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El lugar de las mil sensaciones

 
 

Sigo de viaje por la maravillosa tierra Kiwi. Vuelvo en apenas dos días, pero no quería dejar de compartir algunos de los tantos rincones de este país que me enamoró.

Es imposible que una foto transmita aquello que uno ve en ese instante inolvidable en el cual un paisaje increíble surge, mágico, ante nuestros ojos. Es imposible transmitir esas emociones intensas que nos inundan el alma para marcarla para siempre.

Aun así, acá van algunos momentos de esas sensaciones en imágenes.

Me conmovieron los suelos, con sus colores y su vida volcánica:

 
Rotorua.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

El vapor en Rotorua genera paisajes de película...

 
Rotorua.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Encontré en mi camino el Pantano del Hedor Eterno de la película Laberinto. ¡Existe! Tenía la ilusión que David Bowie apareciera... Ya saben cuál es su maldición: si lo tocan, el olor nauseabundo quedará prendado en ustedes por siempre. Así que ojo, a no acercarse demasiado (aparte se quemarían de lo lindo, ya que supera los 100 grados).

 
Mud Pool.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Me enamoré de los parques y jardines:

 
Rotorua.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Cuando creía que un paisaje ya era insuperable, surgía otro, aún más majestuoso. Rocas gigantes y aguas cristalinas en todas las gamas de azules y turquesas.

 
Rocas imponentes en Coromandel y Piha.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Las rocas y las olas de Piha Beach fueron de las que más me impactaron:

 
Piha Beach.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Cada día los cielos fueron un mundo en sí mismo, con su propia vida, sus propios relieves y su naturaleza cambiante.

 
Un atardecer.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn
 
El lago lleno de azufre en Rotorua.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Cada una de sus playas me transmitió una energía mágica y horas de risas en sus olas y aguas transparentes:

 
Isla Waiheke.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Sería imposible describir ese primer momento cuando vi la gran cueva de Cathedral Cove y surgió del otro lado un mar turquesa de arenas blancas.

 
Cathedral Cove.  Foto: OHLALÁ!  / Tania Durnhofer
 
Cathedral Cove.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Y me animé a perderme y escalar rocas empinadas. Detrás de los caminos más complejos suelen esconderse las playas más hermosas del mundo:

 
Una playa escondida en Waiheke.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

El día que volví en el Ferry de las 20 hs de Auckland a Eastern Beach, lloré de emoción y felicidad al ver la noche y las luces surgir desde el mar. Fue inolvidable.

 
Yendo de Auckland a Eastern Beach.  Foto: OHLALÁ!  / Carina Durn

Siento que viajar me despierta los sentidos de una manera inigualable. Me conecta con la tierra, con mi espíritu y con mi identidad. En unos días voy a volver al trabajo y empezar un nuevo ciclo con mi alma plena, la mente más abierta y con toda la energía renovada.

Beso,

Cari

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