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Cuando me subí al escenario con Kevin llegué a pensar: "Acá le voy a cagar la carrera a otro tipo".  Foto: Matías Aimar

Liniers: "Cuando elegís ser artista, es para hacer lo que se te canta"

Seguimos con las entrevistas en ¿Cómo crean los que crean?. Esta vez, Ricardo Liniers nos habla de sus Macanudos, Kevin Johansen, y el universo que rodea a sus creaciones

 
 
Por Inés Sainz
Especial para OHLALÁ! web

No fue fácil que Ricardo Liniers respondiera mis primeros emails. Al igual que con Juana Molina, sentía una fuerte corazonada en relación al entrevistado. Pero Ricardo parecía tan ocupado que ni siquiera daba señales de vida. "¿Qué habrá sido de aquel joven con aires de bohemio, sensible, "macanudo", que yo había conocido hace unos 7 años, en un viaje fugaz a Rosario?" En aquella oportunidad él acompañaba a Kevin Johansen y a su banda, libreta en mano, observándolo todo cual turista. "¿Habrá cambiado?"

Y sí. Bienvenido el cambio. Liniers es otro. Es otro, sin dejar de ser el mismo. Después de insistir, respondió como si nada: "estoy para lo que necesites". Y estuvo para todo: entrevista, backstage, fotos. Si a Juana Molina le sentaba bien el rótulo de "animal creativo", con Liniers se me viene en mente el término "monstruo". Monstruo creativo. O casi niño. Una bestia de crear y jugar. Artista de alma, jugando a ser padre de sus personajes, jugando a ser padre de sus dos hijas (Matilda, Clementina y una tercera en camino), jugando a editar libros junto a su mujer (Angie), jugando a subirse a un escenario con Kevin, amigo, y jugando a hacer reír al público (en vivo).

Jugar el rol que le toque jugar. Asumiendo riesgos, desafiando peligros, haciendo ni más ni menos lo que quiere. Tan simple como complejo. Jugar, jugar, jugar. Eso es para Liniers la creatividad. "Le tengo pánico al aburrimiento", confesará. Como también confesará que entre estar dibujando e ir a hacerle una cara de monstruo a sus hijas -a su dormitorio- prefiere esto último. "Siempre me imaginé con muchas mujeres y yo yendo a la guerra", acotará hacia el final, off the record. Y no llega a estar en la guerra, pero sí en la fiesta. En el baile. Y sosteniendo todos los cosechados malabares. No sé si eso lo hace un hombre menos accesible, o sencillamente alguien muy ocupado, por ser muy libre.

Empecemos por lo más inmediato. El otro día fui al kiosco y sorpresivamente me encontré (yo no miro tele) con una botellita de una conocidísima gaseosa pintada por vos ¿Te imaginabas cuando empezaste que ibas a terminar siendo tan popular?No. Cuando empecé a dibujar historietas me acuerdo de pensar racionalmente: ¿cuál sería mi techo? Y recuerdo que a lo que más aspiraba era a: 1- tener un laburo de historietista en algún diario (porque eso implicaba cobrar un dinero todos los meses), 2- publicar algún libro con Ediciones de la Flor, 3- y quizás conocerlo a Quino. Ya con eso firmaba con el Diablo.

Y todo lo cumpliste rápidamente.Sí, todo eso pasó rápido. Todo lo que vino después me sorprendió, y al estar tan fuera de los planes, lo disfruto el triple. ¿Viste que cuando te encontrás con un amigo por la calle de casualidad, te ponés más contento que cuando habías arreglado encontrarte de antemano?

Botellitas, agendas, remeras, ¿temiste en algún momento sobre-exponerte? ¿Cuál es el límite? ¿Qué rechazás o rechazaste?Rechacé mil cosas.

¿Por ejemplo?Me han ofrecido las publicidades más inverosímiles que te puedas imaginar. Y la verdad es que siempre le decía a todo que no, pero en el caso de esta marca de gaseosa me pareció simpático hacerlo: era en un contexto artístico, con otros artistas que estimo, y también una manera de popularizar lo que hago. Pero me han ofrecido un montón de cosas rarísimas. Como que aparezca en una publicidad de jean (Risas). Y cuando yo dije "¿pero los dibujitos?", me respondieron: "no, te quieren a vos". "¡Noooooo!" (Risas).

