revistaohlala.com

Empezar hoy mismo; "No seas espectadora de la vida, es tiempo de accionar"

 
 

Cuando duermo, suelo tener sueños intensos, locos y muy vívidos. En ellos, tengo la capacidad volar, nadar perdida en océanos inmensos, sentir el dolor de un golpe y la felicidad de un instante mágico. A veces, me resultan tan pero tan reales, que puedo levantarme de la cama, ver la ropa que dejé colgada en una silla, observarme dormir y atravesar paredes para salir a explorar el vecindario mientras todos descansan. En esas travesías, todo lo percibo y siento tal como si estuviera despierta.

Tan extraños y maravillosos somos los seres humanos, que tenemos la capacidad de entrar en esa otra dimensión de la vida para explorar sensaciones ocultas y descubrir sentimientos desconocidos. Y, casi siempre, esas historias que experimentamos en aquel mundo paralelo al real y tangible, se relacionan de forma directa con sucesos que nos tocan el alma.

Para lo que sigue, les dejo un tema de una artista increíble y que inspira a expresarse, en todos los sentidos:



Recuerdo cuando tenía unos 10 u 11 años. Por esos días, leía muchas fábulas e historias llenas de moralejas; las de Esopo o La Fontaine. Inevitablemente, los zorros, las ovejas, los lobos, los pescadores y esos árboles inalcanzables se colaban en mi descanso de la noche. Por aquella época, mi abuela me había regalado un reloj pintado a mano que decía en su idioma natal: "Al que madruga Dios lo ayuda" y mami me repetía cada tanto "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy."

No sé qué fue, de toda esa conjunción de mensajes sabios, lo que desató en mí un sueño que se repitió por varias noches:

En él me levantaba, como todas las mañanas, en la cama de mi cuarto infantil. Con calma y sensación de rutina, me acercaba hasta mi ventana para correr las cortinas y ver hacia afuera; hacia los árboles, el sol y la vida, que parecía palpitar en cada hoja y en el viento. Me sentía plena, muy plena. Pero de pronto, podía observar mi mano sobre la tela blanca y la veía plagada de arrugas. Entonces, desesperada, corría al espejo a observar mi reflejo; allí ya no era una niña, sino que estaba envejecida. ¿En qué momento habían pasado tantas mañanas y tantos años? ¿Por qué no había salido a ver y vivir la vida?, me preguntaba angustiada, justo antes de despertar.

Creo que después de un par de veces, se lo conté a mami. Ella me decía que las pesadillas hay que compartirlas para que no se repitan; siempre me funcionó.

Pero, a pesar de lo odioso que me resultaba aquel sueño, como las fábulas, éste me dejó una invaluable moraleja: no seas espectadora de la vida, salí a explorarla y vivirla porque el tiempo no da tregua. No quiero levantarme un día, verme viejita, y sentir que la vida se me pasó y que no hice nada por cumplir mis sueños.

Todo esto, estos recuerdos pasados, resurgieron en mí hace unos diez días. Estaba en mi oficina, con esa sensación incómoda de los últimos meses: la del ciclo cumplido, de querer cambiar, de animarme a transitar un camino nuevo. Y, ante mí, en la pantalla de mi computadora, podía leer el título de mi proyecto, mi ilusión, mi carta transformadora de realidades. "Tengo que accionar", pensé, "Tengo que seguir los pasos necesarios para que este proyecto se transforme en una posibilidad. Tal vez, no funcione, pero si no pruebo, jamás lo voy a descubrir."

 

Pero el miedo, compañero traicionero, empezó a susurrarme cual diablito al oído: "Estamos en noviembre, ¿no tiene más sentido lanzarse en febrero? ¿Con la energía de un año nuevo recién a estrenar?" "Shhhhh, es ahora", le repliqué a mis temores que, insistentes, volvieron al ataque: "Bueno, pero estamos a mitad de mes. Hagámoslo bien y esperemos al comienzo del próximo." "Shhhhhh, es ahora", contraataqué. "Bueno, pero es jueves. ¿Quién se lanza a algo nuevo un jueves? Esperemos al lunes." No, es ahora.

Es ahora, porque decir "empiezo el lunes", es dejar para mañana lo que podés hacer hoy. Es ponerte excusas, es dejar que tus miedos te ganen la pulseada. Porque todo ese discurso de los comienzos, ya sea el comienzo de la semana, del mes o del año, son tan sólo formalismos impuestos para ordenarnos, muy útiles para nuestra organización, pero, en ocasiones, grandes aliados de nuestros temores.

Ya sea que se trate de un emprendimiento, de ese animarnos a empezar a escribir, o a pintar, a cantar, a bailar, a planificar ese viaje que nos debemos; o de atrevernos a dejar lo que nos daña, como una pareja, un trabajo, un entorno opresivo; de lanzarse a expresar nuestros sentimientos de amor hacia esa persona que desconoce lo que nuestro corazón palpita.... para todo eso, los lunes, los comienzos de mes y los años nuevos, son puras excusas, estructuras tentadoras para nuestros miedos.

El único comienzo, es el de la primera bocanada de aire que damos en vida; el único final conocido, la muerte. Entre medio, podemos derribar los muros autoimpuestos y crear nuestros propios inicios, sin importar el tiempo y espacio, el invierno o el verano.

A lo largo de mi vida, tanto en temas de amor, como de carrera y proyectos, fui descubriendo que "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" es una de las frases más sencillas y difíciles de implementar. Complicado, porque hoy es hoy, no es otro instante, ni es reemplazable por lunes o 2018.

 

Ese jueves, diez días atrás, fui absolutamente consciente de esta dificultad que casi todos nosotros tenemos en vida, pero al recordar mi sueño de la infancia, mi reflejo envejecido y mi angustia en el alma, dejé de reemplazar hoy por una x. Ese hoy se transformó en un verdadero hoy y, con exquisita adrenalina, di el primer paso hacia la concreción de un nuevo desafío, hacia el comienzo de nueva ilusión.

Un noviembre, a mitad de mes, y a mitad de semana.

No sé lo que me espera por aquel camino, pero no me voy a quedar con la intriga.

Sé que ahí, del otro lado de la pantalla, están ustedes, deseosos por emprender algo que puede comenzar hoy mismo: clickear el botón que los haga poseedores de ese pasaje a un viaje diferente y nuevo, animarse contarle a alguien que los puede ayudar, acerca de esa idea que tienen y quieren emprender; decirle a esa pareja que sostienen sin amor, que no va más; confesarle a esa persona especial en sus vidas, que la aman... Sí, los anhelos que pueden concretartarse son tantos. Es tiempo de actuar. Y los desafío a que lo hagan exactamente hoy.

La vida no puede esperar. ¿Se animan?

Beso,

Cari

Compartilo
 
 
Notas más leídas
Revista Ohlala