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Tres semanas atrás y en esta casa, yo era "una paranoica". Es más, con la simpatía por la risa fácil y la debilidad hacia la burla tonta que tiene el hombre de esta casa, yo he sido -pobrecita de mí- el blanco de todas las gastadas: por la cantidad de veces al día que me lavaba las manos, por la frecuencia con la que limpiaba el piso o por la cantidad de faltazos que me pegué en diversos eventos sociales. Ahora, tres semanas más tarde, ya ven: de ser una paranoica me convertí en un "mmm, bueno, la verdad es que no estabas exagerando tanto...".
No digo que Benjamín esté guardado en una cajita, pero sí que, pobrecito, en los últimos diez días se pasó más tiempo en casa que en toda su vida entera. Y saben qué es lo peor? Que el vecino de abajo, el gringuito, tiene gripe A!!! Pucha... De todos los edificios donde podía vivir alguien con la gripe A, el pibe viene a vivir en el nuestro. "Bueno, en algún lado tiene que vivir, no seas mala", me dijo el hombre de esta casa. No soy mala -o sí-, pero, puestos a elegir, convengamos que mejor habría sido tenerlo más lejos...
"En su libro Marketing de productos para niños, James Mc Neal ?un gurú del tema? advierte que, apenas son capaces de mantenerse sentados (es decir, alrededor de los seis meses de edad), los bebés son colocados en el "puesto de observación culturalmente definido: el carrito del supermercado".
Se equivoca el gurú. Ni siquiera deben ser capaces de mantenerse sentados:
La nota completa, haciendo click aquí.
Ayer cenábamos con una amiga y se armó una charla debate. Todo empezó cuando ella, a propósito de Benjamín y recordando la edad del hombre de esta casa, dijo (dirigiéndose a él): "y vos, qué generosidad, eh". La primera en replicar algo creo que fui yo, pero de cualquier manera ambos coincidimos en la reacción: no fue por generosidad que ha llegado Benjamín; llegó porque fue parte de un proceso natural; es decir, fue el resultado natural de algo. "Con todo respeto, creo que no comulgo con la idea de traer hijos al mundo por generosidad hacia otra persona", dije yo en algún momento. Mi amiga ya pasó hace rato los 40, no tiene hijos y tampoco tiene ahora mismo pareja. Esta situación, decía, me decía, me haría ver a mí las cosas de otro modo. "El deseo de ser madre llega a ser tal que no te importa siquiera quién es el padre; es más, no te interesa. Yo quiero tener un hijo y no me importa con quién; tengo ya claro que no me importa el padre; lo que yo quiero es ser mamá". Yo me quedé pensando. Y me quedé pensando, entre otras cosas, qué opinarían esta comunidad...
Almost famous. No sé por qué me vino a la cabeza este título tan cinematográfico. Ah, sí; debe haber sido porque llamaron del lugar del casting para avisar que nuestro Niño Genio había quedado seleccionado y porque la mamá respondió que está muy agradecida y que de mil amores lo llevaría pero que será imposible porque esos días vamos a estar fuera de la ciudad. Pucha! Me caigo y me levanto! No digan que no tenemos mala suerte. Ay, ay, ay, el camino a la fama del Chancho está sembrado de inconvenientes...
Existe un canal llamado BabyTV, sabían eso? Apareció ahora, ahora que en esta casa estamos tan digitales. Bien, como en tantas otras oportunidades, con la tele siempre dije -y peor!, pensé!- que era un horror meter a los bebitos delante de esos aparatos (al menos cuando estuvieran encendidos. los aparatos, claro). Bueno, les aviso que es un éxito total. Bebito que llora, bebito que se calma con BabyTV. No vamos a hablar de tiempo -que ya sabemos que en la TV es tirano-, pero no se imaginan la cantidad de cosas que pude hacer dejando al pobre Benjamín ahí sentando, mirando BabyTV. Hay un programa que se llama BabyChef. Lo pasaron unas tres veces. EL Benja ya debe poder hacer los buñuelitos por su cuenta. Gran invento la tele. Y no, claro, como siempre: no prueben esto en sus hogares.
