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Comodoro Rivadavia, del petróleo al pantano

Por Karina Ocampo | Para Revista OHLALÁ!

 
 

En la tarde del miércoles 29 de marzo comenzó a llover. Aunque los comodorenses estaban advertidos por el servicio meteorológico y esperaban la lluvia para el día siguiente en esa zona seca de la meseta patagónica, el temporal los agarró por sorpresa. De repente las calles se convirtieron en ríos de lodo que fluyeron con fuerza y arrastraron a su paso ramas, basura, y autos con personas adentro.

Si uno busca información sobre el clima de Comodoro Rivadavia, dice que "los inviernos son suaves con ocasionales nevadas y durante el verano se puede disfrutar de las playas. Los vientos del cuadrante oeste son secos pero templados. El clima de la ciudad es árido". Y si uno habla con alguno de sus habitantes, cuentan que el pueblo creció y multiplicó su población con el descubrimiento del petróleo a principios del siglo XX. Que la creación de YPF le dio su identidad y muchos argentinos se sintieron atraídos por ese lugar del sur que prometía dinero si se trabajaba fuerte en la industria. Por eso el lugar común es el desarraigo, no hay un origen compartido. Miles de norteños llegaron con la promesa de crecimiento económico y también viajaron de los países limítrofes, unos fueron por un tiempo y otros se quedaron y formaron familia. Tal vez eso explique porqué de sus casi ciento ochenta mil habitantes, gran parte es menor de 30 años, según el último censo de 2010.

El ritmo de la ciudad lo marca el destino del petróleo, su privatización en los 90' provocó una crisis en el empleo, un manchón en la historia, un antes y un después. En los últimos años, la desigualdad se encuentra entre los que compran camionetas último modelo como si fuera ropa, y pueden pagar el alto costo de vida en la región, y los que no viven del petróleo pero deben pagar los servicios y el consumo con el mismo precio elevado. Creció la pobreza, los barrios precarios y asentamientos. Comodoro, además del petróleo, se hizo conocida por su criminalidad, un alto porcentaje de homicidios y violaciones, una llamativa cantidad de denuncias sobre trata de personas. Según un artículo de Maristella Svampa de 2014, las las asimetrías salariales estaban directamente vinculadas a este modelo extractivista de "maldesarrollo".

En ese contexto, la lluvia. Y lo que podría haber sido una bendición, se transformó en todo lo contrario. Las imágenes aparecieron en todos los noticieros y en los diarios, no es necesaria la descripción de la catástrofe. Solo quienes lo vivieron, pueden saber lo que se siente ver cómo el agua avanza sobre las casas en medio de la oscuridad. No se puede hacer más que rezar, abrazarse a los seres queridos, subir al techo y rogar que pare de llover.

243 milímetros en 36 horas, lo que puede caer en todo un año, concentrado en un tiempo de pesadilla. El periodista Pablo Riffo Torres relata el horror día por día.

Desde Puerto Madryn, charlamos con los colegas de la ciudad, supimos de las acciones conjuntas del gobierno provincial, y también nacional, para reconstruir todo lo perdido, las donaciones que llegaron, los supermercados que se aprovecharon de la situación para remarcar los precios y hasta algún caso de robos de alimentos donados. Como contrapartida, la solidaridad también desbordó desde todos los rincones del país. Y mientras las tareas de limpieza y rescate continuaban, una semana después, las lluvias complicaban todavía más la posibilidad de avanzar. Nos enteramos de que un hombre había sido arrastrado por la corriente y perdió la vida, la única víctima fatal. De zona de emergencia, el 6 de abril pasó a ser considerada zona de catástrofe.

Ahora toca hacer el balance, y el panorama es desolador.

Ayer, para radio Brava, hablé con una periodista de la zona, Virginia Navarro que me contó que la situación comienza a mejorar de a poco. De los tres mil evacuados en centros habilitados para los damnificados, quedan cerca de setecientos, distribuidos en seis centros, a los que llegan las provisiones, de manera más sencilla y concentrada.

De a poco se reactivan algunas actividades, se abastecen los supermercados, y se planifica retomar las clases la próxima semana. La ayuda que arriba por avión, por camiones y por barco, también llega con personal de la salud, especializado en epidemiología, que va a tratar las enfermedades que es probable que aparezcan con la acumulación de agua y la dificultad para potabilizarla, como gastroenteritis, hepatitis, gripe y bronqueolitis.

Un gran problema es que la tierra arcillosa de la región del Cerro Chenque no absorbe el agua. La periodista fueguina, Victoria De Masi, en su cuenta de twitter recuerda que el 18 de febrero de 2010 hubo una avalancha en el cerro, con tres muertos por el alud y mil viviendas afectadas. El problema es que el barro se desliza y se acumula, por eso en algunos barrios todavía es imposible ingresar, ya que se formó un pantano en donde los vehículos parecen juguetes torpes que se quedan trabados.

La vida continuará, los caminos serán reparados, se volverán a construir otras casas, el trabajo promete ser durísimo y a largo plazo. Los daños psicológicos de los que sufrieron la tragedia, con asistencia, también tardarán en sanar.

 
El panorama después de la tragedia..  Foto: Ricardo Pristupluk

Más fotos del antes y el después, en este link.

Lo que pasó en Comodoro, los 350 mm de agua caída, se repite en otras ciudades y provincias, con distintos niveles de gravedad. No hay casualidad en los desastres climáticos, la forma en la que nos apropiamos de los recursos tiene consecuencias, son nuestras acciones las que se vuelven en contra. Pero si la naturaleza nos da una nueva oportunidad, ¿volveremos a cometer los mismos errores?

Me encuentran en kariuenverde@gmail.com o Kariu en Verde

Abrazo.

Kariu

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