
Qué suerte que esta noche voy a verte.
Y así canto por la agencia, moviendo mi cola (que empieza a mostrar un poco de onda rusa por ahí ) cuando voy a la máquina de café podrido que hoy, hasta con esta lluvia espantosa, tiene mejor sabor.
Qué fáciles somos las minas. Un llamado a la hora correcta, una invitación a comer (o a un DVD en su casa que todavía no sé si declinar amablemente) y nos cambia el humor.
El chico sugirió peli en su casa en esta noche de lluvia pero a confirmar a último minuto "porque nadie nos corre, Sofi". Antes de contestar el mail llamé a Luz que dice simplemente y en BOLD:
Decís que NO. Afuera. Hagan algo afuera. Para encerrarse hay tiempo. Si arrancás con el encueve después no te sacan más a pasear, mamita.
L
¿Puertas adentro o puertas afuera? Esa es la cuestión.
Los animales del arca de Noé la tenían clarísima. Cuando llovía así, andaban de a dos. Un día claramente diseñado para la siesta, el cuchareo y toda una serie de actividades indoors que se me ocurren.
Mientras tanto, ya nos veo a todos, tipeando en nuestras oficinas, mirando cada tanto por la ventana y fantaseando con cero chances de escapar. Van y vienen mails con "El chico" pero todavía no arreglamos nada. Lejos de escaparme de la lluvia a ningún lado.
Tanto me atrapó la cama con este día que salí a los apurones y dejé todo hecho un desastre en esos estados en que no podría dejar entrar a nadie sin previo aviso y esos operativos express en los que mandás todo debajo de la cama o adentro de los roperos en 5 minutos. En principio no hice la cama, lo que hace al 70% del desorden visual del hogar. Odio llegar y verla así pero entre la falta de tiempo y el hecho de que está entre mi top 5 de tareas domésticas desagradables (hacer la cama, planchar, ordenar, limpiar el baño, pasar la aspiradora), así quedó. Lo único que me gusta realmente es lavar platos. Me distrae.
Encuesta:
¿Todo el mundo hace la cama por las mañanas antes de irse o soy yo la única que la deja deshecha 3 de 4 días en la semana?
ODIO (así en mayúsculas) la combinación día de lluvia, reunión temprano, taxi. No hay forma de que llegues a tiempo y en estado razonable a menos que salgas de tu casa a las 7 en limusina. Taxis no hay, ya dijimos que la ciudad se los traga convenientemente los días de lluvia y la caminata hasta el colectivo o subte es de lo más ingrata con el viento helado huracanado pegándote en la cara (y en el make-up).
En el colectivo (caminé hasta Santa Fe y me subí a lo primero que encontré con muchas ruedas) consigo milagrosamente un asiento y retoco el revoque con un poco de brillo. El pegajoso "sexy gloss" que me había puesto se esfumó con un mechón de pelo que después de habérseme pegado a la boca como un bigote durante media cuadra, barrió con el poco glam que me quedaba. La bota la metí en un charco y siento el agua del otro lado de la suela esperando, preparando un resfrió y en plena maniobra el paraguas se me dio vuelta dejándome el flequillo a la buena de dios. Que no fue buena.
Mi cliente llega media hora tarde y se queja del tráfico, el muy caradura. Desde su BM negro posiblemente tenga poca idea de mis peripecias para llegar hasta acá. Igual sonrío, saludo y arranco un día de miércoles.
Esperemos que mejore hacia la tarde y que algún mail o llamadito levante el día gris, ¿no?
¿Cómo se atreve a ese amague el sábado y hoy me tiene moqueando nuevamente de sweater polera y botas de lluvia, eh?
¿Lo mejor del día?
-Estoy yendo en el auto porque al mediodía voy a La Plata, te busco y te llevo a la agencia.
¡Sí, sí, sí! Me gustan los llamados sorpresivos de este chico y ni que hablar subirme a un auto calentito con este día.
-Tomá; con lo temprano que es y lo que debés haber tardado en vestirte así tan linda seguro que no desayunaste.
Y me señala un cafesote enorme en el posavasos esperándome. ¿Encima tiene la bola de cristal? (Uy, sonó pésimo eso).
Si hubiese sido "mi" chico me le hubiese tirado encima con gran beso y abrazo en agradecimiento. Pero no.
-Gracias! Sos lo más.
Y abrí la tapita, metí el edulcorante (como si algo pudiese ser mas sweet todavía) y sonreí el resto del viaje.
Primavera, vení cuando quieras. A mí no me importa nada.
