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Cómo contribuye la literatura a la medicina

 
 

Analizando los cuentos que teníamos para comentar hoy, Apuestas y El autostopista, ambos publicados en libro Relatos de lo inesperado, de Roald Dahl me encuentro con un artículo publicado en una revista científica de Estados Unidos en el que un neurólogo enumera los aportes que hizo el autor a la ciencia neurológica.

 
Foto: Latinstock

Quienes hace tiempo participan de Club o quienes me siguen twitter seguramente ya saben que una de mis pasiones y ocupaciones es la comunicación de la salud, tal vez hasta se dieron vuelta por mi blog Futuro Salud Latam, para profesionales de la salud, que se nutre de novedades del campo de las tecnologías y la medicina, donde hace tiempo publiqué un artículo del Hernán Barreda sobre encuentros médicos literarios.

Desde entonces, la cuestión de la literatura y la medicina es un tema que me viene dando vueltas hace tiempo. Se sabe, hay muchísimos médicos que toman la literatura como una vía de escape, un hobby sin ninguna repercusión en su práctica profesional, pero también, vengo notando, en conversaciones o en las redes, que crece el número de profesionales sanitarios que se animan a pensar "fuera de caja". Aquellos que le ponen creatividad, garra y que entienden que para sanar a un paciente muchas veces suele ser más valioso lograr una buena comunicación con el paciente que una fría receta.

Entre ese grupo de profesionales, preocupados por refinarse a sí mismos como posibilitadores de la salud, están quienes reconocen -o al menos sospechan- que muchos de los conocimientos que proceden de áreas no científicas, como puede ser el arte, la literatura, el teatro, las religiones o incluso, la astrología, pueden tener un impacto positivo en la cura de ciertas enfermedades.

En chat con el flamante doctor Hernán Barreda, que escribió a propósito de este tema el texto Átomos a palabras le pido una contribución para este posteo y me dice: "De lo que yo te puedo hablar es sobre que la fragilidad de las condiciones (enfermedad del latin in-firmitas, no firme), los estados valetudinarios de los que hablaba Nietzsche, tienen grandes potencias a invocar y son, por lo demás, el lugar desde dónde surgen los gestos literarios. La OMS definía la salud como el 'completo bienestar físico, psíquico y social'. Un horror, sí, pero cualquiera se indigna con eso y, ya aprendimos, quien se indigna pierde. La Medicina General que encarna hoy la medicina más amable y humana (lo que sea que signifique eso) -y por ello paga el precio de ser la vanguardia de la buena conciencia, hay que decirlo- gusta invocar a su tótem Floreal Ferrara, con otra definición que a todas luces es superadora: 'La salud es la solución de un conflicto'. Ya estamos en hora de pasar a otra cosa, de superar esa definición, también al pánico con la enfermedad y la discapacidad por lo menos por esta simple razón: ahí dónde hay condiciones-conflictos que NO tienen solución (amputaciones, enfermedades/condiciones crónicas no transmisibles, abandonar el consumo problemático de una sustancia) también hay una potencia a invocar y una salud a construir."

 
Foto: Latinstock

En ese sentido, si hay por construir una salud, y si a mí me preguntan, a quién les traigo es a Edward Bach, el creador del famoso sistema floral. El decía que la forma de sanar, lejos de ser eliminar el síntoma problemático, está en aumentar su contracara virtuosa.

Hay también algunos estudios científicos como el de James Pennebaker que estudió el poder de la escritura creativa en la salud y ciertas corrientes de Terapias que recetan libros, que ya están considerando el poder de la literatura como factor de salud.

En cuanto al artículo que mencioné al comienzo sobre la contribución a la neurología de Roald Dahl, lo que comenta el Dr. Andrew Larner, director del Walton Centre for Neurology and Neurosurgery, es que el escritor pudo haber sufrido algún tipo de alteración neurológica en su accidente de guerra, tal como el propio Dahl relata en el segundo volumen de su autobiografía, Going Solo (1986): "Toda mi vida he tenido un intenso e inquisitivo interés en todas las formas de la medicina", lo que el autor del artículo interpreta como consecuencia de la lesión que Dahl sufrió en su cabeza cuando tuvo un accidente como piloto durante la Segunda Guerra Mundial. Durante su convalecencia en Alejandria, estuvo ciego durante un tiempo y sobre esa época el escritor dijo: "Tanto mi sentido del olfato como del gusto se agudizaron durante mi ceguera y también desarrollé el hábito instintivo de traducir sonidos y esencias en una imagen mental colorida". Para el neurólogo esta declaración sugiere que es posible que Dahl haya experimentado un desorden neurológico que distorsiona el orden natural de la percepción de los sentidos, el fenómeno de "hyperpilaphesie" un sentido exacerbado del tacto,aunque no llegaría a ser el de sinestesia.

 
Foto: Latinstock

En los cuentos que leímos para hoy el interés por este tema se ve muy claro. En El autostopista, el protagonista tiene una extraña habilidad con sus dedos, lo que le permite ser un carterista de máxima categoría. El insiste en diferenciarse de los vulgares rateros llamándose a sí mismo como un dedista.

Y en Apuestas, la enfermedad, como explicación probable para su inesperada actitud, aparece al final del relato, en esa mujer en quien el apostador juega su última esperanza.

Así leí estos dos cuentos de Relatos de lo inesperado.

¿Qué les llamó la atención a ustedes? ¿Con qué se identificaron más? ¿A dónde los transportaron los cuentos? ¿A qué otros autores? ¿Prefieren el Dahl para niños o para adultos?

Y en cuanto a este tema de la literatura y la salud: ¿Conocen alguna iniciativa similar o algún profesional que tenga esta perspectiva?

Para la próxima 1 de septiembre leemos algo de Clarice Lispector.

Les propongo volver con esta autora brasileña de quien ya hablamos en Escribir como quien aprende y vayan pensando con qué autores o autoras le parece que podamos vincularla.

Recuerden que me encuentran por mail clubdelecturaohlala@gmail.com y twitter @danielachueke e Instagram.

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