Finalmente el sábado fuimos con Fede, suegros y Rossi a la Clínica a visitar a Nico y Giselle, mi cuñada. A esta última la encontré regia y viéndola tan común y relajada (bancándose fotos y visitas, con cría en Neo) me reconocí -a mí misma, en esa misma circunstancia- atípica, hipersensible, casi huraña.
A la vuelta de la Clínica Fede me propuso ir al cine... con mi amiga. Que aprovecháramos e hiciéramos una salida a solas, dijo, que él se quedaba con las nenas. Acepté gustosa.
Quisimos mirar la última de George Clooney pero cuando entramos al complejo, leímos: "Los descendientes, 22.40 localidades agotadas". "¿Te interesa esta otra, la Dama de Hierro?", me dijo Rossi. "Qué sé yo... seguro que la actuación de Meryl Streep es muy buena pero... no sé, ¿y a vos?"... "No sé tampoco... ¿Cenamos mejor?"
Y se ve que ambas estábamos con hambre porque no tardamos mucho en pegar la vuelta.
Cenamos pizza de mozzarella, rúcula y parmesano -en un restó a un par de cuadras- y en un momento de la plática, no me pregunten cómo (o sí, pero no viene al caso), entramos a confesarnos complejos o rollos que teníamos, o que alguna vez habíamos tenido, con nuestro cuerpo.
"A mí no me gustan mis piernas, ya lo sabés... ¿pero se nota?" me preguntó Rossana, como si tener ciertos "defectos" (lo pongo entre comillas, que conste) fuera más leve que el hecho de que nos descubran acomplejados por ellos.
"Yo hasta hace un tiempo andaba acomplejada por el estado de mi delantera, después de haberle dado las tetas a mis hijas... ahora digamos que ya me acepté... y como siempre sucede, empecé a verme, a verlas más alegres", le confesé.
Tampoco olvidé mencionar los pelos en los brazos, rollo hasta mis veintitantos, ni la obsesión por el peso en la adolescencia, ni la cara de galleta achinada que todavía hoy me veo después de 3 días seguidos que como en exceso... "Pero en general, no me quejo ya...", terminé diciendo.
Y mi amiga terminó mostrándome sus pantorrillas mientras hacíamos la cola para comprar helado.
"No sé cuánto de los complejos físicos estará hablando de carencias en lo afectivo...", pensé seriamente, en el camino de vuelta... Y sigo sin saberlo, pero lo cierto es que encontrarme en esa situación, con mi amiga de cómplice, que no sólo no me juzga sino que siempre me ve "beia" (como diría eia)... que se ríe conmigo misma y VICEVERSA... hace que la "defectuosa" condición humana, en algunos sentidos, bien valga la pena.
¿Qué piensan? ¿Y cómo se sienten ustedes con su cuerpo al día de la fecha?
- ¿Me escuchás, Chini? –le digo a mi hija por teléfono.
- Sí, ma
- Tengo que contarte dos cosas
- Bueno –contesta, como esperando que siga.
- ¿Sabés quién viene a la tarde?
- ¿Cristopher?
- Nooo...
- ¿Quién?
- Rossana.
-...
- Rossi. Y va a ir casa a verlas, a jugar con ustedes. ¿Tenés ganas?
-...
- Chini
- Chau... -me grita, como no dándole importancia… (léase con timidez).
- Perá, Chini, no te vayas...
- Hola señora -me saluda Joma.
- Hola, Joma, pásamela a Chini de nuevo que le quiero decir otra cosa.
- China, vení... Dale. Vení que mamá te quiere hablar –le dice Joma a mi hija.
- ¿Qué? –atiende de nuevo China.
- ¿Me escuchás bien, Chini? Quiero contarte otra noticia.
- ¿Qué, ma? –insiste.
- ¿Viste el bebé de Giselle? Bueno, parece que hoy va a salir de la panza... en unas horas.
Y en eso escucho que mi hija suelta un grito/carcajada:
- ¡Aahhh! ¡El bebé va a salir! ¡El bebé va a salir, Lupe, el bebé va a salir!
- Está brincando -me acota Joma... -No sé, no entendió bien, cree que el bebé va a nacer ahora.
- Si, Joma, yo le dije eso... Mi sobrina está por nacer.
- Ah, qué bueno, señora. Me alegro.
- ¡Y yo también!
Y dicho y hecho. Ayer por la tarde no sólo me reencontré con mi amiga Rossana, sino que además nació Lena, mi sobrina, hija de Nicolás y Giselle.
Quedé, además, muy conforme con sus reflexiones y pude terminar el primer borrador del corto. Todavía le falta mucho trabajo, y sobre todo tiempo, pero fue un logro haber hecho el croquis.
¡Y ya! ¡A aflojar! ¡A hacer y decir lo que quieran! Día LIBRE para expresarse, para reír, para decir nimiedades, cosas graves, profundas, ridículas, FÁCILES.
¡Feliz fin de semana! ¡Y que descansen!
Debo ahora yo misma "detener el tiempo" y hacerme un paréntesis para darles una devolución de todo lo que escribieron.
Antes de adentrarme en zona profunda, les cuento que "ese caudal de información" que ayer mencionara modificó el rumbo de mi relato, de la historia que ya había empezado.
¿Por qué hablar del aniversario de una muerte y no meterme de lleno en EL momento de quiebre? No sé si estaba esquivando el bulto, pero lo cierto es que me iba a perder de indagar lo más grueso... a nivel drama, a nivel de los hechos.
"Esa madre tiene que estar en sus últimas horas... pero todavía expectante, esperando que suceda ESO que la libere...".
Y ahora sí, vayamos a lo nuestro.
¿Qué me pasó, qué me sigue pasando al leerlos? Bueno, además de emocionarme (mucho), de sentir un eco del dolor que ustedes vivieran, inevitablemente se (me) refuerza la conciencia. La conciencia de finitud de mi propia vida y de la vida de los seres que quiero.
Y sin caer en el extremo de estar todo el tiempo regodeándome en el tema, sino dejando que el "dato" titile intermitentemente... esa certeza a mí me sirve qué se yo, me sirve para apreciar la vida de un modo más... más REAL, menos teatroso , menos dramatizado. Me sirve para reconciliarme con cualquier circunstancia, dificultad, problemática... La vida es problema (en el sentido de desafío práctico) y ése es el milagro.
Por supuesto que hay distintos grados de dificultad, pero aquí me agarro de la fe y creo, quiero creer, como dicen, que siempre estamos (o podemos estar) a la altura de los problemas que se nos presentan.
Por otro lado, esa certeza de finitud... esa conciencia de que algún día me voy, y también mi amigo, mi vieja... a mí me permite –disculpen, voy a caer en una expresión que ojalá se "ejerciera" todo lo que se la "expresa"- estar más presente, instalarme más en este momento (ahora, ahora que me estás leyendo)... Deteniendo yo misma el tiempo, a piacere. Ganando una disposición más relajada, más lenta, más permeable, más dis-fru-ta-ble, menos agitada... en general. Haga lo que haga.
(y no digo más porque Pibita me va a acusar de "fumada" :-))
Y de yapa, todo el combo también me da... valor, CORAJE. Para tomar las grandes decisiones, aquellas que muchas veces postergamos hasta el cansancio, por H o por B... y que tienen que ver con hacernos cargos -hoy, que estamos vivos- de lo que queremos. Con asumirnos responsables, guionistas, co-guionistas de nuestro cuento, de nuestro hiper-largometraje.
Conclusión: está buenísimo recordar a los que se fueron y no olvidar que un día también nos vamos.
¡Gracias a ustedes!
¿Qué piensan? ¿Qué les dejaron a ustedes los comentarios del martes?
Las miro en esa foto y me cuesta creerlo. O no. Así son -a veces- las vueltas, imprevistas, sorpresivas, de la vida.
Mientras yo estoy acá, terminando de leer los muchos testimonios de ayer, de digerir todo ese caudal de información profunda, FUERTE*... ellas, y también China (que no salió en la fotografía, allá a mediados del 2010, ¿recuerdan?) están en casa, solas... reencontrándose.
¿Quién lo hubiera dicho?
¿Quién hubiera dicho a comienzos del año pasado, cuando anduve cuasi lloriqueando porque Patri se había ido (que Eleo no llegó a retarme, no, pero me lo dijo bien, de modo exacto: "Patri fue tu perlita 2010". Como diciéndome "ya fue")... quién hubiera dicho que justo, JUSTO al año -otro primero de febrero, como si hubiese sido sincronizado a mano- me encontraría explicándole a esa misma jovencita (ahora con el pelo un poco más corto, apenas menos tímida) cómo prepararles los fideos a mis hijas, que Lupe ahora es alérgica al tomate, que si algún remoto día llegara a tener una línea de fiebre, debía rápidamente llamarme, que los marcadores sólo se permiten bajo supervisión de ella (para cuidar las paredes), que "justo, justo, mirá, justo Fede parece que viaja la semana que viene... ¿te acordás todo lo que viajaba antes?"
¿Quién hubiera dicho que después de despedirnos de Claudia, que volvió a Paraguay porque su madre estaba enferma, y ahora, a punto de despedirnos de Jomaira (que se muda al Tigre), estaría acá, en otro café, haciendo tiempo y aprovechando para escribirles, mientras Patri y China, despiertas, esperan a que Lupe se levante... para que Patri –que si bien conoce mucho a mis hijas, en un sentido "recién empieza"- y Lupe, la que menos la recuerda, se adapten (una a la otra)... para que Patri la contenga y mi nena vuelva a familiarizarse con su voz, con sus brazos, con su modo lento, con su presencia?