Creo que se terminó la época de las salidas felices a cenar, aquellos buenos tiempos en los que Benjamín dormía plácidamente mientras sus padres comían y charlaban durante horas en un restaurante. Ya van tres salidas, tres al hilo, en estas tres últimas noches (sí, salimos mucho a cenar), que el niño pasa de mano en mano por arriba de la mesa porque se nos ha vuelto imposible. Ojo, tampoco es el llanto pelado, pero no entendemos cómo ni a cuento de qué, el niño abre los ojos de par en par apenas entramos a cada restaurante. Lo traemos dormido en el auto, pero es cosa de entrar y ñácate: el dos de oro en los ojos. Además, se ve que sigue practicando nuevos sonidos, porque empieza y de esa no lo sacás más: se pone meta gritito y gritito, chocho de la vida. Si yo tuviera en la mesa vecina a Benjamín con sus padres creo (en realidad estoy segura) que me molestaría mucho. De hecho una vez, hace mucho, yo misma callé a un infante que se había vuelto de lo más pesado. Tendría dos años (el niño). Y yo medio que le espeté un "por qué no te callas?" tipo realeza española. Por mi tono de voz, la vehemencia y mi malhumor, era obvio que me había sacado de mi casillas. Hoy, si alguien hiciera lo mismo con mi nenito, agarro y lo mato. Al otro, claro; que a mi niñito -y sólo llegado el caso- sólo lo reto yo.
Me fascina ver cómo las nenas se copan con Benjamín.
En general todos los chicos chiquitos se copan con los bebés, pero con las nenas creo que el fenómeno es todavía más patente. A mí siempre me da la sensación de que ellas juegan a las muñecas. Bah, más o menos lo que también hace una pero con un bebé de verdad...
(en la foto: benjamín a upa de la lunita cordobesa)
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off topic: seguimos para atrás con las dormidas nocturnas del Benja.
Anoche se me acostó tipo el gato Enzo, como un cachorrito, con el cuerpo mitad arriba y mitad abajo de mi panza. Y abrazándome la cintura! Tremendo, no hubo manera de quitarlo.
Por motivos que no vienen al caso (venir vienen, pero si los cuento me van a retar), Benjamín estuvo durmiendo en nuestra cama varias noches seguidas (no pasó nada grave; acaso sólo 1 ataque de cariño de sus padres). Sí, ya sé: tremendo, terrible, pero che qué cosa, eso no se hace y tal. La cuestión es que ahora, ahora no lo podemos sacar.
Y casi que lo peor no es eso. Lo peor es que no sólo chilla si lo paso a su cuna sino que incluso chilla si no está a upa mío! Hasta estando acostada, el nenito quiere estar en mis brazos! Todo mal. Estamos durmiendo pésimo y yo, además, me despierto de lo más dolorida. No saben lo que pesa esa cabeza.
Estamos planificando una solución. Lo que pasa es que no estamos seguros del método: o lo hacemos de algún modo gradual o apelamos directamente a lo más drástico. Se escuchan sugerencias. (no vale tirar al niño por el balcón; que balcón -recuerden- no tenemos).
La visita al pediatra resultó de lo más exitosa. E interrumpida. Exitosa porque Benjamín está dentro de los parámetros normales de la ciencia (lo cual, si somos justos, nos aleja de aquel maravilloso concepto de Niño Genio, pero bueno) e interrumpida porque el médico (sí, el ponja) estuvo durante media consulta al teléfono con otra mamá, que estaba como loca porque su hija tenía fiebre, y tos y estornudos, y mire doctor si le agarró la gripe A. Pero a ver, señora, su hija estuvo en contacto con alguien que se haya enfermado? No, no, pero la prima, la prima sí. La prima qué? El colegio donde va la prima, lo cerraron porque hubo un caso de gripe A. Ah, y su sobrina se contagió? Tiene gripe, pero aparentemente la normal. Ah, y su hija, estuvo para algo con su sobrina? No, no, hace mucho que no se ven (!)
