mismo que una piel de terciopelo, un pelo de seda y unas manos ultraprolijas. Mi cara Rossy de Palma dio también una entrevista hace poco a la revista del diario La Nación en donde le preguntan qué es para ella ser bello y ella responde que la belleza es un accidente, una falla, algo que rompió un orden. Como pasa con el amor, que es lo más bello del mundo: cuando uno se enamora no lo puede negar, sucede, sin avisarnos, irrumpe, nos golpea, sin pedir permiso. Quiebra una normalidad, es un accidente, y en ese quiebre hay infinita belleza.
En la alta moda no basta sólo con lo físico para llegar lejos, porque, justamente, no hay un solo concepto de belleza. Hay que ser muy bueno en todos los ámbitos posibles, inclusive el intelectual. Cuanto más preparado está uno, mejor se enfrenta al desafío y el cuerpo, que también es clave, acompaña. Tema para seguir pensando...
Les deseo a Tod@s un muy buen fin de semana, en paz y con esperanzas. Que Argentina salga adelante, desenredando tantos nudos que nos frenan para crecer y lograr nuestros objetivos. Para que seamos exitosos de una buena vez y en el más sano sentido de la palabra, como el bellísimo país que somos.
Después de tantos meses de lluvia, nieve y mucho frío se acerca finalmente la primavera a París. Un invierno que fue larguísimo y crudo, con poco sol y vientos peleadores.
Si bien las vidrieras y tiendas tienen sus colecciones de verano hace ya semanas, todavía me cuesta pensar qué looks me gustaría empezar a implementar. No me imagino sin botas ni tapados. Me pasa como cuando veo una película o leo un libro que transcurre en la nieve o en medio de una tormeta y cuando termina y salgo a la calle pienso que me encontraré con ese mismo clima de la historia, pero quizás en realidad hace un calor de locos. Bueno, es tal la compenetración que llevo con el frío, que a veces no me creo este calorcito que empezó hace unos días.
Buscando un poco de inspiración, llegué a mi tan querido Style.com , sitio de moda y tendencias que como ya comenté alguna vez me gusta por su profesionalismo en todos los sentidos. Encontré tres looks que definitivamente me identifican y hacia allí enfilaré en breve. El gris mezclado con blanco y la escala de grises, un solo outfit con diferentes estampados que a priori no combinarían y el metalizado, que sigue siendo un IT.
Si algo rescato de estas ciudades en donde priman las estaciones frías es que la media estación existe. Hay una primavera y un otoño bien marcados, una transición, y así es posible matizar lo grueso o ultra fino con sacos livianos pero muy escotados, tops con mangas tres cuartos, camperas de cuero todo el año, botines, medias, sombreros, mitones... Y cuando llegan las estaciones extremas, a full con lo políticamente correcto para protegerse, tanto del sol como del frío. Quizás por esto del clima tan variado la alta moda renace con tanta energía cada temporada por aquí...
En Argentina está llegando el frío, lo sé. Pero déjenme disfrutar y fantasear un poco con este calor, por favor!
Hoy les presento una nueva editorial que hice para Vogue Ucrania. Al mirar las fotos terminadas, con textos y todo, se me dispararon muchas ideas. Pienso, por ejemplo, en que para crear historias tan lejanas como esta, en donde hay que transmitir historias de vida y las tradiciones más típicas de un pueblo, a veces no hace falta irse tan lejos. Quizás esta verdad rompe fantasías porque, incluso a mí, me encantaría creer que para reconstruir cómo se vestían las mujeres de Ucrania y de Europa del Este en otras épocas hay que hacerlo en estos países. Pero esta vez no fue el caso, la producción se hizo en un estudio de París, cerca de casa.
La historia de esta editorial me moviliza mucho, porque el Este europeo es movilizante, profundo, melancólico, vintage, tan tradicional. Los anticuarios en Budapest son tantos y tan fáciles de encontrar como las tiendas chinas en Madrid. Si uno quiere prendas vintage de verdad, perderse una hora en una boutique de usados en esa ciudad basta para sacarse las ganas de una vida. Croacia y Praga, con sus centros comerciales en plena ciudad adoquinada y muros de piedra, con puentes de madera y cadenas enormes. Viena, la musical, pero por la ópera. Rusia, tan linda como enorme y áspera. Y así, ciudades imperiales que dividen occidente de oriente, tan originales como estas prendas. Cada una con un secreto y un recuerdo que contar.
Esta es la editorial:
Siempre digo que este blog se transformó para mí como en una segunda casa y que siento que con los lectores fuimos formando una gran familia. Me refiero al blog como un lugar al que traemos y del que llevamos historias, confesiones, críticas, pedidos, buenos deseos. El intercambio que veo me emociona, la riqueza de los comentarios y el respeto de ustedes, el compartir... Confieso que jamás imaginé lo que logramos, aunque sí lo anhelé. Porque no soy sólo yo la única que pone; al final, suelo pensar que lo mío es un aporte mínimo.
Entonces decidí que quería extender este modo de expresarme con tanta gente que en persona no conozco, pero que desde lo virtual nos hicimos tan cercanos. Personas a las que he llegado a querer, a rezar por ellas, a pensar en ellas y en sus cosas en algún momento del día un día cualquiera. Así que creé un nuevo blog, que existirá en paralelo a este, por supuesto, pero que estará on la 24 horas, como un drugstore. Me refiero a que me permitiré postear todo el tiempo y subir imágenes y fotos, con más fondo que Twitter o que Facebook, porque será más íntimo, como un cuaderno de notas y apuntes, de esos disparadores de ideas que me surgen en la madrugada. Por ser tan dinámico no voy a hacer posts tan extensos, mi otra vida también sigue! Y aún no soy escritora full time, pero quiero intentar este nuevo experimento.
Desde ya, ¡sean todos muy bienvenid@s a Miracle !