¿Quién lo hubiera dicho, no?
Y sí. En un aspecto fui a "lo fácil". Y estoy contenta con la decisión que tomé. Seguramente el futuro me depare otros imprevistos, nuevos cambios... pero acá seguiré, más o menos firme según el momento, abierta, disponible, maniobrándolos (como sea).
¿Y ustedes? ¿Qué imprevistos/sorpresas les está trayendo el año?
*Sí, todavía estoy terminando de leer los comentarios de ayer. Gracias, MUCHÍSIMAS GRACIAS por la apertura, por la generosidad y honestidad que sentí en todos, todos los que escribieron. No prometo "conclusiones" (no creo que haya tal cosa en este tema), pero sí una reflexión, un pensamiento que decante.
Ayer empecé a escribir una ficción para un corto. Trabajo que debo hacer este año (en la primera mitad) como ejercicio para el largo.
No tenía nada a priori que me condicione, sólo el hecho, el deseo, las ganas de trabajar con 2 actrices (conocidas mías) muy jóvenes... y un tema que me viene todo el tiempo, de manera recurrente casi... La muerte.
La muerte o más en concreto: la vinculación con los seres cercanos (una madre en el caso de esta historia) que ya no están acá, presentes, vivos, en este plano.
Marido me advirtió: "¿te parece? Te vas a meter con algo denso..." Y sí. Eso creo. O no. Depende cómo lo veamos... Quizás sea todavía más ligero que la levedad nuestra de cada día, acá, en carne y hueso.
Además, ¿qué mejor manera que hablar de la vida, que indagando su opuesto, o el momento que ésta encuentra su cierre?
Un punto a mi favor (aunque sea triste y suene... ¡cómo suene!): se me murieron muchos seres cercanos allegados. Zafé de los fallecimientos más duros, más difíciles de digerir, pero ya a mis 17 vi cómo, de un día para el otro, sin previo aviso, el hermano de mi madre, de cuarentitantos, se iba... Al mes, su mujer, o sea, mi tía...
Luego, al tiempo, la mejor amiga de mi vieja y madre de una de mis mejores amigas (de aquella época).
Mis abuelos, muertes más esperables, porque ambos vivieron sus buenos años y ya estaban con achaques.
Mi amigo Dante, gran amigo. Querido, de verme a diario. Mi amiga Dolores, que falleció hace 2 años casi. Ya no éramos tan amigas cuando esto ocurrió, pero que una persona con la que compartiste años de colegio, vacaciones... se te vaya... cuesta (más allá de lo que duela, cierto).
O sea, tengo algo de tela (nada de lo que me jacte)... pero aún así, no sé, no sé si llega a ser lo mismo que la muerte/ausencia de una madre, que es en realidad la circunstancia que estoy indagando, que me interesa. Y cómo repercute eso en el vínculo entre 2 hermanas. Cómo, pese a la separación física, el funcionamiento de "trío" sigue estando activo... O no, ni idea... estoy dejando que la historia me lleve, me tire letra.
En principio, les agradecería que me cuenten cómo se relacionan ustedes con los seres queridos que ya no viven. ¿Sienten a veces su "presencia"? ¿Van al cementerio? ¿Les hablan, les escriben? ¿Cómo se conectan? si lo hacen... ¿O los ignoran completamente?
No vamos a descifrar grandes misterios, pero sí me nutriría mucho que me cuenten lo concreto, lo cotidiano, lo real de cada caso. Me interesa leerlos.
Fue un finde ordinario pero con algunos "accesorios vacacionales" que, sin proponérselo, hicieron más suave el pasaje/cambio.
- Ma, ¿puedo andar en bicicleta? -vino China a preguntarme el sábado temprano, mientras lavaba los platos.
- Preguntale a papá.
A los segundos:
- Pa, ¿puedo andar en bicicleta?
- A la tarde, ahora no.
- Sí, ahora –insistió mi hija.
- Pero es que ahora estamos saliendo a desayunar.
- Y yo voy con la bicicleta.
Silencio.
- Preguntale a tu mamá –se resignó Fede... después de lo cual, China volvió a la cocina, se me arrimó y en voz baja, casi susurrada: "sí, me deja".
Así que toda la mañana y mediodía de sábado la hicimos con tirana mayor subida a las 4 ruedas (2 ruedas y 2 rueditas) y Lupe de la mano. Caminamos unas 20 cuadras destino a Easy , para mirar alfombras rústicas y/o ver qué otra alternativa encontrábamos para proteger el piso del living.
Volvimos y creer o reventar, acepté la sugerencia de marido, que se ve que me vio medio fiacosa y me dijo: "andá a la cama, dormite". Y sí, dormí siesta. Casi 1 hora.
Por la tarde fuimos a tomar esos cafés abundantes que nos pueden... y mientras los adultos nos poníamos al día con las noticias (del diario), las niñas se entretuvieron jugando solitas, o con otros nenes. No hubo pellizcones ni mordidas.
Por la noche hicimos baño de inmersión y ahora abro paréntesis: allá en Loma Bola la regulación del agua caliente y fría estaba imposible (y tampoco había bañera, sólo ducha). Por eso, toda la rutina de las 3 bañándonos juntas -con juguetes, con el juego de rol donde Lupe es Sofi y China, Flor, una la madre de la otra... con el peine fino, ya que estábamos- era novedosa.
El punto difícil: ahí mismo, todavía sumergidas, vino Fede, recién vuelto del super chino y en una hoja me escribe: "a Juana le cerraron el local. No se lo habilitan". Juana, además de vender frutas y verduras en la otra cuadra de casa, es la mamá de Rosalía, mejor amiga "barrial" de mis hijas, compañera DIARIA en estos últimos meses (o mes y medio)...
(veremos qué pasa y cómo digieren ellas su repentina ausencia, que ojalá sea corta)
Para rematar el fin de semana: el domingo, pileta. Fuimos a lo de mis suegros, nos mojamos, comimos pollo, ensalada, ravioles, peloteamos con pelota inflable, discutimos acerca de cierto personaje público, juntamos piedritas, ya no agua... y de yapa: "Ma, ¿puedo irme a dormir a su casa?" A casa de Giselle, mi cuñada. "Sí, dale, andá y divertite..."
¿O acaso sólo en vacaciones uno se divierte?
¿Y ustedes, cómo pasaron el finde? ¿Cómo arrancan la semana? ¿Cómo se sienten?
"Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina..." así, con este tema de fondo, en un tono entre profundo, melanco y cursi... paso a mostrarles algunas imágenes todavía inéditas de nuestra primera visita a Loma Bola, Traslasierra.
Me voy relajada, ahora sí. Porque aunque ustedes al primer día me sintieran así (estábamos en proceso), recién como al 6to día puedo decir que se me ablandó el cuerpo: se me estiró el sueño, se me regularizó el apetito, etcétera.
Me voy satisfecha. Porque sí, porque ya saben: naturaleza + rica comida + sociabilidad en su justa medida... ¿qué más pedir? Estoy hecha.
Me voy modificada... inevitablemente.
Y lo más importante de todo, me voy con ganas de volver. Acá a Loma Bola... pero también a casa.
Me gusta volver a casa. A mi ducha, al café con leche con espuma, a mi trabajo, al proyecto de la película y del libro, a resolver el tema chica-que-cuida-a-mis-hijas... y en breve, brevísimo, ya semana que viene, a verme con Rossi, mi amiga.
Alguna vez alguien me dijo: "lo más lindo de los viajes son las idas y partidas..." No sé si lo siento tan así, pero sí admito que el momento del quiebre, de trasladarse, bien apreciado, tiene su placer.
¿Y ustedes? ¿Cómo están, cómo se sienten? Y ya que estamos, ¿cómo viven el regreso al hogar después de haber ausentado varios días? ¿Qué extrañan de su rutina cuando se ausentan?
¡Feliz vuelta! ¡Y feliz fin de semana!
Estoy leyendo a Clarice Lispector, volví a ella... y en una de sus crónicas (para el Jornal Do Brasil*) se explaya acerca de lo que ella llama "el primer libro de cada una de sus vidas".
Yo me iba a conformar con contarles acerca del primer libro de mi única vida... pero luego cambié de idea, y al igual que Clarice, voy a tomar la expresión ("vida") sin tanta literalidad... y a jugar y recordar... (de vuelta).
Mi planta de naranja lima fue el primer libro de mi primera vida. Mar del Plata, entre 8 y 10 años, departamento -en un piso 11- de mi abuela, cama matrimonial... Recuerdo la fascinación que me daba seguir el relato de Zezé, personaje bello si los hay (si los hubo), entrañable, sufrido. Recuerdo la congoja, la tristeza que me dio la muerte del Portugués, aquel no poder creerlo... Recuerdo muy nítidamente aquella fotito que había al comienzo del libro, ese rostro bello, rubio, adorable, no podía dejar de mirarlo, de chequearlo a cada rato... Enternecedor, enigmático.
