
¿Pasó usted por mi casa?
Por su casa no pasé.
¿Vio usted al vecino?
Al vecino no lo vi.
¿Chateó con el vecino?
Con el vecino yo chatié.
Compulsivamente.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Toda la tarde estuve offline. Redondita y gris. De lo más prolija. En cuanto llegué a casa y me conecté, ahí estaba, esperando.
Chateamos horas. Intenso, digamos. El vecino es insistente y tiene una forma que te engatusa y terminás hablando.
Y contando.
Hice caso y propuse encuentro.
Sofi: Y si hacemos algo? Subís, bajo...
XXX: Dale, contame qué tenés puesto.
¿Qué hacer, cambiar de tema completamente, desconectarse? No hubo caso.
XXX: Me encanta esto?¿Tenés camarita?.
Conté. Poquito. No prendí ni media camarita. Ahora siento que estoy atrapada en una jaula cibernética y no sé salir.
Hoy prometo mantenerme fuera de alcance durante el día.
Y la noche.
No hago más que chatear con el vecino.
Incansablemente.
Pero no nos vemos.
Nunca.
Empezó light, charlita tranquila. Siguió por horas, más intenso. En algún momento creo que se me estuvo por ir de las manos, digamos que se puso un poco más hot pero me arreglé para desviar el tema (aunque no del todo). ¿Qué tenés puesto? Es el comienzo del fin, todo termina en cualquier cosa. Yo eso ya lo sé. A mamá mona con banana verde no. Lo raro era que chateábamos a pisos de distancia y en ningún momento sugirió encontrarnos, salir a comer algo, tomar un trago por ahí, seguir la charla cara a cara más no sea. Después de todo era un sábado a la noche. Pero yo tampoco lo propuse, claro. Soy una cobarde.
Al final, el domingo a la mañana me desperté reventada después de haber estado frente a la pantalla hasta las 3 y pico de la mañana. Un disparate sin sentido. Reventada y de mal humor que se me pasó recién a la noche viendo los Oscars. Me gusta que la Argentina gane premios. Me gusta Jeff Bridges y se lo hubiese dado antes, tanto antes. Me gusta más todavía que una mujer directora se lleve uno.
Y que un ex marido aplauda desde la butaca.
Vecino hace contacto última hora de oficina. Manda mail (desde gmail, muy conveniente) y al ratito opta por el chat. Me quedo en la oficina mucho tiempo más que el indicado y cuando Gran Jefe partió y me vio tipeando desesperadamente me sonrió complacido mientras saludaba con el habanito ya listo en la boca. No sé cuándo los prende. Para mí es pura ansiedad oral y necesita tenerlos en la mano y llevárselos a la boca cada tanto. Un asco. Están todos chupados como los juguetes de un bebé. Pienso en la baba de Gran Jefe y me vuelven las náuseas. (Vengo 2 y medio K abajo, ¿lo dije? A puro tecito y arroz hervido. Ahora, seguro en cuanto agarre los sólidos se me depositan todos en las cachas y el traste).
Hablamos de todo con vecino, no podría empezar a enumerar temas. ¿Cómo es que chateando llegás a hablar de tantas cosas? ¿Cómo es que de repente da la confianza para hablar lo que nunca se te ocurriría preguntar en persona? Me contó de la ex, el laburo, los problemas de su familia, su falta de vacaciones (y yo de las mías) y cuando miré el reloj eran las 9 de la noche y yo seguía ahí.
Sofi: Chau, me voy. Vos viste la hora que es?
XXX: Vos viste lo q vuela el tiempo cuando la estás pasando bien?
Sofi: Je, sí, re.
XXX: nos vemos por acá, vecinita, o por allá. Beso
Sofi: otro. Nos vemos.
¿Por acá, por allá? ¿DÓNDE, nene?
Tengo que admitir que me tuve embobada moviendo los deditos por el teclado durante dos horas y lo único que quiero es un nuevo encuentro. Qué rápido me agarra la ansiedad por el cuándo y el dónde. Definiciones, quiero definiciones. Ja. Voy a tener que aprender a ejercitar la paciencia.
Veremos si hoy hace contacto. Por ahora su circulito en gris. Offline. Me deprime. Yo, por mi lado, verde, redondita y disponible.
Con una panza chatita, chatita, salgo de casa para la agencia. Líquidos y apenas una tacita de arroz blanco cada tanto tuvieron sus efectos. Hace días que sueño con una taza gigante de café con leche (tamaño Alicia en el país de las maravillas) pero estimo que aún no es tiempo.