Algo así era el post que había planeado para el miércoles. Les decía que había hecho un nuevo viaje fugaz a Argentina, pero para vivir un feriado larguísimo, aunque para mí estos feriados son siempre cortos: cinco días contando más de un día en aviones. Hablando con algunas amigas coincidimos en si estos feriados son necesarios o no. Descansar siempre está muy bien, pero estar parados tantos días... Para las que trabajan en una oficina, son geniales. Para las independientes, son demasiado. Y digo que para mí estos feriados terminan siendo cortos por dos motivos. Uno: revivo lo mucho que extraño estar en persona con mi familia. Dos: revivo lo muchísimo que extraño a mi novio. Así es, mis queridos lectores, estoy de novia con un hombre argentino que me gusta mucho y me hace muy feliz. Muy feliz. Siempre confié en que, por sobre todo, triunfo el cariño y el obrar bien. Que siempre están en uno las ganas de volver a confiar y a amar con todas las energías (¿acaso hay otra forma de amar?). Y llegó.
Fue una estadía emotiva y divertida entre otras cosas. Festejamos el cumpleaños de Maru, una de mis hermanas más chicas, y me pude ver con muchas amigas. Tenía previstas un par de reuniones que finalmente cancelé para poder dedicarme a los afectos como pocas veces puedo. Y me relajó mucho estar en Buenos Aires de esta manera, sentí a la ciudad como si fuera enero, tranquila y vacía, y esto me fascina. A muchos lindos recuerdos los empaña hoy el desastre que causaron las tormentas, porque no hay forma de no enterarse y de no formar parte, de sentirse tocado, dolorido, y de preguntarse qué hacer para frenar tanta tragedia. A la distancia uno se siente inútil, me da por pensar que uno lleva una vida mediocre en relación a la de quienes dan la suya por el otro, por rescatar, por bucear en el horror para que la tormenta no sea tan destructiva para el otro. Pienso en la solidaridad de policías, bomberos, médicos y vecinos... En su generosidad sin más.
Vuelvo a Argentina en unas cuantas semanas y llegado el momento les contaré por qué. Estoy muy entusiasmada... Mientras, les muestro un albúm de fotos de lo que fueron estos últimos días allá entre abrazos, mimos y risas, hoy algo lejanas. No, el novio no aparece, es de bajo perfil y no es del ambiente ni pretende serlo. Y eso hace que me guste más.
Qué tristeza. Aterricé hace varias horas en París, venía desde Argentina y durante el vuelo escribí el post que publicaría hoy. Un post muy feliz porque estoy muy bien, pero no da, porque Buenos Aires llora, y mucho. Qué dolor el de tanta gente que quedó sin nada, incluso sin vida, evacuados que quién sabe si podrán volver a casa... Un panorama desolador después de las terribles tormentas. Ayer mi día fue prácticamente en un avión, nunca pude tomar dimensión de lo que estaba pasando ni de lo que había pasado. Pienso muchísimo en mi familia y en cada uno de mis hermanos a quienes despedí con la nostalgia de siempre.
A todas aquellas personas que perdieron seres queridos, sus cosas más queridas, su casa y sus pertenecías más íntimas, todo mi cariño. Mis oraciones de estos días son para ustedes. Ojalá encuentren consuelo y soluciones pronto. Los abrazo fuerte, Mili.
Qué tristeza enterarme que, para los tiempos que corren, aún hay persecuciones y críticas violentas a quienes son homosexuales.La agresión del sábado a una pareja de chicos en una fiesta de Buenos Aires me parece inaceptable y condenable, mucho más viniendo de jóvenes. ¿Acaso no somos los responsables de hacer que el mundo sea un lugar más pacífico y mejor? Y diría que todo es algo más terrible en la época del año que estamos viviendo como es Pascuas. Creo mucho en Dios y la historia de Cristo me sensibiliza especialmente. Incluso quitando el lado religioso del medio, me parece que fue un gran hombre y que morir en nombre de la humanidad que lo estaba condenando es un gesto de generosidad único, mucho más de la forma terrible, humillado y destrozado, como fue ejecutado.
Desde muy chica tengo contacto y trabo amistades con gays, mucho más por mi trabajo, y hasta escribir esta idea me parece superficial y que este contexto me obliga a hacerlo porque la realidad es que no estoy pensando en mis amistades según su inclinación sexual o la mía! Me da igual, es un parámetro como el color de pelo o la altura de la persona. No saco la cuenta de cuántas amigas rubias tengo... De la misma manera, y ahora que lo pienso, muchas colegas son lesbianas y muchos diseñadores, estilistas y hombres del ambiente son gay, quizás por esto la homosexualidad no es un tema tabú ni tampoco un monotema: si existe o no es corriente, como la heterosexualidad, a nadie le importa la preferencia sexual de quien tiene al lado. Y hoy, lejos de mi país y al ver situaciones tan crueles como las del sábado, entiendo por qué me siento tan bien cuando la libertad de acción y expresión es eso, libertad y nada más. Y no miedo, vergüenza, tristeza, violencia, golpes, gritos, noticia, horror. Todos celebramos el último couture de Karl Lagerfeld para Chanel, desfile que cerró con dos mujeres vestidas de novias y cada una llevando de la mano a una chiquita. Un símbolo de paz que en el mundo de la moda se interpretó como un apoyo a la gran puja que hay hoy en Francia para legalizar el matrimonio gay. Porque aquí puede haber disidencia pero no veo que corra sangre.
Una vez, una colega obsesionada por entender por qué en el mundo de la alta moda se daba de encontrarnos con muchas parejas homosexuales, me contó su teoría: "Bueno, no es tan raro que haya tantas modelos lesbianas. Vivimos rodeadas de mujeres, todas son hermosas, nos cambiamos desnudas frente a ellas, nos ayudamos a vestirnos, hay épocas en las que no te cruzás con un hombre heterosexual ni por casualidad... Entonces es normal que te empiecen a interesar las mujeres, es la opción". Su reflexión me dejó pensando, quizás tenía razón, quizás habría un factor determinante por estar rodeada de tantas mujeres. Pero la idea dejó de convencerme a los minutos, porque siempre creí, quizás equivocada, que la sexualidad es mucho más compleja, no depende en principio de la belleza física del otro, es profunda y hasta previa, que no es una moda, y pensé que quizás esta querida amiga necesitaba de alguna manera justificar o entender su posible inclinación hacia las chicas, aunque nunca me lo confesó ni yo se lo pregunté.
