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Extraño

 
 

-Te extraño, ma -me decía China el sábado por la noche.

-Bueno, mi amor, ya está, mañana nos vemos, falta muy poco, estate tranquila

-Bueno...

-¿Sí?

-Sí.

Les ahorro todas mis palabras porque cuando estoy en modo emocional, el 90 por ciento del tiempo, soy excesiva, repetitiva, probablemente cursi a sus ojos.

El caso es que después de reiterarle a mi hija cuánto la quería y lo lindo e importante de estar haciendo aquella experiencia, le pedí una tarea:

-¿Me hacés unos dibujos? Dibujos de tu viaje. Tres dibujos que representen tu viaje. ¿Puede ser?

-Sí.

-¿Tres?

-Sí, solo tres.

-¿Y qué fue lo primero que hizo el domingo apenas llegamos al departamento?

En la calle venía callada, inhibida, con la inercia de los buenos modales, ¿vieron que cuando estamos en casa ajenas, sobre todo de pequeños, somos obedientes y correctos?

Y obviamente reprimimos emociones, reprimimos necesidades sutiles, reprimimos expresión...

Lo primero que hizo fue sacar de su mochila sus dibujos y mostrármelos.

Confieso que en ese momento yo me había olvidado de la tarea que le había dado. Me dio una ternura infinita ver aquellos dibujos.

-Los hice ayer... (Yo había hablado con ella pasadas las 9 de la noche. Si los hizo el mismo sábado, se quedó dibujando hasta tarde, pensé. Mi nena).

Traigo esta mini-anécdota de mi hija porque hoy me pinta de pies a cabeza.

Me siento como cuando un niño extraña sus padres... y no tengo palabras (¿tendré dibujos?), no se me ocurre otra palabra que la portuguesa "saudade".

No extraño a mis papás biológicos, no a ellos, ellos están presentes a su modo.

Es como si extrañara a un padre o a una madre todavía más entrañable que los míos.

¿Extraño a Dios acaso?

Extraño el sabor de la unidad, de la comunión, del saberme una con una Totalidad.

Extraño el sabor de la paz y la magia, la consciencia del milagro, de lo descabellado.

Ando en días de inercia, embotada, que empiezan las clases, ah, sí, sí, empiezan las clases, que arranca el año, que tengo tal trabajo, tal deuda, ay, dios, época de correr la coneja, de estar haciendo un sinfín de acrobacias mentales...

Extraño la calma en lo profundo, ese lago, ese entramado misterioso que es esencia de todo y con el que pierdo contacto por estar muy en las afueras, en la periferia.

Extraño instalarme, estacionarme, sentarme y maniobrar desde del corazón, sólo desde el corazón y poder abrazar... a todos... quedarme ahí.

Y olvidarme por completo de las quichicientas comandas de mi mente que me hace laburar cual enana... ("laburar como una enana" es una expresión de mi madre, no sé si es correcta).

Extraño mirar a los ojos y sentir que el amor desborda, que somos amor, que el amor es nuestra naturaleza más íntima, nuestra materia prima.

Extraño dar y recibir amor.

Amor del más puro.

Van a reírse de mí, algunas, no todas, si vuelvo a repetir que extraño a Dios.

El viernes es mi cumpleaños y ya decidí que voy a festejarlo yendo a ver Inspiratio, una obra de teatro.

No es falta de inspiración para un texto, es falta de inspiración para la vida.

Días en los que me olvido del Propósito, ¿para qué diablos era todo?

En fin. Ya sé, ya sé, pasa, ya está pasando, todo es perfecto... ¿pero me dejan por hoy estar en este modo tan extraño?

¿Qué extrañan o añoran ustedes hoy?

...

El viaje de China en tres cuadros:

El traslado en lancha

 

La casa de Sarmiento en el camino:

 

La cabaña en la que se alojaban:

 

PD: Para contactarse por privado o por taller, me encuentran en FB. Que tengan un hermoso día martes.

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