En la puerta me encontré al vecinito corriendo a los apurones hasta el estacionamiento de acá a la vuelta.
-Anotame tu mail o tu teléfono, vecina. Ayer no sabía dónde ubicarte.
Opa. Ubicarme. Bien. Peor es esos que te tocan el timbre de prepo y se te apersonan cuando estás en jogineta y la casa en caos (vamos, casi siempre). Garabateé mi gmail en un papelito y el teléfono al lado. Vivaracha. Si el vecinito tiene gmail podemos chatear. El MSN está prohibido en estos pagos. Lo agarró y se lo metió en el bolsillo del traje y salió corriendo. Pasó como un remolino. Casi no me dio tiempo de saludarlo y yo que quedé en modo ralentado después de estos días de cama apenas llegué a moverle la mano un poco en algo parecido a un saludo. Quedé lenta. Camino despacio y me tomo mi tiempo. algo entre debilucha y colgada. Parezco Manuelita. Ahora sí, lo bien que me vendría que me planchen en francés al derecho y al revés. Ando con una pollerita de lino que es la arruga viviente. Todo bien con eso de que el lino se arruga y así se lleva pero hasta yo lo veo medio impresentable. Tarde.
Ya estoy sentada en la agencia y Pedro me alcanza un tecito con limón. Está de lo más enfermerito el muchacho. Al mediodía tenemos un almuerzo de laburo en el que pediré? ¡arroz, claro! La lenta monotonía de la recuperación del malestar estomacal.
Yo con todas las pantallas abiertas espío la del gmail. Nada por ahora.
Había un escenario clásico en casa cuando te sentías mal: una tetera con té con limón al costado de la cama que mamá reponía cada tanto (además de agregarle cascaritas de limón sin la parte blanca), un termómetro con capuchón azul y las almohadas bien apiladas en la espalda.
Hay cosas que definitivamente una puede disfrutar de vivir sola: disponer de los horarios y decidir que se puede almorzar un sábado a las 4 de la tarde, la cama enorme sin ronquidos, el gobierno absoluto sobre el control remoto, el baño para una sola, escuchar la música que una quiere cuando quiere y al volumen que quiere y detallecitos así. Pero hay algo de vivir sola que no está nada bueno y es sentirte mal en el medio de la noche y asustarte, tanto que te dan ganas de llorar.
Ayer finalmente vino mamá y se quedó todo el día. Se la pasó trayéndome sus tes con limón y un platito de galletitas de agua y arroz hervido que apenas pude tocar. Parece mentira semejante grandulona y sin embargo nada pudo hacerme sentir mejor que ella anduviese por la casa.
El té en su teterita, el termómetro, el "quedate quieta" de mamá, su mano sobre mi frente cada tanto y la forma en que me acomodaba las almohadas atrás de la espalda. ¿Quién te cuida cuando te sentís mal, no? Yo, que soy bastante independiente ayer me lo pregunté.
De repente unas líneas de fiebre, una gastroenteritis y entrás en el túnel del tiempo y en una tarde cualquiera de marzo volvés a tener 10 años y a necesitar a tu mamá cerca.
Sospecho que lo que tengo se llama gastroenteritis o una de esas. Estoy esperando al médico de mi prepaga que juró llegar dentro de las dos horas. Estuve despierta con unos dolores insoportables toda la noche que venían como puntadas y me hacían retorcerme en la cama. Después se pasaban y cuando lograba dormirme volvían peores. Por un momento me asusté y pensé en llamar a alguien pero eran las 3 de la mañana y cualquiera se iba a asustar. Idas y vueltas al baño de 3 a 7 y la recomendación de mamá de llamar al médico. Hay un virus estomacal y anda por ahí. Se ve que me lo agarré. Les escribo cortito y me vuelvo a la cama. Parezco un globo pinchado, cero energía. Estoy por pedirle a mamá que se venga y juro que no es porque quiera mimos. Me canso hasta de ir a la cocina. Les mando un beso y nos encontramos mañana. A la tarde si me siento mejor paso por acá.
Creo que el chino pasó a ser mi lugar favorito del barrio.
Sábado a la noche salgo un rato a comprar víveres de último minuto sabiendo que no tenía ni medio limón en casa y nada para el domingo. Una vez más me encuentro al vecino en la góndola enlatados. Él estaba en las mismas, en traje de baño y ojotas, recién llegado de una quinta y con una heladera en ruinas.