Creo que uno conoce bien o bastante bien su sexualidad y si no está reprimida dudo que por pasar tiempo con muchas mujeres uno se sienta mas atraída a ellas, por lo menos no me pasó ni creo que me pase porque me enloquecen los hombres, pase o no tiempo con muchos de ellos. Y porque paso mucho tiempo rodeada de las más lindas del mundo y las admiro, pero punto; vuelvo a casa pensando en las cosas que le haría a mi chico.
Pero, el mejor análisis que creo que puedo hacer es no hacer estos análisis. Al margen de que no me corresponde, tampoco me interesa desentrañar lo que no creo que haya que desentrañar. Celebro la diversidad, el respeto de todos para con todos y la libertad de vivir nuestras vidas de la forma que más feliz nos haga, intentado también hacer felices a los otros. De eso se trata.
¡Les deseo unas muy felices Pascuas!
La sensación es como la de estar en un concierto añorado y que no empiece. Esperando a ver a los Rolling Stones y que pasen los minutos, incluso una o dos horas, y que ellos no aparezcan. Pero, a diferencia de los desfiles de moda, los Rolling Stones son ellos, sin tener que demostrar nada a nadie, pueden hacer esperar a los cielos si quieren y sus seguidores y el mundo los van a seguir queriendo y eligiendo. Si bien hay varios grandes consagrdos de la alta moda, en cada desfile tienen que demostrar que siguen siendo grandes y por qué lo siguen siendo. No sólo por medio de la colección, que es clave, si no con cada detalle de su show: el lugar elegido, las modelos, la comodidad de los asientos... Y la puntualidad, factor fundamental aunque no siempre se cumpla.
Es importante tener en cuenta que en los front rows no sólo hay celebridades si no también críticos de moda y editores de las principales revistas que son quienes suben o bajan el pulgar. Hacerlos esperar un minuto de más es restarse puntos: si la colección no estuvo buena para ellos, lo estuvo mucho peor si el desfile empezó tarde, mucho más en Europa que ser impuntual es una falta de respeto no tan extendida como en Argentina.
Es enorme el estrés de los diseñadores antes de empezar un show. En los backstages se vive una tensión tremenda durante varias horas y de las modelos también depende que toda esta logística vaya bien. Una vez no hace mucho, mi querido Gaultier se atrasó una hora porque unos de los trajes más importantes no estaba listo. Esto significó que Anna Wintour casi se va del show, indignada. Ya lo comenté otras veces, y es que Jean Paul es capaz de pedir que se rehaga un vestido, una manga o un bordado una hora antes del show, como una vez que alguien cortó mal una pieza de cuero fundamental y tembló toda la maison horas antes del gran desfile.
En aquel show de Gaultier no la pasamos bien. Desde adentro se sentía la impaciencia de la gente, muchos tenían que correr a ver otros desfiles porque en plena semana de la moda de París, o de otra ciudad, hay show tras show, las agendas explotan y nadie quiere esperar, hay muchísimo trabajo para hacer. Si bien mi caro amigo tuvo horribles criticas por haberse atrasado tanto (aspecto que todas las crónicas remarcaron), la colección fue un éxito.
Valió la pena, pero aunque uno esté en las altas cumbres más vale no arriesgar con lo que se puede manejar. A Gaultier lo adoran y lo perdonan, casi como a un stone, pero no me olvido de su nerviosismo y su amplia sonrisa al terminar.
Hoy, y una vez más, vuelvo a Chanel. Inspirada por una sucesión de encuentros con esta marca en diferentes momentos del fin de semana: una entrevista a Lagerfeld divertidísima, la película que cuenta el romance entre Coco y Stravinsky (la voy viendo más de tres veces), la revisión de la nueva temporada que acaba de presentarse en París... Y caigo en que nunca antes repasé lo que para mí significa una cartera Chanel, en especial la clásica de las más clásicas, la 2.5.5: "inteligente y con un toque de lujo", como lo define la maison.
Digo que es mucho más que una cartera no sólo por las 180 supervisiones de calidad que lleva la confección de cada una antes de ser aprobada o por los siete bolsillos que ayudan a organizar todo (hasta hay lugar para guardar las cartas de amor, en uno pequeñito y secreto). Por ser idéntica por fuera y por dentro o por el forro en forma de sobre rígido bordó que sirve para detectar las cosas con mayor rapidez y que no se pierdan sobre un fondo negro, típico de todo bolso.
Una cartera Chanel es, especialmente, símbolo de buen gusto y tradición, tradición parisina. Chanel es París y París es la coupé de la alta moda. Si bien es un íncono costoso, por cualquier rue que uno camine se topa con una de estas carteras, en todos los colores, diferentes estilos de cuero, tamaños y diseños. Jóvenes y señoras las llevan y a todas les calza bien, pero diferente, adaptándose al hombro de cada una como un guante. Creo que una 2.5.5 caracteriza los outfits de una mujer fuerte, trabajadora, triunfadora, segura y moderna. Creo que no hay mujer que no se sienta identificada con Coco en algún aspecto, ni mujer que si ama la moda no desee tener uno de sus bolsos.
Mi primera cartera me sigue acompañando a través de los años, de las mudanzas y de la evolución de mi estilo. Representa para mí un símbolo de esfuerzo, dedicación y perseverancia en el mundo de la moda. Al mirarla miro mis comienzos, mis orígenes en este ambiente, mis anhelos, alegrías y luchas. Con el tiempo, tuve la suerte de que me regalaran algunas otras y la colección se fue haciendo grande, pero hace poco las regalé a todas. Fue una suerte de despojo, quizás como eso que dicen algunos de vaciar el vestidor para llenarlo mejor. O simplemente de despojo. Pero no me pude despegar de mi primera Chanel, que ya está bastante gastada de tanto uso. Sin embargo, como les contaba, el valor emocional que tiene va más allá de si sigue de moda o de su precio.
Es como esos pequeños (o grandes) tesoros que todos guardamos para que nos acompañen siempre. Como una especie de amuleto que nos da fuerzas y nos recuerda mucho de todo, lo lindo y feo que nos marcó. Eso especial que nos dice que que vale la pena seguir peleándola.