El primer libro de mi siguiente vida... Sobre héroes y tumbas y todos -pero todos- los ensayos de Sábato. Ya era adolescente, casi universitaria y el ejercicio del pensamiento, sumado a los muchos saberes generales, me dejaron pasmada. Sábato citaba autores, textos, hacía reflexiones a lo grande, filosofaba sobre literatura, arte, sobre el capitalismo, sobre los fundamentos últimos de la vida...Y fue tan fuerte la impresión de aquellas lecturas que inevitablemente me marcaron un rumbo, me hicieron decidirme por una carrera y seguir leyendo, indagando en ese plano. Sábato fue, además, el puente hacia la mayoría de los autores en los que después me instalaría (Nietzsche, Dostoievski, Schopenhauer, Henry Miller, etcétera).
El primer libro de mi tercera vida, bueno, no se rían por el contraste: Libro de Shakti Gawain, Vivir en la luz . Venía de años enviciados, de haber "vendido mi alma al diablo", así que leer esas páginas fue como si mi mamá me dijera: "sana, sana, colita de rana" y me recordara y afianzara cuestiones/conceptos tales como: el deseo, la importancia de conectar con éste, la intuición, el bienestar, el relax, fluir con el universo"... Lo leí en el Club Med de Itaparica, hace casi 10 años, en aquel viaje bisagra que alguna vez les comentara.
¿El primer libro de mi cuarta vida? No lo sé todavía. Quizás alguno de los que haya leído en el último tiempo... o de los que esté leyendo. Con una historia que me conmueva como la historia de Zezé, con ideas que me inviten a pensar de otra manera y con la espiritualidad natural, no forzada, que se desprende de cada palabra escrita con verdad, con contundencia, sin apuro... con alma.
Y para ustedes, ¿Cuál fue/es el primer libro de cada una de sus vidas?
*compiladas en Revelación de un mundo .
Y ayer volvimos al mirador, tuve mi revancha. Marido se solidarizó y temprano, de mañana, salimos. De la cabaña al Hotel LB, de ahí a nuestro destino.
Fuimos con las 2 tiranas, Lupe en brazos de a ratos, China por su cuenta... y estuvo bien. No sé si fue contemplativo en un sentido clásico, sin dudas fue distinto. Cantamos, desafinamos, sacamos fotos e incluso atendí el celu (mi vieja llamándome). ¿Que qué hacía con el celu?! Marido "por las dudas" lo había agarrado (otra que hábito).
Cuestión que a la vuelta, ya pasada la 1 PM, paramos. A comer pizza. Y ahí mismo, mientras Lupe dormía y China jugaba, Fede me tomó esta fotografía... que cuando la ví, me recordó: "¡Inés, nena, todavía no hablaste de comida!"
Sí, ya sé, estoy en todo momento haciendo mención de lo que mastico, pero todavía no llegué a contarles lo más grueso: haber dado con Yani (hija de Patricia, mamá de Dylan).
Hallazgo que ni por asomo proyectábamos, teniendo en cuenta que el alquiler de cabaña implica comprar, cocinar y evitarte tanto comer afuera. Pero sucede que el primer día se me aparece -caminando por el parque- esta joven sexy (vieran lo bella que es y tiene 21 años y 2 nenes) y me tira: "cociné canelones, ¿quieren?" Y en ese mismo momento me explica: "cocino todos los mediodías y todas las noches. Yo les aviso el mismo día y si quieren, les llevo... " "Aja, ¿y cuánto sale?" "Entre 20 y 25 pesos... " La porción, pero una porción tan abundante que alcanza para los 4. Sin exagerarles.
¡Dale, Yani!
A los canelos le siguió: pizza casera, arroz con pollo, tomates rellenos, zapallitos rellenos, ñoquis, fideos con salsa, tarta de pescado, milanesas con papas, etcétera.
Rico, barato, casero, casi como en lo de una abuela... y todo sin haber movido un dedo. No me digan que no fue un... El único término que se me viene es "golazo".
Capítulo aparte, la casa de té de Dora, de quien tampoco llegué a hablarles (ni de sus tartas, scons, brownies...). Pero prometo hacerlo en otra entrada, en breve. Ahora mejor quedémonos en lo salado, en los almuerzos y las cenas y cuéntenme cómo se las arreglan y qué platos nunca se pierden -ni se perdían de pequeños- cuando están de vacaciones o de viaje.
Y ahora que se fue el Tano y su familia busco momentos de silencio, mínimos, de total presencia y menos cabeza... pero cuanto más los busco, menos los encuentro. O sólo aparecen por intervalos ínfimos... y así como se dan, se me escurren de los dedos.
Son las 4 y monedas y llega mi viejo de visita. Trae un juego de masas para las nenas, para Lupita, por su cumple. Mientras ellas se echan al piso, estiran las masas y las mezclan, yo me escapo a la pileta. Me sumerjo. El agua está óptima. Apoyo mi tórax sobre la jirafa inflable y por un instante casi que...
Bajo la vista, una hormiga. Una hormiga grande, roja. Está ahogándose. Pienso: "¿la salvo o la dejo? ¿y si la salvo, me pica? Mejor la dejo", me digo egoístamente y sigo... Luego Pato (ex compañera de 4K) me habla del berrinche de Jose, su nena... y ya se me terminó el tiempo, debo volver a la cabaña, lo dejé varios minutos solo a mi viejo.
Ahora llegamos en auto -padre, Fede, hijas, Dylan y quien suscribe- al Hotel Loma Bola . De ahí sale el camino al mirador del que les hablé el otro día. Nos sentamos, pedimos lágrimas, medialunas y cuando veo que la comida/charla se agota, tiro: "¿y si voy sola?" "No, no, sola no, llevate a una nena y a Dylan", me dice marido. "Okey, dale".
"Vamos, Dylan, Vamos China". Lupe llora, no quiere que mamá se vaya. Recién cuando se calla, después de un rato, retomo convencida la marcha.
Estoy tan infantilmente contenta que grito: "¡La puesta del sol!" mientras los 3 corremos. "La postada del sol", repite mi hija... y seguimos trotando por el camino, olvidándonos de momento que se trata de una montaña, y vamos en subida.
"¡Allá, allá, dale, llegamos!" Dylan está eufórico, también China que zas, justo en la recta final se resbala y vuela (al suelo). "Uh, bueno, no pasa nada, Chi". La siento en una silla (justo en el mirador), le sacudo la tierra... "y perate un segundo que saco una foto... ¡No tengo batería casi!" Otra más y chau, la cámara se apaga. Y en eso empiezo a escuchar un goteo, ahora un chorro... ¡¿Un chorro?! Me doy vuelta y ahí sigue mi nena, meándose... con carita de Gato con Botas diciéndome: "No me aguanté, mami..." Y bueno.
"Se viene la tormenta", me recuerdo, le pongo rápido un pañal de Lupe (que tenía en el bolso), la alzo y "dale, Dylan, apurate que se larga, ¡yo corro!".
¿Y ustedes? ¿Recuerdan momentos de contemplación, relax, aventura... fallidos o accidentados en algún sentido?
Recuerdo unas vacaciones en Uruguay de adolescente, alrededor de mis 17, de las primeras vacaciones con amigas, sin familia... Lo loco es que me recuerdo todo el tiempo, o gran parte del mismo, escabulléndome... yéndome sola a la playa, con Homero -no recuerdo si con La Ilíada o La Odisea- y alguna tragedia griega. Mi placer no sólo tenía que ver con entrar en contacto con la naturaleza, sino con hacerlo en solitario; una actitud contemplativa-introspectiva difícil de compartir con amigas (con amigas adolescentes en verano).
Salir a bailar, la fiesta, la cosa en patota o grupal me resultaba incómoda. Y ya cuando en esas mismas vacaciones empecé a noviar con un tucumano (que atendía un negocio de empanadas) digamos que directamente se volvió... innecesaria.
Hoy, 15 años después, no sé si estoy en las antípodas de aquella versión de mí misma, pero sí me siento lejana. No sé cómo ni por qué pero me sale estar abierta, disponible a conectar con quien venga. Lo digo a cuento de un comentario.
Y hecho el preámbulo, les cuento que concretamos parte de lo planeado. Después de una larga siesta (de tirana menor, no mía), llevamos platos, galletitas, vasos, Cindor al quincho y soplamos velitas. Con todos los vecinos o casi todos. Sin proponérselo, el cumple de Lupe terminó siendo el pretexto para que esas conversaciones salpicadas que veníamos improvisando, tuvieran un anclaje, un asidero... Cuando nos dimos cuenta, ya era momento de cenar... y entonces el Tano (ya les hablo del Tano) tiró: "Vamos a terminar el festejo a San Javier, cenamos algo, ¿se enganchan?"
¡Vamos!
Y fuimos las 3 familias en caravana (bah, en 2 autos), nos sentamos en la única mesa que quedaba vacía y hasta pasada la 1 AM nos quedamos de plática. Me pedí pejerrey al roquefort, con papas fritas... y si bien en un momento me entró un sueño, que "mamma mía, cómo lo piloteo"... me divertí, la pasé lindo... y aun en ese estado, me reí con los chistes del Tano. ¡El Tano! El sí es la antítesis de la antisocial que yo era a mis 17. El Tano es, además del vecino de cabaña, un tipo medio de vuelta, buenazo, llano, chistoso sin caer en lo grosero y atento a todos. Siempre convocando la atención (sin forzarlo), invitando u ofreciéndose a algo.
