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Sexo: subí la vara

Mensajes de texto trasnochados, conformismo sexual y el fin de la conquista. Cómo subir nuestra autoestima en la cama.

Por Denise Tempone | Para Revista OHLALÁ!

 
 
 
Que no estemos buscando novio, marido, ni un futuro juntos no significa que muchas no deseemos ser cortejadas, es decir, tratadas como personas valiosas.  Foto: Corbis

Exhibiciones de fuerza, coreografías complejas o competencias por construir hermosos hogares. Todos son artilugios de seducción exhibidos por los machos bajo la luz del sol. ¿Qué machos? Las aves macho del mundo que fascinan a los documentalistas (¡googlealo!) con su increíble predisposición a cumplir los pasos de cortejo aprendidos tras siglos de evolución. El trato darwinista es simple. El más fuerte y astuto se quedará con la hembra. Jamás ella elegirá por descarte, desesperación o porque simplemente es viernes a la noche y está aburrida. ¿Cambiaría la teoría de la evolución darwinista si las "pajaritas" descubrieran métodos anticonceptivos? ¿Si les bastara con pasar un buen rato? Es probable que los hermosos cantos de los zorzales o las plumas naranjas de los jilgueros simplemente se esfumaran, tal como hoy parecen hacerlo los rituales de cortejo humano innegociables décadas atrás. ¿Qué estamos evaluando las mujeres del siglo XXI a la hora de tener sexo? ¿Son las ganas el principal criterio? ¿Es el único? ¿Es acaso el más importante?

En busca del cortejo (perdido)

No hay charla con amigas en la que no despotriquemos en contra de los encares vía Whatsapp a las 4 a. m., de las citas sexuales sin ninguna previa más que un mensajito de texto, de las señales ambiguas en muros de Facebook y de las infinitas formas de expresión de esta fría virtualidad que nos toca vivir. No importa si solo queremos sexo. Que no estemos buscando novio, marido, ni un futuro juntos no significa que muchas no deseemos ser cortejadas, es decir, tratadas como personas valiosas. Lo loco es que, mientras en privado fantaseamos con grandes aventuras eróticas -por algo la literatura hot es furor entre las mujeres-, en público no nos atrevemos ni siquiera a pedir pasión en voz alta porque. ¡van a pensar que estamos desesperadas! Y entonces decimos la frase que levantaría de su tumba a cualquier feminista de buena ley: "y bue, es lo que hay". Pero quizá la pregunta correcta sea: ¿es lo que hay o es lo que nosotras permitimos que haya?

Complacer Vs. Desear

 
Foto: Ilustración de ERIVIL

La hermosa incomodidad del deseo, la tensión de la incertidumbre, la sutileza de las señales y la atención de ese otro deseoso de concretar: todo esto lo sabían perfectamente nuestras abuelas, y asimismo era una forma de poder femenino. Ese poder incluía una gran habilidad para llevar las riendas y marcar, de algún modo, el ritmo de avance y retroceso de un encuentro. Entre las aves, el uso de ese poder es lo que hace que ambos se observen y redoblen sus apuestas. Y aún hoy entre los humanos, esa intriga y esa "fricción" es el principal motor del romance y el erotismo, esto último entendido como el despliegue de estrategias para seducir, convencer y halagar a una persona en especial. Es muy difícil, casi imposible, ejercer ese poder en contextos adversos. Cuando todo te hace sentir (y le hace sentir al otro) que si no aprovechás el momento, a la primera de cambio el trofeo se lo va a llevar alguien más, lo que ya no hay es magia. sino voracidad. Y surgen entonces todo tipo de artilugios (algunos incluso violentos) para asegurarse de ganar la contienda. Inventos como Tinder no hacen más que dejar a la vista, de manera obscena, la manera en que experimentamos los encuentros también en la vida "no virtual": como un sistema de competencia cruel en el que solo importa cómo nos vemos o la edad que tenemos. Vivimos en un contexto que nos hace sentir a todos (y especialmente a las mujeres) descartables, prescindibles y olvidables. Nada coopera para que nos veamos como un todo irremplazable. De ahí que a muchas nos cueste incluso pensar que alguien podrá mantener la atención en nosotras si no cedemos rápido a sus deseos. Ya lo debés sospechar: la ansiedad y el exceso de complacencia no se llevan nada, pero nada bien con el cortejo, el erotismo y la conquista. Y sabelo: tampoco con el girl power.

La vida no es una porno

No hay duda de que a las mujeres nos gusta el sexo tanto como a los hombres o de que no tenemos ningún prurito en encarar a un hombre que nos gusta, pero nos engañamos a nosotras mismas al pensar que podemos vivirlo con la misma liviandad. Un hombre no puede quedar embarazado porque falló un método anticonceptivo, casi no tiene chances de sufrir violencia física o psicológica por exponerse ante una mujer que no conoce, tiene menos probabilidades de contraer enfermedades sexuales por las características de su aparato reproductor y encima es aplaudido socialmente por saltar de cama en cama. Lógicamente, sos grande, sabés cuidarte y podés ir "directo al grano" si eso te hace feliz. Pero si últimamente sentís que te estás conformando con poco o que no te están tratando del todo bien, sabelo: razones no te faltan para pedir que él se esfuerce un poquito más en "convencerte". Y si quiere celeste..., no está mal que le cueste.

¿Qué te pareció esta nota? Además: Sexo: respuestas a situaciones incómodas, ¿Juntos las 24 hs? y Ellos las prefieren maduras.

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