Al empezar, todos sabemos que la carrera de modelo profesional tiene un tiempo de vida relativamente corto y que se da a una determinada edad, como es el caso de los bailarines: uno no puede querer ser Paloma Herrera a los 30 años. Y no es lo mismo ser modelo a los 16 años que a los 30 años. Algunas razones son obvias, como la belleza propia de la juventud, y otras no tanto. Por ejemplo, la mayoría de quienes comenzamos tan jovencitas llegamos a un momento en que nos cansa mucho exponer tanto nuestro cuerpo y todo nuestro ser. Por supuesto que en toda carrera profesional uno tiende a evolucionar y crecer, pero cuando se trata de una exposición constante puede volverse en contra.
Creo que por estos dos motivos, es bastante común que las modelos tengan diferentes negocios o alguna otra carrera de forma simultánea. Cuando me preguntan, siempre aconsejo a las modelos que recién empiezan que se esfuercen por no marearse y por buscar y hacer algo más que no sea sólo este trabajo, regla que se aplica más a los hombres porque es muy raro que la carrera de un modelo hombre llegue a ser la misma como la de una mujer. Una mujer puede trabajar pasados los 30, quizás sin ningún problema, como por ejemplo Kate Moss o Gisele Bündchen, modelos que no sobran pero existen e incluso así tienen sus propios negocios, fundaciones y aficiones muy bien desarrollados. Creo que buscar alguna otra pasión es fundamental también para poder vivir: este es un trabajo muy inestable y todos necesitamos un poco de rutina y estabilidad para ser felices. Además, esta es una carrera para aprovechar muchísimo: las modelos estamos tan expuestas a conocer a tanta gente, que en el camino van surgiendo diferentes propuestas, buenas y malas, y para distinguirlas hay que estar despierta. Algunas chicas se vuelcan a la actuación, otras a la música, otras son madres, otras son amantes... En definitiva, cuando llegás a la cima de la alta moda se abren infinidad de puertas y dependiendo de tus aspiraciones y de tus valores vendrán las elecciones, pero difícilmente quieras quedarte de brazos cruzados esperando al próximo desfile. En el intento podés ser devorada sin darte cuenta.
A los 19 años sentí ya el deseo de estudiar y hacer algo más que no esté relacionado 100% con mi trabajo como modelo. También porque vi muy de cerca mujeres que llegados los 30 años no habían estudiado o desarrollado algo propio y no sabían qué hacer. Imaginar esa situación me asustó. Me aterraba la idea de limitarme solamente a un trabajo muy finito y necesitar ser eso siempre, incluso cuando haya dejado de gustarme o de funcionar. Como siempre cuento, todos mis proyectos y negocios están relacionados con el mundo de la moda, porque también es algo que disfruto mucho, pero desde otro punto de vista y otras perspectivas que me hacen salirme del lugar del ego de modelo top. El año pasado creé mi propia marca y ya se vendrán avances al respecto, lo prometo. Mientras tanto, es el espacio en donde surge la inspiración y me encuentro con otros trabajos o proyectos que quizás por estar con la cabeza en uno solo no surgirían. Gracias a ser modelo también soy quien soy, me ha abierto infinitas puertas, como aprender idiomas y recorrer decenas de ciudades que quizás nunca las hubiera recorrido si no hubiera tenido la oportunidad de ser modelo. Aceptar que este trabajo no es para siempre a veces puede llegar a ser doloroso, está tan ligado a lo lindo que podemos ser que el ego se hace pesado y cuesta separarse de esa seguridad que te da lo estético. Pero hay que cortar, buscar adentro, bucear en los sueños, no creérsela porque así no funciona de verdad. Hay que buscar pisar la tierra y sentirla.
Un amigo, mucho más grande que yo, dice que la vida son momentos, que es como una colcha patchwork: muchos momentos diferentes atados unos a otros que forman uno grande (la vida), pero son diferentes y únicos, y a veces se repiten, pero incluso de manera espaciada. Pienso a la vida de modelo como uno (o varios) cuadraditos, pero no como toda la frazada. Y está bueno.
Tiemblan mis lápices, mis cuadernos y la compu: en una semana empiezo el CBC para después estudiar Filosofía y Letras. Decisión que me tiene muy feliz porque se trata de otro anhelo que quiero conquistar. Cuando era más chica y pensaba qué carrera seguir, además de hacer moda, siempre me tiré por ésta. Me gusta la lectura, analizar y entender lo más posible la evolución del ser humano, al que miro como mucho más que un cuerpo y una mente. Y vivir en París terminó de darme el impulso, se me hace inevitable no tener esas ganas de ponerme a estudiarla acompañada por una ciudad tan llena de historia y en donde vivieron, pasaron y quedaron grandes pensadores. Además, estos estudios, que necesitan de mucha introspección, complementan mucho mi otra vida, tan ligada a la exposición, la moda, la aceleración con que corren las tendencias, lo superfluo en más de una ocasión.
Elegí UBAXXI porque el método de hacerlo on-line encaja perfecto con la agitada agenda que llevo. Y hace unos días estaba tomando algo con Romina Ricci y mi agente Emiliano y ella me comentó que se había inscripto en la UBA y que al CBC podía hacerlo a la distancia. Me anoté de cabeza.
Sinceramente, por el momento no creo que vuelva a vivir a Buenos Aires así que me encantaría poder hacer toda la carrera en La Sorbona, aunque quizás el año que viene cuando tenga bien afilado el vocabulario en francés. Sigo haciendo 20 horas por semana de francés en la misma universidad, pero falta, mucho más para encarar una carrera así. Querid@s: mis días vuelven a los libros, y estaré mucho más conectada aún a la compu así que nos veremos más seguido! Muchas gracias por estar. Je les aime!
Incluso tan metida en el ambiente y acostumbrada a sus costumbres, son muchas las veces que me pregunto para qué edad exactamente está hecha o pensada la ropa de alta costura, la alta moda. Me refiero en líneas generales y a las grandes marcas de siempre, quizás a las más clásicas. Y lo digo porque me pasa y me pasó de verme muy joven en comparación a la mayoría de las prendas que debo vestir mientras trabajo, o con el maquillaje y los espacios en donde se muestra todo esto. Es cierto que las modelos suelen ser todas muy chicas, quizás en los desfiles de mi caro Gaultier es en donde más vi mujeres maduras trabajando, pero la regla general indica que hay que ser muy joven. Entonces, teniendo unos 20 años mostramos un look de unos 35 para arriba... Ese es más o menos el cálculo que hago. ¿Si me siento mal o rara? Siempre digo que trato de que mis sentimientos o subjetividades no intervengan al trabajar y mirarme a un espejo. Sentirme (y también verme) jovial y fresca me encanta.