Bueno, puedo decir que hoy, aunque todavía necesite de a ratos refugiarme en mi soledad, en la escritura y lectura, en la respiración panza arriba (¡ja!)... también me siento novedosamente atraída por gente así, abierta, desprejuiciada... o en este aspecto sencilla.
¿Y ustedes? ¿Son de hacer la suya en vacaciones o les va juntarse con otros, amigos o extraños?
Y ya pasaron 2 años de aquel parto por el que todos hacían fuerza para que llegara -o se acercara lo más posible- a término. Dos años y pico desde que empezó este espacio, que en un principio estaba destinado a contar el periplo del embarazo y nacimiento...
¡Y acá seguimos! Y acá está ella, mi reina acuariana, discreta en un comienzo, sensible, morfona, brava, pícara... ¡acá está ella creciendo!
"Mi amor", le dije ayer mientras le explicaba no sé qué y la loca me tiró "mamor". Sí, mi amor, ella todo lo repite aunque no entienda un pomo (o mucho) de lo que está diciendo.
Siempre compañera de su hermana, dada a todos, dulce, rompecorazones... y podría seguir enumerando, pero ustedes ya la conocen bien y también mis sentimientos... así que mejor vayamos a lo concreto.
El festejo, por obvias razones, será atípico. Yanina (mamá de Dylan e hija de Patricia, señora que cuida las cabañas) va a estar cocinándole una torta de duraznos y dulce de leche de 3 kilos. Abundante así compartimos con los otros adultos y niños.
La idea es que a eso de las 5 armemos merienda en el quincho, tomemos Cindor y soplemos velitas. Y después a seguir el festejo con la rutina de estos días. ¿Qué mejor cumple de 2 que continuar pasando agua de un vaso a otro tarrito?
Yo tengo, además, un capricho, un deseo, que me animo a pedirlo porque también festejamos el aniversario del parto: hacer un pic nic fácil en unas ollas naturales o en un mirador arriba de la montaña que es un sueño. Marido se ríe de mí porque digo que estar ahí "es casi extático". Son de los pocos lugares que me dejan anonadada, en alfa, sin palabras...
Pero bueno, primero a lo inmediato: ¡feliz cumpleaños, reina tirana!
¡Felicidades a ustedes! ¡Y bienvenidos los pensamientos libres y de viernes! ¡Cuéntenme cómo están, de paso, lo que quieran, lo que les surja, lo primero que les nazca!
Nos levantamos con lluvia y tormenta... circunstancia que acá se agradece, nada de quejas...
Yo me había despertado tipo 7 y pico, de puro mecánica... pero después de comerme 4 tostadas (con mermelada de durazno casera...exquisita) me dije: "Inés, dale, no seas ridícula, volvé a la cama".
El punto es que, al mediodía, las nenas estaban muy activas, muy enérgicas (por falta de actividad física)... así que bajamos al pueblo. A almorzar en el restó, el único que hay en plaza. Y lo invitamos a Dylan, el nieto de 5 de la señora que cuida el complejo.
Salimos del bodegón "¿y ahora qué hacemos?, son 1200 metros a subir, mejor tomemos un remise..." y en eso, "mirá ese es el colectivo Sarmiento , el que va todo por la ruta de la costa... ¿Lo tomamos? Daaale, sí, subamos... Lo mejor es lo improvisado".
Terminamos en San Javier... a unos 20 kms de ahí, merendando. Dylan, bien guapo, se pidió café solito y China, Fede y quien suscribe, café con leche. Compartimos una porción de brownie y otra de chocolate, bien bomba, mezcla de chocolate con dulce de leche.
Al rato, mientras la menor dormía, los mayores salieron al jardín del restó... China se puso a jugar sola y Dylan, a patear con otros nenes. Cuando los varoncitos se fueron, Dylan volvió con mi hija. "Hamacame" ella le dijo... "Qué alto, ¡jajaja! ¡Mirá mamá!"
Así hasta que empezó a rezongar: "bueno, bueno... no me hamaques tanto... mami, mami... Me está hamacando un montón... ". "Tranqui, Chini, yo estoy acá, no pasa nada..." Y ella, al borde del llanto: "¡pero es que me está llevando al cielo!" "No, China, al cielo noooo".
¡En fin! Así, entre conversaciones minimalistas, comida y juegos, fue transcurriendo nuestro segundo día... Menos a la intemperie y un pelín más consumistas. Detalle. ¡El cielo abriéndose en el camino de regreso! Todo simple, fácil y sereno.
¿Qué hacen ustedes en vacaciones cuando llueve? Valen recuerdos de infancia y anécdotas con sus pequeños.
PD: Gracias por todos sus comentarios, ¡los leo! ¡Mañana Lupe cumple 2 años!
Ya en el viaje en auto a Retiro, China empezó con la pregunta que seguiría repitiendo -en adelante- en todos los otros vehículos (micro a Merlo, taxi a Loma Bola): "¿Mami, dónde está vacaciones? ¿Ya llegamos a vacaciones? ¿Falta mucho para vacaciones?"
A Retiro lo sorteamos con elegancia... ese intensivo de stress pre-viaje... pero arriba del ómnibus ¡cómo me costó dormir a las tiranas! Estaban insoportables.
Luego hubo un momento en plena madrugada en el que abrí los ojos y corrí la cortina... el horizonte despejado... La conexión con el planeta en su forma, así, a secas... El encuentro con el ser pequeño e intrascendente (que soy, que somos)... arrojados en la inmensidad del espacio y del tiempo... Mamita.
Por la mañana, China ya despierta a mi lado, señalándome una vaca: "mami, una vaca. ¿Puedo ir a estar con la vaca?" Me río. "No, mi amor, no se puede ahora..." "¿Por qué, me voy a sustar , mami?" Me río de nuevo, anoto mentalmente sus palabras. "Y la montaña, ma, es muy grande, mirá... me puedo caer yo, no, ma?"
A eso de las 9 ya estábamos en nuestra cabaña... Al rato, metiéndonos en la pileta, mojándonos... bajando los decibeles, respirando de otra manera, alentando el paso, silenciándonos. Dejando que sea el afuera el que escriba, dejándome llevar por esta propuesta distinta... naturalísima.
Lo loco. Justo en la cabaña de al lado -son sólo 5 cabañas en un pueblito desértico casi- estaban (siguen estando) una ex compañera de 4Cabezas y su marido (también realizador de esa misma compañía). Con sus niños. Allá hace años no los veía... y justo acá vengo a encontrármelos.
Casualidades, sincronías, cómo se las llame.
Estoy empezando a relajarme, chicas.
Bellos los miles y esenciales recuerdos que invocó ayer Lupita. Gracias.
¿Cómo vivieron el viaje y arranque de las vacaciones, lo/as que ya se las tomaron? ¿Cuánto les falta y qué están proyectando lo/as que todavía no salieron de casa?
PD: "¿Dónde está vacaciones, China?" le pregunté a mi hija por la tarde. "¡Acá, mami!"
Camino de la mano de papá, casi corro para ir a su ritmo. Me lleva al jardín. Siento la tibieza de su mano sosteniendo la mía. La confianza que me da ir con él a cualquier parte.
Ahora estamos en casa, papá nos lee el cuento de Pinocho . Por momentos cambia el original e inventa otras situaciones. Yo me enojo, nos reímos todos.
Luego mamá prepara panqueques. Siento el aroma en la cocina y nuestras risas, la alegría de estar en casa, nuestro lugar.
En otro momento estamos todos en el club almorzando, y después jugando en la pileta hasta entrada la tardecita. Siento el viento fresco debajo de los árboles, el frío del agua al entrar por primera vez y el disfrute de un juego, y otro y otro.
Ahora jugamos en un terreno baldío cerca de casa, con vecinos amigos. Exploramos, nos asombramos imaginando lo que podríamos llegar a encontrar. Tesoros, seres mágicos. Siento las ganas de encontrar algo extraordinario, de seguir jugando, imaginando e inventando sin pausa.
Muchas veces vuelven a mí estos y otros recuerdos de mi niñez, pero no solo en imagen, sino también en sentimiento. Y es como si pudiera re-sentir otra vez esa confianza, alegría plena, disfrute, ilusión, asombro.
¿Qué recuerdos estaré construyendo hoy con y para mis hijos? Quisiera que, al igual que los míos, fueran recuerdos con sentimientos y emociones esenciales, esos que quedan, que perduran más allá de lo que sean o no sean... más allá de todo lo que en el futuro les pase.
Y ustedes, ¡¿qué recuerdos de su niñez sienten tales?!
Vengo de otro fin de semana con altibajos. No puedo echarle la culpa al año, pero sí es cierto que desde que empezó que ando emocionalmente crispada... intolerante con rigideces innecesarias.
Igual prefiero no detenerme en ello, no quiero apresurarme por clasificar cada pequeña aventura personal, dándole una interpretación asequible para los demás.
Mejor hablemos de los "alti", de lo cotidiano, de lo que sí se dio fácil:
De la visita el sábado a lo de mi hermano, de lo fría, helada que estaba el agua de la pileta que él tiene en su terraza...
De lo mucho que tiritaba China al rato de haberse mandado, de lo bien desenvuelta que la vi a mi sobrina Isa en el agua. De lo roqueras e insurrectas que resultan las primas cuando se juntan ¡y se potencian!
De la rica cena que tuve el mismo sábado con mi familia política. De lo panzona, si la vieran, que está Giselle, mi cuñada. Del rostro de perplejidad de China cuando preguntaba: "¡¿y cómo se saca?!" (en relación al bebé que su tía tiene en la panza).
