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Vico D'Alessandro: "Le veo el lado positivo a tocar fondo"

A los 33, reconoce que es más responsable en sus relaciones, que pasó de ser un bardo a un pibe ordenado y que adora ser anfitrión. Un verdadero golpe al corazón...

Por María Soledad Cotelo | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Foto: Gisela Filc. Producción de Natalia Señorales

En Golpe al corazón sos radiólogo. ¿Investigaste sobre ese mundo?

Soy muy disciplinado. Para este personaje leí sobre radiología y fui a dos hospitales a ver cómo trabajaban los residentes, cómo se colocan las máquinas o se saca una placa. Son detalles que terminan de cocer algo que tiene que salir a punto. Es también un personaje que tiene una gran crisis emocional, que busca su identidad.

Si se trata de crisis emocionales, más que salir, tenés que buscar en tu interior, ¿no?

Claro. Pasé, como todos, por crisis o quiebres emocionales que me marcaron. El primero fue la muerte de una de mis tías. Hay cosas que no esperás pero te vienen a buscar y ahí tenés que ver cómo las encarás. En otro extremo, los viajes también me marcaron. Tuve la oportunidad de irme a Inglaterra cuando tenía 17 o 18 años. Me quedé solo por tres meses, jugando a la pelota y yirando por ahí, pensando qué hacer con mi vida. Estar con uno mismo ayuda a dejar que te pasen cosas y a entender qué querés hacer.

¿En ese momento jugabas al fútbol?

No sé si profesionalmente, pero pasé por Atlanta, Argentinos Juniors, Vélez. Después dejé. No puse lo que había que ponerle. También fue una crisis. Imaginate que fueron años de entrenar todos los días y de soñar con jugar a la pelota. Pero en el deporte en particular, si no apretás el acelerador, la oportunidad se va y no vuelve. Creo que si uno no toma decisiones, la vida se encarga de tomarlas por uno. Y me fue apareciendo todo lo actoral, me llegaba cada vez más laburo y entendí que era por ahí. Igual, nunca pensé que la actuación iba a ser mi sustento.

Y estudiaste Derecho, ¿por mandato o por miedo a no conseguir trabajo como actor?

Un poco y un poco. Mi viejo también es actor y vi sus subidas y bajadas, y yo quería tener una carrera porque te forma e instruye mucho. No hice el título ni me asocié al Colegio de Abogados. No te voy a decir que me era fácil, pero no me cuesta estudiar y me gusta mucho leer.

¿Cuándo te enamoraste por primera vez?

Cuando estaba en la facultad tuve mi primera novia y fue una locura. Estaba de vacaciones en Brasil con amigos y pensando en ella. No lo podía entender porque nunca me había pasado. Todos de joda y yo me iba a la cabaña, a mandarme mensajes con ella. Para los otros pibes era un boludazo. Conocés mil minas y no te pasa nada, pero cuando menos lo pensás, te enganchás y eso no lo podés controlar ni disimular. Fue uno de los amores más reales que tuve. Fue extrañar, desear, pasar muchas cosas juntos. Tenía 21, 22 años... Me pierdo con las edades, ya estoy viejo.

¡Pasa rápido, el tiempo!

Todo pasa rápido. Pero más allá de los años, es también la vorágine en que estamos metidos. No paramos, te tiran por la cabeza un cartel de un recital que se viene en marzo aunque estamos en octubre y te venden que es algo que no te podés perder. Tenés que consumir todo rápido como si fuera comida chatarra.

¿Y cómo parás?

Les doy bola a los momentos que me hacen sentir vivo. Cuando llorás de emoción después de una función o cuando terminás una relación amorosa. La alegría te levanta, pero los golpes te despiertan si estás medio dormido. Le veo el lado positivo a tocar fondo, a ese forcejeo interno. Son momentos necesarios para no perderse.

¿Qué cambiaste entre los 20 y los 30 años?

Me volví muy ordenado -cuando era chico era un bardo- y aprendí a ser anfitrión. Me encanta que mi casa sea el lugar para ver un partido de fútbol o hacer un asado. También aprendí que si hoy a la noche me la doy en la nuca, mañana voy a ser un Muppet frente a la cámara. Soy más responsable porque si no, no la puedo pilotear.

¿Y en tus relaciones?

Yo siempre fui despacio y tiene un poco que ver con mi energía. Soy de Tauro y alcanzo las cosas de forma más lenta. Pero últimamente estoy muy metido en mi trabajo. Una pareja necesita tiempo y yo no puedo ser egoísta. Estoy sin compromisos, pero conozco gente, salgo... ¡No con 20 a la vez!

Cada uno hace lo que quiere...

Sí, no hay nada que esté bien o mal mientras se respete al otro. Pero otra de las cosas que cambiás a los 30 es que te volvés responsable en las relaciones, cuidás a la otra persona y no le hacés perder tiempo. Cuando uno es pendejo, tiene sus errores, se manda boludeces, se queda perdido con alguien y no avanza. Es una responsabilidad compartir la vida con alguien y es lo más lindo que hay. Soy un hombre familiero y sé que voy a tener mi familia, mis hijos. En un momento me van agarrar las ganas y me va a pasar.

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