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Enamorarse del mar

 
 

Pienso en las causalidades. Gracias al Green Film Fest me crucé con Boy Olmi y pude entrevistarlo. Él me habló de su película Jane & Payne y así conocí al Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) que hizo el spot "Ola de Ballenas", para promover nuestra participación en el cuidado de estos mamíferos que todos los años nos regalan un espectáculo impresionante cuando se acercan a las costas de Puerto Madryn para aparearse y tener cría.

El 11 de noviembre se presentó el documental en el Dot y asistieron muchos invitados, entre ellos varios actores conocidos y amigos de Boy Olmi y Dylan Williams, los productores del proyecto. La película superó mis expectativas, y desde las primeras imágenes logró emocionarme.

Trailer de Jane & Payne



Detrás de este documental que junta a dos referentes del proteccionismo que dedicaron sus vidas al estudio de los chimpancés y las ballenas, existe muchísima gente que participó y aportó su trabajo para que fuera posible. La Coordinadora Ejecutiva del ICB, Roxana Schteinbarg, me presentó a Marcos Ricciardi, Coordinador Regional y el martes nos encontramos para charlar sobre el Instituto y también para que me contara su historia con las ballenas.

Recuerdos y ballenas

Marcos Ricciardi nació en Buenos Aires pero siempre tuvo contacto con el agua. Su papá corría regatas y lo llevaba con él. Tenía 6 o 7 años, cuando fue a una escuelita de vela que le enseñó a embarcar. Ahí descubrió algo que sigue descubriendo, una inquietud que lo mantiene cerca del mar. Lo define como una sensación infinita, un misterio que hace que lo transite como si fuera siempre la primera vez.

Lo que nos marca de chicos influye en lo que somos. Hoy sigue navegando y pasó a estar del otro lado, fue responsable de la creación de una escuela de vela para chicos y grandes, y está construyendo un velero (el Kahuel) con otros compañeros para poder viajar grandes distancias sin necesidad de cargar combustible. "En lo personal fue poder mezclar las dos cosas que me apasionan, las ballenas y el hecho de navegar, que se dan en el mismo ambiente".

Pero el amor por las ballenas no fue tan instantáneo. Como muchos chicos del país, viajó a Puerto Madryn en viaje de estudios a los 14 años. En ese momento estaba más interesado en las chicas que en las ballenas y como el movimiento del agua lo relajaba, terminó por dormirse en la embarcación y se despertó en El Doradillo. Recién ahí las vio. "Nunca me imaginé en ese momento que iba a terminar en ese momento viviendo acá y haciendo lo que hago".

La primera vez que las vio de verdad fue cuando ya estudiaba Biología Marina y se había mudado a Puerto Madryn. En plena clase de Botánica alguien miró a través del ventanal gigante del edificio y gritó que había una ballena. Salieron todos corriendo del aula y dejaron solo al profesor. Por varios minutos se quedaron en silencio mirando a una madre y su cría cerca de la costa.

Después, aprovechando sus conocimientos marinos, pudo navegar al lado de ellas. Con gente de la universidad se internaba en el mar, recorrían el Golfo y a veces se despertaban y las ballenas estaban ahí, curiosas.

Mientras hacía la carrera hizo de todo: bañó perros, trabajó como camarero, encargado de restaurantes, manejó lanchas y fue instructor de buceo. Descubrió que le encantaba estar con la gente, enseñarles y ver sus caras de felicidad cuando aprendían algo o conocían el mundo marino. Hacía caminatas con chicos de los primeros grados hasta séptimo. Les contaba sobre las ballenas, sobre el mar, sobre las aves.

En sus estudios sobre aves marinas, también incursionó en la ballena franca. Y en una charla que daba Mariano Sironi (Director Científico del ICB) terminó por involucrarse con ellas y con el Instituto.

-Una de las ideas más importantes que entendí es que la naturaleza no es algo que está afuera y uno mira sino que es algo que forma parte de uno, y con lo que uno está involucrado, lo sepa o no. Y en algún momento uno entiende. Por un contacto con una ballena o simplemente porque uno entiende ese deber natural. Es descubrirse en un lugar, tal vez no sea eterno pero ojalá que trascienda, en mí trascendió, ojalá que mi trabajo trascienda en ellas.

