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Aniko Villalba y el lado B de los viajes

 
 

Aniko Villalba, la autora del blog Viajando por ahí, la viajera que escribía y que se transformó con los años en la escritora que viaja, contó una pesadilla que tuvo antes de la presentación de su segundo libro,"El Síndrome de París".

"iba muy poca gente, mi papá decía mi sobrenombre de la infancia adelante de todos, la presentadora se ponía nerviosa y se atragantaba, José se escondía entre el público, Vero también me dejaban sola, había un empleado de supermercado anunciando las ofertas del día por altoparlante, caía un satélite sobre el colegio de al lado y una mujer avisaba que algunos de los autos estaban arruinados. Abría las cajas y la imprenta me había mandado otro libro: una novela gráfica escrita por un italiano".

El miércoles 13 de abril se presentó el libro y nada de esto pasó, la sala más grande del Club Cultural Matienzo estuvo llena de personas que querían escuchar las experiencias de Aniko Villalba, una argentina que es referente para los que sueñan dejar atrás la rutina y largarse a volar. En ocho años desde su primera aventura por Bolivia, ya pisó gran parte de América, ciudades de África, Asia y Europa, pero todavía falta y es probable que no llegue a conocerlo todo pero se la ve satisfecha con lo vivido hasta ahora, el mundo se presenta como una gran incógnita que develará de a poco, mientras la escribe.

Durante la charla, acompañada por el editor rosarino José Sainz, la ilustradora Verónica Gatti y la moderadora Mariel Palomeque, Aniko explicó que el libro se empezó a gestar en 2014, cuando escribió un post sincericida y le puso palabras a las sensaciones que le producía vivir viajando. En ese post, miles de veces compartido, contó el lado oscuro de los viajes, lo que nadie dice ni muestra en las redes sociales.

 
Aniko Villalba. Foto: Viajando por ahí.. 

Una semana antes de la presentación nos encontramos en un bar de San Telmo, muy cerca de donde alguna vez nos conocimos y compartimos las clases de Ficción del escritor Pedro Mairal. Ya no es la misma Aniko que pensaba que vivir de viaje era la única manera de sentirse viva. Aunque no reniega de su elección, en el libro explica por qué no todo es tan ideal como lo imaginamos.

-Cuando escribí ese post, en 2014 llevaba seis años con ese estilo de vida de vivir viajando, al principio era "puedo ser libre, hacer lo que quiera, ir a todos lados". Cuando eso se volvió mi normalidad, empecé a pensar que hay cosas que la gente no ve y que son difíciles. Estás lejos de la gente que querés, incluso si vas conociendo gente, te vas despidiendo de ella. Si viajás con poco presupuesto o te quedás en casa de gente, siempre sos huésped, nunca tenés tu espacio. No te podés encerrar en tu cuarto y quedarte una semana, tenés que poner siempre buena cara. Puede pasar que en tu ciudad de origen se muere gente que querés y no estás, nacen bebés y no estás. La gente un poco se olvida porque saben que sos la que está viajando. Todas esas cosas me empezaron a pesar, me empecé a sentir sola. Aunque siempre digo que cuando viajás sola nunca estás sola porque estás rodeada de gente, yo estaba viajando sola pero en un periodo muy triste y no encontraba el apoyo de nadie, lo que es lógico, yo estaba de paso y es difícil encontrar contención, la gente quiere compartir las cosas lindas.

Tardó cerca de dos semanas en escribir su post catártico, no se animaba a publicarlo, pensaba que le dirían que era una desagradecida porque tenía la vida que muchos sueñan, pero pasó todo lo contrario. Aniko cuenta que le llegaron muchos mensajes de viajeros que le decían que les pasaba lo mismo y que se sentían más acompañados, o lectores que le agradecían por contarlo.

 
La cercanía de las cosas. Foto: Viajando por ahí.. 

-Entonces apareció el nombre del post, El síndrome de París.

-Yo estaba haciendo un viaje en auto desde Vienne, en Francia hasta la Provenza, usaba en sistema de carpooling, y me llevó un chico francés vietnamita. Me dijo que viajaba mucho y que hacía couchsurfing, el sistema de quedarse en casas de familia. Le pedí que me contara alguna historia divertida o rara, ahí me contó sobre una japonesa que había recibido y que había llegado en un vuelo directo de Tokyo a París. A la noche se despertó y ella estaba en la puerta de su habitación mirándolo. Le preguntó qué le pasaba y ella dijo que estaba muy deprimida y se quería suicidar. Se puso a llorar, él la abrazó, y la tranquilizó. La chica se fue a dormir y al otro día no estaba más, se había ido, se había llevado sus cosas, había borrado su perfil de couchsurfing, desapareció. Dos años después recibió un mail donde la japonesa le agradecía porque le había salvado la vida. En Tokyo la habían atendido en el hospital y le dijeron que había sufrido el Síndrome de París.