¿Y te gusta estar siendo reconocido no ya como historietista, sino también como artista plástico?Me encanta ser reconocido, no me importa cómo. Me gusta que a la gente le guste lo que hago. En ningún momento salí a querer ser una sola cosa. Yo quiero hacer lo que me gusta. Y pintar siempre me gustó. Y cuando pinto no soy el mismo que cuando dibujo, y cuando hago lo de Kevin tampoco soy la misma persona que hace Macanudo.

¿Y a vos qué te divierte más? ¿O te gusta la complementación de las varias facetas?Me encanta pintar, hacer historietas, los shows con Kevin. Me gusta hacer todo. Me aburro rápido y no quiero sentirme atado a tener que hacer una sola actividad el resto de mi vida. Es una cuestión de estimular la imaginación. Si hacés todo el tiempo lo mismo y tu trabajo tiene que ver con "pelar ideas", llega un momento en el que ya no te sale nada. Yo necesito cambiar, pegar volantazos y ver qué pasa. Y prefiero equivocarme grosso por intentar hacer algo nuevo que no intentarlo.

O sea, sos un artista en un sentido amplio, más allá del lenguaje que elijasCuando elegís ser artista, es para hacer lo que se te canta el orto. Una vez que elegís y te va bien, ¿por qué tenés que cerrarte a otros lenguajes? Entonces cada vez que aparece una propuesta interesante y me parece divertido hacer el experimento, aun dándome un poco de angustia o miedo, lo pruebo. Cuando me subí al escenario con Kevin llegué a pensar: "acá le voy a cagar la carrera a otro tipo, o si me hago el tarado, la gente va a dejar de comprar mis libros". No sabía qué iba a pasar, pero tenía que probar.

Yendo a Macanudo, tira que venís haciendo hace ya 10 años, ¿pensaste en algún momento en cerrar el boliche y hacer una nueva tira o pensás seguir con Macanudo hasta que te jubiles?A mí 10 años me impresionaba. Diez años duraron Mafalda y Calvin & Hobbes. Yo me preguntaba: ¿voy a poder hacer 10 años de tira? Son 3600 tiras. Mi miedo siempre era aburrirme, hacerlo de manera tediosa. Y si Macanudo se volviera así, no es que yo elegiría dejarlo, es que NO PODRÍA hacerlo.

Te escuché diciendo que como era una tira diaria, a veces venían las musas, y a veces "mozzarella"La tira diaria tiene eso, que no podés estar esperando la inspiración. No podés hacerte el bohemio, estar borracho y de golpe, "ah, las musas". Tenés que entregar todos los días una tira. Si sale bien, bien, y si no, mala suerte. Tenés que entregarla como salga.

Ahora, cuando mandás al diario una historieta "como salió", sin estar muy conforme, ¿cómo te afecta anímicamente eso?Ya no me afecta. Al principio sí, y la pasaba mal. De hecho, cuando estaba en Bonjour, que era una vez por semana, la pasaba mal una semana entera. "Ahhh, qué porquería el chiste, que llegue la próxima semana así sale otro, todos me van a odiar". Me hacía mucho la cabeza. La tira diaria me sacó un poco de esa presión, porque sabés que al menos al día siguiente solucionás el desastre, en algún sentido. Pero también, por otro lado, muchas veces decís "este chiste es una porquería" y aparece un montón de gente que te dice: "estaba buenísimo".

Si un día estás muy abombado y no le encontrás la vuelta, ¿tenés algún ritual para re-conectarte, como salir a caminar, jugar con tus hijas?Jugar con mis hijas no es ritual. Soy muy distraído. Siempre es más divertido ir a hacerles un monstruo a ellas (hace la mímica) que estar acá dibujando. No tengo algo puntual que haga para destrabarme el cerebro más que mirar la hoja y decirme "daaaale, vaaamos, vos podés" y empezar a tirar bocetitos.

