revistaohlala.com

Natalia Kiako: "Cocinar es un juego que involucra todos los sentidos"

 
 

Hasta sus dos años me parecía fácil que Julieta coma saludable. Como ya les conté en varias oportunidades, su llegada hizo que toda la familia empiece a comer mejor. Hubo un momento donde yo hacía leches vegetales, postrecitos caseros, casi no se comían procesados y las golosinas, snacks y gaseosas estaban prácticamente vetadas. Con Fer siempre tuvimos la política de que en casa se coma sano y afuera relajarnos un poco más.

Pero este año empezaron los cumpleaños, las salidas, hicimos varios viajes y todo se modificó. ¿Vieron que cuando comemos muchas harinas nos dan ganas de comer más? Yo noté que a Julieta le pasaba lo mismo con las golosinas. Después de ir a tres cumpleaños donde había chupetines me pedía de las mil maneras que paremos en un kiosco a comprar más. De vacaciones la dejamos comer bastantes papas fritas y cuando llegamos se puso a llorar en el supermercado porque sólo le dejamos comprar una bolsa chiquitita y no diez como ella quería.

De a poco estamos volviendo a la rutina, a cocinar sanito y evitar las grasas malas y el exceso de harinas blancas. Uno de mis aliados en la cocina es el libro Cómo como de Natalia Kiako. Ella tiene un blog muy hermoso con muchas recetas fáciles y ricas para compartir en familia.

Esta semana le hice una entrevista larga y tendida (ármense de paciencia que les prometo que vale la pena cada respuesta) sobre alimentación en general pero con un fuerte eje en los chicos.

¡Ojalá la disfruten tanto como yo!

 
Natalia Kiako y su hija Julia, sacando fotos para la tapa del libro Cómo como. Foto: Xavier Martin. 

-¿Cuándo empezaste a interesarte por la comida saludable?

-Venía de una adolescencia de comer contando calorías y con dietas que nunca funcionaban. En mi libro digo que me considero una ex chica light. Comía productos extra procesados pero con la etiqueta verde o pasaba muchas horas sin comer. Me sentía mal, no me veía como quería y encima sufría mucho. No disfrutaba el comer y eso que mi infancia había sido privilegiada en ese sentido. Vengo de una familia de inmigrantes, donde se cocinaba con mucho amor, pero también con mucha crema y panceta y con esa filosofía de "cuanto más mejor". Hace unos años, con mi pareja visitamos a un médico macrobiótico por problemas de salud de él y nos encontramos con una persona que entendía la alimentación de otra manera. A partir de ahí giramos 180 grados y empezamos a vincularnos con la comida desde otro lado.

-Sos autodidacta, ¿Por dónde arrancaste?

-Hasta ese momento yo casi no cocinaba, porque como comía "light" compraba todo hecho. La comida macrobiótica demanda que uno cocine. Aprendí a cocinar bien los cereales y a comer legumbres. No me atraía hacer cursos, sino leer online e ir experimentando. En un momento, la cocina macrobiótica perdió protagonismo en mi vida pero el impulso siguió. Hay algo de los cinco sentidos y de poner las manos en la masa que me encanta. Yo soy bastante mental, intelectual, y toda esta vivencia me dio un equilibrio enorme. Cocinar me conecta con cosas muy primarias.

-¿Cómo cambio la alimentación familiar con la llegada de Julia?

-Como ya comíamos de una forma muy consciente no cambió tanto. Sí nos dio más rutinas, empezamos a establecer horarios, a planificar y a tener cosas listas. Julia siempre comió muy parecido a nosotros. Ahora que está más grande y va a cumplir tres años sus preferencias también dictan el menú y las compras que hacemos. Sus gustos son tan importantes como los nuestros.

-¿Cómo fue su primera comida? ¿Papilla, trozos?, ¿Qué comió?

-Fue una pera. Después de desesperarse muchas semanas por comer lo que nosotros comíamos y querer manotear todo le dimos permiso. Le dio sorpresa, desconcierto e impresión y no comió casi nada. Después me enteré que es muy común eso. Creo que al día siguiente fue una zanahoria al vapor y ya desde ese día comió. Siempre tuvo una relación hermosa con los alimentos. Le hemos dado trozos, papilla y sopas. Siempre le dimos alimentos lo más naturales posibles. Nunca fui obsesiva del Baby-led Weaning pero me parece que tiene muchas cosas interesantes.

 
Bollitos de mijo. Foto: Natalia Kiako. 

-¿Cómo debería ser la alimentación de los chicos?

-Lo más importante es darles soberanía alimentaria, que es un concepto que está muy de moda entre los grandes pero que no se aplica con toda la honestidad que necesita en los chicos. Hay que formar chicos con criterio, paladar y experiencias alimentarias diversas y ricas para que luego, cuando tengan que tomar sus propias decisiones, tengan con qué. Soberanía alimentaria no es tiranía.

-¿Es lo mismo incorporar verduras cocidas o crudas?

-No, no es lo mismo. Las frutas y las verduras crudas tienen más nutrientes, pero las cocidas bien hechas (al vapor o con agua, pero consumiendo el caldo después) tienen un montón de propiedades buenísimas. Son muy digestivas y a veces son mejor bienvenidas. Está bueno incorporar las dos cosas.

-¿Cuál es la importancia de sumar semillas? ¿Desde qué edad las recomendás?