 
Tarde de monitoreo junto al acantilado.  Foto: ICB

El trabajo del Instituto de Conservación de Ballenas

Marcos entró como voluntario y cumplió con sus tareas durante muchos años hasta que se ganó un lugar. Comprobaron que tenía aptitudes para el mar y una libreta sellada que lo habilitaba a manejar grandes embarcaciones. Hoy cumple con un rol de coordinación técnica, se encarga de la logística y desarrolla múltiples tareas junto a sus compañeros a los que considera como su familia.

Si bien hay un staff fijo de investigadores, gente que trabaja en el área de difusión, investigación, área directiva y organización, también gente que trabaja en distintos proyectos y que se suma de forma voluntaria o no.

El Instituto se creó en 1996 y en forma conjunta con el Whale Conservation Institute/Ocean Alliance lleva adelante el Programa de Investigación Ballena Franca Austral, iniciado en 1970 por el Doctor Roger Payne.

El programa tiene como herramienta principal la fotoidentificación de ballenas para tener un seguimiento de las historias de vida que genere información útil. No sólo su contabilización, también obtienen datos para saber cada cuántos años se reproducen, cuándo alcanzan la madurez sexual o si son las mismas que aparecen en otros lugares. Abren una ventana que brinda conocimiento y herramientas de conservación.

Marcos Ricciardi explica que los programas de investigación están ligados a técnicas no tan invasivas. La tecnología permitió que algunas herramientas se hayan modificado, como la toma de fotografías. Además toman contacto con otros lugares en donde también se avistan ballenas o en donde hacen trabajo de investigación, como puede ser un laboratorio, con análisis de muestras que se obtienen y se analizan en otro lugar.

Se ha podido comprobar que la Ballena Franca Austral recorre la costa sudoccidental del Atlántico, pasa por Uruguay, y llega al sur de Brasil. Península Valdés no es el único lugar de reproducción. Los catálogos que tienen registradas más de tres mil ballenas se comparten con investigadores de otros lugares. Cada una con su nombre respectivo, tiene una historia y un árbol genealógico. Madres, hijas y nietas, son observadas, como también los machos. Así se puede conocer mejor su comportamiento y sus rutas migratorias.

Aunque las ballenas están expuestas a múltiples amenazas, Marcos dice que se están recuperando sitios que antes estaban poblados y que habían desaparecido por la caza furtiva. Además de Península, la zona de San Antonio y el Golfo San Matías, cerca de las Grutas, vuelven a ser parte de la ruta. Así se beneficia al turismo y a la economía de la zona ya que se hacen actividades de avistaje, que es una manera de que las personas conozcan a estos mamíferos tan emblemáticos de los océanos.

-El trabajo que hacemos no tiene que ver sólo con fotografiarlas, observarlas en el campo de manera natural, sino de defenderlas en lugares que son ajenos a su hábitat natural, grandes escenarios donde hay escritorios y gente de muchos países debatiendo sobre la caza, sobre la cantidad que se pueden cazar o no, que éticamente para la gente que trabaja en conservación resulta abrumador que se discuta cuántas se pueden matar, que se hable de caza científica. Hace un tiempo la Suprema Corte de la Haya tuvo un fallo histórico en el que prohibió la caza que realizaba Japón. Hoy en día el comercio de ballenas, la caza comercial tiene fines que escapan a generar alimento. Son cuestiones hegemónicas y de no dar el brazo a torcer. Hoy existen muchos recursos para alimentarse sin necesidad de matar ballenas o de estudiarlas sin matarlas o herirlas de gravedad para saber de ellas. Hoy está prohibido. No debería suceder.

Roxana Schteinbarg asistió al último encuentro de la Comisión Ballenera Internacional que se realizó en Eslovenia. Compartió sus conocimientos con argumentos sólidos para batallar por la conservación de las ballenas. Cuenta Marcos que se trata de un trabajo en equipo, la información que se genera en el Instituto toma varios canales, como también las donaciones. La campaña "Adoptá una Ballena" forma parte de esa iniciativa.