Me gusta despertarme temprano los fines de semana (cuando me duermo temprano la noche anterior, claro) y sentarme en la mesa de un bar a leer todos los diarios. Todos. Y después como recompensa todas las revistas de chimentos. Me dí todos los gustos, todos menos las medialunas; pura fruta y cereales. Ni yo me reconozco. Habrá que ver cuánto me dura.
El sábado vi departamentos todo el día. ¿Doscientos? Me deprimí. No vi nada que me haya gustado y no sólo eso, sino que concluí que no tengo capacidad de imaginación a futuro. No le puedo ver el potencial a las cosas, ver más allá de lo que veo. En cada casa a la que entro siento que debería arrasar con todos los muebles, entrar los míos, arrancar los inodoros marrones, los muebles de fórmica naranja, los empapelados de flores, las alfombras azul francia, pintar y recién ahí concluir si es un lugar en el que puedo vivir o no. Imposible, claro está, por lo que ahora he tomado la decisión de ir acompañada cada vez que vaya a ver un departamento. Me declaro incompetente. Necesito alguien que mire y diga si algo vale la pena o no. Yo no me puedo reponer a sillones de animal print rosados (lo juro) y baños en tonos de marrón.
Por ahora sin suerte inmobiliaria.
Buena semana para todos.
-¿Si caminamos? ¿Estás para caminar?
Miré mis tacos altísimos, imposiblemente altos para algo que no fuese bajar de un auto y llegar en una pieza hasta la silla.
-Si, re. ¿Muy lejos decís?
Estas cosas que hacemos la minas. Traté de disimular la voz de preocupación. Nunca la registró. Soy buena en esto, pensé.
-Nah, acá nomás. Salgo de mi reunión, te toco timbre y vamos. Si paso por casa y busco el auto se nos va a hacer tardísimo. No voy a llegar ni a bañarme.
¿Bañarse? No puedo evitar ser mal pensada y en plena conversación me distraigo con lo mucho que me gusta el olor de un hombre recién bañado, sin perfume, solo el agua y el jabón apenitas en el fondo. Uh, estoy complicadísima.
-Dale. Caminemos, obvio.
Pude concentrarme un segundo y contestar.
El atuendo aprobado en la cama ya listo; no resigné mis taquetes.
La dos primeras cuadras nada, la quinta molestia, para cuando me senté en la mesa el alivio de empujar el talón con la punta del taco fue algo importante. Descalza. Comimos, tomamos y hablamos en loop. Nos traían un plato, sacábamos una anécdota, bajaba una copa, otro plato, un cuento y así. Creo que hace tiempo no me divertía tanto. Cuando ya éramos una de las últimas dos mesas y pedimos la cuenta, intenté ponerme los zapatos. ¡Ay, ay, ay! La humedad no suma. Entraron. A una cuadra de casa se dió cuenta por mi andar ridículo y le agarró un ataque de risa.
-¿Me querés explicar por que te pusiste esos tacos? ¿Estás loca? Jaja.
-Para parecer mas alta, tarado.
-Y pasarla como el culo...
Y ahí nomás se me puso de espaldas adelante, hizo un gestito con las manos y la última cuadra la hicimos a caballito muertos de risa. Y yo de emoción. ¡Viva la corrida, las ondas rusas y las lechugas!Tenía ganas de gritar. ¡!UPAAAAAA, me hacen upa!! Desmonté en la puerta de casa, nos abrazamos muertos de risa. -Hablamos en la semana, ¿dale? El finde estoy con los chicos pero veámonos sí o sí en la semana.
-Eso. Dale.
100% éxito.
Anoche me guardé. Gran bandeja en la cama y teléfono en estéreo con mi amiga Lau para ir comentando el final de Botineras. Digamos que me desilusionó un poco todo. Odio esos finales abiertos; no mucho más que decir.
Esta noche salgo con "este chico". Creo que me voy a escapar al mediodía a comprarme alguna cosita por ahí. A veces necesito comprar hasta una hebilla diminuta y eso ya me deja contenta, es suficiente para la sensación tan femenina de "estoy de estreno", ¿no? Y otras armo todo un atuendo en función de un par de zapatos (como unos negros de taco altísimo que me quiero poner esta noche de puro caprichosa). Tengo esos nervios disimulados en la panza, pero no los de final de la facu, nervios de los buenos, de los que te distraen durante todo el día y aumentan un poquito cuando se va acercando la hora. ¡Mañana les cuento!
Correr. Tic.