A todo esto, cuando el teléfono sonó, el doctor estaba en plena tarea de limpieza de pitulín, por lo que mi pobre niño estuvo durante 20 minutos con un hisopo ahí, mitad dentro mitad fuera. Qué espanto para su flamante pero existente dignidad.
Qué tremenda esta mujer, dijo el Doc cuando colgó. Ella y tantas otras mamás; se están poniendo como locas con este tema, agregó. Mucha paranoia, ¿no?, comenté yo. Demasiada, dijo él. Me imagino, acoté. Igual, susurré, por tu bien que al Benja no le agarre fiebre, porque en cuanto el termómetro pase el límite, vengo y te interno.
Ah, y como hemos dicho tantas veces, cada pediatra con su librito: a mí ya me autorizó para empezar, desde este mes, con la comidita. Banana, manzana, papa, zanahoria, batata, zapallo. Por ahí arrancaremos la experiencia. Y yougurt? No, no, dijo. Para eso tiene que esperar. Raro no?
Y otra cosa: no hay foto ni videito de la visita porque el padre de Benjamín llegó tarde (ejem). Llegó cuando la consulta terminó (ejem bis). Y si no estamos los dos, faltan manos y atención para esos menesteres. Pero vieron cómo son las cosas no? Al mes uno, el hombre de la casa estaba media hora antes del horario de la cita. Al mes cinco, ahí lo tienen. Llegó cuando terminó. Qué bárbaro.
De la colección Otoño-Invierno:
Tapadito marrón: Paula Cahen d´anvers
Camperita y gorrito: Osh Kosh
Botitas grises: Mimo
Esos ojitos: no tienen precio
Para todo lo demás existe... ¿Mastercard era?
(pd: acá, entre nos, todo bien con Paulita, pero ese tapado tiene las mangas muuuy angostas. Es un dolor ponérselo!)
La lactancia es 1 maravilla, no hay duda. Y lo digo no sólo pensando en el hijo sino también en la madre. Bien, dicho esto, puedo comentar ya sin culpas que además de ser una maravilla es, al menos para mí y al quinto mes del Benja, un tanto desgastante. Y te puede llegar a cansar, a agotar. Al menos a mí me pasa, y más a la noche. Benja todavía se despierta dos veces para comer y yo ya ni me acuerdo lo que era dormir 1 noche entera. Además, siendo que es lo único que come, tengo que procurar dejarle cada día sus bolsitas de leche, para lo cual hay que sentarse cada día, en algún momento y, extractor en mano, chu-chu-chu-chu-chu, darle a la teta. Y decí que uso el extractor eléctrico, porque si usara el manual a esta altura ya tendría dos muñones.
Bueno, eso. Que la verdad ya cuento las horas para que mi niño incorpore otra cosa en su mundo además de mis tetas. Si mal no recuerdo, este era el mes en que ampliaría su dieta. Mañana hay pediatra, a ver qué dice. Ocurrido el destete, sé que también pasará algo terrible: mis dos amigas se desinflarán cual globo y yo, ay de mí, volveré a ser la que era...
¿Alguien comprobó alguna vez la eficacia de este tipo de videos?
Porque si es por verle la cara a mi niño, yo diría que los beneficios son dudosos...
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Off topic: he dado con los mensajes en FB... Dos cosas: 1.yo creo que exageran, pero 2. debo decir que he sido feliz con vuestra exageración.
tantas gracias.
o también: Féliz y Rafa
bellos, quiero que sepan una cosa -que me parece muy importante-: en esta casa los conocimos desde que eran así de chiquititos:
Felicidades Verito (Missmimi)! Felicidades por partida doble! Qué alegría!