-¿Solo a los orientales les pasa?

-Es un síndrome que le pasa a los japoneses cuando van a París, porque tienen una imagen tan romántica y tan idealizada y perfecta, que llegan y ven una ciudad con tráfico, con gente apurada que puede ser maleducada, y se desilusionan. A algunos les dan ataques de pánico. Cuando me contó esto yo pensé que se puede aplicar a muchas cosas, esas expectativas tan altas que cuando uno choca con la realidad se desilusiona, y eso fue un poco lo que me pasó con el estilo de vida viajero. Yo sentía que iba a ser mi vida perfecta y después me di cuenta de que no, que era un estilo de vida más.

-¿Tenías esa sensación de insatisfacción de la que hablan los viajeros que te hacía buscar siempre nuevos lugares?

-Trataba de buscar el lugar donde me sintiera bien. Yo me fui muy triste de Argentina porque se había muerto una amiga querida, una astróloga. Me fui en duelo, no quería estar acá, me quería desvanecer por dos años y volver cuando ya me hubiese olvidado de lo que pasó, entonces me di cuenta de que eso de que viajar cura todo no es tan así. Fue un proceso de desidealización, más que desilusión. Cuando lo hacés tanto tiempo seguido es una vida más. Si viajás durante veinte días, esos días los disfrutás al máximo, dejás los problemas de lado y después volvés a la rutina y a la vida cotidiana. Pero cuando lo hacés todo el año, durante tantos años seguidos, también se transforma en una rutina.

-Y eso lo reflejás en el libro, ¿cómo es la estructura?

-Son seis capítulos, el primero es cuando me voy, los meses de viaje por Argentina, Chile, Bolivia y Perú, ahí hablo más de mi estado de ánimo, había salido con otro novio, cortamos en Perú. El segundo es más experimental, cuando viajo a Europa, son relatos por España, Francia, Inglaterra y Bélgica. Había encontrado un libro que se llama "La guía del viajero experimental", de Lonely Planet, que te propone juegos al estilo: "vendate los ojos y paseá por la ciudad, o tirá una moneda en la esquina para decidir para qué lado vas". Los relatos son el resultado de estos juegos, empecé a encontrar cosas en la calle, les sacaba fotos. En Londres dije, "voy a conocerla solo en colectivos rojos", así que me subía, daba vueltas por la ciudad, escribía. El tercer capítulo es todo Islandia.

-Fue lo que más me gustó de tu blog. Islandia es increíble.

-A mucha gente le gustó, sí. Hicimos "Desafío Islandia" con mi amiga Lau (la autora de Los Viajes de Nena) con las misiones que nos propusimos, que eran, por ejemplo, no pagar nunca por alojamiento, hacer todo a dedo, abrazar islandeses, hacer dumpster diving -que es juntar la comida que se desecha-, los contenedores eran mejores que mi heladera.

-Se ve que hay mucha abundancia allá. ¿Qué fue lo más loco que les pasó?

-Fuimos a principio de verano, tres meses con sol las 24 horas. A la noche el cielo no era azul, quedaba blanco o un azul más oscuro, le decían noches blancas. Te da una sensación de seguridad, además de que es chiquito y todos se conocen, que haya luz y poder salir a las cuatro de la mañana sin plantearte que alguien pueda robarte la cámara, es buenísimo. Nosotras viajábamos a dedo, a las siete de la tarde. Perdés la noción del tiempo, tanto sol te hiperactiva y te acelera, todas las noches nos agarraba un ataque de risa como si estuviéramos borrachas.

 
Desafío Islandia. Foto: Viajando por ahí.. 

Amor y lluvia en Biarritz

El cuarto capítulo tal vez sea uno de los más esperados por los lectores del blog. Aniko Villalba encuentra el amor en Francia cuando lo conoce a L, y se queda a vivir en la lluviosa Biarritz por un año, pero también habla, con humor, de las historias de amor fallidas por el mundo.

