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Entrená tu paciencia

La espera también es acción. Y aunque sabemos que el tiempo no se detiene, puede enseñarnos a disfrutar de nuestros procesos internos.

Por Cecilia Alemano | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Foto: LUCAS ENGEL. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de LUCHA RAMOS.

Hoy, indagamos en la paciencia (también llamada la ciencia de la paz) como la forma menos explorada de acción. Al interrumpir por un rato la acción y despegarnos de la excitación y la adrenalina, permitimos que aparezcan esos aspectos que cuando estamos a mil no encuentran su lugar. Porque, en definitiva, todo -lo bueno, lo malo- lleva un tiempo y un proceso que no debemos manipular para que se acomode a nuestra expectativa.

Ine, nuestra redactora fan de la jardinería, lo resume: "Si un capullo lo querés abrir con los dedos..., ¡lo matás! ¡Hay que saber esperarlo". Nuestro trabajo será aprender a manejar el tiempo -sí, ya sabemos que no lo podemos parar aunque queramos- y crear las condiciones para que todo germine y quedarnos ahí, cuidando los brotes. Cuando recién asoman, no sabremos cuál es yuyo y cuál es flor. También ahí hay que bancar un toque más. Entonces sí, en nuestro jardín, o en la vida, vamos a saber dónde desmalezar, dónde cosechar y dónde hace falta abonar y regar un poco más.

¿En qué momentos ejercitarla?

"Perder la paciencia es perder la batalla", dijo Mahatma Gandhi, quien comprendió que, frente al avance del otro, una opción es la quietud y la paz. ¿Y para qué batallas queremos la paciencia? Porque no hay una sola paciencia, o quizá sí, pero la usamos para muchas cosas. Más que un don, es una habilidad y, como tal, podemos ejercitarla. ¡Ahí vamos!

Para atravesar la frustración: queremos algo con todas nuestras fuerzas. Nos preparamos para esa entrevista de trabajo durante una semana, ensayamos respuestas, consultamos a entendidos. Llega el día y, después de una charla amable, nos dicen: "Bueno, Fulanita, cualquier cosa te llamamos". ¿Cómo sería acá una actitud paciente? Una vez que hayas logrado "enfriarte", transformá este límite con el que te encontraste en un recurso nuevo, en una autoevaluación para mejorar. Por ejemplo, pensá: "¿Por qué no se me dio esta oportunidad? ¿Qué clase de trabajo quiero atraer para mi vida?". Tal vez, revisando la escena, descubras que hablaste de más o que exageraste la modestia. O que no deseabas tanto ese puesto y que esa inseguridad fue interpretada. Quedarte con un "todo me sale mal" difícilmente te lleve a un mejor puerto.

Para transitar los logros: lo imaginaste, lo deseaste, lo buscaste, hasta que, ¡chan!, acá está, ¡tu logro! Y si bien sos feliz, no estás ni cerca de la alegría que habías soñado en un principio. Acá también hace falta un poco de paciencia para quedarnos ahí, degustando eso que tanto deseamos y por lo que tanto trabajamos. La impaciencia ante un logro nos habla de cierta insatisfacción de base que hace que siempre estemos viendo qué falta. Tal vez necesitemos serenidad para esperar a que se apague la comparación con la ilusión de lo que iba a ser y así se encienda el disfrute de lo que verdaderamente es.

Para no interferir en cada etapa de un proceso: en tiempos de lo instantáneo, admitir que haya pasos ineludibles para conseguir algo necesita de paciencia. Por más que quieras, no podés decorar una torta sin antes haberla horneado ni podés meterla al horno sin antes haber hecho la mezcla, y así hasta que llegamos al momento en que compraste cada ingrediente. Esto, llevado a la vida, significa que hay procesos que no podemos saltear y en los que no hay que interferir. ¿Qué pasa si abrís el horno mientras se cocina tu torta? Se desinfla y se apelmaza. La pregunta que hay que hacerse es: "¿Qué hice hoy por eso que quiero?". ¿Te parece poco lo que hiciste? Cuidalo y no lo tires, porque es real. Mucho más real que el resultado, que solo existe en el plano de las ideas.

