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Estamparse...

 
 

Estamparse contra el poste o el arte de ganar equilibrio y maniobrar el propio vehículo.

Vayamos por partes.

Antes de que hijas viajaran, las saqué a pasear en bicicleta.

Pasamos por la bicicletería, pusimos ambos rodados a punto y como el tiempo era escaso, cruzamos al parque que teníamos a mano, el Centenario.

Disfruté la experiencia, concretamos una salida que deseaban, que prácticamente no se había dado.

Hijas y madre contentas, madre nutriéndose de la experiencia.

Aprendiendo del aprender de sus hijas, sobre todo de la mayor, que se había propuesto andar sin ruedas.

Observando un proceso de aprendizaje, preguntándose (preguntándome) si acaso lo que le llama la atención de ese otro proceso no es lo mismo que está implicando un desafío en el suyo (en el mío).

Podría detenerme en varios momentos de esa tarde, pero el que quedó titilando fue aquel que podría resumir con la oración con la que arranqué este texto:

Estamparse contra el poste o el arte de ganar equilibrio y maniobrar el propio vehículo.

Sí, estoy yendo al quid de la cuestión, si de andar en bicicleta se trata.

El caso es que estábamos en un espacio abierto, puntualmente en un parche de pasto de unos 16/18 metros de ancho. El pasto era la zona verde, literal y metafóricamente, la zona por la que ella debía circular, ya después venía un caminito de cemento que no amortiguaría con la misma amabilidad su cuerpo, de caerse.

Y en el medio de ese parche verde, un poste.

Por lógica era mucho más difícil dar contra el poste que esquivarlo.

(Serían unos 15 centímetros en una extensión de varios metros de ancho).

Y sin embargo, era tal su miedo a pisar esa piedra, a darse contra ese obstáculo, que China lograba lo que parecía imposible: maniobrar la bicicleta como no sabía hacerlo hasta hace un rato y dirigirla hacía ahí, hacia el poste.

Daba risa.

Obviamente madre (yo) corría a su par y las veces estuvo por estrolarse contra el susodicho, se adelantó y evitó el choque.

Ese dato y la actitud fatalista de la niña ("no voy a poder nuuuunca..."), cierta dificultad para verse superando un límite, superándose a sí misma, me hizo volver a mí.

Niñas se fueron de vacaciones y yo me quedé con esa experiencia girando en mi cabeza.

¿Qué vendrá a espejarme?

En principio me hizo muy palpable, muy visible el poder del miedo.

El poder del miedo cuando está activado (y tiro "cuando está activado" como si fuera algo que se activa y desactiva, qué misterio).

El punto es que por por difícil, improbable, impensable que sea aquello que temes, si lo temes y mucho, ojo que podés terminar ocasionándolo.

Ahora bien, acá vendría el momento en el que reflexiono lúcidamente acerca de la segunda parte de la oración con la que arranqué este texto, el arte de ganar equilibrio y maniobrar el propio vehículo.

Y qué fácil, qué papa evitarse un poste, cualquier poste, si está ese dominio.

Pero si lo tuviera tan en claro en los hechos, quizás habría sabido guiar mejor a mi hija, y seguramente no estaría escribiendo sobre esto.

Algo me dice que parte de la clave está en algo sobre lo que ya escribí en el ultimo post del último año... "no pienses en pesadillas, pensá en lindos sueños".

No alimentes el miedo, alimentá el deseo.

(¡Y trabajá la técnica!).

La teoría es bonita, sonríe y todo, tiene dientes impecables.

La cuestión está en la práctica. ¿Basta con dejar de pensar en lo que temo para ya no temerlo? ¿No sienten ciertos miedos metidos en el cuerpo, alojados en el baúl de sus células?

Ganar equilibrio da vértigo, ese es otro dato.

Se conquista independencia, no hay bastones, no hay terceros.

Verse a uno mismo superando límites, vuelvo a algo que también comenté de mi hija, y que repito para ver si en la repetición encuentro alguna pista.

Y podría seguir escribiendo pero prefiero seguir observándome, seguir observando en general y usar la anécdota y reflexión para preguntarles a ustedes:

¿Qué gran miedo pudieron superar en su vida para concretar un gran deseo, proyecto o sueño? ¿Cómo hicieron para ello?

Algunas fotitos de nuestra salida:

Acá estábamos esperando en la bicicletería...

 

La menor, en su salsa. Con rueditas todavía, sin dificultades:

 

Con China estuve tan ocupada que recién pude fotografiarla cuando nos refugiamos en una confitería:

 
 

Así volvimos a casa. Madre llevando la bici de China, las dos niñas en la bici con rueditas:

 

PD: Que tengan un hermoso día. Para contactarse por privado, me encuentran en FB.

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