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Mariano Sapia: "Si el arte tiene alguna función, es la de renovarte del desgaste que te produce la vida"

 
 
 
Mariano Sapia. 

Seguimos conversando con creadores, otra vez un artista. Mariano Sapia pinta, dibuja y pinta. Y concibe al arte como un medio para conectarnos, para "volver a encontrarnos con aquello que nos hace poderosos y fuertes", para recuperarnos del desgaste de la vida.

(Si bien la creatividad no es privativa de las artes, sino esencial a nuestra condición humana, en esta primera instancia seguimos enfocados en aquellos que la ejercen de manera inequívoca).

-¿Cómo es tu rutina de trabajo?

-La palabra rutina está tan cargada de significados en nuestra época que yo preferiría no usarla, porque de hecho la rutina te vuelve rutinario, que es justamente lo que uno espera que no tenga el arte. Yo te puedo decir que tengo determinadas costumbres, maneras, a veces sí, a veces más, a veces menos, pero no rutina.

-¿Pero te levantás todos los días y venís al taller?

-Y claro.

-A determinada hora.

-Cuando me levanto. También es cierto que cuando uno tiene hijos, los tiempos también son los de tu familia. Durante años llevaba a mis hijos al colegio y después me venía para acá, con lo cual llegaba a eso de las ocho y media. Y tenés que trabajar y trabajar. Como no tenés a nadie diciéndote lo que tenés que hacer y como, por otro lado, hay muchísimas cosas de ínterés (de todo tipo y cada vez más), si uno tiene que hacer algo, en mi caso pintar, tenés que ir y hacerlo, ponerte firme en hacerlo. No usaría la palabra rutina, sí hablaría de costumbres o hábitos que te llevan a mantener un entrenamiento. Por ejemplo: si tenés que pintar, no podés beber mucho. Si tenés que pintar, no podés excederte. No te podés acostar a las 3 de la mañana si te tenés que levantar a las 8 de la mañana. Mucha gente se acuesta a las 3, se levanta a las 8 para ir a trabajar y anda zombie todo el día, y así trabaja.Está bien, ponés un número acá, otro número allá, una sonrisa acá, otra sonrisa allá, pero para pintar uno necesita estar energético y concentrado.

-¿Cómo te preparás? ¿Hacés algo en particular, más allá de haber dormido bien y no haber tomado mucho alcohol? Un actor, en general, empieza a elongar, bosteza, grita, ¿cómo se prepara un pintor?

-Un pintor no sé, te puedo hablar de mí en todo caso. Te diría que voy mirando lo que estuve pintando el día anterior, voy revisando la pila de ideas que siempre tengo ahí en gateras, esperando que en algún momento las pueda desarrollar. Vas entrando de a poco en el día con lo que estás haciendo.

-¿Te preparás un mate? (En este preciso momento el entrevistado está cebando mate).

-A veces sí, a veces no, por épocas. Son rachas. Hay épocas en que tomo soda, hay épocas en que tomo mate, épocas en que tomo naranjada, épocas en que como una fruta, épocas en que como bizcochitos de grasa, son rachas. Pongo música. La música en la ciudad te aísla del contexto, no escuchás a los vecinos, no escuchás los autos, no escuchás el colectivo que pasa y toca bocina.

-¿Siempre ponés música?

-En general, sí. Si todavía no me puse a pintar quizás escuche un poco de radio. Cuando empiezo a pintar ya no puedo escuchar más radio. También hago tareas que tienen que ver con lo que está alrededor de la pintura.

-Preparás los materiales.

-Claro. Lavás los pinceles, le das una mano de blanco a una tela, cosas que podés hacer con un grado medio de concentración.

-¿Y qué te inspira?

-Yo doy por sentado que el artista es una persona que siente, que siente el mundo y tiene necesidad de expresar determinado tipo de sentimientos que le genera el mundo. En ese sentido hay cosas que a mí me tocan más que otras, pero si me apuraras un poco, te diría que visualmente me estimula todo. También yo tengo que comprender que el día tiene 24 horas, que tengo que dormir, que tengo cosas que hacer independientemente de pintar, y que pintar todo el tiempo también te agota, entonces me resigno a que haya un montón de cosas que no voy a pintar jamás. Pero si te descuidás, empiezo a ver esa pila de revistas ahí, con ese tacho y la franela naranja, y empiezo a decir "qué lindo que es eso". Y podría pasarme 5 o 6 años pintando lo que está ahí, pero bueno, ahora estoy con esto otro...

