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Natalia Kiako: "Necesitaba un rincón donde animarme a jugar"

 
 
 
Natalia Kiako.  Foto: Xavier Martin

Hoy volvemos a meternos en la intimidad de un proceso creativo, será la última entrega de este segundo ciclo de Cómo crean los que crean... Ah, sí, ha llegado el momento de despedirnos (hasta nuevo aviso). Y para ello, nos hemos juntado a charlar con Natalia Kiako.

Natalia es Licenciada en Letras, madre de Julia (2 años), codirectora de KiakoAnich y responsable del Kiako, the cook.

Kiako, the cook es un blog de cocina saludable en el que su autora experimenta, explora recetas, las adapta, las reversiona y las comparte, y de esa manera inspira a sus lectoras.

Este año el blog tuvo su versión en libro (Cómo como, un manual de autoayuda en la cocina saludable) y la expansión fue tal que el blog pasó a ser uno de los más visitados por los argentinos en su rubro.

¿Cómo vive ella ese crecimiento?, ¿cómo hace el blog?, ¿cómo elige las recetas a publicar?, ¿cuál fue el post que mejor funcionó?, algunas de las preguntas que circularon en esta entrevista; los invito a que la lean y aprovecho para desearles unas muy, muy felices fiestas.

 
Natalia en acción.  Foto: Xavier Martin

-¿Cómo arrancó el blog? Decías el otro día que al principio lo pensabas como un espacio para unos pocos (para que lea tu mamá, tu pareja).

-El blog empezó como un espacio íntimo donde explorar un juego personal que reunía muchas cosas que me gustan: cocinar, escribir, comer de forma saludable, con un acercamiento lúdico que fue definiéndose de a poco y espontáneamente. No lo hice para los demás y mucho menos pensando en trabajar. Necesitaba un rincón donde animarme a jugar, para mí misma; a experimentar algo diferente de lo que venía haciendo en otros espacios de mi vida y a la vez bien propio, porque lo que abrí ahí fue una forma de explorar quién era yo también, o al menos una parte que no estaba encontrando lugar en otros lados.

-¿Cómo vivís el crecimiento del blog? ¿Saberte leída por muchos es un estímulo o una presión? ¿O ambas cosas?

-No siento presión para nada. Sí la sentí durante el proceso de creación del libro, porque me parecía un desafío muy grande, que requería un registro más serio y un estilo más pulido. Sentía la letra impresa como una entidad estable y comprometida a largo plazo, y claro que lo es. Además el nivel de fotografía y comprobación de cada receta debía ser mucho más alto y como frutilla del postre, Juli estaba recién nacida y el libro fue producido durante su primer año y monedas. ¡Una locura! Pero pasada la edición del libro, no lo vivo como una demanda. Lo que recibo cotidianamente es alimento de parte de los lectores en forma de cariño, experiencias gratas, entusiasmo contagiado. Me emociona muchas veces leer cómo entré en tantas cocinas con las recetas y cuántas personas se animaron a jugar a partir de este berretín que es Kiako, the cook.

-¿Cómo elegís el plato a cocinar/preparar? ¿Tenés algún criterio de elección? Por ejemplo: alternar un plato dulce con uno salado, alternar algo simple con algo complicado.

-¿En el blog o en casa? (Risas). Para el blog trato de alternar dulce y salado, trato de equilibrar lo que se publica para que sea variado, pero en general siempre triunfa la espontaneidad y termino sacando la receta que más me gustó hacer y necesito darla a conocer... ¡ya! Y muchas veces me gana también la "vocecita" de los lectores, que los adivino esperando recetas golosas o algo para el calor o unos chipá saludables... y ellos me contagian a mí también. Pero en más de un sentido el blog es reflejo de mi cocina cotidiana, de nuestras comidas diarias. Es muy espontáneo, muy al día, muy "con lo que había" o "lo que hoy me dio antojo, curiosidad y ganas de probar".

-¿Qué sería un error para Kiako, the cook? ¿Hay platos o recetas que probás y no te cierran, y por ende, elegís no publicarl@s?

-¡Muchísimas cosas no llegan al blog! Porque no me salen, porque no me terminan de parecer relevantes o novedosas o suficientemente accesibles. Trato de publicar únicamente recetas que sé que funcionan, que van a salir bien, y que no sean repetidas. Otras veces (¡muchas veces!) las recetas no llegan al blog porque no logro fotografiarlas a tiempo: nos las comemos, hay poca luz, etcétera. Hay que lograr un delicado equilibrio entre buena luz, tiempo de escribir, tiempo de fotografiar que no es sencillo. Y cuando el texto queda aburrido o digo lo mismo que dije muchas otras veces, también es un error y trato de que no me suceda. Mi pareja me gasta cuando parece que todo es "facilísimo y riquísimo". Y tiene un poco de razón: tiene que haber algo más que decir, o mejor callar.

-¿Te ha pasado de decirte alguna vez: "esto está horrible" o "esto no tiene gusto a nada"?