Tic en mi listita de inconstancias.
La clave está en sostener una decisión. Es facilísimo el "mañana arranco" y hasta es fácil arrancar mañana. El tema es sostenerla pasado. Y tras pasado. Y de acá a un mes.
Mientras corríamos por Costanera Sur, entre las bocanadas de aire que trataba de tragar "por nariz, chicos, respiro por nariz largo por boca" le comentaba a una de las compañeras del team lo difícil que se me había hecho llegar hasta ahí y le decía que la inconstancia parecía ser una mal común, que a varios de ustedes les pasaba lo mismo.
-¿A vos no te pasa?
-Sí, claro. Me re pasa.
-¿Y que hacés?
-Hago. No pienso y hago.
Si antes pensaba que me traicionaba la inconstancia, hoy también creo que me más me traiciona el pensamiento. Pensar menos, hacer más.
Mañana salgo con "este chico"; el fin de semana está con sus hijos. Soy la encargada de elegir programa porque la película del otro día la eligió el. Todavía no tengo ni idea. Cine no, teatro tampoco. Supongo que siempre queda todo en la mesa y la botella de vino en el medio. La próxima vez voy a proponer un programa de día. Más variantes. Y el se creía que porque trabajo en publicidad soy "creativa". Hazte la fama...
¿Quién era que decía "vísteme despacio que estoy apurado"? ¿Napoleón?
Bueno, ahora diría, tomémonos un taxi que estoy a mil y sería igual de paradójico.
La peor solución al apuro porteño es el taxi, casi nunca te deja antes de lo que lo haría el subte.
O tus propios pies, para el caso.
De todas formas no había otro medio de transporte que me dejase en mi reunión de la mañana. Y hay que admitir que lo que no tiene de práctico y económico, lo tiene de cómodo; tanto que hasta me puedo sentar y escribir tranquila.
Mis grandes meditaciones acerca de mi vida suceden en algún trasporte público, con la cabeza recién despierta (apenas despierta) y las ideas que me van cayendo como por goteo. Hoy pensé, por ejemplo, que el gran mal de mi vida fue la inconstancia. Con todo. Creo que la inconstancia fue lo único con lo que fui constante. Y esa, señoras y señores, es mi gran enemiga contra la que pienso luchar con uñas y dientes y patadas voladoras de ser necesario. Por ese mismo motivo, dejé de rezar para que hoy llueva y se me cancele la corrida de la noche y me puse contenta cuando vi el sol. En eso estamos.
Hay algo con las salidas después de los 30, todas involucran una comida, grandes cantidades de vino y charlas eternas. El viernes no fue la excepción. Sumemos que casi morimos en el intento porque se nos dio por someternos a los más picantes platos indios. Nadie terminó (por suerte) como en esa escena de Mi novia Polly, hubiese sido un espanto sin retorno. También me doy cuenta que hagas lo que hagas es difícil aburrirte si estás con alguien divertido del otro lado. La charla fluye, una anécdota lleva a la otra y se te pasa la noche y estás pidiendo la cuenta. La sensación es de absoluta tranquilidad, de sigamos así, viéndonos, sentándonos en mesas en rincones a charlar y que cuando la cosa cambie (si cambia) que cambie. Mientras tanto está buenísimo. No quiero grandes adrenalinas, quiero disfrutar del viaje y mirar por la ventana. ¿Se entiende?
No sé si es mi buen humor del día o que en realidad se respira a viernes y mucho más a primavera. Abandono el look cebolla capa sobre capa y sólo me concentro en algo abrigado para arriba (el tapadito vintage que heredé de mi vieja es buena opción, sobre todo porque es diminuto y me tira la sisa y únicamente puedo usarlo con algo finito debajo).
En mi cama dejé una pila de cosas que me fui probando anoche. Por favor que el verano no llegue todavía. No estoy en condiciones. ¿Alguien alguna vez se puso la bikini en pleno invierno y se miró al espejo? Alguna vez me sometí a ese acto de masoquismo. Una cosa tre-men-da.
La prueba de vestuario era obviamente pensando en lo que me voy a poner hoy para mi date.
Siempre caigo en el negro. Cuando doy vueltas termino en el negro.
"Pareces una viudita", diría mi madre.
La esbeltez ante todo. No hay nada que un buen jean negro no pueda hacer por vos. Me digan lo que me digan.
Hoy nada me saca el buen humor; ni la cara de Gran Jefe asomando por detrás de mi pantalla en este mismo instante, hablándome mientras VE que estoy escribiendo. Adrede lo ignoro por... 1, 2, 3 segundos y listo, los dejo. Esta fuera de sí este hombre.