 
La pila de revistas. 
 
Lo que está ahora pintando. 

-¿Qué define un tema? ¿Cómo surge, por ejemplo, esto de las "Escenas de la vida tumultuosa"? ¿Surge un tema en un momento y te concentrás en él?

-No exactamente porque voy con varios al mismo tiempo. Pasa que a veces por determinada circunstancia tenés que hacer una muestra y es como si estuvieras buscando el chinchón, decís: "me tiro por este lado ahora en este momento, ya tengo 4 o 5 cartas de éstas, vamos a esperar que me vengan dos más". O tal vez no, a veces sentís que el tema te puede dar algo que todavía no te dio, porque si ya te dio todo lo que te tenía que dar, no te da más ganas de pintarlo... Esto que te digo es vago y confuso, y sin embargo, siento que ya estoy hablando demasiado. Yo te diría, si tuviera que ser completamente sincero, que el origen de la inspiración es un lugar para el cual las palabras son pavadas, y lo que pasa no tiene nada que ver con las cosas que uno puede suponer o decir, y que tratar de nombrar eso que sucede es una arrogancia de parte de uno. Yo no sé exactamente qué estoy pintando. Un enorme pintor que yo admiro, Henri Matisse, decía que era Dios el que le movía el pincel. ¿Qué quería decir él? Que él no era sino una mano, que lo importante pasaba por otro lugar.

-¿Y qué sentís que estás transmitiendo cuando pintás?

-Una experiencia visual.

-¿Qué te gustaría que viva o sienta la persona que recibe eso?

-Que comparta algo de esa experiencia visual. En realidad, te diría que no espero demasiado en relación a eso.

-¿Pintás para vos o pintás para el otro?

-Creo que no existe pintar para mí si al mismo tiempo no estoy pintando para el otro. Yo estoy pintando absolutamente para mí pero a la vez siento que no me sirve hacer algo para mí si siento que es hermético, para eso no lo hago. Yo vendo mis pinturas. La gente las quiere y le pasan mil cosas con mis pinturas cuando las tienen en las paredes.

-¿Y para vos eso es importante?

-Claro. Ahora bien, hay una pintura que es maravillosa, que son los Los fusilamientos del tres de mayo de Fransisco de Goya. Es un cuadro que está en el Prado y es justo que esté en el Prado. La gente va, pasa, lo mira, emocionalmente te toca. Suponete que vas a escuchar una música muy potente, tal vez fuerte, trágica, que te conmueve, vas, escuchás el concierto, te golpea. Suponete que te leés una novela poderosísima que también te conmueve hasta lo último. Pero en el caso de una pintura con la que vas a convivir, tenés que pensar que es una energía que va a estar ahí todo el tiempo. Uno tiene que ser muy consciente de la energía que se va a desplegar. Yo no pinto un cuadro con el que yo no podría vivir. Y a esta altura de mi vida no me interesan las pinturas con las que yo no podría convivir. Ves un cuadro de Caravaggio, para mí la energía de un cuadro de Caravaggio es la energía de un tipo que es un perverso. Percibís la energía. Es la energía de un perverso, de alguien que goza haciendo sufrir. Yo no puedo convivir con eso. O hay gente que está torturada por la angustia o por el odio, mucha gente ha pintado y pinta así, así pinte una manzana.

-Hay toda una responsabilidad entonces en relación a la energía que vos traés.

-¡Más vale! También coincido con Matisse cuando él decía que una pintura tiene que ser un lugar en el cual uno se hunde y se renueva, que es la función del arte. Si es que el arte tiene alguna función, es la de renovarte del desgaste que te produce la vida. De volver a encontrarte con aquello que te hace poderoso y fuerte. En definitiva, de volver a conectarte. Con el mundo, con el Universo. Desconectarte te cansa y te envejece.

-¿Qué te pasa cuando escuchás a alguien decir "yo no sé dibujar"?

-Lo escucho a menudo, y de gente muy segura en su vida y con logros profesionales. Creo que en algún momento de su infancia hubo una voz muy severa que le dijo: "vos eso no". Hay gente que es tullida de la vida, cuyo sueño es que todo el mundo sea tullido, entonces andan por ahí cortándole patas y brazos a los demás.

-¿Tiraste alguna vez dibujos tuyos a la basura?

