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Volvete más flexible

Descubrí nuestro método 70/30 para atravesar con confianza tus propias estructuras y abrirte a la aventura de lo nuevo.

Por Cecilia Alemano | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Foto: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de Virginia Gandola.

Somos expertas en el arte de doblarnos, estirarnos y multiplicarnos cuando de complacer al otro se trata. Pero lo que pasa, a menudo, es que estamos sosteniendo un equilibrio rígido sin darnos cuenta de que sería más saludable cierto desequilibrio controlado.

¿POR QUÉ ESTÁ BUENO SER FLEXIBLE?

La flexibilidad es el modo básico de funcionamiento de la naturaleza. Esto aplica perfectamente a nuestro día a día. Ser flexibles es esencial para que podamos tener encuentros con la realidad de la que formamos parte. De otro modo, estamos intentando estar por encima de ella -siendo rígidas- o por debajo, sometiéndonos por miedo. Supongamos que en nuestro trabajo nos piden que nos capacitemos en una herramienta nueva para poder desarrollar mejor nuestra función. Hay tres posibilidades: sobrerreaccionar diciendo que ya llevamos ocho años en la empresa y que nunca nos hizo falta este conocimiento; "abatatarnos", pensando que no podemos o no vamos a estar a la altura -con lo cual esa oportunidad seguramente pase a otra persona-; o acceder a tomar ese curso, entendiendo que es una gran chance de aprender en un mundo que mañana y pasado va a volver a pedirnos que le sigamos el ritmo.

"Sé flexible como un junco, no tieso como un ciprés", dice el Talmud. Porque en medio de una tormenta el junco logra su seguridad mediante una habilidad opuesta a la del robusto árbol: en vez de permanecer inflexible y testarudo, se adapta a las ráfagas del viento y no sucumbe. Del mismo modo, desde la psicología se habla de la flexibilidad como una habilidad en un mundo complejo. Se trata de mantener una actitud abierta a nuevos puntos de vista, oportunidades de aprendizaje, a evolucionar y experimentar. Es estar dispuestas a pensar, sentir y actuar abandonando viejos esquemas y creencias que nos limitan, en vez de expandirnos.

DIALOGAR CON LO REAL

Cuando logramos ser flexibles, tenemos incorporado el cambio como posibilidad. ¿Viste el marinero, que pasa la mitad del tiempo en tierra y la otra mitad en el agua? Si se dejara arrastrar cada vez al vértigo de altamar, su tarea sería imposible. La lógica indica que despleguemos estrategias para no tambalear cada vez que se nos mueve el piso y desarrollar lo que llamamos "pies de marinero" para transitar las peripecias de nuestra vida. Esto nos pide aceptar la realidad tal cual se nos va presentando y no quedarnos en lo que nos gustaría que fuera. O, en otras palabras: si no podemos hacer que el bote se quede quieto, podemos ponernos "blandas" para que no nos afecte tanto. Bancarnos que no todo -¡o casi nada!- es estable, soltar el control. Te suena, ¿no?

Muchas veces, nuestra cabeza se encapricha en seguir viviendo como hasta ahora, recurriendo a las conductas, reacciones y pensamientos de siempre. Vamos trazando un surco que no queremos desandar y del que no nos queremos desviar. De esta manera, en su ilusión de control, la mente supone que está reduciendo la incertidumbre y que, por lo tanto, hay menos chances de sufrir. Pero nuestra vida está llena de retos diarios que ni imaginábamos, de formas nuevas y estructuras desafiantes por las que debemos pasar. Por eso, si nos quedamos en una actitud rígida, lo más probable es que nos quedemos ahí, atascadas y sin posibilidad de abrirnos a lo nuevo.

¿Qué arquetipo sos ahora?

 
Foto: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de Virginia Gandola.

Según planteó el psicoanalista jungiano Robert Moore, en nosotras conviven cuatro arquetipos: la reina, la guerrera, la amante y la maga.

Reina: es aquella que habita y cuida de su territorio, que lo recorre, lo respeta y lo hace brillar con su presencia. Representa lo estable y lo seguro. Es todo aquello con lo que contamos, desde nuestras habilidades hasta nuestras relaciones, y tiene que ver con nuestro "ser", nuestra identidad.

Maga: debe explorar y comprender los retos que se nos plantean. Curiosas, exploradoras, en continuo cambio..., es entonces cuando nos vemos empujadas a conocer más y a ampliar nuestro horizonte. Es nuestro costado más entusiasta y espontáneo, ese que necesita destacarse y que por momentos hasta presenta un aspecto desordenado. La maga abandona lo seguro y conocido y arriesga constantemente. Pero la reina cuida que vuelva para conversar con ella y que no se sienta en peligro.

Guerrera: es el nombre que recibe la parte nuestra que quiere que las cosas se hagan como deben hacerse, que trata de convencerte por todos los medios para que su manera sea tomada en cuenta. Podemos llamarla tenaz, caprichosa o autoritaria. Es un aspecto esencial para no ser avasallada, y requiere, al mismo tiempo, mucha firmeza y mucha flexibilidad. La guerrera destruye al otro para conservar su forma y defiende nuestro derecho a estar vivas, una disposición y una capacidad para combatir en defensa propia.

Amante: es la que registra menos sus propios deseos porque enfoca en lo bello y bueno del otro y se embelesa, deseando cuidarlo para que la acompañe con su encanto. En piloto automático, es esa zona nuestra que se mantiene fiel a los compromisos, empática y servicial, a la que le cuesta negarse. Esa nena tímida que, si pudiera evitar todos los conflictos en la vida, ¡lo haría de mil amores!

