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Cuando sostener vale la pena

 
 

Fernanda Kersman sacó unos bíceps importantes. Y no tanto por el tenis de los sábados (aunque también) sino por cómo la remó para instalarse con un servicio en un mercado que todavía no estaba preparado para adquirirlo.

La cosa es así: A Fernanda le fascina leer y escribir, pero sobre todo le encanta encontrar la mejor manera de contar algo para que llegue a quien tenga que llegar. Fernanda insistió durante años con que eso podía ser algo de interés para personas y empresas, pero los potenciales clientes no terminaban de convencerse de que esto podría ser estratégico para lo que tenían que comunicar. Ella supo esperar y, mientras, fue perfeccionando sus servicios y la forma en que los transmitía a los posibles interesados. Con el tiempo esos potenciales clientes empezaron a entusiasmarse con darle una vuelta de tuerca a qué comunicar y cómo hacerlo, empezando a familiarizarse con conceptos como narrativa y contenidos para marcas o, como les gusta decir a otros, storytelling y brand content (sí, el inglés es un imán para este tipo de propuestas). Hoy Fernanda lleva adelante con éxito Westory, empresa de capacitación y contenidos basados en estos conceptos, y es Directora de Narrativa en Urban, la agencia de comunicación más grande de Argentina.

 
No es el bíceps de Fernanda, pero se le parece..  Foto: latinstock

Permitido probar

Invité entonces a Fernanda a Tiempo de Liderazgo por el modo en que lidera su desarrollo profesional: confió en lo que tenía para ofrecer y supo esperar y pulirlo hasta que otros lo reconocieran y hoy, con esos tremendos bíceps que forjó en la remada, cosecha los resultados. Fernanda nos cuenta algunas cosas que aprendió en el camino de ir descubriendo lo que hoy es su presente y que pueden ser de utilidad para otros.

Bancarse lo distinto para llegar a algo muy bueno. Es tentador hacer lo que sabemos hacer; repetir esa rutina que nos confirma (ante los demás y ante nosotros mismos) que somos muy buenos en lo nuestro. El problema es que nos estanca. Por eso, de vez en cuando tenemos que juntar valor y encarar una idea o proyecto que nos parece dificilísimo o incluso un poco delirante, a pesar del vértigo, aunque no sepamos por dónde empezar y nos de pánico la posibilidad de fracasar.

Una que no me salió: con toda la ilusión de publicar mi propia novela, durante años escribí y corregí un texto que presenté en tres concursos. No gané ninguno pero aprendí algunas cosas. Entendí que no basta con pulir palabras para lograr una verdadera novela, que para contar una gran historia tenía que ir mucho más profundo, pescar un concepto, una idea, un sentimiento que valiera la pena compartir; confirmé que me encanta escribir pero que no quería trabajar de "escritora full time", permanecer horas y horas en soledad frente a la computadora.

Otra que salió un poco mejor: fanática de las charlas TED, iba año tras año (cuando salía sorteada) a los eventos de TEDxRío de la Plata. Año tras año recibía también el mail con el formulario en que se promovían las audiciones para aspirantes a oradores. En 2013, alentada por amigas que me decían "¿Por qué no te presentás?", lidié con el pánico, audicioné al borde del colapso nervioso, estuve segura de que había fracasado... y ¡lo logré! Me convocaron y di una charla ("Contemos historias 'Che Marta'") que significó un hito en mi carrera profesional.



Ceder a la tentación de lo (aparentemente) inútil.Ashtanga, ikebana, repostería, oratoria, mindfulness ... Más de una vez nos vemos tentados a aprender cosas que, a primera vista, parecen un poco (o muy) ajenas a nuestra profesión u ocupación. Cuando esto sucede, lo primero que pensamos algunos de nosotros es: ¿Para qué me va a servir? ¿Vale la pena dedicarle tiempo a esto cuando podría estar haciendo un Máster, aprendiendo un tercer idioma? Mi respuesta es "Sí, muy probablemente vale la pena".

El ROI (Retorno de la inversión) de ese conocimiento, que en el momento inicial estimamos casi nulo, suele depararnos productivas sorpresas: en mi caso, practicar yoga me sirve para mantener el equilibrio físico y mental y organizar con menos angustia (y por lo tanto de manera más efectiva) el intenso mix de proyectos laborales y actividades familiares; y, si bien no me convertí en guionista, lo que aprendí en los cursos de dramaturgia y guión de tv me recuerda que, si pretendo que el texto en el que estoy trabajando (incluso el más institucional o corporativo) funcione, tengo que contar una historia con tensión, protagonistas y propósito.

"Reinventar la pareja". Aunque trabajemos "de lo que nos gusta" la rutina atenta contra el amor que tenemos por aquello a lo que nos dedicamos. Es inevitable, tras algún tiempo haciendo lo mismo, aburrirse y fantasear con estudiar otra carrera o ponerse un negocio que no tiene nada que ver con lo nuestro. Esto no está mal pero tampoco lo está pensar en la alternativa de reinventar la relación con lo que alguna vez nos apasionó.

En mi caso, contra mis expectativas iniciales (mientras estudiaba periodismo me imaginaba escribiendo en un diario) empecé mi carrera profesional como productora de televisión. El mundo detrás de las cámaras me gustó tanto que allí me pasé diez años produciendo programas tan intensos como polémicos y redactando guiones de videos e informes de alto impacto... hasta que me harté, sentí que el amor se había acabado. Surgió entonces la posibilidad de probar suerte con el periodismo digital. Por entonces, mi única relación con el mundo online era la que mantenía con una cuenta de hotmail. Las palabras hosting y servidores me resultaban tan hostiles como incomprensibles. Sin embargo, perdido por perdido, le di para adelante y volví a enamorarme: me fascinaron el estilo veloz y descontracturado de las .com, la interacción inmediata con la audiencia, la posibilidad de contar historias con elementos multimedia. Durante años disfruté de mi trabajo como directora de minutouno.com primero y de Terra después.... hasta que la redacción y la idea del trabajo full time dejaron de resultarme tentadoras. Entonces busqué una nueva vuelta de tuerca, ¡y aquí estoy!, en un nuevo universo que combina el storytelling con lo corporativo sin olvidarme de lo que me enseñó el periodismo: escriba donde escriba, para que aquello que contamos tenga sentido, debe cumplir con la regla #CheMarta: quien nos lee, escucha o mira el contenido que producimos debe sentir la necesidad de gritar "Che, Marta! vení a ver esto!"

 

Acerca de los consejos de Fernanda

Fernanda tiene un deseo y lo lleva adelante desde hace años: contar historias. En su camino laboral va probando distintas modalidades que se adaptan a sus intereses y capacidades de cada etapa. Intentó cosas que no le salieron (¡¿por ahora?!), como los concursos a los que presentó su novela, e intentó otras que sí, como los servicios de storytelling que ahora presta. Fernanda se permite probar; no se estanca si se aburre (busca un nuevo desafío), no se paraliza si le dicen que no (pasa a la próxima opotunidad), no deja de remar si hay viento en contra (sabe esperar e intenta encarar desde otro lugar), y además busca fuera de lo conocido para nutrir lo que tiene para ofrecer. ¡Che, Marta, esta mujer es grosa!

Mercedes Korin

liderazgo@mododelta.com

¿Qué actitud tenés frente a tu deseo laboral? ¿Te permitís probarlo en sus distintas modalidades? ¿Qué hacés frente a los obstáculos que aparecen?

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