De la grata sorpresa que me dio Josefina... sí, de la autobiografía de Simone de Beauvoir que me trajo el domingo al mediodía "al barrio" (Gracias, Loli). De los 5 cuadritos que pintaron con témperas Vera, China y Lupita en la plaza. De lo mucho que se enchastraron con tierra, de que Lupe casi se quema las patas (la arena estaba que pela... que pelaba).
De que a la salida del parque nos cruzamos a un mantero que vendía muñequitos de McDonald´s usados... De lo insistente que se puso tirana mayor para que lo comprara a Fiona, su heroína favorita...y de yapa a Shrek para Lupita... y de lo compenetrada que se puso esa misma tarde, frente a ambos, arriba de la caja del aire acondicionado, jugando entre ellos un romance y una batalla (tal vez su manera de elaborar estos días, estos últimos fines de semana).
Hablemos de "cosas" chiquitas, dale.
Me estoy yendo esta noche de viaje, esperemos que los nuevos aires nos relajen y podamos ver todo desde una nueva perspectiva.
¡Feliz arranque!
Y para darle continuidad y/o resolución a algunas puntas ya abiertas, me limito a contarles que:
- Finalmente ayer por la tarde nos visitó Patri. Charlamos un rato en casa y luego fuimos a comer papas fritas y hamburguesa. Las nenas estaban contentas... y yo rara. Rara para bien, rara en el sentido de movilizada... en el sentido de... "uf, cuántos cambios en un año", como si me hubiera podido ver a través de ella.
- Anteayer cayó Aldo. Podemos decir que la casa está toda arreglada... casi. Quedaron pendientes sólo 2 asuntos. Uno que olvidamos mencionárselo y otro que no pudo terminar por no haber encontrado los materiales indicados. Y así y todo, tan fuerte son los hábitos... que anoche me duché y seguí "con las mañas" (léase, bañándome como si el duchador siguiera perdiendo agua).
- Nos estamos yendo el lunes a la noche de viaje. Tengo casi todo listo, sólo me está faltando un segundo flotador para Chini. Digo segundo porque ya le llevo bracitos, pero quisiera además hacerme de esos que son tipo autitos o avioncitos, pa que meta las piernas.
- En la mañana me estoy juntando, ya, en un rato, acá en el mismo Havanna , con S., productor de la película... para seguir avanzando en el desarrollo de la misma.
- Y luego, apenas termine, me paso por casa, levanto a Chinita... y nos vamos a "hacer un trabajo" más serio. Bueno. Algo así. La llevo al diario LN a entregar mi factura, no muy complejo, pero que implica viaje en subte, caminata por el centro y visita a una redacción... todos lugares que para ella pueden llegar a resultar fascinantes, no? ¡Después les cuento!
Y ya.
Simple, sin vueltas, bien al grano, expeditivo, concreto.
¡A ver ustedes qué novedades de su vida tienen para contarme!
P.D.: En la foto, Chinita en diciembre de 2011, "haciendo un trabajo" con mami en el centro comunitario de Villa Celina. Y hoy, de nuevo, si podemos, ¡estará comentándoles!
Sentada en la mesa de una cafetería palermitana, me dispongo a leer la novela, cuando vuelvo a escuchar que China me llama:
"Mamá, Lupe..."
Lupe se está peleando con una nena de su edad, que a simple vista, parece tener tanto o más carácter que la mía. El motivo de la disputa es un juguete, como siempre. Sí, mientras una se pide un café y/o una medialuna y osa distraerse, las tiranas juegan a pocos metros en un espacio especialmente acondicionado pa los nenes. Las mayoría de las veces hay una joven, Guada, que los cuida, pero todo indica que ahora la chica terminó su trabajo o subió al baño, o tal vez ande comiendo algo por otro lado... porque las criaturas están solas (a su suerte*).
Entonces me levanto, le digo "Lupe, vamos, comportate, mi amor... Nada de andar pellizcándose ni empujándose. Compartan el juguete, un rato ella, otro rato vos..."
A los segundos vuelvo a la mesa, me siento, me pongo de pie de nuevo, deambulo hasta la puerta, busco restos de algún diario en condiciones, y termino agarrándome una Revista Ohlalá vieja (no recuerdo ni el año). "No voy a poder concentrarme demasiado, así que mejor hojeo..."
Y de puro hábito, en lugar de empezar por el comienzo, empiezo por atrás. Y doy con una sección en donde se publican algunos secretos de comentaristas de la página, según entiendo. Una lectura apropiada, facilísima. "Uh, esta chica comentaba en mi blog, mirá... Y merrywidow, sí, ella también, la antropóloga... Ajá... Cada tanto vuelve". Me cuelgo.
Y en eso ya no es China sino un adulto el que me chista, sumado al ruido de un llanto de una nena (ajena). Levanto la cabeza y tardo unos segundos en entender qué pasa. Por suerte, nunca faltan esas niñas de 6, aplicadas y pelilacias que, con lujo de detalle, vienen y te cuentan: "la otra nena agarró la muñeca y ella (por Lupita) le pellizcó con la mano... así, en el labio." Y cuando miro de cerca a la víctima -corriendo en busca de su madre- le veo el labio con sangre... "¡Oh!"
"¡Pero no es nada, quedate tranquila!", me dice la mamá de la niña; "la mía es brava también", me consuela. Por un momento llego a pensar que quizás es una lectora del blog, por eso la buena onda... pero no, no creo, creo que es una mujer relajada o que por lo menos en público se toma el asunto con calma.
Finalmente vuelvo a mi mesa entre avergonzada y perpleja. Alzo a tirana, la siento en su coche y la miro fijo: "¡¿qué te está pasando, Lupita?!" Y por dentro, pienso: "Uh, cómo era esto, ya ni recuerdo, ¿cómo era esta etapa en la que los nenes todavía están amasando el habla y recurren a su fuerzas?" Y luego, al rato, todavía confundida, me pongo de pie, le estiro la mano a mi hija..."y dale, mi amor, vayamos a jugar y cerremos la revista".
¿Qué me cuentan ustedes de esta etapa? ¿Recuerdan algún mordisco o pellizcón papelonero que sus hijos dieran o recibieran? ¿Cómo fue la experiencia?
*una manera de decir.
Anteayer empecé a leer el blog desde el comienzo... (para compilar algunos textos) y me redescubrí pegándome duro, como hace mucho.
Si en algunos aspectos ando tomándome la vida con más calma, capitalizando la experiencia, en otros, al igual que varias de ustedes ayer señalaron (se me viene Nini a la mente y Cus/Laura) sigo haciendo agua.
Celebro la autocrítica, ojo. Le doy cabida diaria en mi vida porque sí, porque está en mi naturaleza revisarme y aprender, mejorar en la medida en que se pueda. Pero cuando la crítica con una misma se torna despiadada, jodida ; cuando una misma se encuentra diciéndose: "pero qué pelotud..."; cuando una misma, desde vaya uno a saber qué recóndito lugar de soberbia, de falsa auto-superada, no tiene la capacidad de comprender la complejidad de los procesos, las piedras en los aprendizajes, la poca cancha que a veces tenemos y aún así, hacemos... me da... me da...
¡Ja! Me estoy poniendo jodida con la jodida...
No, jodida no, estoy limitándola...Hasta acá, pibita . Hasta acá te criticás, en la medida en que ese punto de vista renovado, con una perspectiva más amplia, sirva. Si es una crítica estéril, si ni siquiera ayuda a que te rías (jo jo, je je)... no, gracias.
Sos humana y venís de atravesar situaciones complejas de parto, de enfermedades de críos, de falta de dinero, de peloteras varias... Estás creciendo, como ayer lo dijeras. Vas a escribir desde las entrañas, probablemente sigas haciéndolo. No es momento de elucubrar ideas en abstracto, o de ponerse a disertar asuntos de suyo intrincados… Si hubo vicios, si podés detectarlos, de a poco irás limpiándolos. Si a veces caés en lo cursi o te ponés superexpresiva, si repetís temas y avanzas dando vueltas (como es el caso)... y bué, mujer, de a poco, sos ésa. Fuiste ésa, hoy será otra y mañana ya no estarás en la Tierra.
A aceptar la creatividad andante que somos, con sus aciertos y desaciertos. A aceptar la multiplicidad de planos (lo simple y cotidiano, lo profundo y enigmático, lo superficial casi, lo político, etc.) que conforman esta vida-compleja...y a pedir ayuda, asistencia, a quienes sí saben y pueden guiarnos para seguir avanzando, pa mejorarnos, pa que crezca nuestro trabajo.
¿Qué piensan? ¿Cómo anda la autocrítica por casa? ¿En qué se juzgan de manera despiadada?
Ayer vino Joma, la chica que cuida a mis hijas mientras su madre trabaja, y me tira: "Finalmente encontramos una casa... pero resulta que queda en el Tigre". "Ajá, qué bueno, qué suerte..." "Sí, el problema sería el viaje, porque con suerte tardaría unas 2 horas y media de ida y otras dos horas y media de vuelta. Serían 5 horas en total perdidas..."
Entonces, para mi sorpresa, lejos de preocuparme o victimizarme con lo que sus palabras me insinuaban, le respondí: "sí, tenés razón, Joma, sería una locura viajar 5 horas para trabajar 6, no se justificaría... Por vos y por Cristopher (su nene)".