Después de cada desfile, campaña o editorial, repienso mi guardarropas. Mejor dicho, mi estilo. Y reconfirmo que adoro vestirme como la edad que tengo, adaptando todo lo que percibo.
Si miro a una chica de mi edad, saliendo de la adolescencia, diría que definí el estilo de vestir y mis gustos de una forma bastante alejada a lo común. Y sí creo que mucho tiene que ver todo esto de que vivo en mi trabajo y les cuento. Sí me van a ver de zapatillas y jeans archi sueltos, pero también con los mismos jeans y unos Louboutin altísimos. Tuxedo, chupines y chatitas, pero con una camiseta de Rolling Stones. Porque si bien la imagen me da para mostrarme mayor, entendí que esos toques juveniles me llevan de nuevo a mi edad, impiden que me desubique. Estar tan rodeada de las últimas tendencias, que precisamente no son todas para chicas de veinte, me hace buscar la jovialidad como una necesidad. Siempre mezclada con mis ítems clásicos, como la cartera Chanel. Tuve la primera antes de los 18.
Repaso fotos y campañas y ahí me veo, mucho más grande de lo que dice el DNI. O mucho más chica de lo que se espera de una mujer que viste de unos treinta y pico. Pero mi look puertas adentro está en mí y no yo en ellos. No cambia mi personalidad ni mi manera de ser por lucir de diferentes maneras.
Siento que miro la ciudad con otros ojos e incluso mi cuerpo y mi mente la perciben diferente, glamorosa pero viva, humana. Llegar a este punto fue todo un desafío estos últimos meses, porque me di cuenta de que me encontraba siempre viviendo a fondo el hoy, el presente, pero ansiando estar en otro lado. Hoy, después de muchos años, puedo decir que estoy viviendo el mejor momento de mi vida, y todo se debe a sentirme a gusto conmigo misma al 100%. Hoy realmente puedo disfrutar de un café, de estudiar, trabajar o ir al gimnasio sin pensar que podría estar haciendo algo mejor (¿les pasó alguna vez?). He sentido, sobre todo en mi trabajo, que siempre se esperaba mucho más de mí, entonces la carrera por conquistar ese deseo ajeno se hacía infinita, durísima. Hoy incluso elijo qué hacer, no pienso más allá de mañana y trato de recuperar momentos muy lindos que me perdí por estar buscándolos donde no los iba a encontrar nunca.
A su vez, la experiencia de todos estos años de carrera (literal) me fue llenando de calma y de paz, que son los dos factores que hoy predominan en mi ánimo. Claro que todas mis experiencias pasadas en esta ciudad fueron especiales, únicas y disfrutadas a su manera, pero hoy no sólo hay otra mudanza sino también un crecimiento y desarrollo más profundo de mi conciencia. Cada paso es un agradecimiento y voy desprendiéndome de muchas cosas que ya no me hacen falta. El marido de una amiga siempre dice que lo malo, aunque nos encante, termina por caerse. Y eso siento: que se cae, se cae lo que ya no surte ningún efecto. Desde ropa hasta personas, pasando por ideas y pensamientos.
Hice una selección de fotos que fui tomando en estos últimos días en París. Encontré muchos elementos que me remiten directamente a todo esto que siento hoy. Desde mis amigos y mi manager argentino, pasando por la historia de algún museo, mis placeres y lugares. Como una retrospectiva de lo cotidiano, de esa familiaridad que tanto me (y nos) acompaña.
Nota: estoy en plena semana de la moda en París, desfilando y con mil actividades típicas de estos días. Perdón por mi ausencia en los comentarios. Que sepan que los leo a todos. ¡Y que los quiero mucho!
En Europa se supone que el frío debería estar pasando, pero se queda, sigue y sigue. Especialmente en ciudades como París, de países de un poco más arriba del resto. Este invierno, bastante largo y algo nuevo para mí por haberlo vivido más en esta capital, me llevó a reformular y engordar un poco más mi placard. Como sé que ya las vidrieras se visten de frío por Argentina, pensé en contarles sobre mis ITs de esta temporada. Más de una lectora me lo preguntó, así que también va este post en su honor.
Hace poco más de un año escribí un post al respecto, en donde me explayé más sobre cómo definir a lo IT. Para no volver con todo el rollo, les dejo aqui el link http://www.revistaohlala.com/1394082 . Sí diré algo que ya dije: lo IT tiene mucho que ver con lo nuevo, pero todo tiene que ver con lo bueno y que, la mayoría de las veces, suele ser costoso, aunque promete acompañarnos para siempre. Francamente, no me van los accesorios de plástico o las ojotas, por ejemplo, tan de moda en el verano que pasó, pero esto no significa que sólo me guste el oro. Creo que lo IT tiene también mucho de exclusividad, de confidencial y de lo hecho a medida, porque sobre gustos no hay nada escrito y tener un gusto definido potencia nuestra personalidad, lo que nos da estilo; el famoso charme.
Aquí va mi lista de ITs:
Un perfume: Retrato de Mujer, de Frederic Malle. En un post que escribí hace unos meses les hablé de este curador de perfumes que la está rompiendo por lograr un concepto exquisito en materia de perfumes. Este es el post para refrescar la memoria: http://www.revistaohlala.com/1530698-el-curador-de-perfumes . El perfume de él que elijo para el invierno es unisex y muy cítrico, casi casi como llevar gotas de limón en la piel. Me gusta el contraste de lo fresco en invierno, sobre todo cuando la calefacción satura los ambientes.
Un tejido: cachemire. No mucho que agregar sobre esta textura única, irresistible. Este invierno encontré un sweater con mini escote en V camuflado y una manta verde palta para el sofá.
Un abrigo: Celine oversized. Un maxi tapado que amé apenas descubrí.