-Las semillas tienen un montón de nutrientes, son espectaculares. Son una pequeña explosión de sabor, textura y nutrición. Yo no voy a decir desde qué edad se pueden consumir porque no soy nutricionista ni pediatra, pero sí me parece que la cuestión de la masticación es importante; entonces, cuando son chicos, está bueno incorporarlas en forma de arenas, polvitos o cremas. Son grandes aliados en la cocina, pero tampoco es la única forma de incorporar grasas saludables y nutrientes. Los cereales y las semillas son hermanos y los cereales son más livianos y más fáciles de incorporar por los más chiquitos.

-¿Las harinas blancas tienen algún tipo de aporte nutricional? ¿Cómo podemos reemplazarlas?

-Están despojadas de prácticamente todo su valor nutricional. Tienen muchísimos menos nutrientes que las harinas integrales o que los cereales enteros y tienen la misma cantidad de calorías. Yo intento no consumirlas. Además, tienen un pico de glucosa mucho más pronunciado. La glucosa nos da una satisfacción mayor y por eso queremos comer más pero después de ese pico viene un bajón de ese azúcar en sangre y por eso a los diabéticos les caen tan mal. No cocino con harinas blancas pero sí me doy gustos.

 
Foto: Luciano Dyzenchauz. 

-Pensar almuerzos y cenas suele ser más fácil que planificar desayunos y meriendas, ¿Qué sugerís para esos momentos?

-Las frutas y los frutos secos son grandes aliados. La crema de avena es deliciosa (hay que dejar la avena remojando en agua o leche vegetal y cocinar a la mañana siguiente. Después se le puede agregar miel, frutas, azúcar integral, cualquier cosa). Es un alimento que a Julia le encanta para desayunar. No restrinjamos la merienda o el desayuno a lo que tenemos preconcebido que se come en ese momento. No tienen por qué ser dulces o panificados. Podemos pensar otras cosas como fainá, trocitos de batata con queso o mijo con calabaza y aceite.

-Si no es agua, ¿qué otras bebidas podemos darles?

-Yo intento que nos saquemos la sed con agua y si queremos darnos un gusto cuando salimos o en alguna ocasión buenísimo. A Julia le gusta mucho el jugo de naranja, pero podría ser cualquier jugo natural o incluso rebajado en agua. Las leches vegetales también son muy ricas. Otro prejuicio es pensar que los chicos al terminar la lactancia necesitan tomar leche. Los chicos no necesitan lácteos en general. No tengamos miedo si un chico no quiere leche, no hay necesidad de reemplazarla.

-¿Y en invierno qué podemos sumar, si no es mate o te que no suelen recomendarse en chicos?

-Tomar algo calentito es reconfortante. Puede ser una sopa o agua tibia con limón. Igual, lo que nos hace salir calentitos a la calle no es la bebida caliente que tomamos, sino, haber ingerido algo que nos llene y nos de calorías y energía. Algo que tenga nutrientes y grasas saludables.

-¿Cómo podemos hacer para que los chicos elijan opciones saludables cuando están fuera de casa?

-Volviendo a la soberanía alimentaria creo que esto tiene que ver con educarlos y hacer con ellos una alimentación honesta, donde todos comamos saludable en casa. Si seguimos comiendo panchos y queremos que ellos coman brócoli vamos mal. Eso no quiere decir que no se tienten. A Julia le gustan los helados, los tostados y capaz algún día si sale con su abuela come una medialuna, pero el resto de las veces intentamos elegir opciones saludables.

-¿Tenés alguna receta comodín que hagas en dos minutos y siempre guste?

-Batatas al natural -al vapor con sal y oliva- palta con queso, arroz con cremita -mayonesa vegetal de remolacha o zanhaoria-, fainá -tan fácil como mezclar la harina con agua y condimentarla-, hay varias.

-¿Cómo podemos organizar las compras o el menú semanal?

-A mi me ayuda a pensar en los grupos de alimentos y tener siempre en la heladera algún alimento de cada grupo: cereales (integrales y en lo posible enteros), legumbres o tofu (alguna proteína de origen vegetal), frutas y verduras (traer lo que está rico y barato en la verdulería) y proteínas animales (huevo, pollo, pescado o carne). Este último grupo se puede omitir y de todas formas tener una alimentación completa. Yo cada día preparo un alimento de un grupo distinto. Ese día, el alimento se come calentitos y recién hecho y los otros días lo reciclo. De esta forma siempre tengo algo fresco y le sumo algo que ya tengo en la heladera y cociné otro día.

-¿Julia se involucra en la cocina? ¿Le das tareas?

-Si. Le gusta mucho. Es algo que está en el corazón de nuestra casa y ella se empapa de eso. Por otro lado, me parece fundamental que se involucren para formar soberanos alimentarios. Que conecten con el alimento y sepan todo lo que le pasa hasta llegar a la mesa está buenísimo. Que Julia participe de las compras y de cocinar me parece que es algo que la enriquece como persona y como comensal. Cocinar es un juego que involucra todos los sentidos y a ella le encanta. Ahora que es más grande revuelve, bate y salpimienta.

 
Una de las últimas recetas que subió al blog Foto: Natalia Kiako. 

-¿Cuáles son las recetas que mejor funcionaron en todos estos años del blog?

-Hay muchas recetas que funcionaron muy bien. El hit fueron unas galletitas sin gluten ni harina, de almendra, coco y manzana. Los bollitos de mijo que son un clásico mío de la época macrobiótica también gustaron mucho. Y de las cosas dulces el chocolate casero y los budines -en especial el de banana y el de zanahoria - son muy elogiados porque son fáciles y salen siempre bien.

¡Nos encontramos el próximo viernes! Las espero en Instagram y en Facebook

¡Buen fin de semana!

Debbie

Compartilo
 
 
Notas más leídas
Revista Ohlala