-Ya sé que tengo que elegir al agua, atún al natural. El de la latita azul.
-Eso. Sos rápido, eh.
Y le dediqué enorme sonrisa mientras me acerqué a darle un beso.
Charlamos un rato mientras íbamos con nuestras canastitas. Cualquiera que me viera la cara de chocha pensaría que yo paseaba por una playa del Caribe.
-¿Planes para esta noche, vecina?
Podría haber mentido, dicho que tenía una hot date con apuestísimo joven pero claro, mi pinta dejaba mucho que desear (jeans deshilachados, una musculosa blanca rotosa y ojotas). Imposible.
-Cero. ¿Vos?
Y así es como de la forma más natural el vecino y yo terminamos comprando todo para una picadita perfecta y dos botellas de un vino rosado (una de las cuales nos tomamos helada mientras charlábamos en su living y media más con Enamorándome de mi ex en DVD). El vecino tiene una carcajada contagiosa o la película era muy divertida o el vino me había pegado pero la cuestión es que no paré de reírme en toda la noche. El vecino es de lo más charlatán, simpático y buena onda.
En sus idas a la cocina yo daba vueltas por la casa. No había rastros de la rubia más que una foto que vi pegada en su heladera cuando llevé de vuelta las copas vacías.
-¿Y tu novia?
-Uh, esa foto sigue ahí. Nunca me acuerdo de sacarla.
-Pregunto nomás, eh.
-Ya sé, ya sé... Nos separamos. Hace tres meses ya. Está viviendo en su departamento anterior.
-Uy, que garrón. ¿Y vos cómo estás con el tema?
El daño no parece ser tan grave. Dice que venían mal hace bastante y pospusieron el corte porque ella tenía su casa alquilada. Después cambió de tema y yo no quise insistir.
A las 3 de la mañana levanté con esfuerzo mi cuerpo del sillón y me tomé el ascensor a casa. Un viajecito corto, seguro y baratísimo. Nos despedimos con beso en la mejilla en la puerta del ascensor con un nos vemos en la semana.
Lindo fin de semana. Me divierte mi nuevo amigo.
Llamó Jerome.
Llamó el amigo de Jerome.
Viaja.
Próxima semana a su vuelta quiere reunirse.
Estómago cerrado.
Se me fue el apetito (esto es bienvenido, claro) pero que se me vayan las náuseas también.
Nervios. Ni pensando en el vecino me distraigo.
Lo de la China de la esquina nunca falla. Te encontrás desde actores famosos, un vino rosé, fideos finitos de arroz para hacer con salteado de pollo que es mi nuevo fetiche hasta a un vecino del quinto.
Ahí, entre las góndolas Quinto Cé debatiéndose entre dos atunes.
-¿Al natural o en aceite?
-Hmm, yo prefiero al natural, el azul. Con aceite es medio heavy. Además andá a saber qué aceite le meten.
-Confío en vos, vecina. Esto de volver a hacer las compras me está matando. Le había perdido la costumbre. ¿Volvemos caminando? No me vas a decir que para una cuadra necesitamos el auto...
Hablamos del atún, de los delfines que dicen quedan atrapados en las redes, de la ensalada que hago con cebollas moradas atún, tomates y batatas, del rosé que espió en mi bolsita, de las expensas saladísimas, de la agencia y de todos los temas que pudimos hablar hasta su piso. Pero no pude preguntarle por la rubia. No me animé. Juro que lo vi más lindo que nunca y que podría ser modelo de manos para esos avisos de relojes. No podía dejar de mirárselas. ¿Ya dije que tengo obsesión con las manos de los hombres, no?
La despedida fue con beso en el cachete y bolsas de polietileno ruidoso en las manos.
Besos: 2
Información del vecino: 0
Mi amigo Jerome que vive hace años en Buenos Aires con su novia perfecta, una francesita más bonita que Amélie, me dice que su íntimo amigo (local) que trabaja en una agencia (bastante más grande que la mía) estaba entrevistando gente para formar no sé qué grupo para no sé qué proyecto.
Jerome es artista, colgadísimo la mayoría del tiempo y bastante impreciso en sus explicaciones.
-Pego me pagueció super interesanté, Sophie. Te hago contactó con el, ¿okay?
Ante la mera posibilidad de encarar un proceso así como el de cambiar de laburo me entra el pánico, el vértigo absoluto, la inseguridad y me congelo, tanto que Jerome se da cuenta y se ríe como loco.
-Muette.
-¿Eh?