Seguramente te identifiques más con uno o dos de estos arquetipos. Lo cierto es que, si además de sobrevivir queremos romper esa rigidez que tantas veces nos dificulta el disfrute, necesitamos hacer convivir a los cuatro alternadamente.

el método DEL 70/30

Si hablamos de flexibilidad, es clave estar tranquilas de que tenemos "lo importante" bien cuidado y también saber que ya aprendimos quehay situaciones que nos van a doler, sin que por eso se transformen en un sufrimiento o drama. Por eso, desde hace varios meses, venimos aplicando este método que nos compartió Inés Dates, nuestra psicóloga. En un momento en el que estábamos empantanadas en una serie de "errores" y malos funcionamientos en el modo de trabajo, ella nos ayudó a ordenarnos: "El 100% del éxito es un 70% de cosas que salen bien y un 30% de cosas que salen mal o no salen como queríamos", nos explicó. Inmediatamente eso nos alivió, porque veníamos persiguiendo una perfección que no era posible, que no era real, había que presupuestar la falla, teníamos que permitírnosla. Entonces, cada vez que estamos tras un proyecto, mantenemos esta matemática emocional al alcance de la mano. Si algo no resulta como esperábamos, simplemente se convierte en nuestro 30%, pero sin perder el foco en el 70% que sí está funcionando. Nos la pasamos diciendo: "Relax, esto es el 30%" (todo un desafío para nuestra hiperexigencia), y nos premiamos por el total positivo.

Esa es la clave del éxito, que podemos aplicar a muchos aspectos de la vida, está en la lógica del 70/30. El 70% de todo lo que hacemos, deseamos e intencionamos es éxito. El restante 30% lo entregamos. Ser flexibles es admitir que no se puede ganar en todas.

Lo importante es, entonces, identificar cuál es nuestro 70, cuál es nuestro 30 y si nos sentimos lo suficientemente poderosas como para abrir... y dejar que el resto florezca. O, en el lenguaje de los arquetipos de personalidad, ser dueñas de lo nuestro -como la reina- entendiendo que es necesario ceder una parte y aceptando que nuestras debilidades existen... ¡y que las podemos bancar!

Es casi obvio que la idea de tenerlo todo es súper seductora. Pero es eso: una idea, una ilusión que nos da una sensación estimulante para poder soñar y actuar. La realidad es que lo bueno siempre es bueno para uno o más aspectos nuestros, pero no para todos. En un ascenso laboral, por ejemplo, se nos abre la oportunidad de ganar más plata y reconocimiento, pero seguramente resignemos tiempo libre e independencia. Eso que quedó afuera es el 30% y es intrínseco a cualquier decisión o cambio en nuestras vidas.

6 CLAVES PARA ENTRENARTE

Proponernos ser más flexibles no quiere decir que nos convirtamos en elásticos que se alargan hasta cortarse. Se trata de estirarnos hasta donde queremos y podemos, sin disolvernos nosotras en el intento. Entrenarnos en este arte nos va a traer muchas cosas buenas, sobre todo una mirada más justa sobre nuestras fortalezas y debilidades.

¿Por dónde empezar?

Mirá de frente tu rigidez. ¿Qué ves? ¿Hay miedo a perder el control? ¿Hay desconfianza en vos misma? ¿Una exigencia desmedida? Identificá qué emoción está jugando ahí en el fondo para que tengas tanta resistencia al cambio y, por momentos, seas tan inflexible con tus desaciertos.

Apagá tu evaluador interno. Empezá regalándote cinco minutos al día en los que te permitas dejar de juzgarte. Podés pararte frente al espejo y decirte una serie de cosas lindas o bailar el último hit de Justin Timberlake a todo volumen. Lo importante es que por un ratito te desprendas de esa voz que solo te habla de lo que falta.

Intentá adaptarte. Aparentar ser otra para encajar no da ni un poco, pero sí soltar o transformar algo en nosotras para poder fluir en nuestra propia corriente. Si el marinero se obstinara en que el bote se quedara quieto, no ganaría más que mareos y náuseas, ¿no? En cambio, con su postura corporal y su predisposición a navegar, logra que lo natural sea ese suelo movedizo bajo sus pies.

Habitá lo bueno. Acá la propuesta suena polémica, y es que aprendas a contentarte con lo que hay. ¿Una prima hermana de la resignación? No tanto, sino que se trata de poner pausa, disfrutar y agradecer. De prestar atención a lo bueno, de rodearte de personas que te aprecien, de anotar lo que sí hiciste y lo que recibiste; no lo que te faltó o lo que te deben. De focalizar en tu abundancia, no en tu escasez.

Visualizate. Estás en el mar. Viene la ola, la querés saltar o barrenar. Es tan, pero tan grande que te termina tapando. Está en tus manos emerger a la superficie maldiciendo o riendo. Es que, aunque siempre intentemos elegir, a veces simplemente se impone el revolcón. Acá es nuestra tarea armar una "yo" fuerte, que pueda tolerar los "malos", que se felicite por lo airosa que salió de esta.

Probate en lo desconocido. Cuando asumimos un riesgo o nuevo desafío, instauramos una relación de valentía y no de huida con el miedo a lo desconocido. Confiamos en que si algo sale mal, contaremos con una caja interna de herramientas para repararlo. Dejar un hábito que te hace mal, animarte a aprender algo, cambiar de trabajo... Vos sabés mejor que nadie cuál es tu próximo desafío para desandar la rigidez. .

¿Qué te aportó esta mirada? ¿Te animás a flexibilizar tus estructuras? Leé también: Mariano Sapia: "Si el arte tiene alguna función, es la de renovarte del desgaste que te produce la vida" y Si me querés, madurá

Maquilló y Peinó Mariu Coscia Collins para Sebastián Correa Estudio. Agradecemos a Vitamina, Uma y Jessica Kessel su colaboración en esta nota.

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