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Pensate fuera de caja

Celebramos estos 9 años juntas asomándonos al enorme desafío de imaginar lo nuevo

Por María Eugenia Castagnino | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Foto: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez. Producción de Virginia Gandola.

Nueve puntos alineados formando un cuadrado. Esto podría ser el diagrama de las velitas de nuestra torta de cumpleaños ohlalera, pero no. Lo que es seguro es que no es el inicio convencional de una nota. Y sí, de esto se trata: de salir de lo conocido. De buscar formas nuevas, de pensarnos desde otro lugar, de entusiasmarnos con lo nuevo, de innovar. Así que estos nueve puntos son una invitación a que vos también lo hagas, resolviendo uno de los ejercicios básicos de lo que se conoce -en el mundo de la creatividad- como el "thinking out of the box". El objetivo es que unas estos puntos usando solo cuatro líneas rectas sin levantar el lápiz del papel y sin dibujar la misma línea más de una vez. La idea es que empieces a entrenar tu mente en esto de romper límites e imaginar lo nuevo, creando desde el "no me sale", "no puedo" o "no sé cómo ni por dónde arrancar".

 

¿Y por qué hoy en OHLALÁ! hablamos de esto? Porque sentimos que es un proceso muy cercano, porque en estos nueve años lo vivimos muchas veces: con el número 1, saliendo al mercado de las revistas femeninas, rompimos un molde e inventamos algo que no había hasta ese momento, leyendo las necesidades de nuestras potenciales lectoras. También lo hicimos todas las veces que nos rediseñamos, cuando ya sentíamos que se había agotado una forma de pensar y de expresarnos, cuando había que repensar a qué mujer le estábamos hablando. Y porque hoy nos toca de nuevo: desde hace un tiempo, OHLALÁ! ya no es solamente una revista en papel sino que se vuelve un universo complejo con tantas aristas que requiere de nosotras una gimnasia extra; hoy diseñamos eventos, craneamos libros, soñamos experiencias y hasta nos animamos al lenguaje audiovisual. Todo eso para nosotras fue un gran ejercicio de "pensarnos fuera de la caja". Seguro te pasó: ¿cuántas veces sentiste que estabas para más? ¿O cuántas otras fueron la vida o el contexto los que te "empujaron" a entregarte a nuevos escenarios? Ya lo viviste: cuando terminaste una carrera y te lanzaste al mercado laboral, cuando elegiste tu vocación, cuando te mudaste sola por primera vez, cuando tuviste un ascenso en tu trabajo, cuando diste a luz a un hijo o cuando elegiste convivir con una pareja. La "caja" se expande, se trasciende y toma dimensión en el vértigo que trae lo nuevo, en el shock que nos provoca pensar el futuro.

Abismo vs. colina

Salir (y pensarte) fuera de la caja es parecido a caminar cerca de un precipicio. ¿Viste que si mirás de lejos un precipicio podés ver un salto al vacío que te paraliza, pero si te animás a acercarte y a bajar un poco la vista, te das cuenta de que hay un camino posible, un desnivel del terreno que es totalmente transitable y que allá abajo hay un paisaje increíble? Por eso, a veces es una cuestión de punto de vista lo que hace la diferencia. ¿Desde dónde vamos a enfrentar lo nuevo? ¿Con qué perspectiva queremos abordarlo? Una de las claves para transitar esta sensación es mantener siempre activa tu "mentalidad de aprendiz"; tener presupuestado en tu mente que todo va a ser nuevo y entonces, con humildad y una actitud receptiva, ir suavizando tu adaptación. Sabelo de antemano: van a aparecer el miedo (a fracasar, a no poder, a no estar a la altura de los nuevos escenarios), inseguridades e incertidumbres ("¿cómo va a ser lo nuevo?", "¿qué decisiones voy a tener que tomar?", "¿cómo me voy a sentir?", "¿qué va a pasar si me equivoco?"), pero aceptalos y entendelos como mecanismos para cuidarte. Sabé que no son los malos de la película, sino que, de alguna forma, todas esas búsquedas, preguntas y pequeñas incomodidades también fueron ese trampolín que están posibilitando que hoy estés ahí. El miedo está OK, lo importante es que no se te ponga enfrente para frenarte o armarte un "precipicio", sino que pueda acompañarte en silencio pero vigilante, para notar los "cuidados" del trayecto y así iniciar la búsqueda.

