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Obsesión por los espejos

Por Daniela Chueke

Twitter:  @danielachueke  | 

 
 

El lago cristalino de Narciso, el espejo mágico para la madrastra de Blancanieves (la Reina Malvada en las versiones Disney), el terrorífico retrato de Dorian Grey y varios poemas de Borges son algunos de los más conocidos relatos de la historia de la literatura en los que el espejo tiene un rol central.

En el cuento de Ana María Tosi, participante del club como Nani29, una ciudad entera se llena de espejos. Jos es un cuento publicado en la antología "La esquina Literaria" 2001 del Taller de Creatividad Literaria Museo Histórico Sarmiento. Agradezco a la autora por enviarlo y los invito a contar, a partir de este cuento como disparador, qué narrativas en torno a los espejos conocen.

 

Ana acudió al Taller del Museo Sarmiento durante veinte años con la poeta Nené Dinzeo, y participa de una antología anual, también recibió un premio en un concurso literario cuando fue el aniversario de Sarmiento.

Publiqué en forma independiente dos libros sobre mujeres (microcuentos) en 2005 y 2010 y este año participa del taller de la escritora Silvia Plager.

"Jos"

En la provincia de "Espe" hay un pueblo llamado "Jos". Los habitantes son muy supersticiosos. Todos los jardines tienen en la entrada una planta de ruda macho y enfrente una de ruda hembra. En las casas, las ristras de ajo crecen, en abundancia, detrás de las puertas.

Desde su fundación nunca se rompió ningún espejo. El problema comenzó cuando todos los habitantes tenían los espejos necesarios y por una cuestión de buenos vecinos no quisieron que Juan Doble tuviese que cerrar la vidriería.

En una reunión vecinal acordaron espejar todos los frentes. Sin pensar, esto es de mucha ayuda para las personas amargadas, porque al verse reflejadas no se gustan y ensayan una sonrisa. También a los encorvados, sobre todo a las mujeres porque sus vestidos no tienen buena caída. Es de gran utilidad para los que atraviesan una pena porque ésta no se puede ocultar, cada día algunos vecinos lo acompañan, otros lo consuelan hasta que la tristeza emigra de sus ojos.

Es sorprendente ver como las plazas entran sin permiso en casas y locales. El panadero, a veces, confunde los panes con las ramas que se reflejan en los espejos de las góndolas. Ni hablar los días de lluvia, los árboles se triplican con orgullo en los charcos.

Una vía divide el pueblo en dos, un solo colectivo une las dos partes pero de golpe cientos de colectivos pasan a la vez por la misma parada y la gente se amontona para subir. Incluso el único tren que pasa una vez por semana quiere ser el primero en llegar a la estación.

Una ruta aérea cruza el pueblo de "Jos", cuando pasa un avión, la azafata dice -Por favor abrocharse los cinturones, ahora pasaremos entre cielos- y es verdad porque cuando se terminaron de espejar los frentes comenzaron a espejar las azoteas, aquí Dios conoce por primera vez su rostro.

 
Un pueblo de paredes de espejos.  Foto: Latinstock

El pasar de las golondrinas anunciando la primavera produce un desborde de alas y esperanza.

Es un pueblo muy seguro, no hay ladrones, ya que todos ven todo y se cuidan entre ellos, por no decir que ven el alma de los buenos y malos.

Para prevenir y seguir con la superstición, los chicos juegan a la pelota dentro de una plaza cercada, pero a ellos no les importa, de ésta forma hacen competencias con los otros, supuestos, equipos del pueblo.

El gobernador de "Espe" mandó al pueblo de "Jos" un funcionario para que censara a sus habitantes pero su tarea fue infructuosa y se quedó a vivir allí. Quién no quisiera estar en un lugar donde la cantidad de estrellas se duplica y hay una luna para cada pareja de enamorados.

El empleado de la Lotería Nacional tuvo mala suerte, como un mismo número se repetía infinidad de veces cuando los ganadores agitaron la boleta frente a la agencia espejada, quedó debiéndoles varios miles de pesos.

En el pueblo de "Jos" sus habitantes son muy felices. Dios les brinda la vida por duplicado, por eso cuando ya no se reflejan en ningún espejo saben que gozan de su compañía.

Borges: "Al espejo"

Tal vez lo conocen, lo leyeron en el secundario. Borges tenía obsesión por los espejos, dicen algunos analistas que en parte se debía a su ceguera, a ese mundo de sombras y luces en el que vivía el autor. La inquietud por este elemento también está presente en El Aleph, en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius y en muchísimos poemas del autor. En Al espejo, directamente, es el protagonista.

 
Mi autofoto en la muestra Obsesión Infinita de Yasoi Kuzama en 2013 en el Malba.  Foto: Daniela Chueke

¿Por qué persistes, incesante espejo?

¿Por qué duplicas, misterioso hermano,

el movimiento de mi mano?

¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?

Eres el otro yo de que habla el griego

y acechas desde siempre. En la tersura

del agua incierta o del cristal que dura

me buscas y es inútil estar ciego.

El hecho de no verte y de saberte

te agrega horror, cosa de magia que osas

multiplicar la cifra de las cosas

que somos y que abarcan nuestra suerte.

Cuando esté muerto, copiarás a otro

y luego a otro, a otro, a otro, a otro.

Algunas preguntas

Hace un tiempo en una feria ya no recuerdo si fue una feria del libro o de ciencias en la rural, en un stand de una universidad, mostraban experimentos sobre cómo los espejos pueden ahorrar energía eléctrica. En una caja de zapatos habia varios espejos y una lucecita muy chiquita y uno podía espiar por un recorte en la tapa, como una ventanita. Había muchísima luz. El mismo ejercicio pero en una caja sin los espejos mostraba una notable oscuridad.

 
El afiche de Black Mirror. 

En el feng shui recomiendan poner espejos dentro de los placares (yo lo hice y funciona muy bien) para reflejar la luz al abrir las puertas y mantener el orden dentro del mismo. También hay un consejo de ese arte que es espejar para iluminar zonas de conflicto y para replicar las cosas positivas. El feng shui me gusta mucho porque tiene muchas soluciones que son de sentido común, pero que en el trajín de llevar adelante una casa uno se olvida, posterga o no toma en cuenta.

Cuando entré al Salón de los Espejos en el palacio de Versalles recuerdo la sensación de euforia que me embargó, similar a la que de chica experimentaba al mirar a través de un caleidoscopio, ese tubito mágico lleno de espejitos de colores.

Otro lugar donde pensar la cuestión de los espejos creo que está ligada al espejo como búsqueda de aprobación:la costumbre de las selfies, de exhibir la vida a cada momentos, reflejarla en las redes sociales, pasarse horas mirando fotos en las redes.

 

Otra punta que propongo conversar es, si la vieron, la serie Black Mirror, una distopía futurista que anticipa los conflictos que los avances tecnológicos nos pueden llevar en el futuro. En el capítulo Caída en picado (Nosedive, en inglés) de la tercera temporada, en el que muestra al punto que puede llegar la obsesión por las selfies y el retrato de la vida cotidiana en las redes sociales.

A ustedes ... ¿Qué les sucede con los espejos? ¿Les parece un elemento misterioso? ¿Creen que es un objeto poderoso que merece ocupar tantas y tantas páginas en la literatura? ¿Recuerdan algún texto o autor que aborde este tema?

Recuerden escribirme a clubdelecturaohlala@gmail.com, @danielachueke en twitter y @danielachuekeen instagram.

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