Viendo a los pequeños, no me puedo creer lo rápido que crecen los bebés. Benjamín era más o menos así hace realmente muy poquito. En tiempo no es hace tanto; sin embargo, está a años luz de lo que fue. Casi no te das cuenta, pero siempre, cada día, van dejando de hacer alguna cosa y empiezan a hacer otra. Por ejemplo, no me acuerdo cuándo dejó de hacerlo, pero Benjamín ya no hace ese típico gesto de susto o de vértigo con los brazos (estirarlos de golpe, como queriendo agarrarse pronto de algo). O ya no hace "uuuuu" con los labios; ni cacarea (les conté alguna vez que Benjamín cacareaba?). Ahora en cambio grita, agarra cosas con la mano o arquea la espalda cuando quiere salirse de su sillita mecedora.
Y se sienta! no olvidemos que ya se sienta, que es un Niño Genio.
La cuarentena es mentira, sépanlo. Y esto no quiere decir que no exista, ojo. Pero lo que tengo para decirles es todavía peor. Y es lo siguiente: la desgracia que experimenta tu acostumbrada vida sexual no acaba (con perdón de acabar) en la cuarentena. Un hijo -en rigor, un bebé- viene a afectar todas las sanas costumbres que tenían los habitantes del hogar hasta su arribo. Sexo incluido. O más: especialmente el sexo. Y peor todavía si a los cuatro meses y medio todavía tenés a tu hijo durmiendo en tu cuarto. Ahí se complica incluso más la cosa. Y no es que seamos sujetos faltos de imaginación, pero convengamos que la cama es un invento de lo más funcional para esos menesteres. Así y todo, el sitio no es el único inconveniente. Porque es que no falla: podés estar cocinando, mirando tele o leyendo el diario, que el niño del mil amores se te entretiene solo; pero basta que el hombre de la casa te ponga una mano encima para que el crío se te aburra de repente. O entre en crisis de llanto, o tenga hambre, o sueño, o la putísima madre que lo parió. Eso dijo el hombre de la casa la última vez que nos volvió a pasar lo mismo. Yo encontré su insulto como un desahogo muy poco propicio (sobre todo siendo que lo parí yo), pero me resigné a la nueva interrupción y fui a ver qué cuernos le pasaba ahora a Benjamín.
No se queden con una impresión equivocada: no estamos hablando de abstinencia total, Dios no lo permita. Estamos hablando de regularidad. Frecuencia. Periodicidad. No sé, tal vez es porque estábamos acostumbrados a manejar otro tipo de handicap (ejem), pero comparado a antes, hoy damos vergüenza.
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Off topic:
Miren, sigue creciendo la familia.
Bienvenida, Emma!
Benjamín sentado.
Benjamín acaba de estar sentado.
En otro orden de cosas, pero sin salir de la crítica estabilidad que poseen los habitantes en esta casa, habrá que decir que la madre de Benjamín está lo que se dice, digamos, renga. Con las complicaciones en sus tareas como madre (entre otras) que esto acarrea.
Yendo al grano: tuvieron que quitarme una uña encarnada; la del dedo gordo del pie derecho. Y esto, además de ser de lo más desagradable para vuestra lectura, es la cosa más dolorosa que te puede pasar. No sé si lo vivieron alguna vez, pero créanme que es tremendo. Todo es tremendo. El dolor anterior (el de la lastimadura), el dolor del durante (las inyecciones de la anestesia) y el dolor posterior (la recuperación).
La cuestión que ahí ando: coja. Alzando, meciendo, bañando o cambiando a nuestro pequeño héroe en estas lastimosas condiciones.
Tres cosas.
a. Benjamín se quita y se pone el chupete sin asistencia de terceros (a veces se lo mete en la boca luego de tres intentos en el ojo derecho, pero aun así, llega finalmente a la boca)
b. Benjamín estira sus brazos pidiendo ser alzado (respuesta que encuentra, como corresponde, al instante)
c. Benjamín estuvo durante 3,18 segundos sentado sin apoyo (sin apoyo en la espalda o los brazos; sí con apoyo en el culo, que tampoco es un niño que levita)
Creo que podemos concluir que estamos frente a un Niño Genio.