-La información se utiliza para educar a un chico sobre lo que es el ciclo de una ballena como para argumentar el discurso ante la Comisión Ballenera Internacional. Y la donación también toma diversos recorridos, se utiliza para imprimir un cuaderno que va a llegar a escuelas a docentes, periodistas, cubrir un viaje al exterior, de Roxana o de Mariano Sironi a dar una charla en un simposio importante sobre mamíferos marinos, permitir tener insumos adecuados para trabajar en el campo. A veces la gente participa con lo que puede ayudar de su parte, donaciones simbólicas que tienen que ver con donar el tiempo de uno. Compartir un espacio, brindarse a una causa justa.

El Instituto trabajó en un proyecto llamado "Acercando las ballenas a tu escuela" que brindaba a los docentes herramientas para trabajar con la temática de las ballenas y el cuidado del ambiente natural que son los océanos, para trabajar en diferentes materias. Gracias a ese nexo, muchos chicos hoy saben cómo es la vida de las ballenas, y qué tienen en común con nosotros.

Nuestro compromiso

¿Y cuál es la manera de colaborar con las ballenas y el medioambiente, además de no tirar papeles?

-Creo que es tratar de formar más parte. El programa de adopción va más allá de los hábitos diarios. No es comprar una remera de "salvemos a las ballenas", sino de generar un compromiso que uno asume de apadrinar una ballena. Creer en algo, comprometerse con una causa y sumarse a ser protagonista.

-Existe un cambio, no está todo tan mal como parece. La población de Ballena Franca sigue creciendo, tal vez no al mismo nivel que antes. Hoy existe un auge en muchas cuestiones que tienen que ver con el cuidado del medioambiente, a veces mal aprovechado. Que uno compre un plástico que tiene una tapita verde no implica que eso vaya a contaminar menos. La clave está en aminorar el consumo de las materias desechables. No importa cuánto reciclemos, sino cuánto gastemos.

-¿Qué puede hacer una persona común, un turista, por ejemplo, para cuidarlas?

-La mejor manera de ayudar es conocerlas, descubrirlas. Cuando uno está en contacto con estos animales o empieza a saber qué cosas son las que están fuera de lugar. El bien y el mal pertenecen al hombre. Los animales cumplen su deber natural de ser. No existen gaviotas malas o ballenas buenas. El hombre hace que los procesos naturales tomen diferentes direcciones, cambien su rumbo o hacen que aumenten su velocidad. Nosotros sabemos cuando no están bien y nuestra capacidad de razonamiento permite que podamos operar. El cambio de la conducta es difícil pero el principio está en empezar. El mensaje de no tirar papelitos parece tan común pero es tan importante, el ejemplo arrastra. No se trata de dejar un mundo mejor para los niños sino dejar niños mejores para el mundo. Nosotros somos responsables y hemos hecho pelota muchas de las cosas que defendemos hoy en día.

-Leí que las gaviotas son una de las amenazas porque lastiman a las ballenas. ¿Se puede evitar eso?

-Ojalá pronto se pueda generar esa respuesta. La manera de encontrarla es a partir del trabajo en conjunto. Es interdisciplinario, un proceso natural. El hombre no puso una gaviota arriba de una ballena pero existen ciclos que fueron acelerados. Mi seminario se basa en la dieta de gaviotas cocineras en los basurales que están cerca de una ciudad. Los basurales a cielo abierto, el descarte pesquero, industrial, han sido un recurso de alimento predecible en tiempo y espacio para las gaviotas. Esto puede generar cambios en los hábitos de su alimentación y tienen una influencia directa en la dinámica poblacional. Las gaviotas cocineras, son generalistas y oportunistas en cuanto a su alimentación. Hay que entender que come de todo y lo hace en cualquier momento. El primer paso de la solución es aprender. Si uno no aprende de los cambios, los cambios no tienen sentido. La otra parte es evitar que vuelva a suceder. Quienes estudian a las ballenas entienden que están siendo afectadas debido a que existe una gran población de gaviotas, hay más picotazos porque cada vez hay más gaviotas. Hay imágenes, observación cotidiana, periódica, cada vez que se realiza un avistaje. Las ballenas con lesiones, Las gaviotas se focalizan en las crías. Los adultos son más evasivos ante los ataques. Las ballenas tienen que escapar al ataque, aumentar el ritmo de natación. Afectan su calidad de vida.

-¿Puede pasar que dejen de venir a Península Valdés?