Para aceptar los claroscuros: queremos una pareja, seguridad económica, una vida social activa, pero sin que esto tenga lado B. Sí, el flaco es fan de la Play; sí, tenés el sueldo a fin de mes, pero cumplir horario es un plomo; sí, salís y al día siguiente te pesan los ojos de sueño; sí, tuviste que resignar horas de Girls para ir al gimnasio. En criollo: nos gusta el durazno, pero no nos bancamos la pelusa. Cuando asumamos que cada cosa buena tiene su partecita menos copada y que -como en el yin y el yang- nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud, vamos a tranquilizarnos y a disfrutar mucho más de lo que tenemos. Estar empoderadas es aceptar y asumir que somos quienes somos, con nuestras luces y nuestras sombras.

Para apropiarse del recorrido: ¿te pasó de salir a correr y que las primeras vueltas se te hicieran pesadísimas, como si tus pies fueran de plomo y avanzaras más lento? Eso es porque toda tu mente estaba puesta en el punto de llegada. No en el correr en sí, no en el paisaje ni en tu mundo interno, sino allá..., allá adelante. Está súper dicho: la vida es una travesía, no un destino. Lo cantaba Cerati con su "nada me importa más que hacer el recorrido, más que saber a dónde voy". Y esta filosofía aplica a todo. Si estás saliendo con alguien y no hay ni miras de convivir todavía..., ¡disfrutalo! ¿Cuántas veces más vas a tener citas con este bombonazo? Si estás preparando tu casamiento, disfrutalo. ¿Cuántas veces más vas a preparar una fiesta de casamiento? Si estás ansiosa por que nazca tu bebé..., ¡disfrutá del embarazo! ¿Cuántas veces más vas a llevar a tu primer hijo en la panza? Nuestra mente se formó sobre lo visual, este "poder ver" lo que está lejos. Pero si nos concentramos en el "aquí y ahora", todo lo que vivamos estará apoyado en ese sentirse firme de nuestro cuerpo.

Para acompasarse al ritmo de los otros: ¿viste cuando bailás por primera vez con alguien, que todavía no le enganchaste el ritmo? Está claro que podés probar a imponer el tuyo, pero lo más probable es que terminen pisándose. En una relación de pareja, esto es muy evidente. Él es re compañero, te apoya en todo, celebra tus logros y te mira embobado cuando hablás de tus cosas. Peeeero... te enoja que nunca jamás te trajo un ramo de flores o que no tenga un gesto romántico. ¿Vas a descartar todo lo que sí te da por eso que no? A veces, criticamos lo que tenemos por compararlo con un mundo alternativo donde todo es como en las pelis de Disney. Y cuando se trata de una relación, la paciencia es la música de ese pas de deux en el que -después de mucho ensayo y error- todo fluye armoniosamente.

Para entregarte al universo: tal vez te suene esotérico, pero muchas veces, si te detenés un momento y parás las orejas, vas a oír cómo el universo te dice cosas. Por ejemplo, te separaste de tu ex hace tiempo. Ya pasó la crisis, la tristeza, el agite con tus amigas, y ahora querés volver a enamorarte, pero no se te da. Te proponemos un ejercicio: visualizá dos líneas en un gran fondo blanco. Una sos vos, la otra es tu próximo gran amor -sí, él ya nació, y ahora mismo anda por algún lado-. Ahora, abrí el plano y mirá, porque existe un punto en el que se cruzan. Solo tenés que pararte ahí, soltar y dejar que el tiempo que los separa transcurra. Confiar en el universo quiere decir desplegar imaginariamente la totalidad. Y esto nos permite escaparnos de la tiranía del tiempo lineal.

 
Foto: LUCAS ENGEL. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de LUCHA RAMOS.