-Te quedaste muda, speechless, Sophie. Muette.
Y sí, tanto que le dije que sí, que me haga el contacto que después veo y que no hablemos más del tema que si no no duermo.
-Cobagde. La vida es cambio pegmanente...
-Sí, Jerome, soy una cobarde. Total.
Y basta con que quieras cruzarte con alguien a quien ves a diario para que se lo chupe un agujero negro y entre en otra dimensión desconocida.
Ni vecino y rubia. Lo segundo no está mal.
En lo único en que falló la ley a mi beneficio es que Gran Jefe parece no haberse topado con mi simpático mail y en lo que va de la semana creo que estoy en condiciones de afirmar que ha pasado al olvido.
Pedro me dice que le debo una y con respecto al vecino que me olvide, que es como "comerse a un compañerito de trabajo" .
-Donde se come, y te agregaría, donde se vive, ya sabés cómo sigue.
Y me guiña un ojo se encierra en un PowerPoint imposible que estamos preparando mientras yo tipeo acá incrédula.
El viernes volví caminando de la agencia. Imposible un taxi, subte menos y los colectivos iban tan llenos que tres 152 seguidos me pasaron de largo (a mí y a una larga cola) como si tuviésemos la peste. Comencé una lenta y larga caminata en plataformas de corcho que terminó a 5 cuadras de mi casa cuando un vecino me vio y ofreció acercarme.
-¿Por qué no me habrás encontrado 25 cuadras antes cuando salí del centro, no?
Y me despatarré riéndome en el asiento muy tentada de sacarme los zapatos y trepar las piernas arriba de la luneta. Mis pies no podían más.
-¿Y por qué me das tan poco bola las 25 veces por mes que te saludo en el ascensor, no? No me dedicás ni media sonrisita, che.
Juro que no supe qué decir, que me agarró absolutamente por sorpresa. Este es el vecino del quinto, el lindo vecino del quinto debería decir, que si mal no recuerdo vive con su rubia novia más o menos hace el mismo tiempo que yo.
¿Seguirá con la rubia? ¿Cuándo fue la última vez que la vi? De repente el portero sabe algo, bueno, mejor no porque es un charlatán y seguro le dice algo. ¿Me está tirando los galgos o es de simpático nomás que lo dice? Si me está galgueando y sigue de novio es un tarado. ¿Será el clásico infiel? Ahora que lo pienso hace un tiempo que no me cruzo con ella?
-Te dejé muda.
Si tan sólo pudiese ver mis pensamientos. Algo aterrador.
-Je. No, no, me quedé pensando... yo siempre te saludo.
-Pero ni una sonrisa. Vos sabés lo que te digo. Andás todo seriecita por la vida.
Entonces se la dediqué ahí nomás y por suerte llegamos a casa y nos distrajimos con el río que corría entre su auto y el cordón, el tema de las llaves y quién tenía la de abajo a mano y que mal que abre esta nueva cerradura que pusieron y la vieja con perros salchicha del octavo que subió con nosotros y para cuando llegamos al quinto chau, gracias, beso en el cachete y ahora no puedo más de la intriga y me quiero pasar andando en ascensor para ver si me lo cruzo.
De repente el extraño del quinto al que nunca registré en mi vida porque venía con rubio accesorio de teta siliconada se convirtió en la razón por la que esta mañana pensé 15 minutos lo que me iba a poner.
Mujeres, que nos dicen.
Gran Jefe entró y salió 200 veces de la agencia y en cada vuelta yo suponía se había topado con el mail y que se venía de Gran Grito pero nada, el mismo de siempre (con todo lo que eso implica). Cuando me vino a encarar después del mediodía fue por el diseño (con el que estaba encantado) y el resto de la tarde hasta bien entrada la noche sin penas ni glorias. Nos estamos quedando hasta cualquier hora.
Listo. Creo que salí invicta esta vez pero quedé tan paranoica que hasta que no termino de redactar el mail completo y releerlo en todas sus partes no lo envío. Y si contesto, chequeo 200 veces a los copiados. Maldita tecnología.
Mara me dice que uno no hace las cosas porque sí, que siempre hay motivos, aunque desconocidos para nosotros mismos. Le digo que sus interpretaciones psicoanalíticas me torran. Me dice que de repente quiero irme de la agencia.
-¿De dónde sacás eso?
-No sé, Sofi, pensalo.
Y desde que me lo dijo, lo admito, lo pienso.