-Cuando lo conozco a L, él me pregunta, ¿cómo hacés con el amor viajando tanto, se puede? Hago un flashback y cuento cinco historias que salieron mal pero son divertidas. Se llama el Museo de las relaciones rotas y hablo del síndrome de París. Vuelvo al presente con él cuando nos vamos juntos a Hungría. En el capítulo cinco cuento el viaje por Hungría y por Alemania con mi mamá y mi papá, donde buscamos el pueblito donde nació ella en el exilio, los paisajes de las fotos en blanco y negro que sacó mi abuelo, que era arquitecto, ingeniero, dibujante, tallaba en madera, fue el que hizo el antiguo puerto de Budapest.

-¿Tenían algo que ver con el comunismo?

-No, le tenían miedo, también a que hubiera una tercera guerra mundial, ellos se fueron a Alemania, creyeron que pronto iban a volver pero no volvieron nunca más. Tomaron un barco de carga y llegaron al hotel de inmigrantes en Argentina, porque ya habían parientes, se instalaron en Villa Urquiza y se quedaron acá.

-Y llegás al final del libro, ¿de qué se trata?

-El capítulo seis es cuando me quedo a vivir en Francia. Se llama Mapa subjetivo de Biarritz, describo la ciudad desde distintas perspectivas, mi vida, cómo es un día ahí, los sonidos de la ciudad, es un mapa que fui llenando de sentido.

 
Baviera Alemana. Foto: Viajando por ahí.. 

Después de Días de Viaje, el primer libro que fue autopublicado con mucho éxito, la edición de José Sainz, fue fundamental.

-¿Cuál fue el aporte del editor?

-El supo ver cuáles eran las partes que había que cortar, ampliar y trabajar, me ayudó a encontrar un estilo sólido y una voz más firme, más coherente. Me obligaba a pensar en imágenes y a transmitir lo que sentía en ese momento. Lo leyó, lo editó y después lo volvimos a leer frase por frase, fue muy intenso, un trabajo de muchas horas. Él siempre fue muy sincero. En parte el libro es lo que es por él.

-¿En cuanto al amor, cuáles fueron las diferencias culturales que tuvieron que negociar con L? Las costumbres francesas que te costaron más.

-Yo llegué a Francia sin hablar ni una sola palabra, así que con L empezamos hablando en inglés y todavía seguimos, yo me puse a estudiar, entiendo bastante pero me cuesta hablarlo, me da verguenza, ellos pronuncian tan correctamente que si pronunciás mal no te entienden. En Biarritz eran amables, muy pacientes, pero con el idioma, me sentía un poco aislada. Nos juntábamos con sus amigos y todos hablaban en francés. Otra cosa que me molestaba al principio de L es que era muy quejoso, después me di cuenta de que la mayoría lo es. "Quejarse es el deporte nacional", me dijo. Todo lo de Francia, para ellos, es mejor. Ese orgullo francés me chocaba, en algunas cosas tienen razón. A mí me faltaba la calidez latina, acá todos son muy abiertos desde el principio. Más allá de eso, yo creo que Francia y Argentina se llevan bien.

-¿Y lo bueno?

-Encontré que no es histérico para nada, desde el principio me dijo "yo quiero estar con vos", sin ningún juego. Después me dijo que en Francia cuando te das un beso ya estás en una relación, así que hay que tenerlo en cuenta. Otra cosa que me gustó fue que cuando yo le dije que me habían dado una beca en Hungría para estudiar y que iba a viajar con mi familia, quiso acompañarme, se mostró seguro de que quería estar conmigo. Fue siempre directo, simple y positivo en muchas cosas.

Hoy L vive en Buenos Aires con Aniko, trabaja por su cuenta y la acompaña en la travesía.

Recién publicado el libro, será el momento de presentarlo en otras ciudades del mundo. Aniko Villalba mantiene un ritmo intenso que la obligó a abrir un nuevo blog para compartir sus intereses acerca de la escritura creativa. Tiene planes de visitar los países escandinavos y continuar con los viajes, la idea de tener hijos en un futuro no detiene sus ganas de conocer otras culturas para escribirlas y fotografiarlas con su estilo personal y su mirada sincera.

 
Contratapa. Foto: Viajando por ahí.. 

Muchas gracias, Aniko Villalba por la entrevista. Me encanta compartir historias que puedan inspirar a otras personas, para encontrarle otros colores a nuestra rutina, sobre todo en estos días tan grises.

Les mando un abrazo, me pueden encontrar en kariuenverde@gmail.com

Kariu

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