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Tiempo

 
 

Si tuviera que elegir una palabra que represente mis días presentes, esa palabra sería sin dudas TIEMPO.

Ah, sí, tiempo.

Maravilloso tiempo.

Abundante tiempo.

Mucho, tanto, bello.

Estamos de romance.

Él y yo.

Será un romance pasajero, lo sabemos, un romance efímero, pero ¿quién dijo que lo bueno ha de ser siempre duradero?

Oh, Tiempo, me rindo a tu encanto, me rindo a tu... a tu abanico de posibilidades.

Me rindo a este reencuentro.

Un reencuentro después de un extenso período en el que nos perdimos.

Un reencuentro el que yo ya sé apreciarte, valorarte.

Dejar de darte por sentado como lo hacía antes.

De joven, a mis veintitantos.

Un reencuentro en el que ya no te desperdicio.

Te cuido, te festejo, te agradezco.

¡Tiempo, tengo tanto tiempo!

Tiempo para hacer esos trámites detestables que vengo pateando desde mis vidas pasadas casi, y que no queda otra que hacerlos.

Tiempo para sacarme de encima esas responsabilidades.

Tiempo para despertarme a la mañana y hacer mi práctica meditativa.

Tiempo para bañarme sin tiempo.

Tiempo para trabajar...

Ah, sí, debo ser de las pocas que se contentan por conquistar tiempo de trabajo.

Tiempo para trabajar a mi ritmo.

Tiempo para tomarme tres horas para resolver esto o aquello.

Tiempo para reuniones que espero ayuden a materializar proyectos.

Tiempo para cursos, para tal taller, para tal encuentro de grupo.

Tiempo para caminar de noche sin horarios.

Tiempo para acostarme a las mil quinientas.

O temprano, si quiero, pero en silencio...

Tiempo y Espacio.

Tiempo y espacio para hundirme, para empaparme, para colmarme de silencio.

Tiempo para cortarme el pelo.

Para teñírmelo.

Tiempo para depilarme las piernas.

Tiempo para hacerme la cabeza.

Ah, sí, tiempo también para eso.

No mucho, el inevitable, tiempo de angustia a cara lavada, sin maquillaje, sin disimulo, sin culpa.

Tiempo para recuperarme rápido poniendo en práctica herramientas.

Tiempo para hablar por teléfono.

Tiempo para mandar mensajes.

Tiempo para nada.

Tiempo porque sí.

¡Qué mejor que tener tiempo para estar, para ser, sin presión, sin una mente ansiando un resultado!

Tiempo para perder el tiempo, incluso para eso.

Y por supuesto, para pensar en ellas.

Para extrañarlas.

Para sentir su ausencia.

Para alegrarme cuando sus vocecitas irrumpen en mi nueva rutina:

-Hola, mami.

Tiempo para asombrarme por el timbre de su voz.

Parecía tan grande, ¿era Lupe? Parecía China.

Tiempo para decirles:

-Te quiero, mi amor.

-Mami, te corto que me quiero ir a la playa

-¿Estás contenta?

-¡Sí, mami, sí!

Tiempo para estar sueltas.

Tiempo.

Tanto tiempo.

¡Gracias, Tiempo!

(A vos también te quiero).

¿Cómo se vienen llevando ustedes con el tiempo?

...

Tiempo para fotografiar árboles:

 

Tiempo para jugar con el sol:

 

Tiempo...

 

PD: ¡Que tengan un muy buen fin de semana laaaargo! Nos vemos el viernes que viene. Como siempre, para escribirme por privado, me encuentran en FB.

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