-es verdad que no hay foto ni prueba documental de ningún tipo que de cuenta de las habilidades de mi hijo. sabrán comprender: en las primeras veces de cualquier cosa de un bebé, los padres sólo atinan a decir "aaaaaaaaaaaahhhhh", dejando la boca abierta, incluso por horas. luego, con una mano se secan sus propias lagrimitas y con la otra se limpian su (propia también) baba-
Pasando a bebés que todavía están lejos de las tremendas y precoces peripecias de mi hijito, vean este encuentro:
Son Bodoque y Poroto (o Agustín y Emilio), desde Bariloche. Se conocieron por Benjamín.
Ahora, digo yo, ¿no es esto una maravilla?
Es la hora de la siesta en esta casa:
(nos quedan 5 centímetros del bolso-cuna; al final, con lo inútil que parecía hay que ver el provecho que le sacamos)
a partir de qué edad sos capaz de dejar a tu niño a la noche para salir con tus amigos?
Nosotros a lo mejor no somos muy buen ejemplo de independencia: hasta ahora no hubo una noche que no hayamos salido con él. Pero sí tenemos otro caso, bien distinto y bien cercano. Unos amigos que fueron padres hace un mes. Un mes exacto. Ellos pueden dejar a su bebé con la niñera (sí, tienen niñera) y juntarse a beber y charlar con sus amigos un viernes a la noche. Así pasó durante los festejos por el cumple del hombre de esta casa. Claro que ella, la mamá, no estuvo tranquila hasta que llegó el momento de irse. Era de esperar, no?
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Off topic: al Benja no pelamos "otra vez" porque sencillamente no lo hemos pelado nunca. Jamás. En algún momento se le cayó el pelo que tenía y luego, de a poquito, se ve que quiere recuperarlo.
(un nuevo cumpleaños en familia; otra primera vez en esta casa)
Les aviso que Benjamín acaba de dar sus primeros pasos en el mundo del modelaje. La aventura fue antes consensuada con el hombre de la casa, con quien, luego de una charla, concluimos en hacer del niño un producto rentable. Y ponerlo a trabajar desde temprano! Eso! Que conozca el sacrificio y el valor de la responsabilidad.
En realidad, el asunto nos pareció hipotéticamente divertido (incluso para el Benja) y el peligro muy menor: si algo no me gustaba, agarra y me iba. Nos íbamos.
Bueno, al grano. Que fuimos y que la gracia no duró ni cinco minutos. El lugar era una productora, una empresa que funciona como, digamos, una base de datos de modelos. A ellos acuden, por ejemplo, los que van a filmar un comercial y necesitan un adulto así y asá o un nenito tal y cual.
Vas, llenás una ficha y al Benja le toman unas 5 ó 6 fotos.
En realidad, cuando llegamos y nos acercamos a la mesa de recepción (yo con Benja en la mochilita), los que atendían me pidieron que yo también hiciera el casting (ejem). De veras. Yo les dije que la gloria la reservaba para mis hijos. Esto no es de veras, pero sí que dije No gracias.
Bueno, eso. Que le tomaron unas 6 fotos, el Benja se echó unas risas, y nos regresamos. Ya ven los padres sensatos que somos. Cualquier cosa, me llaman. Eso dijeron. Eso sí, si no lo llegan a llamar, voy y los mato! A mi hijo no le van a hacer eso!!!!!
Navegó a dos aguas, entre el Derecho y el Periodismo. Echó el ancla y se instaló casi una década en la redacción de un periódico. Fue productora periodística de TV, taekwondista y vendedora (¡a domicilio!) de comida para perros. Extraña el cigarrillo y no sabe tejer escarpines.