Así como leen. Y lo expresé en voz alta a todos los presentes (ella y Fede): "no, no me voy a hacer ninguna mala sangre esta vez. Lo único que te pido, Joma, es que me des un tiempo importante de búsqueda y adaptación de la mujer que vaya a reemplazarte, sí? Igual pensalo bien. Tomate un tiempo, lo que necesites."
"Sí, sí, por supuesto... A mí me da pena la situación, estoy muy agradecida por todo pero creo que no me queda otra hoy. Incluso ya pensé en alguien para sugerirle..."
"Bueno, bueno, tranquila. Pasame el nombre y el teléfono y vayamos viendo. En principio empezaría a entrevistar después de las vacaciones... Todo es perfecto."
Sin novelas. Aceptación absoluta de la danza de los hechos. Joma se muda, necesitaba hacerlo pero su nuevo domicilio queda lejos. Las nenas están encariñadas, con ella y su hijo -que los viernes la acompañaba-, pero si hay un momento oportuno para el cambio es éste. Mis hijas están fuertes, compañeras entre sí, sociabilizadas y conectadas con otros varios niños y yo dispongo de todo el tiempo necesario para entrevistar y tomar la decisión sesudamente.
Si el destino quiere que ejercitemos la apertura y adaptación con varias mujeres... ¡voilà! Aquí estamos, agradecidas por haber conocido a esta mujeraza, satisfechas por haber logrado forjar un vínculo laboral y afectivo respetuoso y cordial, diría impecable... y dispuestas a seguir adelante.
Lo curioso es que hace unas semanas que venía pensando en Patri, la chica que cuidara a mis hijas en el 2010. Hace un tiempo que ella estaba con ganas de volver… así que ayer mismo por la tarde la llamé y es probable que la tarde del jueves nos reencuentre.
Todo se mueve.
Y mis hijas y quien suscribe crecen.
¿En qué aspectos se sienten más curtidas hoy en relación a ayer? ¿Qué situaciones que antes las "movían" o asustaban hoy se las toman con más naturalidad y calma?
Confieso que ayer no me anduve sintiendo muy "pum para arriba", pero que aún así, mucha de esa incomodidad emocional que sintiera me "tiró letra", se tornó productiva. Confieso que terminé la jornada con una convicción nueva: que con los golpes y desperfectos de la psique sucede algo similar a lo que ocurre con los desajustes de la casa y del cuerpo. Que si una no mete mano y "repara" o pide asistencia, a la larga, sin darse cuenta, termina creando hábitos emocionales retorcidos, limitantes y poco "reales" (o sea, termina re-sentida).
Confieso que fuera de estos asuntos intangibles y "gruesos", también anduve ocupándome por entrenar la parte trasera de mi cuerpo. Que los 4 años de maternidad que ya llevo hicieron que la desatienda, y que ahora, después de un tiempo mirándome al espejo -de nuevo-, no digo que me brotó el fanatismo por ser una muñeca, pero sí las ganas de verme con más... tonicidad, ¡firmeza!
Confieso que en el finde me ví en 2 o 3 oportunidades amenazando a mi hija menor con Papá Noel, así como leen. Es que hay momentos en los que su berrinche se pone tan jodidamente intransigente, tan frenético, que no sé qué conejo sacar de la galera para que ella afloje y ceda, ¡y se deje de jod...! Que, además, la muy pilla ha resultado ser la más piojosa de mis hijas. Que a 3 semanas de haberla limpiado, los bichitos y liendres volvieron a prender... y no sé imaginan cómo, ¡de qué manera!
Confieso que el post del viernes no me había gustado por sentirlo desordenado (sí la novela de Violeta y sus comentarios), pero bueno, probablemente también esté necesitando fortalecer mi punto de vista… y abrazarme fuerte a la parte sabia que me guía (dejarme de jod... yo misma).
Por último, para las que preguntaban, confieso que el guión de la película se titula Gina Bruni (el arte del ridículo) y cuenta la historia entre una adolescente de 13, con pánico al agua, y su profesor de natación... a lo largo de una jornada. Y la foto que hoy subo es parte de un trabajo/producción que dirigiera hace 2 años casi, con Ailín Salas (como actriz) y Verónica Noonan en la fotografía.
¡¿Ustedes qué confiesan?!
PD: Gracias, Cus/Lau, voy a estar eternamente agradecida por este recurso que alguna vez nos trajeras.
Me vine a trabajar a "Eterna Cadencia", una librería-café que cuando recién abrió se me hacía pretenciosa y hoy, sin llegar a ser habitué, me resulta de lo más amena. No sólo porque estoy casi sola, sino porque además puedo traerme a la mesa los varios libros que me venía apuntando, para hojearlos y decidir cuál me llevo a las sierras, Córdoba.
Me gustó mucho Los años que vive un gato , de Violeta Gorodischer*. Tiene una prosa fluida, concisa, con una mirada niña... fresca. No sé bien de qué va la historia, pero algo me tira...
También hojeé otro par, pero decididamente la erudición y las muchas palabras (más el exceso de citas) lejos de encandilarme, me abomban . Quiero conmoverme con confesiones humanas, no hacer pasear a mi intelecto en una calesita.
¿Será por eso que entretengo tanto en este espacio más desapegado-de-elegancia, de comentarios sin firma, y de palabras sin tanta presión por caer-lindas...?
A veces me digo, me reto incluso, deberías leer menos comentarios y más libros. Y seguramente habrá vagancia de mi parte, y cierto grado de inercia... pero quieren qué les diga una cosa, estoy a una altura de mi vida (sueno a vieja) en la que todas las expresiones, en la medida en que sean genuinas, me resultan atractivas.
Todo me tira letra, me inspira...
Sobre todo, sí, ya lo saben... mis hijas.
Mis hijas y temas de música como el que hoy les comparto. Con esta canción anduvimos trabajando durante todo el año pasado en los ensayos de la obra de teatro (de Ale). Anteayer me dieron ganas de bajármela de un email; la asistente hace rato me la había enviado, y no sólo se me dio por escucharla (hasta el hartazgo) sino que además me puse a curiosear su video, las imágenes que oficialmente la acompañan, super oníricas.
El cantante es brasilero y se llama Thiago.
Y dicho esto, hoy reivindico día de pensamientos al voleo, sin digerir, de catarsis, anotaciones mentales, susurros en silencio, lo primero que necesiten expresar en este primer viernes de enero. Suelten sin reparos, expresen... que todo es bienvenido en este ámbito.
*Casualmente Violeta también es editora de esta revista. Yo no la conozco en persona, pero siempre me había impresionado para bien su trabajo.
¡Los quiero!
En el dorso de un viejo volante anoto:
-Poner riel de la cortina
-Reforzar borde de la puertita del mueble de cocina
-Reparar duchador (pierde agua)
-Arreglar traba del ventanal del living
-Ajustar tornillos del percherito
-Colgar cuadrito
-Etcétera
No sé si es que la anterior casa (un PH antiguo, lindo pero hecho miércoles en cuestiones de funcionamiento) me dejó marcada, o si con los años uno va haciéndose de nuevas mañas... pero lo cierto es que en la medida en que la lista de desperfectos hogareños crece, yo empiezo a tensarme y a ponerme monotemática.
Es que estoy negada a acostumbrarme a esos pequeños problemas, a pasarlos por alto y hacer como si nada. Porque después sucede algo similar a cuando alguien se golpea o se resiente... el músculo de una pierna, por ejemplo. Se sigue caminando, rengueando, limitándose en los movimientos, todo sea por evitar sentir el dolor del golpe o tirón... con la diferencia de que el cuerpo humano -en lo general- tiende a sanarse y equilibrarse naturalmente... y no así la casa, el inmueble.
En la casa te vas adaptando... cuando te bañas, ponés el duchador así y asá, cuando abrís la puertita aquélla, procurás que no se siga despintando. Tenés un percherito muy bonito pero acordate, a lo sumo podrás poner un abrigo... etcétera. Todo bastante normal, nada muy grave y alarmante, "nada urgente", te decís, "hay otras prioridades"... hasta que un día viene a tu lugar un amigo o pariente y justo tiene que quedarse a dormir, ponele... ¡como de hecho me ha sucedido!... y ahí, en las muchas indicaciones que le vas dando, vos mismo te empezás a sentir mañoso y limitado... casi un "enfermito".
Un poco estoy exagerando, lo sé. Lo digo antes de que salten a acusarme de enroscarme con asuntos mínimos. Pero qué va, no hay que justificarse tanto, arreglar lo que se rompe, ponerse al día con la lista de arreglos domésticos a mí me deja una grata sensación de haber hecho -también aquí- lo debido.
Y el nombre mágico, la respuesta a todas esas soluciones -en mi caso/a- se llama ALDO. Santo Aldo. Creo que es el hombre más parecido a MacGyver (en sus saberes prácticos) con que me he cruzado. Aldo, la ferretería y/o Easy , ésa es la combinación salvadora, la que devuelve la calma... Una calma donde no importa que la mayoría de las paredes estén peladas, pero que asegura que todo funcione como dios manda.
¡¿Cómo vienen por casa?! ¿Muchos arreglos pendientes?
-¿Mami, mañana puedo ir a hacer un trabajo con vos? -me pregunta China ya tirada en su cama, con las luces apagadas de su cuarto.
-Mañana no, Chi, el viernes; mañana no puedo llevarte.
