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No hay peor ciega... una amiga que se dio cuenta de prepo

Nuestro columnista nos sorprende con una nueva historia. Si alguna vez fuiste la segunda, entonces no te pierdas este relato

 
 
 
Foto: Corbis

Por Sebastián Fernández Zini

-Pero es que yo te lo dije, amiga. Era raro... Bah, a esta altura, ya no sé lo que es raro y lo que no. Pero algo no estaba del todo bien.

-¿En qué sentido?

-Mmm... Había algo, no me preguntes qué, pero algo había que a mí no me cerraba.

-¿Y por qué no me dijiste nada antes?

-Seguramente te lo debo haber hecho ver en más de una oportunidad, pero ya sabés como dice el refrán: "No hay peor ciego...".

-Mirá que sos choto, ¿eh? Estoy recién operada de un ojo...

-Ay, no, amiga, no lo dije por eso... Lo que quise decirte es que...

-... ya sé, ya sé lo que me quisiste decir: Que soy una "pelotas de humo".

-¡Pará! No es para tanto. Estabas enceguecida, nada más. Empecemos de cero, amiga. Yo no quise decir nada y vos tampoco me explicaste mucho qué fue exactamente lo que pasó con Antonio. Igual, antes de que digas nada..., ¡mirá que lo boludeaste a Anthony!

-¿Por qué? Nada que ver...

-A mí no, ¿eh? A otro con ese cuento... Yo te escuché y compartí cenas y programas durante los últimos seis años con ustedes. Sé muy bien que lo boludeaste. Decime la verdad, ¿no sentías por momentos que él nunca te iba a dejar, hicieras lo que hicieras?

-...

-Vamos, Caro...

-Sí, puede ser. Una boluda, ¿no?

-Creo que a todos nos pasó alguna vez eso de sentir que el otro nos quería más, que era más incondicional, que le ponía más garra a la pareja...

-Sí, tenés razón. La verdad es que me da cosa decirlo, pero me sentía la "pendeja indejable".

-Y es que sí... Antonio tiene casi 50, separado, dos chicos... Vos, veintiocho, linda, laburadora, buen totó, buena amiga, siempre lista... (ja).

-¡Qué narda fui, por Dios!

-Igual, ¿qué es lo que te molesta realmente?

-¡¡Todo!!

-Sí, ya sé que no está bueno que te llamen por teléfono y te tiren semejante balde de bosta encima.

-Me quedé helada, amigo, sin saber qué decirle. Al principio, pensé que me estaba haciendo una joda, pero no podía ser...

-¿En serio, Caro, nunca te diste cuenta de nada?

-¡No, boludo, te juro que no! Todo fluyó tan bien desde el comienzo, desde la primera vez que viajamos juntos a San Juan para ver a unos clientes... ¿No te acordás de que volvimos de allá y estuvimos todo el fin de semana sin salir de casa?

-Sip, lo que se llama "abotonamiento en primera fase".

-¡Qué bueno eso! Me hiciste reír, amigo, y eso que me siento pésimo.

-Y en la cotidianeidad, ¿nada? ¡Fueron seis años!

-Pasamos vacaciones juntos, fines de semana, salíamos cuando queríamos, íbamos a la casa del country bastante seguido...

-¿Y a su casa del centro?

-También. Lo que pasa es que la mía era más cómoda. Como él estaba separado, vivía en un monoambiente re chiquito y no nos resultaba.

-Y a sus hijos, ¿los veías?

-Al principio sí, después casi nunca porque Antonio decía que a los chicos no les hacía bien y que ya le habían hecho algunos reclamos de que querían pasar más tiempo solos con él.

-¡Qué chotor! Rarísimo eso, amiga, pero bue... Entonces, ¿qué fue lo que te dijo anoche cuando te llamó?

-¡Eso! ¡Lo que te conté hace media hora!

-Ya sé, ¿pero cómo fueron las palabras exactas? ¿Te lo tiró así como así, sin anestesia?

-Sí. Las tengo grabadas, palabra por palabra. Me dijo así, sin vueltas: "Caro, soy yo. Gordita, hoy no nos vamos a poder ver porque mi mujer acaba de tener familia". ¿Te das cuenta? No solo dice "mi mujer", sino que el muy hijodeunabuenamadre me anuncia así como así que fue papá. ¡Que acaba de tener un hijo con su "no ex"!

-Me dejaste sin palabras. Y eso es raro en mí.

¿Viviste una situación similar? ¡Contanos!

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