¡Buen finde para todos!
Llamado, anoche, tarde. Hablamos horas, tanto que me perdí Botineras justo ahora que estamos llegando a los últimos capítulos. Veía las imágenes en la tele en mute pero no entendí nada de lo que pasaba. Quedamos en vernos mañana. La verdad es que cada vez tengo menos energía para salir entre semana. Por cada noche salida pago dos días cansada. Es mal negocio.
Ayer fue como una mini salida. Está buena la charla telefónica, te vas enterando de cosas y podés saltar de un tema al otro más de lo que lo harías con la persona enfrente. Nuevos datos. Separado hace 3 años, dos hijos. Confieso que fue una mini desilusión, no sé bien por qué ni qué me imaginaba. Hablamos de su trabajo (finanzas) y su fanatismo por el deporte. Otro que le dio por correr cuando andaba quemado con su divorcio encima. ¿Puede ser que se haya vuelto tan clásico? ¿Todos corren? Debe ser la vez número treinta que escucho la misma explicación.
-¿Vos, hacés algo?
Le dije que corría; lo hago a veces, pero definitivamente no estoy para que me pase a buscar con las zapatillas en la mano y en shorts. Tampoco podía decirle que prefiero deportes de menor impacto aeróbico como leer, ver películas o hacerme ondas rusas.
-A veces corro. Pero no te entusiasmes, no soy ninguna deportista.
Eso, con la verdad, no crear ni crearse falsas expectativas. ¡Ah, qué chica tan sana y coherente!
Tengo que depilarme, por ningún motivo particular salvo que tengo que hacerlo. Porque me toca, porque ya es hora, porque cruzar ciertos límites puede ser si no peligroso, seguro dolorosísimo. Era algo que tenía agendado para la semana, estaba ahí, anotado mentalmente en mi listita imaginaria junto con "comprar base de maquillaje nueva", "mandar cubre cama al lava tutti" y "pedir turno con dermatóloga antes de que llegue el sol". Es decir, no implicaba preparación para nada ni mucho menos. Sin embargo, ahora, siento que si voy es yeta, me arruina cualquier chance futura de nada. ¿Supersticiosa yo?
-Chica precavida vale por dos. Y depilada ni te cuento, me advierte Luz.
El sábado fuimos a un asado con las chicas, esos programas descolgados en los que caés a un lugar porque sos amiga del amigo de la amiga de tal y nadie termina sabiendo a quién tiene al lado (como en esos casamientos en los que te preguntan si estás del lado de la novia o el novio).
Estaba ahí sentado en la punta de una mesa larguísima contando un cuento (que parecía gracioso porque todo el mundo se moría de risa). Yo llegué tarde y nunca entendí de qué se trataba pero cuando atravesé la puerta (botellas de vino en mano) nos cruzamos una miradita. Nunca frenó el cuento. Cuando nos sentamos a comer vino casualmente a sentarse al lado mío y después de un rato de hablar hasta por los codos yo casualmente (como me es típico) terminé volcando vino tinto en la mesa.
Soy torpe.
Hablamos toda la noche y cuando nos estábamos por ir me agarró el teléfono de la mano y marcó su número. Parece ser la nueva estrategia infalible y a mí que me saquen el teléfono me descompensa. El aparato digo.
-Listo, te tengo agendada.
Mas rápido que un rayo.
Ayer fuimos al cine a ver Inception, la última de DiCaprio, y nos quedamos un rato largo comiendo en el barcito de Bella Italia antes de volver caminando hasta casa. Por suerte tuvimos ese rato después porque si no es rarísimo el programa de ir al cine y estar callados durante dos horas. En la puerta de casa nos despedimos con beso en el cachete y "hablemos en la semana". Así sin vueltas.
Sé que me va a llamar.
Y me divierte.
Muchísimo.
Martín, 37.
Así, sin previo aviso, después de (¿tres, cuatro?) míseros meses de ausencia, regresa Gran jefe a la agencia. "Momentos de grandes redefiniciones" gritan los titulares. Gran Jefecita queda en un lugar inocuo a su lado y todo parece estar sospechosamente "como siempre". En realidad no sé si es la calma que precede a la tormenta pero el tema es que con el regreso de Gran Jefe la presencia de esta mina es redundante o bien la mía y la del equipo tiene que redefinirse. Pedro está como loco y dice que se las ve negras.
