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Doy vueltas

 
 

Doy vueltas, me distraigo escribiendo textos sin ninguna urgencia solo para evitar éste.

Y no porque no desee escribirlo, sí lo deseo, pasa que no sé la formula, no soy buena para los cierres.

En general postergo los cierres, los esquivo, no solo en relación a un trabajo, funciono así en todos los ámbitos.

Escribí el primer post del blog de un tirón, sin ninguna consciencia de lo que hacía.

Extraño mucho de aquella inconsciencia, de aquella espontaneidad, de aquel hacer sin pensar en el resultado.

Me encantaría, de hecho, terminar el blog de la misma manera en que fue iniciado.

...

Ah, sí, me empiezo a despedir lento, despacio.

Ya algo les había anunciado el año pasado, marzo era mi mes límite.

Quedan dos textos más después de éste.

Me siento cómo decirlo... con esos cansancios saludables, como si hubieras corrido una maratón entera, regulando la velocidad, la entrega, pero sin jamás detenerte...

Y finalmente ves que estás llegando al final, a ese sitio desde el que arrancaste.

Y te preparás para volver a caminar por ese mismo pasillo...

En el sentido contrario al que caminaste hace casi 7 años.

Me despido, empiezo a despedirme.

...

Les di lo mejor de mí. Di lo mejor que tenía para darles.

Por momentos me hubiera gustado dar más, dar mejor, escribir mejor, llegar más lejos, divertirlas, me hubiera gustado emocionarlas en todos los posts, me hubiera gustado generar más conciencia, me hubiera gustado darles a diario una alegría...

De cualquier modo, di lo mejor que tenía, lo mejor que pude, lo mejor que mi ser y las circunstancias me habilitaron.

Hacer el blog y sostenerlo en el tiempo, créanme, para mucha gente cercana que conoce los detalles de este trabajo, siempre fue una decisión en gran parte descabellada.

Pero la tarea de escribir el post se hizo tan mía, que ya no podía dejar de hacerla.

Y hoy me llevo conmigo una experiencia maravillosa, casi delirante, poética, la de haberle puesto palabras a la maternidad durante 6 años y medio.

Quería evitar el autobombo, pero mi yo anciano, o mi Mosca Muerta (¿se acuerdan de la Mosca Muerta?) se coló y me obligó a un auto-reconocimiento, no de mí, no de Inés, sino de la parte de ella que dio de sí, que hizo posible que su experiencia de vida se tradujera en textos.

No sé si van a creerme, mis últimos 7 años fueron años muy difíciles. Quizás los más difíciles de mi vida. Fueron años super complejos, duros, dolorosos.

Los detalles de todo aquello algunas pocas lo habrán intuido, la mayoría no; en general, tendemos a fantasear, a creer que el pasto crece más verde del otro lado del cerco.

Fueron años dolorosos y a la vez tan lindos, tan mágicos.

Dificultad y Satisfacción vinieron en combo.

...

Doy vueltas, estoy trabada con el texto, mi madre me llama por teléfono.

-Hola, gordita, ¿cómo estás?

-Bien, ma, todo bien.

-¿Alguna novedad?

-Estoy terminando con el blog... -le digo y automáticamente mi voz se quiebra.

-Bien. Es lo que querías, ¿no?

-Sí, sí.

Hace tiempo que quería cerrar este ciclo, hace unos meses que sentía que el ciclo se estaba cumpliendo... y sin embargo...

Voy a seguir escribiendo, vamos a seguir leyéndonos (en breve), pero no puedo evitar una cuota de tristeza por terminar el blog de la mamá, aunque sea lo que desee.

Despedirme del blog es despedirme de estos primeros años de maternidad.

Despedirme del blog es acusar recibo de la irreversibilidad del tiempo. Mis hijas siguen siendo niñas pero hay toda una etapa ya escrita.

Todavía me quedan dos posts en los que voy a dedicarme a ustedes, y a ellas, sin las cuales todo esto no hubiese sido posible.

Ustedes y ellas.

Perdonen mi falta de elocuencia...

Estoy feliz y triste.

...

¿Me ayudan a darle forma a este cierre?

 

PD: Y como siempre, para escribirme por privado, me encuentran en FB. ¡Que tengan un muy buen fin de semana!

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