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La propuesta

 
 
 

No sé si a alguna de ustedes le ha pasado, pero cuando me dicen, "Contá cómo te propuso casamiento Nacho", me siento presionada a relatar una historia de cuento de hadas llena de romanticismo y clichés. Y la verdad es que la propuesta de mi chico fue tan sencilla, como hermosa y espontánea. Les paso a contar.

Era un lunes caluroso de noviembre del año pasado. Nacho se despidió de mí como todas las mañanas, para ir a trabajar y deslizó: "Hoy llego bastante tarde porque me voy al shopping a comprar un jean". Me sonó rarísimo, Nacho odia ir al shopping y jamás se compra ropa a menos que, literalmente, la que suya tenga agujeros. De todas formas, traté de actuar como "si aquí nada hubiese pasado" y le dije: ¿Te acompaño? "No dejá, voy solo así no nos quedamos mil horas". OK. Listo, quería ir solo al shopping, me quedó clarísimo.pero, maldito sexto sentido, algo raro olí.

 

El día trascendió como un lunes cualquiera. Llegó la noche y recuerdo que yo me había ido a probar mi primera clase de Crossfit (fue debut y despedida chicas). Nacho me pasó a buscar por el gimnasio y cuando me subí al auto me dijo: "Qué linda que estás" (qué amor, yo estaba desahuciada y con todos los pelos parados). Y me dio un ramo de flores. Ahí, admito, que me la vi venir, porque Nacho jamás me compró flores en cuatro años y medio de noviazgo.

Llegamos a casa, comimos (creo que ravioles) y en un momento me dice: "Te compré helado". Yo, feliz, porque es lo que más me gusta en el mundo. Y cuando lo trae a la mesa, veo sobre el kilo (sí, sobre el Telgopor) clavadito ahí el anillo. Así fue que me preguntó si me quería casar con él, básicamente, me propuso sobre un kilo de helado.

Lo cuento y parece que fue hace mil. ¡Pasaron tantas cosas desde aquel día! Hoy, estamos a casi tres meses de casarnos, con tanta felicidad y ansiedad que ya no caben en nuestros cuerpos.

Durante septiembre les contaré mi historia, todo lo que viví en estos últimos meses y me encantará también escucharlas a ustedes. ¿Me acompañan?

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