Un color: blanco. Algo así como con lo que me pasa con el perfume cítrico para el invierno: usar blanco es cortar con tanto gris y negro que plaga las calles.
Una prenda: little black dress. Infaltable y siempre ubicado. Modelos, miles. Me gusta mucho lo que propone Moschino en tejido elástico, mangas largas y escote que deja ver los hombros.
Un estampado: con animales, especialmente tigres, panteras... felinos salvajes!
Un calzado: chatitas Charlotte Olympia con gatitos. Ya tienen una temporada pero sigo enamorada de ellas. Marc Jacobs las lanzó ahora también con perritos. Lovely!
Un reloj: AP Audemar Piget. Sólido, sobrio y muy moderno, además de estar hecho por maestros relojeros.
Una piedra: diamante negro. Me genera respeto un negro tan absoluto. Me gustan las joyas que lo combinan con diamantes tradicionales.
Un accesorio: sombrero Hermès, tipo gaucho. Un toque diferente, incluso para una noche con brillos.
Un lugar para tomarse unos días: Alpes Franceses. Ideal si estás en Europa y podés escaparte unos días. Lo que más me gusta de estas pistas de esquí es que en realidad no son pistas sino caminos de un pueblito a otro.
Una lapicera: Montblanc Ingrid Bergman.
Un restaurante: L'Atelier Paris. Chic pero con mucho de gourmet clásico. Hay buena vibra en un ambiente algo fashionista y trendy.
Un bar: DADÁ Buenos Aires. Adoro este bar, chiquito y tan cálido en plena ciudad.
Un modelo de gafas de sol: Ray Ban estilo John Lennon. Creo que le quedan muy bien a muchos cortes de cara. Las impuso bastante Prada para los hombres, pero cada vez son más las mujeres que veo que se animan. Me tienen fascinada.
Un diseñador: Marc Jacobs. Lo que hace para Louis Vuitton es genialidad pura, también me gusta mucho su marca personal. Y sus tattoos! En especial el de Bob Esponja!
Una cartera: Hermès Kelly bag. Al margen de ser tan elegante y siempre a tono, me parece interesante y tierna su historia. Grace Kelly se la encargó a la maison para que con ella pudiera tapar su embarazo ante las cámaras; resguardar un poco su intimidad.
Una comida: pasta con trufas de estación. Las trufas se comen muchísimo en Europa y combinadas con pasta me pierden. Cuando la crema tiene un toque de sabia el perfume se siente en todo el restaurante.
Un postre: tiramisú. El clásico, de mascarpone y café, nada de cacao ni crema batida. Es lo más!
Chanel me encanta, es quizás la maison que más admiro por su elegancia, sobriedad, historia y modernismo. Por haberse podido mantener siempre en lo más alto pero sin traicionarse, y creo que en esto Karl Lagerfeld tiene gran responsabilidad. Hasta la tipografía de la marca Chanel es simpleza pero excelencia.
Me quiero centrar hoy en él y en su propia línea de ropa y accesorios, que me llama mucho la atención así como Marc Jacobs tiene la propia y hasta una librería (Bookmarc, no dejen de visitarla en Nueva York o en París). Pero la propuesta de Lagerfeld, si bien creo que sus precios son un poco elevados para la calidad de las prendas (son buenas, pero no es Chanel), tiene mucho de él, de sus gustos más personales: rockero, punk, jovial, dark, pop y elegante.
La semana pasada miré y palpé mucho de su última colección y noté el gran tributo a esta esencia en cada prenda, en cada detalle. Todo en negro o blanco, bases en gris y sólo alguna camiseta con toques de rubí o rosa pálido. Reminiscencias de Chanel en apliques a sacos, pero de cuero gastado sobre lana gruesa. Poleras muy finas con algo de cashmere, botones de nácar en el cuello y mini flecos, jeans con detalles en plateado y botamangas arruchadas tipo acordeón, guantes sin dedos, tan Karl, camisas de buen algodón con cuellos extravagantes y vestidos muy urbanos, para todos los días pero con escotes geométricos que le dan un toque de exclusividad al look.
Pensé en la eterna rebeldía de Lagerfeld, en cuánto lo apasiona la juventud, la fotografía y lo under. Y, a la vez, en todo lo bien que entiende a las mujeres más clásicas y tradicionales del mundo. Miro la última colección crucero de Chanel, toda en colores pasteles, y la colección Karl, oscura y ciertamente densa, propia del inconsciente. Y me gusta que así sea, que la diferencia esté porque al final no somos uno, si no los muchos que desde adentro movilizan nuestras pasiones.
Cuando empecé a trabajar en Europa, hace más de seis años, no imaginaba que Rusia sería tan fuerte en moda. No lo imaginaba porque el ruido del último grito no venía de ahí, esas eran tierras muy muy lejanas, aunque las mujeres rusas siempre se destacaron y destacan por su belleza y cuerpos esculturales de piernas kilométricas. Siempre pienso que la muñeca Barbie está inspirada en las rusas.
Desde hace un par de años empecé a viajar más por esa zona y a comprobar que verdaderamente Rusia es una capital de la moda. Desde lo más mínimo a lo más exclusivo, como pasa en Hong Kong, por ejemplo. He visto prendas de Zara únicas, innovadoras y a la vez con ese toque ruso de pasado pesado, quizás en alguna pasamanería, en la combinación de colores, en los cortes de hombros, en las formas justas a la cintura. He visto adelantos de temporadas como en ningún otro país y una cantidad de revistas dedicadas a la mujer que asusta: para la joven que no quiere casarse, para la mamá que quiere tener hijos y otra para la que no quiere, para la adolescente que ama la moda y para la que no tanto, revistas para las chicas que viven con una mascota y para las que tienen plantas, para mujeres que adoran viajar y para las que aman las ciencias... Es impresionante la variedad, y todas estas revistas tienen un mismo punto de referencia: la moda. El nivel de consumo es altísimo en Rusia, muy probablemente por tantos años de prohibiciones, y con una clase de gente joven que gana muy bien.
