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Sobre el autoboicot y el miedo al amor

 
 

Los últimos días fueron intensos, muy intensos.

A veces, no sé qué hacer con tanta intensidad. Es como si mi corazón estuviera sin resguardo, expuesto y listo para recibir todo sin filtro; el tacto y la dulzura se sienten sublimes y el amor encuentra la manera de hacerse camino hacia esos rincones extraños de mi ser y logra despertarlos a su existencia ignorada. Pero de la misma manera, las palabras ásperas o las miradas de hielo se sienten como pequeñas dagas mortales; entonces todo duele, lastima y sangra de angustia.

Con el corazón así, dispuesto a absorber vida, franqueable y vulnerable a todos los estímulos posibles, la estabilidad de mis emociones por momentos desborda y se aleja de mi mar de la tranquilidad. Y, entonces, emerge el miedo y trae equipaje; lleva cubitos fríos para congelar el corazón y leña para echarlo al fuego ya encendido en él.

Porque eso es lo que hace el miedo conmigo a veces, me presenta esas dos opciones: poner paños helados en los sentimientos para adormecer las sensaciones o avivar la llama de la intensidad para así seguir acrecentando todo el sentir, bueno y malo. En mí, está elegir qué tomar de esa oferta que me propone.

Como aprendí que ya no quiero vivir con un corazón congelado porque no quiero estar muerta en vida, tomo la leña; pero entonces, noto que las emociones desbordan en demasía, incendian mi racionalidad y todo, pero todo, corre el riesgo de explotar.

Ahí, es cuando me doy cuenta de que no tengo que obedecer y tomar entre esas propuestas que ofrecen mis miedos, sino que tengo que encontrar una tercera opción. Porque la intención de mis temores, para un lado o para el otro, siempre es el autoboicot. Y lo último que quiero hacer hoy en la vida, es minarme el camino recorrido.

En el trabajo, y con mis deseos de abrir las alas y volar hacia otros horizontes, siento que - sin querer - estoy echando cierta leña para generar un colapso que me fuerce una decisión final. Pero sería la mayor de las torpezas, porque estoy muy cerca de acariciar mis metas y, eso, me las podría alejar de un plumazo. De nuevo el maldito autoboicot. El maldito miedo a ser feliz.

Para lo que sigue, les dejo este tema. Imperdible. Es de una de las bandas más emocionales que escuché en mi vida. Me hace sentir al extremo en todos los sentidos:



Pero más vulnerable me pongo en el amor.

Hace poco terminé de leer Un mundo feliz. Allí, queda en claro que la fórmula para una sociedad estable, sin guerras, locuras y desequilibrios mentales, es anular las pasiones y controlar las emociones. Es nuestra extrema emocionalidad, la que nos lleva a la ceguera en nuestras acciones y, por ello, si la tenemos bajo control y sistematizada, todos podemos vivir una vida en confortable tranquilidad. Las consecuencias "sólo" son que jamás nadie sufrirá, pero jamás nadie amará.

"Si te digo que viviendo en una sociedad donde las emociones están controladas, tu corazón jamás dolerá, no verás guerras, no verás niños morir de hambre, no envejecerás mal, no sufrirás por amor, no verás a los humanos enfrentarse por la codicia y por el romance, por la ceguera del poder.... Entre todo ese sufrimiento y la posibilidad de vivir una vida de bienestar constante... ¿Qué elegirías?" "Si tengo que abandonar el amor, elegiría todo el sufrimiento. Todo completo", le contesta el Salvaje al Director.

¿Qué elegirías?

Seamos sinceros, no estamos tan lejos de adormecernos. Entre la tecnología, las desilusiones y los desgarros que ofrece el mundo, estamos sendándonos. Le tenemos miedo al amor. Le echamos hielo o leña para colapsarlo y volver a la atractiva calma de la soledad, sin pena ni emoción.

Casualmente, días después de terminar Un mundo feliz, me encontré con una conocida frase de Mario Vargas Llosa que dice:

"Nunca digas que amas a alguien si nunca has visto su ira, sus malos hábitos, sus creencias absurdas y sus contradicciones, Todos pueden amar una puesta del sol y la alegría, solo algunos son capaces de amar el caos y la decadencia."

 
Foto: ukpost.com

Sí, creo que definitivamente estamos en una sociedad de hombres y mujeres en donde apenas logramos tolerar las propias iras, malos hábitos y contradicciones como para lidiar con las locuras ajenas. Pero me pregunto, ¿cuánto puede amar realmente alguien que sólo se queda con la alegría y la belleza? ¿Ama de verdad?

Pero tampoco creo que haya que amar el caos y la decadencia de la persona que elegimos para compartir la vida. No. Creo que se trata de amarla aun en su caos o decadencia.

Simplemente, cuando vemos todo lo hermoso y todo lo imperfecto del ser amado, podemos elegir qué tiene más peso. Y si decidimos que son sus virtudes y todo lo bello de su persona lo que sobresale y prevalece, entonces podremos optar por regarlo, nutrirlo y fortalecerlo. No incendiarlo. Porque destacar las miserias del ser amado y echarles fuego, es el camino más rápido y seguro hacia autoboicot y el fin del amor.

Tal vez, tan solo se trate de aceptar que somos seres emocionales e imperfectos; personas que, a veces, decimos cosas que no sentimos y que tenemos nuestros miedos irracionales y tontos; se trate de darnos cuenta de que para todos es difícil dar saltos de fe hacia nuevas sensaciones y experiencias; y tal vez, sea hora de que veamos que tenemos una tercera opción para apaciguar los miedos propios y de la persona que amamos. No se trata ni de congelarnos, ni incendiarnos. Se trata de confiar en que detrás de los miedos y las tormentas, habita lo bello.

 
Foto: dokan.com

Y me da la sensación de que esa tercera opción a la que debemos recurrir cuando las emociones se vuelven demasiado intensas y los miedos nos ganan, es hablar, expresarnos, por más ridículos que nos parezcan nuestros temores. Eso demuestra que no queremos que nada se adormezca ni que nada explote. Demuestra que lo único que queremos, es amar.

Estoy segura de que si somos seres que nos animamos al amor, sabremos ver más allá de nuestras falencias y nos ayudaremos a destacar nuestras virtudes. Y en esa travesía, de a poco, le perderemos el miedo a la intensidad propia de la vida, aprenderemos a abrazarla en todas sus formas y a nutrir de mejor manera lo bello y, de ese modo, serenar lo denso.

Eso sí, todo este abrazar nuestra condición humana, sé que debe estar en el marco del respeto y el amor propio. Porque para perder el miedo a amar, primero hay que perder el miedo a amarse a uno mismo.

Sin dudas, nos elijo emocionales. Prefiero eso, antes que adormecernos y perder la capacidad del amor.

Ustedes, ¿también sienten que se autoboicotean cuando el amor u otros sentimientos se vuelven "demasiado intensos"? Si les ofrecieran bienestar constante para siempre a cambio de no amar, ¿qué elegirían?

Beso,

Cari

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