revistaohlala.com
Foto: OHLALÁ! 

De dulces mentiras y otros demonios

 
 

El sábado a la noche caminé las cuatro cuadras que me separan de la heladería, me pedí medio kilo -todos gustos cremosos - y al rato me metí en la cama a ver Netflix.

Sentí placer, un auténtico y puro presente placentero. A los cinco minutos, cuando todavía no me había decidido si seguir con "The Crown" o empezar con "Black Mirror", me llegó un mensaje de una amiga: "¿Qué hacés?", me preguntó. Cuando le conté mi plan, me contestó que estaba haciendo lo mismo, pero con una copa de vino. Sí, puro presente placentero. Sin culpas.

Mis amigas - de diversos círculos-, son personas imperfectas como todos; luchadoras y de un corazón gigante, tienen entre 31 y 47 años. Algunas de ellas están en pareja. La mayoría no.

Con mejores y peores días, cada una se siente confiada en su piel, complacida con su independencia y siempre en la búsqueda de mejorar, aprender y superarse como seres humanos complejos que somos.

Pero no vamos a ser necias, aun en nuestro bienestar, las que no estamos en una relación (y también las que sí están), las que tuvimos no muy buenas experiencias, todavía creemos en el amor, creemos en la posibilidad de un buen compañero; porque por más que las copas de vino, el helado y Netflix se parezcan bastante a la idea del paraíso, el paraíso bien compartido cobra un sentido superior.

Creo, sin embargo, que hay una inevitable complejidad a la hora de encontrar ese tipo de amor después de los 30, o más bien 35. Surgen miedos y se confunde la libertad con la entrega. Entregar el corazón no debería, bajo ninguna circunstancia, significar una pérdida de libertad. Pero parece que nos cuesta asimilarlo. O, tal vez, lo que nos cuesta es entender el concepto de libertad.

Para lo que sigue, les comparto esta canción. Gran video, gran tema. Jared Leto, una de las voces masculinas que más me gustan, dice: "Esto es sólo un juego. Una mentira tan hermosa para creer."



Y hay algo más dentro de toda esta complejidad. Siento que, por su naturaleza, los hombres caen en un encandilamiento veloz y tienen ese impulso inevitable de querer la conquista rápida y, para ello, muchos nos endulzan con palabras, se les escapan maravillosos futuros y nos envuelven en un halo de frases llenas de proyección. Pareciera que ese impulso no desacelera después de una cierta edad. Tal vez sea, porque tarde o temprano, les funciona. Porque en definitiva, ¿cómo saber si esas palabras están o no cargadas de intenciones reales?

Por mi parte, y después de toda el agua que pasó bajo el puente, escucho esas palabras edulcoradas con sospecha. No lo puedo evitar. Y, sin embargo, tampoco pude evitar volver a caer de alguna manera en ello hace un tiempo. Ese hombre que conocí me dijo cosas como "si un día vivimos juntos va a tener que ser en un espacio más grande", "cuando vayamos de viaje a tal lugar bla", "si un día tenemos hijos, no esperes que cambie los pañales". Convengamos que, como el amor por naturaleza añora proyección, estas son palabras muy románticas para pronunciar en voz alta a una mujer, sea en el contexto que sea. Y, aunque traté de no tomarme demasiado en serio sus dichos, había algo en ellos que me ilusionaba.

Entonces, el día en el cual sentí que me podía y quería abrir, que lo extrañaba, que lo quería realmente, él se asustó. Tal vez yo tenga una interpretación errónea de las cosas, pero así lo sentí: en el momento en que creí en serio que esas frases vislumbraban un futuro real, todo cambió.

 
Foto: OHLALÁ! 

"Son impulsos inconscientes para probarte y, aparte, en general al principio no lo vemos como mentiras, lo sentimos verdaderamente. Es común", me explicó un amigo. "Sí sí, no justifica nada y sería genial que nuestros tiempos de enamoramiento coincidieran ¿no? Pareciera que cuando nos terminan conquistando, se desencantan. Aparte no es necesario hablar demás. Las palabras pesan, ilusionan", concluí con enojo y sabiendo que estaba haciendo una horrible generalización.

Todos estos pensamientos volvieron a mí porque mi amiga, la de la copa de vino del sábado a la noche, tuvo una desilusión similar hace tan sólo unos días. El hombre en cuestión era alguien que le gustaba hace mucho. Salieron algunas veces y hacia el final, según mi amiga, les estaba yendo "increíblemente bien".

Él le dijo que quería viajar con ella, que sería fabuloso alquilar una combi y recorrer. Que cuando ella fuera de vacaciones la quería acompañar. Llegó a preguntarle: "¿te casarías con alguien como yo?"

Al poco tiempo, ella lloraba de furia. El buen hombre, en una especie de corte, se sentó a explicarle, en otras palabras, que no quería sentir presión, que su vida era compleja. "¿Por qué esa necesidad de irse de boca? ¿Por qué mentir? ¿Por qué ilusionar?", me preguntó ella balanceando su humor entre la tristeza y la bronca. "No sé, lo hacen. Tal vez es un tema de ego. Tal vez es sólo por sexo. Tal vez su verdadera intención no era, por ejemplo, transmitirte que le gustás tanto que hasta se vería casado con vos. Tal vez sólo quería saber si lo consideras un tipo que vale la pena. Nada más hablaba de él. Inseguridad encubierta".

Soy consciente de que todos somos - más o menos - complejos, que deberíamos fluir más y pensar menos, pero aun así, después de lo que le pasó a mi amiga, no pude evitar reflexionar sobre estos desencuentros, estos impulsos, estas dificultades.

También sé que es una generalización y que cada ser humano es único e irrepetible. Y eso me llena de calma, de serenidad y de esperanza positiva. Hay alguien cerca que nos gustará mucho y el sentimiento será mutuo. Alguien que cuando diga "mañana nos vemos", mañana estará, que cuando necesitemos un abrazo, lo dará y, cuando le digamos que lo queremos, no se asustará. Y a nosotras nos pasará igual. Esa persona, no tendrá la necesidad de contar dulces mentiras que no necesitamos. Esa persona simplemente tendrá ganas de estar.

 
Foto: OHLALÁ! 

Mientras tanto, un helado, una peli y mi gata enroscada al lado mío es un lujo y no se siente nada mal.

Ustedes, ¿tuvieron experiencias similares en las cuáles les endulzaron los oídos con cosas que no eran reales y que jamás se llevaron a cabo? ¿Creen que hay mujeres que también lo hacen?

Beso,

Cari

Compartilo
 
 
Notas más leídas
Revista Ohlala