-¿Por qué?
-Porque mañana escribo, mi amor... y cuando escribo necesito estar concentrada... no puedo estar atenta a vos. Pero el viernes, que termino temprano, te llevo, ¿dale?
-No, quiero mañana. Quiero hacer un trabajo con mamá mañana... -empieza un mantra mezcla de lamento y berrinche que dura unos minutos, hasta que se agota y vencida, me tira- dame un abrazo, ma... -. Y se duerme.
A la noche siguiente, en exactamente la misma circunstancia:
-Mami, ¿mañana puedo ir a hacer un trabajo con vos?
-No, mañana no, Chinita. El viernes, el viernes te llevo conmigo, ya te dije.
- ¿Por qué? ¿Tenés que escribir?
Me río.
- Sí, tengo que escribir.
-¿Y te vas lejos?
-No, no, no... voy cerquita, acá a unas cuadras.
-¿Y te tomás el colectivo?
-No
-¿El tasi ? (así lo dice ella)
-No
-¿El tren?
-No
-¿Vas caminando?
-Sí, gordi, voy caminando...
-¿Y el avión?
-No, no, voy caminando.
-¿Y yo no puedo ir con vos?
-El viernes, el viernes te prometo que hacemos algo.
Silencio.
-Bueno -se acomoda--haceme mimitos... acá... más abajo, mami.
Cierra los ojos y se duerme roncando.
Sí, ni hace falta que lo explicite, China está como loca con acompañarme a "hacer un trabajo". La macana es que hoy mi trabajo es poco social y no tengo mucho que hacer con la niña más que pasearla a un café y que tome algo (que tampoco estaría mal, si no fuera porque su mamá necesita silencio y soledad)... Por eso he decidido, ya a partir del viernes pasado, dedicar los mediodías del viernes a "hacer un trabajo" con ella (es decir, salir a almorzar a un restaurante). China va convencida de que estamos trabajando, vieran lo seriecita y silenciosa que va de mi mano... y yo sólo la paseo en colectivo a algún destino barrial cerca, donde nos sentamos a compartir un plato. Se ve que un poco la confundo porque el domingo al mediodía, en el lugar que descubrimos el 1er del año -segundos después de la foto- me mira y me pregunta: "¿vos también venís a hacer un trabajo acá?" "No, no, Chini, ¡ojalá!"
Díganme que sus niño/as son igual de insistentes que la mía en este tema. ¿Los llevan alguna que otra vez a su trabajo? ¿Pueden darse esa licencia? ¡¿Recuerdan de niñas acompañar a sus papás?!
Acá volví. Ah, sí, ¡¿que cómo pasé el fin de año?! ¡Para la miércoles! :-)
¿Motivos? Desencuentros, malentendidos, asuntos más bien típicos, ordinarios... que no tenían muy en claro que estábamos "de fiesta" y cayeron igual, "de regalo".
Lo lindo es que más tarde o más temprano (en mi caso, el domingo 1ero) una encuentra la manera de resolverlos, de ponerles un cierre, léase de tener un diálogo reconciliatorio y que las emociones -que en general son más lentas que las palabras- se acomoden naturalmente, a su tiempo.
Fuera de ese revoltijo emocional y de esas idas y vueltas (con marido; y sí, ¿con quién iba a ser sino?), el fin de año y comienzo del nuevo transcurrió en paz. Las nenas ansiosas y entregadas a la música, al bailar, anonadas y muertas de miedo frente a los fuegos artificiales que tiraban del edificio de enfrente (subimos a la terraza del edificio para apreciar mejor el espectáculo), entretenidas con el pan, con los grisines y las pajitas del restaurante que descubrimos el mediodía del domingo, enviciadas con el helado, agobiadas del calor, durmiendo la siesta, mirando película nueva de La Casa de Mickey , etcétera.
Yo, quien suscribe, si tuviera que elegir un adjetivo para definir este momento sería: repuesta, renovada, modificada, fortalecida, pese-a-todo-en-eje. Y más allá de las ganas de seguir entrenándome y de la aceptación del presente, el domingo por la tarde me cayó otra ficha: sentí fuerte la necesidad de ir al grano en algunos aspectos de mi trabajo, de volver la atención al cine, a mi película, a mi proyecto de película... que hace rato lo tenía en stand-by y ya siento que es hora de continuar moviéndola/o.
Casi nunca les hablo de este proyecto (justo ayer me estaban preguntando), soy reservada en extremo, pero qué va, de tanto guardarlo se me estaba durmiendo. Así que a asumirse, sin vergüenzas... Oh, sí, porque asumirse no sólo es mirarse con realismo crudo, sino también reivindicar la que somos... bien a lo solemne (¿?).
No sé cómo fue que de una pelotera conyugal terminé en esto, pero bueno, así de intrincados, mezclados y vuelteros son a veces los procesos internos.
¡¿Cómo arrancaron el año ustedes?!
"Como Ud. ha visto Gatitas Mimosas le sugerimos mirar Colegialas Calientes."
¿Perrrrdónnnn??? ¿A mí me está diciendo? ¡Si yo no miré nada de eso! Ni lo miraría, gracias, paso. ¿De qué me habla esta página? ¡Antes de la siesta esto no estaba! ¿Cómo puede ser? ¿O será...? ¿Marido? No, de viaje hace días... ¿La nena? Imposible, todavía es chica. ¿Nico? ¡No! ¡¿NICO?!
El corazón me latía a mil, sudor frío, cosquilleo en la cabeza... el shock fue importante. ¡Mi hijo de 8 años había estado mirando videos porno!! Ya no había dudas. El niño en cuestión se estaba bañando, así que aproveché para fijarme qué había visto. En ese momento, Youtube tenía un historial propio que detallaba todo, hasta el tiempo visto de cada video. Había algunos que me impresionaban hasta a mí, que perdí la inocencia hace rato; ni me imagino qué habrá pasado por su cabecita inmadura y sensible.
La siguiente pregunta fue "¿Qué hago? ¿Qué le digo? ¿Me hago la que no sé nada? ¿Lo enfrento?" Se ve que de tanto leer libros de niñez, crianza y demases, algo me quedó y enseguida concluí que los temas se hablan y que para algo soy adulta (¡ja!). Así que cuando salió del baño, finalmente le conté que sabía lo que había estado mirando. Conversamos, le expliqué que algunas cosas de grandes no las iba a entender, escuché sus preguntas, respondí como pude. Y esa misma noche puse un filtro en la compu.
Después vino la autocrítica, claro. ¿Cómo no lo preví? No me podía perdonar. Un tiempo antes había detectado su curiosidad, pero no pensé jamás que él iba a tipear "culo" en Youtube y acceder a algo así, no me di cuenta de que este tipo de videos está a sólo un click. Cuando teníamos la edad de Nico (hablo de mi generación, las de treinta y pico), no pensábamos en esas cosas. Cuando fuimos más grandes, para ver un desnudo había que pedirle una revista a un primo o mirar con lupa una enciclopedia. Los conocimientos de anatomía masculina venían de la mano de amigas con más experiencia o con hermanos mayores. Videos porno, ¡recién cuando éramos casi adultas! El paso del tiempo me llevó por delante, y no me di cuenta.
El acceso que tienen hoy los chicos a contenidos que solían ser para adultos atemoriza. Cuando se masificó la tele allá por los 70 había un horario de protección al menor, contenidos aptos o no, que servían como guía para los padres. Años después apareció Internet y nada. O todo, al alcance de cualquiera. Suena democrático, sí, pero también es peligroso.
Los responsables del acceso somos los padres. Padres que trabajamos, que no estamos todo el día mirándolos, porque tampoco sería sano. O sea que finalmente, los responsables son los chicos mismos. Son quienes deciden qué clickear, qué mirar, qué escribir y ¡son curiosos!
No los creo preparados para entender, procesar, abarcar algunas cosas... pero no encuentro la manera de evitarlo. Porque aunque en casa tenga el filtro, en casa de sus amigos, no. Aunque no veamos tele y sus contenidos de violencia y sexo permanentes, los ve en el cine, casas de amigos, abuelas, primos. No podemos criarlo en una burbuja, tiene que salir al mundo, lo sé. Creo que solo nos queda prepararlos, educarlos, darles herramientas para que sea un pasaje acolchado, guiado, contenido y seguro.
¿Y ustedes? ¿Cuál es su experiencia con los chicos e Internet? ¿Sus hijos o sobrinos tienen Facebook ? ¿Cómo manejan el tiempo frente a la compu y la seguridad en este medio?
Y terminamos el año nomás, parece mentira, ¡llegamos al 2012! (o casi). Sin inundación en la ciudad de Buenos Aires, enteros y tan o más vivitos y coleando que antes.
Un poco con sueño porque anoche fuimos con Silvina al recital de K y después nos quedamos charlando y comiendo (que ella cuente los detalles).
Feliz con todo lo que últimamente vengo enumerándoles, todo lo que ya somos, tenemos, sabemos... y particularmente contenta porque anteayer, medio de casualidad, di con una dentista a un cuadra de casa, de mi obra social, que me atendió con una amabilidad y una disciplina... y encima, al momento de irme me tira: "Por lo otro no te enrosques, Inés. Tu dentadura está muy bien. La perfección no es estética. Ese ligero movimiento de tus dientes es lo que te da belleza, lo que le da belleza a tu sonrisa."