Mis no planes de vacaciones se retrasaron. Por hacerme la loca y dar vueltas con las fechas ahora entró un montón de trabajo y no nos podemos ir ni a la esquina. Pedro me dice que la casa sigue disponible en marzo. Mientras tanto, me quedo por acá.
Ok, en algún momento iba a pasarme por distraída. Acabo de contestarle un mail a Pedro en una cadena de mails que venían con Gran jefe y puse Reply All en el último. Pedro vino corriendo a mi escritorio y me dijo directamente.
-Lo pusiste en copia, boluda.
-¿Qué? A ver...
Efectivamente ahí estaba, el mail en el que digo algo así como que se ponga un conchero y se vaya a desfilar a un sambódromo y se deje de cacarear por acá limándome la cabeza y blablabla.
No da.
Pedro espía el escritorio y vemos su laptop abierta, a un director de arte que le charla afuera y su Blackberry apoyada en el escritorio. Las opciones son pocas. Hacer estallar un incendio del que seguramente huirá con la Blackberry en mano o bien llenarle la casilla de mails para que no los lea para atrás.
En eso estamos. Pasándonos mails con copia a él con el ida y vuelta del diseño para aprobar con mínimos cambios. El plan de Pedro es que los últimos salgan con "Opción final, ignorar anteriores".
Gran Jefe no lee ni contesta los mails que no le convienen o interesan NUNCA pero yo (porque acá la del problema soy yo) tengo tan mala suerte que es capaz de leer exclusivamente ese. Mientras tanto acá estamos. Se prendió el diseñador también en la cadena. Un genio.
Ups, se acaba de meter de vuelta en la oficina y sentar en su escritorio a hablar por teléfono. Los mails ya están mandados. Pedro me dice que en un rato entre y le pregunte qué le pareció el nuevo diseño que enviamos para distraerlo. Me siento en la secundaria. Estas cosas no deberían pasar.
Que se conjuguen los astros. Después les cuento.
Hay costumbres que son graciosas, que hacen buenas anécdotas por un tiempo, que llaman la atención otras veces pero claramente hay otras, que pasado un límite, pasan a ser molestas, autodestructivas y denotan males más profundos que los que están a simple vista.
Dentro del simpático conjunto de mis infinitas (y debatibles por algunos) incapacidades financieras, está esta cosa de posponer, esta maldita manía que tengo de patear las cosas literalmente y en sentido figurado también. Pateé tan lejos la última factura de Edenor que me quedó abajo del sillón del living y recién hoy se me ocurre abrirla porque ya no me figuraba en Pago Mis Cuentas. Y no era porque la había pagado, claro. Muy por el contrario, estaba tan vencida que había desaparecido del sistema y lo que abrí era un aviso de corte en sobrecito verde. Debería reconocerlo ya. Azul eléctrico, pagame; verde, te corto el suministro en 10 días hábiles. A riesgo de quedarme sin energía corro ya mismo a las oficinas comerciales de Bulnes (estoy asombrada de lo bien que manejo el léxico del rubro) con papelito en mano y billetito de cien, de esos que hoy por hoy, una vez abiertos vuelan.
Mini depresión al chequear las tasas de lo bancos y la poca disponibilidad de créditos hipotecarios reales. Me parece que encaro serio plan de ahorro y mientras tanto pienso en alquilar. Madre y padre conmovidos pero en ninguna condición de cooperar con efectivo. Es comprensible.
Ahora, cómo hacía la gente antes para comprarse una casa no lo entiendo porque ahora me parece casi imposible o estoy teniendo una sensación errada del mercado.
En retrospectiva me da bronca no haberlo hecho antes, eso de ahorrar metódicamente como esas parejitas que desde los 17 juntan billete sobre billete y algún día llegan al autito, la casa?
Tengo cero método de ahorro. Gasto lo que tengo. Un espanto. No sé por dónde empezar. Pedro me acaba de recomendar un libro que se llama algo así como El hombre más rico de Babilonia y es como una guía práctica para el ahorro y manejo financiero (dos de las cosas que estoy lejos de dominar). Dice que está bueno, que a él le cambió la cabeza en algunos aspectos (financieros, claro está, porque está más loco que nunca y saliendo con 2 minitas in synch). -¿Pero saben ellas?
-No se puede hablar de todo con las minas, Sofía, la cuestión es que no lo sufran. Y yo soy un rey.
-Vos sos una porquería, nene.
-Hasta que llegue el amor.
-Y mientras tanto vas regando el desastre por ahí. El hombre más trucho de Babilonia, eso sos.