 
Foto: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez. Producción de Virginia Gandola.

¿Por dónde empezar?

De adentro hacia afuera: matate a preguntas; podrías empezar con: ¿qué cosas ya te aburren hoy?, ¿qué situaciones o pensamientos sentís que querés dejar atrás?, ¿qué sensaciones percibís que no te dejan salir de tu zona de confort?, ¿cómo te querés sentir en el futuro?, ¿sabés qué recursos y talentos tenés para explotar que están buscando pista?, ¿en qué escenario -laboral, personal, social- estás? y, finalmente, ¿qué estarías dispuesta a hacer para cambiarlo?, porque esto mide cuánto realmente te molesta esta caja (o molde) actual. En su libro Inspiración extrema, el experto en innovación Diego Pasjalidis da un ejercicio para indagar en los posibles "nortes" de nuestra búsqueda creativa:

1) Escribí tu visión ideal del mundo en no más de 25 palabras, en tiempo presente. Para empezar, usá frases como "Un mundo donde..." o "Un mundo en el cual..." y a partir de ahí escribí cómo querés que sea el mundo, como si fuera hoy mismo. Siempre escribí en forma positiva (no vale decir, por ejemplo, "un mundo en donde NO exista la violencia", sino "un mundo en donde exista la paz").

2) Escribí las 20 características que más te gustan de vos en forma de sustantivos: "inteligencia", "diversión", "sinceridad" o lo que se te ocurra.

3) De la lista anterior, elegí las 5 de las que estés más orgullosa.

4) Escribí las 20 maneras en que disfrutás expresando las 5 características del punto 3. Hacelo en forma de verbos en infinitivo; por ejemplo: ¿con qué verbos expresás tu "diversión"? Quizá sea con hablar, jugar, cantar y/o bailar. Repetí el proceso con las 5 características.

5) De la lista del punto 4, elegí solo las 5 acciones que más te gusta hacer.

6) Ahora podés armar tu propósito de vida, para ver hacia dónde apuntar los cañones de la creatividad. Formulalo así: "El propósito de mi vida es usar mi (lista de los 5 sustantivos del punto 3) para (lista de los 5 verbos del punto 5) y así lograr (oración del punto 1)".

De afuera hacia adentro: ya con certezas internas, abrite para empaparte de otras voces; por lo general, cuando estamos con ganas de salir de la caja, hay personas a tu alrededor que seguro pueden "leerte" mejor que vos misma. Esas son personas para escuchar, para ver lo que tienen para decirte sobre vos y tus talentos. Otro ejercicio es pensar y anotar: ¿quiénes son tus interlocutores válidos hoy?, ¿quiénes son tus inspiraciones o tus musas?, ¿qué admirás de cada uno de ellos?

ponerlo en práctica

Prestá atención a lo azaroso: ¿cuántas miles de innovaciones fueron posibles por un golpe de suerte o una señal a la que alguien supo prestarle atención? Sin ir más lejos, el descubrimiento de la penicilina en 1928 por Alexander Fleming fue azaroso, cuando el científico observó unos hongos especiales que habían crecido en su desordenado laboratorio. No hace falta que seas Fleming, pero en tu cotidiano vas a tener que estar más atenta que nunca a tus sueños, intuiciones, encuentros casuales con objetos y personas como una fuente de sugerencias o guías a la hora de crear. No los dejes pasar desapercibidos: anotalos, tené un lugar donde volcarlos cuando sucedan.

Buscá nuevos interlocutores: para reactivar tu chispa creativa, buscá personas muy distintas a vos: por ejemplo, ¿cómo sería charlar un rato con un monje budista o con una persona de 102 años? O intentá entrar en contacto con alguien que admires mucho: el escritor del último libro que te voló la cabeza, el músico que te pone la piel de gallina con sus temas o alguien que ya haya hecho lo que vos estás soñando ahora. No te pongas límites; hoy, en la aldea global, nadie es inalcanzable.