-Sí, claro. Para aprender cualquier cosa hay que equivocarse. Cuando tenés criterio y más horas en la cocina, como en cualquier otro tema, quizás en lugar de pifiarla por kilómetros le pegás en el palo o va al córner, pero no siempre la metés en el ángulo.

-Se te ve muy experimentadora. ¿Siempre te proponés darle un toque personal a la receta o a veces te gusta seguirla al pie de la letra?

-Me aburro a toneladas siguiendo recetas. A veces lo hago si es un terreno muy novedoso, y me genera respeto o precaución, pero siempre que puedo empiezo a probar cambios, improvisar, tantear. Soy muy obsesiva pero nada sistemática. Esas pruebas, ensayos y experimentos son la mitad de la diversión. La otra mitad es cuando la receta está lista y la probamos, claro.

 
Natalia en acción.  Foto: Luciano Dyzenchauz

-Dijiste en otra nota que para vos cocinar era comparable a jugar. ¿Cómo vivís el proceso de la escritura (del blog)? ¿Te divierte escribir los posts?

-Sí, en general sí. Los mejores posteos surgen cuando los textos se me empiezan a ocurrir mientras cocino o incluso mientras compro los ingredientes. El proceso del blog implica cocinar y comunicar en partes iguales y cuando una pata anda mal, el posteo está rengo, cosa que por supuesto sucede de vez en cuando. Trato igual de no ser demasiado severa cuando eso pasa, tampoco. Serán unas semanas menos creativas, menos inspiradas, ya volveré atrás o retocaré. Y si no lo hago, no me regaño. Yo no monetizo el blog (esto significa que no lucro con él) y a cambio le pido que sea un espacio libre, de juego, donde la paso bien antes que cualquier otra cosa. Tengo responsabilidades laborales de sobra por otros lados y confío en el valor que tiene ese aspecto lúdico, ese juego compartido, para seguir encendiendo el fueguito.

-¿Cuál fue el post que mejor funcionó en todos estos años?

-Hay varios. Unas galletitas de coco, almendras y manzana se volvieron un hit inesperado, porque las inventé un día de sopetón, improvisando con lo que había, y al día de hoy todos quieren ver esa receta. Creo que en parte es porque satisface muchas demandas (son sin gluten ni harina ni lácteos ni huevos) y por otro lado la combinación es muy poderosa. Encima son muy simples. Los bollitos de mijo también rankean alto, son un poco emblema del blog, porque representan esa cocina saludable, accesible, inesperada para el recetario clásico pero muy apetecibles para cualquier persona que disfrute de comer rico, no sólo "sanito". Me gusta difundir una cocina con cereales integrales diferentes, adaptables con o sin queso, con o sin verduras, con o sin, lo que cada cual quiera, pero siempre riquísimos (y facilísimos, diría mi pareja).

 
Galletitas de coco, almendras y manzana.  Foto: Natalia Kiako
 
Bollitos de mijo.  Foto: Natalia Kiako
 
Natalia y Julia en la sesión de fotos para la tapa del libro.  Foto: Xavier Martin
 
Acompañando a mamá.  Foto: Xavier Martin
 
Ayudando a mamá.  Foto: Xavier Martin

-¿Te resulta fácil compartir esta tarea con tu hija o hay momentos en los que preferirías estar sola? (digo, momentos en los que ella quiere hacer otra cosa, se pone caprichosa con algo, etcétera).

-Me encanta compartir la cocina con Juli, me da mucho placer, juro que sale todo más rico cuando la pasamos bien cocinando juntas. Requiere más energía y un proceso de ajuste permanente a la etapa en la que ella está porque no es lo mismo compartir la mesada al año y medio que a los dos y medio, pero sé que si hoy ya la pasamos bien sólo me espera más placer a medida que crezca. Sí muchas veces me pasó ponerme nerviosa, que no nos entendamos, que se distraiga Juli o parezca caprichosa. Cuando reviso esas situaciones quizás la caprichosa soy yo, porque ¿quién puede demandar de un chico de dos años que se comprometa a cocinar una receta de pé a pá? Locuras, desmesuras de adulto. Por eso digo, cuando puedo yo dominar mis expectativas y ajustarlas a la realidad de quien es Juli, y sensibilizarme respecto de cuándo ella va a estar disponible, suele salir todo muy bien. Ojo, puede fallar. Y ojo también: cocinar sola en casa, totalmente sola, me encanta y lo necesito, es fundamental de vez en cuando.

-Por último: ¿qué te ves haciendo de acá a 20 años?

-Ni la menor idea. El único parámetro confiable que tengo de los próximos veinte años es la edad que va a tener Julia. Los hijos pueden ser una intensa medida del tiempo, ¿no? Por lo demás, los últimos cinco años demostraron que nada es lo que parece y mis planes tienen una forma de darse vuelta en el camino, o al menos tomar veredas sorprendentes. Ni te cuento los últimos diez. Te puedo decir que hoy disfruto mucho de lo que hago, me siento muy privilegiada de haber encontrado un equilibrio tan singular entre esferas de la vida y de oficios que me gustan mucho y tengo la dicha de que sean recibidos y agradecidos por otros. Mucho más de lo que yo hubiera imaginado.

-Muchas gracias, Nati.

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