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Viajera en casa

 
 

Anoche fuimos a Ezeiza.

Si son buscadoras de amigos y familiares que viajan, sabrán que ir hasta el aeropuerto, ilusionarse con los changuitos para llevar las valijas y con las guías de viajes, pero no subirse a ningún avión, puede ser un poco un bajón, más si hace mucho que estás en abstinencia viajera y con ganas de vacaciones. Pero ver la cara cansada de la persona que fuiste a buscar, alegrándose y abrazando, hace que valga la pena. Esta vez lo llevé bastante bien, calculo que México me calmó el bichito viajero por un tiempo.

Mientras esperábamos, Nacho fue a comprar una hamburguesa por ahí, y yo me quedé parada en el medio de las dos puertas, mirando de una a la otra, cual partido de tenis. Pasaba el tiempo y ella no salía, ni nadie de su vuelo, que había aterrizado hacía más de una hora. Eva me había dicho que se había olvidado cómo hablar español. Yo le dije que debe ser como andar en bicicleta, pero no quise imaginármela explicándole al señor de migraciones porqué solo lleva una mochila chiquita, que se queda en mi casa y no en un hotel, que vuela de vuelta a su país desde Río, y que todavía no tiene pasaje. Que no sabe cuánto tiempo se queda. Mirá si le preguntaban todo eso, y tenía que responder en señas.

Mientras esperaba, vi cosas. Una chica argentina llegó de la mano de un tipo rubio, con cara y aire de sueco o noruego (¿o capaz lo fleshée yo? En fin, de acá no era) y fue recibida por un señor y dos niños. Después de abrazar a todos, ella dijo, toda nerviosa, a modo de presentación: "Mi papá, mi novio. My father, my boyfriend". Los dos hombres se dieron la mano con buena onda y cara de incómodos. El papá dijo "decile que bienvenido", "welcome", dijo ella.

También estaban quienes corrían cual película a los brazos de los que lo esperaban. Me acordé de esa peli con Hugh Grant que tiene escenas en el aeropuerto, Realmente Amor. ¿La vieron? Los personajes se despiden en aeropuertos, se van a buscar, algunos se saludan más tímidos y otros saltan arriba del otro. Ayer, una chica argentina abandonó sus valijas y corrió a treparse arriba de un chico que la esperaba. Y chaparon. Y chaparon más. Valijas abandonadas.

Chica rubia que salía, chica que miraba con detenimiento. Hacía mucho que no la veía, casi 7 años. Waw. Ah, y entre las chicas rubias que llegaban, había algunas que salían impecables, como de peluquería, esplendidísimas, y otras más despeinadas y desalineadas, con cara de que quieren llegar a su casa. Yo buscaba a Eva entre ese grupo, las más hipponas.

Finalmente llegó y era morocha. Bah, castaña. Me encontró ella primero. Tenía cara de cansada y pocas ganas de hablar castellano. "Mañana probamos, te prometo", me dijo en inglés. En el auto, pegó la cara a la ventana, preguntando por los lugares que pasábamos, curiosísima acerca de cada barrio y cada puente, cada autopista. Eva tiene el bichito de viajar, y la misma curiosidad que yo tenía por su país, cuando fui a visitarla a la República Checa. Pobre, me llevó desde al teatro ciego, aunque a ella le daba un poquito de miedo (y me hizo entrar atrás del escenario, porque una amiga de una amiga suya trabajaba moviendo unas marionetas), hasta a patinar sobre un río congelado, turisteó como loca en las ferias de Navidad, en las que tomábamos vino especiado caliente todo el día porque en Praga hacía tanto frío que a mí no me alcanzaban los veinte sweaters que tenía puestos, uno arriba del otro, y hasta me fue a buscar a la frontera con Viena, porque como había ido solo por el día, había dejado el pasaporte en su casa, y me bajaron del bondi en el medio de la nada. Ah, y me olvidé la billetera en el bondi. ¿A ustedes les pasan también esas cosas? Eva me gastó una semana entera, y ayer, muerta de risa, se lo contó a Nacho. Yo lo había bloqueado de mi memoria.

Se acaba de despertar. Hace un ratito fui a comprar facturas, para que empiece el día a lo porteño. Y conociéndola, va a salir a caminar por el barrio, por los barrios de al lado, va a ir a museos y sentarse en plazas y a devorar la ciudad. Porque los que tienen el bichito viajero parece que tuvieran hambre de ver y experimentar lugares y culturas. Eva me va a hacer recorrer Buenos Aires para todos lados y ver todo con ojos de turista. Viajar por Buenos Aires. Me encanta. Después les cuento.

Ahhh, con Eva nos conocimos en España, ¿saben? Trabajábamos juntas en un bar en Bolonia, un pueblo bien al sur, cerca de Tarifa, y vivíamos en una casita que estaba en la parte de atrás del bar. Ella me enseñó a hacer mojitos dejando el palito de la hierbabuena, y yo la incentivé a que cantáramos a los gritos atrás de la barra mientras servíamos tragos. Los lunes, que no trabajábamos, hacíamos dedo hacia algún pueblito cercano, y nos pasábamos el día turisteando, o tiradas en alguna playa. Los otros días, trabajábamos desde el almuerzo hasta como las 3 de la mañana, y después soñábamos con "poner cañas", o servir cervezas. Pero estar juntas hacía que el trabajo sea re divertido.

 
Este era el bar. 

 
Eva y yo, en 2006. 


Sofi
@sofiorsay
Sofia.orsay@gmail.com

PD: Hoy a la tarde voy a ver si me escapo para pasear con ella. Tengo una lista enorme de cosas para mostrarle, espectáculos para ir, y barrios para caminar. Le gustan los cementerios, ¿no es loco? Bah, suena loco pero a mucha gente le gustan, a mí también. Así que capaz esta tarde vamos al Cementerio de la Recoleta, a Plaza Francia, y al Museo de Bellas Artes. Y a la noche a comer a San Telmo.

PD2: Turistiquísimos van a ser estos días. Estoy copada.

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