revistaohlala.com

Pablo Foladori: el hombre que dirige funciones de ópera para los más vulnerables

Es cantante lírico y director teatral. Qué está haciendo: dirige funciones de ópera en espacios socialmente vulnerables.Por qué nos inspira: porque, desde la búsqueda de nuevas poéticas, acerca el género lírico a todos.

Por María Eugenia Castagnino | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Foto: Florencia Trincheri

"Es demasiado hermoso lo que trajiste. Gracias". Y ahí, los últimos acordes de la ópera Bastián y Bastiana - una de las primeras escritas por Mozart - se confunden con un cálido y espontáneo abrazo. El abrazo con el que un vecino del barrio Piedrabuena de Villa Lugano sorprende a Pablo Foladori y le demuestra no solo la gratitud, sino también el reconocimiento por haberse animado a bucear en las formas de achicar la brecha que existe entre el público y la lírica. Porque no estamos en un teatro ni en un imponente auditorio. Estamos en un hangar de 140 metros de largo y altísimos techos de chapa, en donde alguna vez funcionó el depósito de escenografías del Colón. Hoy, lejos de ser un cementerio de objetos en desuso, se convirtió en un espacio muy vivo, donde la ópera no solo suena, sino que también convoca a sus vecinos y trasciende el hecho artístico con el objetivo de que el Piedrabuenarte - así se llama el galpón - se incluya en el circuito de cultura alternativa.

Bucear en la periferia

Pablo es capaz de ir caminando por la calle mientras con su vozarrón de tenor desgrana pasajes en alemán de alguna ópera que difícilmente conozcas. O podés abrir su mochila y encontrarte con un libro de poesía italiana del siglo XVI, una peluca barroca para el vestuario de un nuevo proyecto o unas partituras sueltas de jazz, otro de sus géneros favoritos a la hora de cantar. Porque no se queda quieto. Ni se conforma con lo ya dado. "Me interesan las expresiones que van por fuera de lo convencional; me gusta más la periferia, la búsqueda de lo nuevo. Me conecto con el hacer desde el margen".

En 2012, debutó como régisseur con Las bodas de Fígaro y, desde ahí, el desafío fue encontrar otras formas de contar una historia en un género que - desde su concepción - siempre es muy industrial: "Si presupuestara una ópera a todo trapo, necesitaría dos millones de pesos. O sea, no la haría nunca". Ese era el error. Seguir pensando con la lógica mainstream, esa que vincula la ópera con cierto público (¿un poco elitista?), cierta estética determinada, cierta mirada sobre el mundo. "Me di cuenta de que ese no era el camino. Tenía que ir en la búsqueda de otros espacios. Quería que mi ópera fuera interesante, bella y con una poética que captara oídos poco entrenados. En definitiva, quería una experiencia nueva".

La historia de un cielo

Cuando la cabeza de Pablo hizo clic, la variable económica ya no era un obstáculo. "Voy a hacer otra ópera a como dé lugar". Y lo primero que pensó fue: "¿Dónde podría hacerse?". Y en una búsqueda de Google apareció el galpón, ubicado a pocas cuadras de Ciudad Oculta o de la estructura conocida como el Elefante Blanco. Apenas Pablo lo pisó y conoció a Pepi y Luciano -los chicos que lo dirigen-, vislumbró el enorme potencial del lugar. Lo que le llamó la atención fue un gigantesco telón que representaba un cielo de nubes y que -aun con rajaduras- decoraba una de las paredes. "Ellos jugaban entre las escenografías del Colón cuando eran chicos. La gente del barrio es un público que siempre tuvo contacto con la ópera, de manera indirecta. Jamás habían escuchado una. Yo quería romper con eso".

Quizá por eso mirar Bastián y Bastiana sea, en algún punto, espiar en el universo sensible de Pablo: acá no hay cantantes con vestuarios fastuosos en escenarios lejanos, sino que se visten con máscaras de apicultores ("me encanta conceptualmente todo lo que la abeja construye", dirá para explicarlo) y se suben a cantar en andamios de construcción. Tampoco hay orquestas multitudinarias, sino apenas un puñado de músicos sonando en vivo. Ni hay butacas de cuero ni acomodadores. Hay apenas un puñado de sillas de metal y centenares de vecinos sentados en el suelo. Casi hipnotizados. Emocionados. Porque, gracias a la visión de alguien que cree que el arte no entiende de barreras sociales, el Barrio Piedrabuena, finalmente, tuvo su primera ópera.

Ópera delivery

Además de imaginar un futuro en el que el Piedrabuenarte tenga su propia temporada de ópera -con la participación de los vecinos incluida-, los próximos proyectos de Pablo incluyen la creación de un "delivery de óperas", un repertorio de obras cortas para eventos privados. Además, ya está en búsqueda de nuevos escenarios para Bastián y Bastiana: "Me la imagino en una cancha de fútbol, sería una intervención más que interesante".

Más info: En Facebook: Pablo Foladori.

¿Qué te pareció esta historia? También te mostramos Andrés Schuschny, que promueve un paradigma más humano e integral

Compartilo
 
 
Notas más leídas
Revista Ohlala