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Lloré en el trabajo

Darle lugar a esta emoción en nuestro ámbito laboral nos puede fortalecer. Capitalizá la potencia de las lágrimas.

Por María Soledad Cotelo | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Foto: Ilustración Elda Broglio

A la mayoría de nosotras nos avergüenza llorar en el trabajo. ¿A qué le tenemos miedo? ¿Creemos que es un gesto de debilidad? ¿Expone una parte nuestra que suponemos que no es compatible con lo profesional? Si decodificamos de manera diferente nuestras emociones, quizá descubramos que validar lo que nos pasa puede ser una de las claves para volvernos más fuertes.

Somos seres emocionales. Cada alegría y cada tristeza nos invaden la mente, el cuerpo y el espíritu. ¿Cómo hacemos para escindirnos y dejar fuera del ámbito laboral lo que nos moviliza? Imposible.

Muchas veces, llorar es incómodo (para uno y para los demás), pero pasamos ocho horas promedio en la oficina y, si la necesidad está latente, finalmente saldrá a escena de algún modo. El tema es cómo abordarla.

No es cuestión de andar sollozando como una pobre Magdalena ni de pasártela llorando todo el tiempo (en ese caso habría que indagar por otro lado qué es lo que está ocurriendo), pero cuando sucede -como excepción y no como regla-, es valiente y recomendable dejar que las lágrimas fluyan sin avergonzarte por mostrar tus sentimientos.

Claro que llorar en tu ámbito laboral no es igual que llorar sola en tu habitación. Aun así, cuando la emoción ya te tomó, podés reservarte y tomarte un break sin por eso tener que caretearla, podés blanquear lo que te pasa: "Estoy mal, voy a salir un rato".

De una manera u otra, vas a liberar lágrimas y una buena cantidad de endorfinas, que te van a ayudar a hacer el clic y seguir con tu día laboral mucho más enfocada y activa.

Las líderes también lloran

Si tenés la experiencia y la capacidad necesarias para coordinar un equipo, confiá en que también podés amigarte con la emoción que surge cuando un proyecto al que le dedicaste meses se frustra o cuando uno de tus colaboradores más cercanos se va de la compañía. No gastes energía -que podrías poner al servicio de tu labor- ocultando lo que te brota naturalmente. Llorar es una señal de interés por lo que hacés y de coherencia emocional. Poder hacerlo ante el grupo de trabajo que tenés a cargo, incluso, habla muy bien del vínculo que construiste y de lo comprometida que estás con la tarea que llevan juntos adelante.

Hoy las empresas buscan líderes que se involucren con todo su ser (incluidas las emociones) en los proyectos que desarrollan.

La mirada de los otros

Cuando exponés tu llanto, las reacciones de los demás pueden ser diversas. Es necesario hacer un trabajo de conocimiento intrapersonal, pero también interpersonal.

Si te sentís contenida por tu entorno, podés emocionarte sin miedos. Sin embargo, más allá de lo que se genere en ese momento puntual, tu llanto sienta precedente para los demás. "Acá ponemos las emociones en juego", dicen tus lágrimas.

Especialmente si vos sos la autoridad, tené en cuenta que el clima laboral responde a una cultura organizacional pero también a la onda con que te manejes como líder.

Vos podés lograr que el grupo sea cada vez más receptivo, no solo con el llanto, sino con todas las emociones que surjan. Capitalizá tu sensibilidad para maximizar la conexión y minimizar la separación entre los integrantes del equipo, así vas a generar algo enriquecedor desde lo emocional.

La vulnerabilidad da fuerza

Un llanto no te define, no vas a quedar estigmatizada para siempre. Hoy llorás y mañana estás súper alegre y enérgica, puede pasar. Así que no te maquines con la vergüenza, la bronca o la impotencia que podés haber sentido.

Lo importante es entender objetivamente qué fue lo que pasó para, si fuera oportuno, poder comunicarlo, plantear un pedido o brindar una solución.

Celebrá las lágrimas y contagiá esa aceptación a los demás. Permitirte llorar en el trabajo significa entender que tu sensibilidad es una fortaleza y no una característica que te debilita, demuestra cuán ligada estás desde lo emocional a lo laboral y cuánto coraje tenés para aceptar una vulnerabilidad que te convierte en una líder auténtica.

Dale curso a tu llanto y transformá esa potencia emocional en algo positivo: puede ser una de las decisiones más racionales y profesionales que tomes en tu carrera.

6 cosas para el después

1. Frená el "radio pasillo": desdramatizá la situación dando la información justa y necesaria.

2. Movete: si necesitás liberar la sobrecarga de energía, salí a dar una vuelta manzana (o varias).

3. Separá hechos de juicios: trazá una línea vertical en una hoja; a la izquierda anotá los hechos y a la derecha, los juicios (tus interpretaciones). Volvete una observadora de lo sucedido.

4. Practicá una relajación progresiva: cerrá tus ojos y concentrate en tensionar y relajar distintos músculos por cinco segundos cada uno, mientras acompañás manteniendo la respiración. Empezá por los pies y llegá hasta la frente.

5. Sé estratégica al buscar contención externa: no llames a esa amiga que va a echar más leña al fuego.

6. Probá la postura "Wonder Woman": si te quedaste bajón, andá a un lugar privado y parate durante dos minutos con las manos en la cintura, al estilo Mujer Maravilla. Esta posición corporal puede ayudarte a recuperar la confianza, hacerte sentir poderosa y bajar tus niveles de estrés tras un ataque de llanto.

Qué podés leer

 

Más fuerte que nunca, Brené Brown (Urano, $300).

Emociones laborales, Alberto Blázquez, (LID Editorial, $400).

¿Te pasó algo así? ¿Pudiste remontarla? También: Básicos de oficina y Cursos y talleres para empezar en junio

Expertos consultados: Alejo Cantón, presidente de Vistage Argentina, licenciado en Economía, especialista en liderazgo; Julieta Heinz, licenciada en psicología, brinda asesoramiento a empresas y organizaciones según el método sistémico y Marina Fábregas, coach organizacional, especializada en Eneagrama.

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