Pero la porquería compró su departamento, tiene su propio auto y en lo que a dinero respecta, es el tipo más prolijo que conozco.
(Enjaulada y de garras con manicure).
Es sabido que soy de proceso lento para todo y que tengo que empezar por obsesionarme un poco con algo para activar y llegar a la práctica. Sí, agotador pero por ahora funciono así. Mi nueva obsesión es la mudanza. Se está instalando de a poco; cuando me choco con un mueble, cuando empujo la ropa para que entre en los cajones, cuando no puedo comprarme una licuadora porque no sé dónde guardarla.
Me quiero mudar, quiero más metros. Lo decidí esta semana. Quiero un PH que no pague la fortuna de expensas que se pagan en los departamentos como éste, quiero un patiecito donde poner unas plantas y un poco más de metros. Villa Crespo, Almagro, yo me muevo. Dejo Palermo sin problemas.
Anoche desde mi cama hacía un recorrido de todos los muebles, de la ropa dentro de los placares, de las infinitas cajas (esas como Tuppers gigantes) que tengo abajo de mi cama y me estresé. Así, de sólo pensarlo. Voy a madurar la idea de a poco y ponerme en campaña. Creo que para este año nuevo del Tigre que comenzó ayer necesito cambios.
¡Buen año del tigre para todos!
No voy a ser la primera persona que haga la asociación. Ya todos entendemos porqué a los pacientes les dicen pacientes. Es clarísimo. Es por el arte que desarrollan para no matar a alguien en la sala de espera empezando por a) la recepcionista mala onda, b) los 8 pacientes previos y terminando por c) el médico. Pero se produce un fenómeno de lo más particular que es que el minuto que escuchás tu nombre en boca del médico mientras sostiene tu fichita y lo larga al aire, inmediatamente se te pasa el enojo y te olvidás de las 200 cosas que habías ensayado para decirle acerca de la falta de respeto, la toma organizada de turnos, la comprensión acerca de los bajos honorarios de las prepagas, bla bla bla. No lo hacés. Agarrás tu carterita y te parás como con una lobotomía sin decir palabra y llena de alivio. Paciente. Hasta yo que soy la mina más ansiosa e intolerante me vuelvo paciente. Y después te seguís ejercitando para la espera de los resultados de los análisis, la toma de turnos y "Para Elisa" sonando al tubo mientras una voz te avisa que "Todos nuestros operadores se encuentran ocupados en este momento". Pacientes. En eso nos ejercitamos. Pero ya está. Hice todas las visitas médicas pertinentes y termino la semana con clara sensación de deber cumplido.
Ahora sólo me queda esperar algunos resultados. Con paciencia, claro.
Buen fin de semana. Iba a decir algo de St Valentine´s, pero este año me niego.
Durante mi clase de Pilates bostezo, bostezo y bostezo. No importa si es a la mañana o a última hora, yo abro la boca grande (enorme, diría) como el león de la Metro y me caen lagrimones pesados por el costado de la cara que no puedo controlar.
-Estás ojeada.
Justo yo vengo a caer en el grupito de las esotéricas.
-¿Ustedes dicen, che?
-Y, tanto bostezo y esas lágrimas...ojeada o sacándote uno de encima.
Yo tengo la teoría que de tanto respirar concientemente durante la clase y ajustar abdominales y eso simplemente estoy haciendo recambio de aire.
-Fijate.
No las convenzo. Entonces tengo que elaborar listita de potenciales ojeadores y ojeadoras. Como si tuviera tiempo para esas cosas; entre los análisis clínicos, los médicos y los planes para mi corta semana de vacaciones no me dan las horas ni para chequear mails.
Si de gualichos se trata, que alguien me mande un embrujo de amor, una de esas "uniones de pareja" que promocionan en panfletitos que vuelan por las calles o se pegan a los postes telefónicos.
Ya descubrí lo que me tiene mal y no es la falta de sexo. Los llamados del otro día estaban equivocados. No es sexo lo quiero. Quiero besar; quiero besos largos, profundos y con legua. De esos que te dan mariposas descontroladas en la panza. Eso quiero.
No es mucho lo que se puede hacer por esto, ¿no? Supongo que hay que bancársela pero qué ingratos son los días sin besar. Creo que si me condenasen a elegir una vida sin besos o una vida sin sexo, elijo la segunda.
Porque para una orgasmo no hacen falta dos (necesariamente digo) pero para un beso sí.
QUIERO BESOS. Empiezo otra campaña. Les digo.