-Todo el tiempo. Cada tanto hago una pasada y digo: "esto no, esto no, esto no, ¡¿cómo guardé esta porquería?!" A veces guardo pensando no tanto en el valor artístico, sino en lo que me puede llegar a dar más adelante. Tirar porquerías, todo el tiempo, toneladas. Es parte continua del hacer. La naturaleza obra así. La naturaleza es exuberante. No es que tira una semilla para que haya un árbol, tira millones, de las cuales una cantidad enorme, la mayor parte, no prospera jamás, otras prosperan un poquito y unas pocas se desarrollan. Y las pocas que se desarrollan son contadas con la mano, las que después darán otros árboles.

-Cuando le hice la entrevista a una ilustradora, le pregunté a qué era comparable dibujar para ella y me respondió: "a tomar helado". Para vos, ¿a qué sería comparable pintar?

-(Se queda pensando).

-Le hice la misma pregunta a una bailarina y me dijo "bailar para mí es comparable a jugar con las olas del mar".

-Pintar es pintar.

-Si le tuvieras que explicar esa experiencia a alguien que nunca la vivió, ¿qué le dirías?

-En una mujer es más fácil de explicar que en un hombre. Cuando una mujer está muy embarazada, está en contacto con otra cosa que va más allá de sí misma. Por ejemplo, hay momentos cuando hacés un deporte en los que vos podés tener un conocimiento de algo más allá de las palabras. Sin haber hecho un razonamiento, sin haber hecho una secuencia lógica, uno pudo saber algo de manera instantánea. Pintar es parecido a eso. En cierto sentido puede ser parecido a hacer el amor, pero es mucho menos sensual indudablemente. Toda actividad en la cual uno suspende el juicio pero al mismo tiempo está alerta y consciente es comparable con el acto de pintar, por lo menos como lo encaro yo. Sería comparable a meditar.

-¿Meditás?

-A veces... ¡Pinto todo el día!

-¿Cómo te gustaría que te recuerden en el futuro? ¿Qué te gustaría dejarle al mundo?

-No pienso en esas cosas.

-¿Qué te gustaría darle al mundo en este momento?

-Lo que le estoy dando. Mis cuadros. El amor por una ideas, que creo que son mejores que otras, el amor a la belleza, el amor al conocimiento, el amor a no querer tener razón todo el tiempo, el amor a la variedad de las cosas, el amor a aceptarnos, a aceptar los cambios que nos suceden, a las singularidades de cada cosa, de cada época, de cada arte, de cada artista. A la maravilla que te ofrece eso. Fuera de eso, espero hacer lo que hago con mayor capacidad y talento del que tengo ahora. Yo siento que recién ahora empiezo a darme cuenta de algunas cosas. Y no espero nada. Me cuesta pensar esa idea. Me cuesta pensar: "ah, qué voy a dejarle yo, ah qué importante soy yo que voy a dejar algo importante", ¿Importante? ¡No! Lo que siento que uno tiene que hacer es ser total en el momento en el que estás. No desperdiciar ni gastar tu energía pensando en un futuro. Si vivís pensando en el futuro, sos como esa gente que se la pasa todo el tiempo sacando fotos. Va a comer y se saca una foto, se pone un zapato y le saca una foto, no pueden vivir un segundo. Estaba en el El Museo de Orsay delante de un cuadro de Gauguin y un tipo apareció, chás, sacó una foto y se fue. Mucha gente vive así, yo creo que es un error enorme, es un extravío estar pensando cómo nos van a ver, qué vamos a dejar... ¡Qué sé yo! ¡Andá a saber! ¡Andá a saber! ¡Y qué se yo! (...) Voy a cambiar la yerba, ¿querés?

-Sí, por favor.

Y muchas gracias.

Si te interesa saber más acerca de Mariano, podés mirar su página de Facebook. También lo encontrás dando clase en la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.

Algunas de sus pinturas de las "Escenas de la vida tumultuosa":

 
Anden, Oleo, 60x180 cm, 2014-16. 
 
La Saladita, Oleo 2015-16, 100x150cm. 
 
Manteros, Oleo, 100x140 cm, 2015. 
 
Una mañana en el supermercado, Oleo, 130x130cm, 2014-16. 
 
Que se va!, Oleo, 60x180 cm, 2014-15. 
 
Que se va!, Oleo, 120x200 cm, 2015. 
 
El Regreso del Malon, Oleo, 100x140 cm. 2016. 
 
Una tarde en la cachila, Oleo, 143x150 cm, 2016. 

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