Por estos días, salió una editorial que hice para Marie Claire Rusia con fotos de Max Cardelli. Me fascinó hacerla por la fuerte estética que significó, una mezcla de algo vintage, con toques a lo Almodóvar, aniñada, muy femenina, sexy y desafiante. Bañada de color. Si había que provocar desde una mirada ingenua, pero dura, creo que el trabajo está resuelto. Y es interesante ver cómo prendas muy actuales de Cavalli, Stella McCartney y D&G, entre algunas otras de la producción, se ven menos populares que en las vidrieras de Champs Elysees, de Sloane Square y, por supuesto, del GUM, la galería de compras más chic y exclusiva de Moscú.
En estas semanas y días de tan intenso trabajo siento que mi carrera, a mis 23 años, vuelve a foja cero; que todo vuelve a empezar. Es fundamental renovarse y encarar la moda desde otro lugar y con una nueva actitud para crecer. Pero cuando les digo que todo vuelve a empezar es porque hay muchas veces que siento que no sé nada de todo esto y ahí me veo, literalmente, sintiéndome como cuando tenía 16 años y todo era de otro planeta. Siempre digo que nos salva el instinto de supervivencia, la capacidad de adaptación y el oficio, que para eso uno se rompe construyendo tanto, ¿no?
Por ejemplo, me pasa hoy de llegar a un casting o a un desfile y no conocer a ninguna de las chicas. Cada temporada se renuevan los planteles y, a pasos agigantados, caras y cuerpos nuevos que quizás duran poco, o no, pero ahí están siempre para demostrarte que la competencia es aún fuerte y que nunca se termina de llegar. Por eso también hoy me doy cuenta de que en muchas situaciones una vuelve a pagar un derecho de piso como si fueras recién nacida, por más experiencia que ya tengas y por mucho que te adoren los diseñadores.
En este constante recambio que caracteriza al mundo de la alta moda, también hay momentos muy aburridos en los backstages ¡porque no conozco a ninguna de las modelos! Algunas tienen mi edad pero también hay muchas más chicas o más grandes. Las miro y me acuerdo de cuando empecé y mis amigas, que ahora me llevan unos 5 o 7 años, tenían otra energía y quizás más ganas de romperla. Todavía se vivía un poco eso de creerse ser una súper modelo, y estaba bueno. Hoy en día, veo que las chicas tienen una actitud despreocupada, relajada, como si estuvieran de paso temporada tras temporada, o se tomaran a este trabajo como una pasantía.
Sobrellevar con buena onda el aburrimiento y las horas muertas previas a un desfile, por ejemplo, es de lo más valioso que aprendí a lo largo de todos estos años. Porque los primeros desfiles son una montaña rusa, pero el resto más bien una calesita eterna. Por eso, buena música, un libro que tenga atrapado y saber hacer sociales distinguiendo a la gente copada son salidas óptimas para no amargarse pensando que un minuto y medio fugaz de pasarela es el resultados de más de seis horas!
Queridos Tod@s: antes que nada, decirles que leo todos y cada uno de sus comentarios y contarles que un par de temas me demoran para responder, como pésima conexión, viajes y muchísimo trabajo. Llego a mandar los posts y a seguirlos a ustedes con el teléfono; voy a volver con las respuestas en breve.
Ayer, el blog cumplió años! Sí, dos años escribiéndolo y mostrándoles gran parte de mi vida y cómo veo a la moda. ¡Cuántas personas increíbles conocí! Y, como dijo alguien más de una vez, siento que somos amigos. Cada post es una forma de acercarme a ustedes y sus respuestas son una compañía enorme para mí. Los siento cerca, que son reales y profundos. ¡Muchísimas gracias porque sin ustedes esto no tendría sentido! Gracias por los ánimos para seguir, por la buena onda y tanto cariño, por aceptarme como soy y creer en mi profesión y en mis intenciones. Les deseo lo mejor y verlos siempre por aquí. Son lo más!
También fue el día de los enamorados, fecha un tanto cursi, pero como dice un amigo: "En el amor, cuanto más cursi mejor". Y confío en eso totalmente. Hay que tener el corazón y la piel calientes. Hoy puedo mostrarles lo que les tenía prometido y que tiene que ver con una gran campaña que hice: ser la cara para Guy Laroche. ¿Se acuerdan esa producción que les conté que transcurría en un balcón helado? Bueno, el resultado es este:
Estoy súper feliz por formar parte de esta marca, tan sofisticada, elegante y cool. Un gran regalo por estas fechas. Y que no puedo dejar de compartir con ustedes.
Después de varios días sin postear, por los feriados y demás, les presento hoy la propuesta de Maria Cher para esta nueva temporada de invierno en Argentina. Siempre digo que Cher se destaca entre el resto de las marcas de nuestro país por ir un poco mas allá, ser vanguardista y salirse del prototipo de mujer predecible al momento de vestir. Es spicy -picante-, osada. Me gustó mucho esta colección y, una vez más, les digo que es un honor trabajar junto a ellos! Va video también.
HarveyD, una lectora del blog, me preguntó hace unos días sobre cómo fue empezar de tan chica, resistir presiones lejos de mis afectos, manejarme con la plata, enfrentar los desafíos de las grandes ligas y, ante todo (y a esto lo agrego yo), mantener un espíritu feliz y no librarme a la tentación de aflojar. Porque sí, es muy complejo ser profesional casi de cero frente a lo que exigen los grandes siendo una adolescente y a miles de kilómetros de mi país. Claro que no todo fue ni es alegría, de eso nadie ni nada te resguarda y está bueno. Me gusta mucho esta frase que dice "el dolor es inevitable, el sufrimiento es una elección".
A los 16 años, como alguna vez conté en el blog, me mudé a París directo desde Caballito. Era mi primer viaje a Europa y al exterior, una lengua nueva y un trabajo muy competitivo y exigente me esperaban. Muchos me metían terror. Había empezado como modelo un par de años antes, pero al combinarlo con el colegio o hacerlo en horas libres, no era de la magnitud de la alta costura, no era Chanel. Pero no lo dudé y me fui. Vengo de una familia de gente muy trabajadora y muy simple, somos diez hermanos y mi mamá enfermó hace varios años; desde muy chiquitos aprendimos a cuidarnos mucho entre nosotros. Asumí responsabilidades fuertes, mis hermanas más chicas dependían mucho de mí y no podíamos darnos el lujo de un capricho ni de exigir mucho, de nada. Nos acostumbramos más a ayudar que a pedir. Quizás por eso siempre quise ser independiente y muy libre.