-Pueden pasar muchas cosas, las ballenas tienen memoria, recuerdos en ellas y que quedan en su progenie. Las crías reconocen esos lugares. Ojalá suceda lo mejor para todos, para las ballenas, para las gaviotas. El trabajo no tiene que provenir de un biólogo, puede venir de un observador. A veces una persona ajena a todo puede tener ideas que no están sesgadas. Si se encuentra una herramienta, tendremos que saber utilizarla. Es un desafío para todos y un compromiso.

La campaña "Ola de Ballenas" sigue en curso. Marcos cuenta que fue posible gracias a la colaboración de muchos actores, actrices y músicos que son imágenes públicas y formaron parte porque creyeron en eso. Salió increíble. La campaña juega con el concepto de ola que puede estar en un estadio o en el mar. Pero de las dos maneras se expande y crece, y es necesario que se contagie. "No podría formarse nunca si fuera individual. Las cosas tienen que ser plurales. Una idea transforma, y puede gestarse de un montón de maneras".

El detrás de escena de Jane & Payne

Cuando Boy Olmi y Dylan Williams comenzaron a elaborar el proyecto desde la producción del documental, Marcos Ricciardi se transformó en una especie de runner que estuvo pendiente de que todo estuviera listo, desde comprar comida y tener las garrafas y ollas adecuadas para preparar grandes cantidades para todo el equipo, hasta conseguir un cello para darle a Roger Payne para una escena que había imaginado Boy.

Por medio de un amigo llegaron hasta la casa de Pablo Ceriotti, un profesor de música que tenía un programa de radio y pidió poder estar presente en ese momento mágico, en medio de la Península.

Se quedaron en el mismo campamento en el que Roger Payne vivió durante muchos años con su familia para observar a las ballenas, para él era como volver a su casa. Los integrantes del ICB fueron los anfitriones del encuentro de Roger y Jane.

Mucha gente recuerda a Roger Payne, su paso y protagonismo en Península Valdés. Marcos pudo hablar con él de sus pasiones compartidas, del mar, la navegación y las ballenas. Roger le contó que a pesar de ser un apasionado por la música, se dedicó a la biología porque no se veía mucho futuro con la música, pero nunca dejó de tocar y disfrutarla. Por eso el cello en la playa, y el regalo para Jane y las ballenas. Además de participar del documental, para Marcos conocer a Jane fue inolvidable.

-Fue como volver a la escuela pero de una forma distinta, en la que enseñan que se puede cambiar el mundo y te dan el compromiso de que uno puede cambiarlo. Al principio estaba un poco escéptico, y de a poco uno empieza a escucharla y se da cuenta de que empieza a suceder. Hablaba de cosas tan comunes y simples, te permitía ver con mucha simpleza. Fue como un retiro espiritual, uno se iba con el pecho inflado, convenciéndose de que uno tiene que creer en las cosas que uno siente. Es importante trazar un camino y tener un argumento para poder defender las cosas en las que uno cree.

Para todos los que integraron el equipo fue una experiencia alucinante, en un clima sin demasiadas estructuras en el que todos eran protagonistas de lo que estaba sucediendo y cumplían una función. Para Marcos fue lindo compartirla con Mariano Sironi, quien fuera su mentor y que pasó a ser un gran amigo.

En el Ecocentro de Puerto Madryn Roger y Jane dieron una charla junto a Boy Olmi, que también se repitió en Buenos Aires. En ella hablaron de ese gran encuentro y de lo que había sucedido en el campamento.



Marcos Ricciardi reflexiona acerca de las eras geológicas y los cataclismos que afectaron a la Tierra, dice que es extraño que la naturaleza haya elegido al hombre para contar la historia, que nos haya dado esa capacidad que a la vez es una responsabilidad. El curso del relato se encuentra en nuestras manos.

 
Marcos en las playas de Puerto Madryn. 

Agradezco muchísimo a Marcos y Roxana por el contacto y la posibilidad de seguir descubriendo el mundo apasionante de las ballenas y el verdadero mundo marino que tanto tiene para enseñarnos.

Les mando un abrazo grande, espero que les guste la entrevista. Me pueden seguir escribiendo a kariuenverde@gmail.com

¡Hasta pronto!

Kariu

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