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Sexo:¿El matrimonio consuma el amor?

"Deberíamos preguntarnos por la necesidad de institucionalizar el amor", dice nuestro filólosofo

Por Darío Sztajnszrajber | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Deberíamos seguir preguntando por la necesidad de institucionalizar el amor.  Foto: Pixabay

D: ¿Consumación? ¿En cuál de los dos sentidos? Lo digo porque "consumar" puede significar tanto la realización acabada de algo, o sea, su plenitud, como también puede hacer referencia a terminación, esto es, a un punto final.

X: Ya le estás buscando la vuelta. Es bien simple: el matrimonio consuma el amor porque lo realiza. Es su manifestación institucional. Lo ordena y por ello mismo lo hace crecer, lo expande en sus posibilidades. Por algo las sociedades enmarcaron legalmente el vínculo amoroso. Entendieron que esa energía debía ser resguardada y controlada para su mejor desenvolvimiento.

D: Sí, sobre todo controlada... Perdoname, pero no estoy de acuerdo. Pienso exactamente al revés. El matrimonio, tanto en su legalidad como en su práctica cotidiana, no solo disuelve el amor, sino que además lo traiciona. El matrimonio se propone como la consumación del amor, pero lo consuma porque lo liquida. Todo el poder transgresor del amor se vuelve rutina insípida, pero sobre todo su anomia ("ama y haz lo que quieras", decía San Agustín) se ve amaestrada y normalizada por un sistema legal para el cual el contrato matrimonial pertenece primero al mundo de los contratos y recién después al de los afectos.

X: Justamente, para Agustín, si el amor es responsable, luego todo está justificado. Ese es el sentido de la frase.

D: Ya lo sé, pero yo lo leo a Agustín hoy y lo interpreto de otro modo. ¿Qué es un amor responsable? ¿Un amor que siga leyes, que cumpla con lo ordenado? Pobre amor aquel que surgiera de un mandamiento, ¿no?: "debes amar al otro". Si me enterase de que me aman por obligación, saldría corriendo. El matrimonio es una institución que busca domesticar el estado de ánimo más peligroso y más amenazante para todo orden: la prioridad del otro. En el matrimonio primero está uno, y los acuerdos buscan brindar tranquilidad y seguridad a uno mismo en relación con el otro. Pero el amor, si lo hubiere, es la prevalencia infinita del otro; y así toda institucionalización corroe su fuerzaoriginaria de entrega hacia el otro.

X: Está bien. Entiendo que en términos del derecho, el matrimonio es otra figura más, tratada con los mismos mecanismos de cualquier persona jurídica; pero entonces, ¿para vos el que se casa comienza un proceso de deterioro indetenible?

D: No, para nada, aunque claramente esa pareja tendría que estar trabajando permanentemente para que su vínculo no incurra en el devenir serializado de los matrimonios normalizados. Al fin de cuentas, no es muy diferente de las formas en que uno se relaciona con su trabajo, con sus amigos o con su vocación, por ejemplo. Se puede vivir burocratizado o se puede colocar la burocracia en su mejor lugar: como un medio y no como fin de nuestras prácticas. Y sin embargo, igualmente deberíamos seguir preguntando por la necesidad de institucionalizar el amor: ¿cuál es su potencial subversivo? ¿Por qué mejor tenerlo bajo control?

X: Puede ser porque invierte la tabla de valores de un orden cuyo principal objetivo es que todo funcione correctamente. El amor nos saca de nosotros mismos y así hace que todo tambalee. Demasiado vértigo para el ser humano...

D: Tal vez lo humano sea ese vértigo. Tal vez se trate de hacer del matrimonio un vértigo... .

¿Qué opinás de este tema? ¿Tenés posición tomada? También leé: Celebrities: quiénes se casan en 2018

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