En este primer gran viaje a Francia me acompañó Sidney, mi agente de aquellos años. Y muy rápido se transformó en una enorme contención porque todo ese proceso de cambio y adaptación es demasiado para hacerlo de golpe. Al principio viajaba conmigo, pero el tiempo fue pasando y yo acostumbrándome a vivir sola, a hacerme cargo de una casa, de las cuentas, del banco, de mi familia que estaba en Argentina... Creer que una está sobre una bandeja de cristal por el hecho de vestir cristal es una fantasía, por lo menos en los comienzos todo es muy muy difícil. Por más diosa y deseada que seas, hay un derecho de piso que pagar en todos los ámbitos, gente nueva que se te acerca y gente que no se te acerca, estándares económicos que te abruman porque, sin que te des cuenta, se transforman en una exigencia o en una necesidad (por más espiritual que seas), mentalidades diferentes con las cuales convivir, una competencia feroz y, aunque seas muy valiente, el temor de fallar. A la alta moda llegan muy pocas, y se mantienen en carrera poquísimas. Después de diez años puedo verlo con más claridad.
A los 18 años me mudé a Nueva York por nuevos mercados. Fue un año intenso de trabajo, de muchas revoluciones juntas, grandes éxitos, luces, una consolidación de mi carrera con frutos que perdurarán por siempre, pero cuando cumplí los 19, la crisis golpeó fuerte al mundo y especialmente a la moda. Empecé a verme muy sola, como si un peso me asfixiara, y a la vez me encontré en una situación más material angustiante: gastaba más de lo que ganaba, sólo en alquiler y en vivir, porque si bien me fascina lo mejor y lo lindo (¿a quién no?), no derrocho, tengo consciencia de ahorro. Vivir sola era y es el lujo que me daba y que me doy (París es una ciudad costosísima y vivir solo es un esfuerzo tremendo). Es que siempre necesité mi espacio y mi aire, y confieso que fue muy difícil adaptarme y buscar un balance frente a lo que me estaba pasando. Poco a poco me fui acomodando y al tiempo todo se estabilizó bastante. Una gran lección que me quedó de esa época, aunque suene a obviedad absoluta, es que, por lo vertiginosa de mi carrera y del mundo en que vivimos, sé que de un día para el otro estamos obligados a aprender para resolver situaciones que normalmente llevarían años. El famoso "hacer algo al respecto", pero hacerlo de verdad. No quiero hacer un post kilométrico, se hartarían y yo querría explayarme! Así que haré otra entrega de este "comienzo".
Pero no quiero cerrar esto sin contarles algunas cosas que también aprendí, y es con lo que insisto siempre: el trabajo de modelo de alta moda tiene de positivo el no ser rutinario, el viajar, conocer, cultivarte… y, al mismo tiempo, es un campo plagado de incertidumbres, especialmente vinculado a no tener un sueldo periódico como tanta gente lo tiene y que, al final del día (o del mes, je) es una tranquilidad. En aquellos años complejos, pasé meses en que mis cuentas estuvieron en 0 y luego por milagro de un trabajo la cuenta balanceada. Ser modelo de alta moda y sólo modelo (ya escribiré un post de esto) es como ser empresario independiente, pero sin muchas reglas o indicaciones, porque la elección de una cara o de un cuerpo para una campaña tiene mucho de subjetivo. ¿Por qué una temporada ganan las andróginas y en otra temporada las ultra femeninas? No lo sé, es un enigma para todos los que incluso conocemos de cerca el medio. Ser camaleónica es una gran salida, pero a veces los camaleones tampoco gustan…
Como dice mi amigo Nicolás, la vida es una mesa redonda. Y eso tuve que aprenderlo desde muy chica. Todo gira, va y vuelve. Hoy está arriba, mañana abajo. Pero lo más importante es volver uno mismo a la felicidad de saberse en el camino elegido y re elegirlo cada día, sea como haya sido ese día. Siempre destaco que, incluso en momentos difíciles - como llegar un día a mi casa y darme cuenta de que no era feliz con mi matrimonio y que deseaba que se terminara la angustia (tengo muy grabado ese momento, ese clic)- siempre he peleado por la felicidad y por sentirme bien en cualquier lugar y plato de la mesa que me toque.
Llega a mis manos, por esas vueltas de la web, una editorial que hice allá por septiembre y que no la había posteado: es loca linda, desquiciada, psicodélica y extravagante. Como la musa que tuve que interpretar para West East Magazine , revista que me encanta por teatral y vanguardista. Grandes figuras pasan por sus páginas en cada número y sus profesionales son muy originales en el tratamiento de la moda, justamente por esto de lo onírico y poético que buscan transmitir.
Las fotos son de Sydelorme y el estilismo estuvo a cargo de Solei Yoshida. Si bien es vestuario de invierno, rescato los colores fuertes, tan presentes otra vez en este próximo verano, y el pelo. O los pelos. Me divierte mucho el violáceo y los rulitos. Pese a ser caras serias la de esta historia, les aseguro que hacerlas me despertaba sonrisas internas. Al mirar esta editorial pienso en un estilo pseudo Marta Minujín , quizás por el flequillo cortito (aunque el mío de las fotos sea oscuro) o el surrealismo que me despiertan sus obras y el contexto de esta editorial. Justo ella cumplió por estos días 70 años, vividos a puro arte y color.
Aquí están las fotos. Cuánto adoro mi profesión por las posibilidades que me da de probar y probar...
Nació en Buenos Aires el 27 de Abril de 1989. Al poco tiempo de ser descubierta como modelo se mudó a Paris. Trabajó para Chanel, Jean Paul Gaultier, Gian-
franco Ferre, Hermés, Dolce & Gabbana, entre otros. Se convirtió en protagonista de las producciones de moda más reconocidas en publicaciones europeas como Vogue, Numero, POP, V Magazine, Elle.
A los 19 años se mudó a Nueva York y trabajó con las primeras marcas. Actualmente vive en Londres y viaja por el mundo por trabajo y placer.