revistaohlala.com

"¿Recién ahora hablás? Las cosas hay que decirlas en el momento"

 
 

"Me parece desubicado que vengas con esta cuestión ahora; si no hablaste en su momento, lo lamento, ya es tarde".

A lo largo de mi vida escuché este tipo de sentencias en varias oportunidades. Me las han dicho con tono determinante y convencido. Con ese timbre de voz justo; ese que te deja así de chiquitito y fuera de juego. Y, al escucharlas, algo en mí flaqueaba y yo proseguía como si lo afirmado fuera verdad: no, no tengo derecho a reflotar temas ásperos del pasado; debería haber hablado antes.

Una de las primeras veces que me dijeron algo semejante fue durante mi primer noviazgo. No me acuerdo qué había pasado, pero sí recuerdo que estuve mucho tiempo bastante mal. Hasta que un día hablé, tímida, pero me animé y hablé y la respuesta fue: "típico de las mujeres salir con un reproche mil años después, ¿por qué no lo hablaste en el momento?" Y yo, claro, quedé descalificada. Quedé muda. Tan muda, que por muchos años creí que si no tenía valor de expresarme en el instante en el cual se suceden los hechos, entonces era mejor callarme para siempre.

Pero la experiencia, sanar mi alma, escucharme y aprender a escuchar, me demostraron lo contrario: NUNCA ES TARDE PARA HABLAR.

Para lo que sigue les comparto este tema. Imperdible la voz de Mike Patton cantando: "Look me in the eye and testify"



Entonces, ante la pregunta de por qué no lo hablé en el momento, hoy ya no me paralizo ni quedo desdibujada.

A veces no hablo porque en ese instante no sabría siquiera qué decir. No hablo porque mis emociones, mi ser y todo lo que me compone, no siempre son capaces de asimilar ni analizar las situaciones en ese presente. A veces, ni distingo de manera consciente que algo en ese encuentro me afectó en lo profundo; no lo sé hasta que un día me despierto y, como con el clic del enamoramiento, de pronto la realidad se me revela, logro identificarla y, entonces, comprendo.

Y, a veces, es por miedo; otras, porque sentimos vergüenza. A mí, por ejemplo, me costó muchísimo pronunciar en voz alta los desengaños que había vivido con mi ex pareja. "¿Cómo no te diste la media vuelta en el momento? Yo no lo hubiera tolerado un segundo", me dijeron repetidas veces apenas me animé a contarlo. Y, claro, tal vez por eso no lo hablaba, porque con ese tipo de observaciones todos parecieran ser grandes maestros de la acción instantánea; pareciera que el mundo está plagado de personas con la autoestima siempre alta, siempre correctas y llenas de orgullo. Quizás fue por eso que no me atreví a revelarlo en los tiempos exigidos por la sociedad perfecta, porque el mundo juzga y a mí.... a mí me da vergüenza.

 
Foto: Flirk

Pero entendí que los seres humanos tenemos esa mala tendencia a afirmar que reaccionaríamos de tal o cual forma, cuando no nos toca experimentar algo similar en primera persona. Comprendí que no debe haber ni un alma en esta tierra que no haya atravesado por alguna situación sin saber cómo encararla en el momento, que tuvo que procesarla y sólo pudo volverla voz y acción mucho tiempo después.

Un niño que es maltratado, por ejemplo, sea de la forma que sea, por sus padres, sus compañeros o su entorno, muchas veces lo calla hasta creer olvidar. Pero ese niño, cuando llega a adulto, lleva un pequeño o un gran dolor en el alma... ¿acaso debía sí o sí expresarse siendo niño para atender sus penas? ¿Acaso siendo adulto es muy tarde para hablar? Creo que todos sabemos que de niños nos cuesta, que sentimos culpas, que hay cosas que no comprendemos y que sólo el tiempo las ordena. De grandes, a veces no es tan diferente...

Recuerdo que de adolescente tenía un compañero que se burlaba de mí de manera muy hiriente por mis problemas en la piel. Lo hacía a mis espaldas o a lo lejos como para que apenas pudiera escuchar; yo, con la autoestima baja y sumida en la vulnerabilidad, jamás pude hacerle frente y reaccionar. En esos instantes fui incapaz de decirle: "me hacés mal. Me hacés llorar por las noches y desear ser diferente." Muchos años más tarde, ya adultos, nos reecontramos y un amigo de él quiso que me presente. "Qué linda tu compañerita del cole", le dijo y él, muy caradura, contestó: "¿Viste que linda amiguita que tengo?" Y entonces, con mucha calma y sin dudarlo contesté: "Vos siempre me miraste con rechazo y te burlaste de mí. Eras mala persona y lastimabas." "Cari, ¿en serio me salís con esto? Ya pasó mucho tiempo."

No, no pasó mucho tiempo. Pasó el tiempo necesario para asimilar y sanar. Y, por suerte, la vida nos reencontró y me regaló la oportunidad de reflotar mi experiencia del pasado para expresarla a viva voz al destinatario de aquella deuda. Siempre es tiempo. Nunca es tarde.

Nunca es tarde, porque los procesos emocionales no conocen de tiempos. Ellos, pueden resolverse en un día, en un mes o en varios años.

 
Foto: Access

Por supuesto creo que es recomendable, mejor, maravilloso, ser capaces de reaccionar, hablar y sacar para afuera todo en el instante en que las cosas ocurren. Pero aprendí que por nuestra crianza, nuestro entorno, nuestra personalidad y por toda las cargas de la existencia, necesitamos de tiempos que son únicos y diferentes para elaborar cada una de las experiencias.

Puede tratarse de algo en apariencia pequeño o algo más grave, algo de cualquier índole; puede referir temas no dichos a nuestros padres, a algún amigo, a nuestra pareja, así como a alguna experiencia en extremo traumática del pasado; sea como fuera, no importa el tiempo, creo que lo único importante es no ignorar aquello que nos afectó, ser capaces de procesarlo todo lo que sea necesario y, cuando nos sintamos lo suficientemente fuertes, hablar.

Y no importa si dicen que es tarde. Estoy convencida de que no lo es. No somos máquinas y nuestras almas curan de manera diferente.

Con tiempos propios, mi deseo es que todos seamos capaces de hablar y sacar para afuera lo que sea, porque en ese acto valiente vaciaremos nuestro espíritu de mucha densidad y le permitiremos la entrada a todos esos hermosos proyectos y sueños que tenemos; libres de angustias primarias, tendremos la energía necesaria para transformar esos sueños en hechos concretos y maravillosos.

Ustedes, ¿creyeron o les hicieron creer que era muy tarde para hablar de ciertos temas? ¿Les pasa que a veces necesitan tiempo para procesar experiencias que les molestaron? ¿Les pasó animarse a encarar un asunto denso del pasado? ¿Cómo se sintieron después?

Beso,

Cari

Compartilo
 
 
Notas más leídas
Revista Ohlala