Deshacé viejos hábitos instalados: lo nuevo también se gesta en los pequeños actos de todos los días. Por ejemplo, ¿qué pasa si te obligás durante una semana a cambiar el camino que agarrás para ir al trabajo? Proponete inventar todos los días una ruta nueva. Vas a ver la cantidad de descubrimientos que se van a producir en tu percepción, como si tu mente saliera del "piloto automático".

Cambiá el punto de vista: imaginate cómo vería tu propia situación otra persona, especialmente alguien a quien consideres muy innovador. Por ejemplo, pensá: "¿Cómo miraría esto Lady Gaga?, ¿y un chico de 5 años?". Incluso, si en tu círculo hay niños, podrías preguntarles y sacar conclusiones de lo que te digan.

No le aflojes a la curiosidad: todas fuimos curiosas en algún momento de nuestras vidas. Especialmente cuando éramos chicas. Que eso no se pinche en vos; acordate de tus viejas curiosidades infantiles y reflotalas. También estudiá nuevos intereses y temas, puede ser lo que se te ocurra: arquitectura gótica, tarot, remo, religión, botánica o astronomía. Siempre tenemos temas que nos llaman, que quizá nos quedaron "picando" de otras épocas. Retomalos. Leé, buscá materiales, empapate de algo de lo que no tengas la menor idea. Eso siempre abre nuevos y encantadores universos creativos. Muchas veces, lo nuevo aflora como un reflejo de exponernos a muchos, muchísimos estímulos. Y cuanto más diversos, mejor. La creatividad puede definirse incluso como "conectividad". Pensalo así: si cada conocimiento -desde pavadas hasta disciplinas complejas- es un punto, crear cosas nuevas es encontrar nuevas formas de unir esos puntos. En ese sentido, el ejercicio es exponernos a muchas experiencias, leer de todo, entablar charlas con todo tipo de gente. Así, expandimos la cantidad de conexiones posibles.

Mirá lo cotidiano con ojos nuevos: es divertido, por ejemplo, hacer el ejercicio de mirar la Luna como si fuera la primera vez que la estás viendo. ¿Qué es lo que más te llama la atención? ¿Qué efecto genera en vos mirarla? ¿Con qué otras ideas podrías compararla? ¿Cómo sería caminar o vivir ahí? La naturaleza siempre es un lugar creativo; ahí vas a poder encontrar fuentes infinitas de inspiración.

Buscá más preguntas y menos respuestas: el consejo es no creer que nosotras tenemos toda la verdad, sino salir a preguntar. Por ejemplo, si estás craneando una idea de un negocio o un emprendimiento, salí a entrevistar posibles usuarios de tu producto o servicio, expertos que puedan aconsejarte o personas que, aunque no sepan nada, puedan dar su opinión sin estar contaminadas. Salir de la caja literalmente y buscar feedback es la mejor forma de construir un camino más certero.

Escribí poemas, dibujá: no importa si jamás lo hiciste o si pensás que no sos buena; es un ejercicio para desentumecer nuestra parte del cerebro más creativa. Papel en blanco... ¡y lo que salga! Es como un músculo, se entrena y cada vez van a salir cosas que ni sospechabas.

Exponete a nuevas experiencias: el ocio y los momentos de distracción -si no los llenás con las redes sociales o la nueva temporada de tu serie favorita- son aliados a la hora de pensarte fuera de la caja. Porque cuando estamos a mil y concentradas en nuestras urgencias, registramos más lo ya conocido que lo inexplorado. En El camino del artista, de Julia Cameron -una de las biblias en cuanto al registro de los procesos creativos-, ella sugiere instalar una "cita semanal con el artista". ¿De qué se trata esto? Nada más ni nada menos que obligarte a buscar nuevas experiencias y exponerte a ellas en soledad. ¿Fuiste alguna vez a ver ópera, por ejemplo? ¿O a hacer parapente? Hay muchas actividades que pueden conectarte con el germen creativo: una clase de tango, un recital de heavy metal, estar en silencio en algún templo, caminar por un barrio que desconocés, comer un plato que nunca hayas probado o lo que se te ocurra. Buscar un espacio en la semana para vos y para tu conexión con lo nuevo es abrir todo el tiempo puertas hacia la creatividad.