Y de sus palabras me agarro para concluir este año y comenzar el que le sigue. Porque a las muchas metas, deseos y proyecciones, a la insaciable voluntad de perfeccionarse, de seguir creciendo, ejercitándose, aprendiendo... siempre es sano acompañarla de su contracara: la más absoluta aceptación de los movimientos ligeros que tenemos, de las imperfecciones que hacen a nuestra vida (más bella y más genuina).
Viva el equilibrio en esa dialéctica.
Y dicho esto, ¿me dejan abrazarlos virtualmente por última vez en este año? Un abrazo no excesivo para que algunas no salgan espantadas... un abrazo de cariño, de conexión con ustedes, de agradecimiento por todo el respeto y honestidad que a diario ejercen... un abrazo de sabernos juntas, parte de una totalidad que felizmente nos excede, chicas.
¡Y vamos por un 2012 sosteniendo el mismo entusiasmo, sin sobre-exigirnos, a nuestro tiempo, paso a paso!
¡FELIZ AÑO NUEVO!
PD: El lunes nos espera una propuesta de debate de Anita interesantísima. No se la pierdan.
"¿Será todavía muy chica China para aprender a nadar? Bueno, como sea, en principio me gustaría enseñarle a sumergir la cabeza y moverse más libremente...", voy pensando mientras camino de casa al Havanna.
Sí, resulta que Fede acaba de confirmarme que las vacaciones son un hecho. La tercera semana de enero nos vamos a las sierras de Córdoba, a un pueblo chico, casi desértico; con pileta y wifi (busqué con este último plus para seguir estando mínimamente presente).
La pileta parecía una variable prescindible en un primer momento (a la hora de evaluar precios), pero como no había río ni arroyo cerca... y estamos sin auto, decidimos que la diferencia bien valía la pena.
Me acordé de los niños del barrio de Villa Celina que pedían ese "objeto" de manera recurrente y fue inevitable preguntarme, estar haciéndolo: ¿qué implica estos días "andar sumergiéndose"?
Además de lo obvio, "me refresco un poco", se me viene encima todo un universo insondable de sensaciones y de imágenes... Se me vienen en mente las piletas de mi historial, la del club, la de los lugares en los que veraneábamos, las pelopinchos, la primera en la que nadé un pequeño tramo (sin flotador), el jacuzzi aquél que me teñía de verde el pelo (¡y mi vieja se ponía loca!)... entre otras.
Soy pisciana, qué va, ¿cómo no voy a añorar estar metida en el agua, flotando, yendo a buscar al fondo algún objeto extraviado, braceando de una punta a la otra, tirándome de cabeza, de palito, saliendo helada, casi tiritando, con las yemas de los dedos arrugadas... goteando hasta envolverme en una toalla?
Lo que me queda pendiente es estar en un piletón natural, sin muchas piedras, en el que pueda hacer pie y una cascada a unos 5/10 metros aprox. Sí, lo sé, soy trillada y cursi en esa imagen de calma... Pero por algo los "lugares comunes" son tales, no?
¿Qué piensan? ¿Qué recuerdos, imágenes, sensaciones, deseos se les aparecen cuando alguien les habla de piletas, lagunas, arroyos, mares, etc.? ¿Cuán importante es esa variable al momento de definir sus viajes?
PD: La foto era de toda la pileta, pero me gustó hacer foco en la nena (¡soy yo!).
No sé si sucede un cambio significativo detrás del cambio en el calendario (y del correlativo movimiento del planeta), pero lo cierto es que esta organización cultural en-el-tiempo termina condicionándonos... y a los primeros días de arrancado un nuevo ciclo (o a los últimos del que termina), uno empieza a cranear modificaciones de todo tipo.
¿A dónde estoy queriendo llegar con esto?
A que últimamente vengo amasando mis ganas, mi deseo, mi necesidad de volver a ejercitarme, no sólo en el ámbito del trabajo, como vengo haciéndolo, sino también en un espacio de taller/seminario, en un vínculo alumno-docente/guía/maestro. Y que éste quizás sea un buen momento para apuntármelo, y actuar en concreto.
Sí, en un sentido amplio y profundo todos los seres humanos y circunstancias de la vida nos están enseñando, pero bueno, ya sabemos, cuando queremos pulir ciertas técnicas o fortalecer ciertos "músculos", no está mal acercarse a quienes nos enseñan en ese otro sentido más directo.
En lo personal me gustaría volver a entrenar el pensamiento... y por otro lado, el cuerpo/espíritu. Desconozco si los tiempos de mi trabajo me darán ese hueco, pero si todo coopera, una posibilidad -entre un par- sería empezar a asistir a unos encuentros de Filosofía que Tomás Abraham coordina. Hace unas semanas me lo crucé de casualidad en la calle y me acerqué a saludarlo (lo había apenas conocido de estudiante) y tras cruzar unas breves palabras y contarme que quien fuera mi profe de Filo en el CBC -de su cátedra- este año se había suicidado (muy fuerte escucharlo)... me invitó a estos encuentros que ofrece de manera gratuita en un teatro (Espacio Callejón). Antes los hacía en un espacio privado y según entiendo, eran unos pocos los que "accedían" pero se ve que el círculo se ha ido abriendo (bien por ello).
En relación al cuerpo/espíritu, vengo barajando dos caminos. O bien volver a clases de yoga, en un lugar muy accesible y cerca de casa, con una onda devocional que me inspira calma... o bien volver a mis clases de danza e investigación del movimiento con Melanie, mi maestra de vida casi. Parecen actividades similares pero son distintas. Creo que la última -más costosa y a trasmano- me ayudaría mejor en la creación de rutinas para las clases de expresión para niños. Ah, bueno, sí, no sé si se los había contado, pero la idea -con Rossana- es seguir desarrollando el taller en barrios populares (como empezamos muy tímidamente este año), y quizás algún día abrirlo en otros ámbitos. Sin ansiedades, de a poco, que se vaya dando.
En síntesis, me siento cómoda con las herramientas que al día de hoy tengo, no me quejo... pero sé que podría trabajar más agudamente y de modo más relajado y completo... si siguiera trabajando fino en esos planos.
¿Y ustedes? ¿Hay algún tipo de clase, taller, espacio, entrenamiento... que ya estén proyectando? ¿Qué me cuentan?
Uno de los lindos regalos que recibí en Navidad fue un libro que compila (lo mejor de) los 10 años de vida de Mafalda. "Para que te inspires y vuelques en el blog", acotó Nico, responsable del regalo y al rato de recibirlo, toda la familia lo andaba hojeando.
Por la noche seguí leyendo al tuntún algunos cuadros y finalmente me detuve en la entrevista inicial -del libro- a Quino.
Que las peroratas de Mafalda -al momento de la entrevista- le resultaban insoportables fue de lo más ligero que confesaba el autor en relación a aquella época de trabajo arduo. "Fueron años extenuantes, de alguna manera opresivos", llegaba a confiarle al periodista (Rodolfo Braceli)... y continuaba: "Me levantaba a las ocho. A las nueve y cuarto me ponía a pensar la idea. Me daba tiempo hasta las cinco de la tarde. De las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche hacía el dibujo. Así por semanas, por años. Alicia (mi mujer) tuvo que soportar esta rutina y resolver mi vida exterior con el mundo. Hay dibujantes a los que resolver su historieta les costó el matrimonio, no ha sido fácil."
Wow, me quedé asombrada. Por un lado me agradó mucho su brutal honestidad (si hasta confesó que a Mafalda muchas veces la calcaba porque se sentía malo dibujando) y a la vez fue interesante recordar y darme cuenta que, pese a las apariencias, no todos los artistas y/o trabajadores disfrutan de su arte/trabajo; no cuando se torna tan mecánico.
Todo ello me llevó a reflexionar y preguntarme por la relación que mantengo con el blog... y a reconfirmar que, pese a todo, por el momento, después de 2 años y pico, afortunadamente sigo disfrutándolo (ojalá pueda seguir sosteniéndolo en el tiempo, claro).
Más todavía, ¿me creen si les digo que gran parte de mi bienestar interno tiene que ver con este ejercicio? Que la posibilidad de conectar con muchos y comunicarles lo que voy viviendo, esa tremenda obligación de digerir rápidamente "los hechos"... me "coloca" en un buen sentido. Y no es que mi vida sea tontamente naif, ni que no haya lagunas incomprensibles en el día a día, pero a la hora de escribirles generalmente me nace siempre apreciar la mitad del vaso lleno... y en el mejor de los casos, expresar y reírme de "lo vacío".
Mi "útero semántico", uf, se me vino este texto de hace tiempo. Se los comparto.
En fin, no es mi intención compararme con Quino porque de verdad no me da el cuero (y está clarísimo que no tengo la presión de popularidad que probablemente él tuviera), pero me gustó mucho su entrevista como puntapié para volver a preguntarnos: ¿cuánto disfrutamos de lo que hacemos? ¿Cómo sorteamos el blanco de los procesos creativos? ¿Cómo sostenemos la pasión y el entusiasmo a pesar de los años?
Yo reflexioné en relación a mi trabajo/vocación, pero cada uno puede tomarlo para el lado que prefiera.
Inés Sainz es actriz, autora y directora de cine. Actualmente se encuentra desarrollando su primer largometraje. Es mamá de China (4 años) y Lupe (2 años); y está cargo del "blog de la mamá" desde septiembre de 2009.