OTRAS HERRAMIENTAS PARA ENTRENARLA

Visualizá: qué sentimiento engorroso y hasta molesto, el de la incertidumbre, ¿no? Para sobrellevarla, lo mejor es aceptar que la certeza en sí no existe. Pensalo dos segundos: ¿qué pruebas hay de que mañana el sol seguirá brillando y el mundo girando? Ninguna. Ahora, si esto te resulta demasiado abstracto y tu mente realmente necesita resultados., ¡dáselos! Imaginá que eso que deseás -sea la calma tras una ruptura amorosa, el examen aprobado, tu proyecto realizado- está hecho. Imaginalo, ahí está. Así funciona la Ley de Atracción de nuestra mente. En vez de pensar en lo que no querés o lo que te falta, pensá en lo que sí querés y en que ya lo tenés.

Aplicá el "también esto pasará": dice un cuento chino que un emperador convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron con una propuesta: "También esto pasará". Tené la plena seguridad de que muchas de las situaciones que hoy nos desagradan tienen un punto final en un momento del futuro. Solo basta con ser conscientes de eso y esperar a que ese momento llegue, con calma. El "también esto pasará", además, nos abre la puerta de los encierros en que caemos cuando generalizamos y decimos cosas del tipo "siempre me pasa esto" o "todo sale diferente de como lo esperaba", porque eso no impide aceptar lo incompleto e imperfecto de nuestro día a día.

Dale lugar a la tristeza: ¿viste Intensamente, la peli de Pixar? ¿Te diste cuenta de que Alegría y Tristeza no son la una sin la otra? La tristeza tiene muy mala prensa, pero no es un mal sentimiento. Por el contrario, tiene conexión directa con lo real. Se trata de una instancia de aceptación. ¿Y qué tiene que ver con la paciencia? Bueno, por lo general, la tristeza aparece cuando detenemos la acción y aceptamos lo que no es, lo que todavía no logramos o lo que no pudo ser, y eso nos da pena. En definitiva, abrir la pregunta: "¿Y ahora, qué?". Cuando la tristeza aparece, hay que hacerle un lugarcito. No enorme ni eterno, pero sí permitirte llorar lo que haga falta, para soltarlo y dejarlo ir, ya sea una relación, una persona, un deseo o incluso una parte de nosotras que cumplió su ciclo.

Desacelerá: en otras épocas, los límites los imponía el ambiente: la oscuridad, el frío y la no industrialización obligaban al repliegue. Podías morirte de amor por alguien y pasarte la noche escribiéndole cartas, pero seguro, segurísimo, no le enviabas un WhatsApp desesperado. Ahora que los recursos no tienen límite, se los tenemos que construir. Si sos de las que trabajan hasta las mil o cuelgan en el Facebook, ponete horarios tope. De ese modo, vas a indicarle a tu cabeza que hay cosas que mañana, fresca y despejada, podrá resolver mejor.

Cambiá tu foco: si no podés parar de hacer cosas pero estás recibiendo señales de que la podés pudrir, ¡cambiá de foco! ¿Cómo? Dirigiendo tus recursos y tu atención a otra cosa. Esto aplica tanto si estás con una tarea manual como si esperás el resultado de un examen. ¡Hay un momento en que no podés hacer nada! Entonces, distraete: salí a caminar con los auriculares, mirate una peli o salí con una amiga.

Encontrá tus apoyos: en lo físico, es esencial registrar tu propio cuerpo. ¿Un truco? El "asiento de poder": cada vez que te sientes o te pares, percibí cómo empujás el piso al incorporarte y cómo sostenés la bajada al sentarte. Vas a ver cómo eso te fortalece. En lo afectivo..., ¡pedí abrazos! Para interrumpir la acción, hay que tener calma, que aparece cuando alguien te abraza. Si no hay nadie cerca, abrazate a vos misma. .

¿Cómo te vienen estos recursos? ¿Sentís que necesitás entrenar la paciencia? También leé: Mía Astral: "2017 es el año de las relaciones, con cambios y progresos"yTips para poner tu casa a punto para la venta

Experta consultada: Lic. Inés Date, nuestra psicóloga.

Peinó y maquilló Coni Pérez para Consuelo Cúneo Make Up. Agradecemos a Trosman y Adidas su colaboración en esta nota.

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