Tomá "duchas creativas": aunque parezca extraño, muchos expertos en creatividad conciden en señalar el momento de la ducha o de un baño con agua caliente como un método para pensar de manera innovadora. Esto tiene una explicación científica: ducharse, al igual que hacer deporte o escuchar música, favorece la liberación de dopamina, una sustancia asociada a la creatividad. En su libro Tu cerebro creativo, la investigadora de Harvard Shelley Carson sostiene que estas actividades de distracción, casi monótonas -como también podría ser correr, por ejemplo-, nos ayudan a activar nuestro "piloto automático" y entonces el inconsciente se libera, explora y encuentra nuevas conexiones. Incluso en Amazon venden un anotador a prueba de agua, para tener a mano cuando estamos en la ducha y se nos ocurren genialidades (¡buscá Aqua Notes en Google, vas a ver que existen!).

Buscá el efecto JAJAJA: diversión y creatividad están fuertemente relacionadas. Para que exista el momento "¡ajá!" (el del descubrimiento de lo innovador), deben existir muchos momentos "¡ja ja ja!". El humor es uno de los mayores catalizadores para el pensamiento creativo. La explicación está en que, al reírnos, secretamos neurotransmisores como la dopamina y mejoramos la oxigenación del cerebro. Este estado más relajado nos lleva a bajar lo racional y a aumentar nuestra capacidad de jugar y hacer.

¿Cómo cuidar lo nuevo?

OK, ya saliste fuera de la caja y estás frente a tu idea reluciente o a tu escenario recién estrenado. Ahora, tanto en tu mente como en el afuera, construí un ambiente que te sostenga: así, poco a poco, vas a ir configurando tu nueva caja, con confianza (hacia adentro) y la adrenalina de la exposición (hacia afuera). Hacé que de a poco esa nueva caja se vuelva un territorio cómodo, que tus nuevas habilidades se acomoden, que no te apriete demasiado, que te deje espacios, que no te agobie ni te lastime. Si tenés un contexto de juicio y crítica, de baja tolerancia al error, esa es la kriptonita de la creatividad.

Tampoco te quedes solo en los laureles de la idea, porque para ser creativa, hay que materializar lo que imaginás en acción, y esto significa, básicamente, que hay que laburar. Un proceso creativo puede empezar con el chispazo de una idea que tuviste mientras viajabas en el auto, pero no queda ahí. Porque si no, se muere. Necesita que lo alimentes con horas y horas de pensar, de buscarle la nueva vuelta, de hacer cosas para que esa idea crezca, mute, se plasme en algo concreto.

Y si sale mal... ¿QUÉ? Desdramatizá, no pasa nada. Los recursos que tenés son infinitos. Habrá que superar ese "pequeño duelo" y esa nostalgia por lo que no pudo ser y barajar de nuevo.

Y por último, cada tanto, reevaluá tus ideas, porque algunos arranques creativos pueden ser súper locos pero impracticables. Así que una parte esencial de cada proceso creativo es la evaluación. Por eso, si estás trabajando en un problema, cada tanto frená y tomate un tiempo para someterlo a una mirada crítica (tanto tuya como de otras personas): preguntate "¿Esto va a funcionar?, ¿estoy yendo en una buena dirección?".

Y retomando el juego de los nueve puntos que te propusimos al inicio de la nota, acá va una posible solución:

 

Este es solo uno de los caminos, de los muchos que podés inventar si hacés de la creatividad no solo un ejercicio, sino un estilo de vida.

Qué leer

 
Foto: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez. Producción de Virginia Gandola.

El Elemento, Ken Robinson (Conecta, $389); Pasaje al futuro, Santiago Bilinkis (Sudamericana, $429) e Ideas en la ducha, Sebastián Campanario (DeBolsillo, $149) .

Y vos... ¿te animás a romper los moldes? ¿Te sirvieron estas herramientas? Analizá también: Cómo atravesar la resistencia al cambio y Cómo crear un año intencional

Expertas consultadas: Lic. Inés Dates, nuestra psicóloga; Clemencia González Silveyra, especialista en neurociencias, inteligencia emocional y juego de Whalecom y autora del libro Potenciando la creatividad, y May Groppo, Nuestra columnista experta en procesos de innovación y storytelling.

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