Estoy un poco asustada. Los cambios (y menos los que no son claros) nunca fueron lo mío. Se repite la historia: muchos caciques pocos indiecitos. Y sospecho que deshacerse de un cacique sale caro. ¿1 cacique = 2 indiecitos? Las matemáticas tampoco fueron lo mío.
Días laborales complicados. Una tormenta se avecina .
Y de la laucha no news.
Cierro los ojos y veo tu cara...
¿Era así la canción, no? Me la acuerdo perfectamente y lo que también recuerdo perfectamente y no creo olvide jamás, es la velocidad a la que atravesó el living una laucha diminuta que se detuvo apenas cuando la miré (creo que hicimos eye contact un microsegundo) y siguió su camino hasta esconderse atrás de un mueble en la cocina. Grité, grité y grité.
Solo una persona para llamar a esa hora, Pedro el Grande, el eterno insomne que vino a casa (volvía de una cita de la que no me quiso contar nada) e hizo intentos por encontrar a la fiera. Se metió con medio torso abajo de la pileta de la cocina; revolvió todo, sacó, corrió y movió cada plato. Un santo.
Juro que pensé que no les tenia miedo a las lauchas (porque esta no era rata, era miniatura) pero estuve todo el tiempo trepada al sillón del living mientras el revisaba.
-¿Vos estas segura de que era una rata?
-Laucha, Peter, laucha.
-Ok, ok. El tema es que no la vamos a agarrar ahora ni locos. Mañana comprás las trampas esas o un veneno que hay y lo resolvemos. Ahora dejá la puerta de la cocina cerrada y listo.
Cara de terror.
-¿Y no sale por ningún lado, no?
-A menos que se haga finita como una factura de Metrogas lo dudo...
Mi cocina está cerrada desde anoche. Yo llamé al portero. Portero llamó a fumigador. Yo no quiero volver a casa. Nueva presión por mudarme. Pedro, además de mejor amigo, es mi nuevo superhéroe.
Anoche comí con una amiga del secundario, de esas a las que veo poco porque sus 4 hijos comprensiblemente no le dejan tiempo para mucho mas que correrles detrás.
No me quejo y respeto las diferencias en nuestros estilos de vida. No llamo a su casa ni a la hora del baño ni después de las 22.30. Ella hace lo propio y no se comunica conmigo antes de as 11 de la mañana un sábado. Respeto mutuo.
Anoche fui temprano a su casa para ver a los pequeños un rato porque si no después me reclama con que "están enormes, no sabés, los tenés que venir a ver".
Fui. Los vi. Estaban hechos una reducida tribu de salvajes que corrían desnudos por la casa pegándose con las toallas. Uno corría con el cepillo ese para limpiar el inodoro que me da un asco terrible. Ella corría detrás.
Atajé a uno, lo vestí, uno más, se lo entregué a la madre y ella se encargó de los otros. Para cuando terminaron de comer, yo los hubiese vuelto a bañar (como al resto de la casa de la que han desaparecido todos los adornos para que no los rompan/coman/usen a modo de proyectil). Las cortinas atadas en un nudo para que no se cuelguen y ni un solo vaso que no sea de Shrek o Toy Story por la cocina. Me tomé un gin tonic en uno de Buzz Light para no interrumpir. A las 10 nada parecía haberse calmado. El marido nos relevó en las funciones y tratamos de tener una charla.
-¿Esto es así todos los días? ¿No deberían estar durmiendo ya los critters? Es como que si no Pablo y vos no tienen un segundo...
-Sofi, cuando tengas hijos hablamos. Che, ¿volviste a salir con el tipo ese? Sonaba amoroso, grande, pero copado, yo si fuese vos saldría a ver qué onda porque para mi el tema es que las minas ahora están muy quisquillosas, ¿no? Mucha rosca, hay que ser más simple. Cuando estás soltera, lo que tenés que hacer para mí es estar más abierta a...
Interrumpí. de todas formas las criaturitas ya estaban trepadas a la mesa ratona del living y mi amiga ya se dirigía al rescate del más chiquito.
-Cuando te divorcies y estés suelta de nuevo hablamos.
Tampoco me escuchó.
Ya estaba gritando de nuevo.
Nota al pie:
Con el señor hablé, fue más simple de lo que parecía, de hecho me la agarró al vuelo y no tuvimos que tener "la charlita". No vamos a salir pero quedamos tal vez en almorzar por el centro un día. Todo tan cool que me quedé sorprendida. ¡En algo tenia que garpar la edad!