El escritorio de Liniers: lápices, papeles y la Mac.  Foto:  Matias Aimar
Un momento de la charla con Inés: "Me preguntaba si podría hacer 10 años de Macanudo".  Foto:  Matias Aimar
"Muchas veces decís: este chiste es una porquería y aparece un montón de gente que te dice estaba buenísimo".  Foto:  Matias Aimar
Enriqueta y Fellini, dos de los personajes emblemáticos de Liniers.  Foto:  Matias Aimar
"Prefiero equivocarme grosso por intentar hacer algo nuevo que no intentarlo".  Foto:  Matias Aimar
Aunque a veces dibuja a sus hijas, Matilda y Clementina no quiere que se transformen en personajes de historieta.  Foto:  Matias Aimar
Dibujando la tira que saldría al otro día en La Nación.  Foto:  Matias Aimar
"La tira diaria tiene eso, que no podés estar esperando la inspiración. No podés hacerte el bohemio".  Foto:  Matias Aimar
 

¿Y le pedís opinión a alguien?A Angie antes le mostraba más, estaba más inseguro. Y ahora, cada tanto, sobre todo si dibujo a Matilda y a Clementina, porque a mí no me gusta mucho dibujarlas, no quiero que sean personajes de historietas, pobrecitas. Bastante raro ya va a ser que yo sea su papá, pero a veces no puedo evitarlo. Te tiran un montón de ideas, son muy desopilantes.

¿Dibujás con tus hijas?Sí. Las envidio. Seguro te pasa lo mismo con las tuyas. Son genios totales. Tienen una libertad de trabajo ¿Viste que Picasso dijo eso de que tardó toda su vida en dibujar como un niño? Y la razón, me parece, es que todos los prejuicios que nosotros tenemos al dibujar ("dibujar bien es hacer así o asá") los chicos no los tienen. Ellos no se equivocan. Dibujan sin miedo. Y para mí va por ahí la cosa. El artista, como yo lo vivo, tiene que tratar de dibujar con esa libertad y sin ese miedo. El miedo al fracaso no tiene que existir. Tenés que ser valiente, como. como Mel Gibson (se ríe). Tenés que ir ahí gritando "freeeedom" y que te chupe todo un huevo.

Esa es la teoría. Pasa que los miedos están en el cuerpo, vienen de hace siglos.A lo que voy es que nadie hizo gran arte para mí con la guardia alta, con cuidado. Tenés que poner el cuello, seguro te ligás un bife porque es así. Tenés que curtirte. También es muy pedante pretender que a todo el mundo le guste lo que hacés. Con que le guste a algunos estoy hecho.

Quizás no quieras generar lo contrario. Una cosa es la indiferencia, otra, que te anden puteandoYo prefiero que me puteen a generar indiferencia. Prefiero que me odien. Si yo estoy trabajando es para generarte algo, dentro de lo posible algo positivo. Prefiero que digan "esto no me gusta o no lo entiendo, ¿quién se cree que es?". Por lo menos los frustré en algo, les hizo un click en la cabeza. Y a mucha gente que me odiaba en su momento, después le cae la ficha. ¿No te pasó de conocer a alguien y decir "éste es un idiota", y después le entendés el sentido del humor, y después es tu amigo, y después te casás con el idiota, como le pasó a Angie? (Risas).

Porque muchas veces cuando recién conocés a alguien los códigos no están hechos. Y para eso necesitás conocerte (con tiempo). Lo mismo con las historietas

Bueno, por último, cuando te conocí por primera vez fue en un viajecito a Rosario en el que acompañabas a Kevin y a su banda, dibujándolo todo, en calidad de "turista" casi: ¿cómo fue pasar de estar mirando el partido de afuera a no sólo ser titular, sino además protagonista?Es rarísimo. Lo que cambió la dirección de mi vida por haberme hecho amigo de este pibe (se refiere a Kevin). Tuve una cantidad de experiencias insólitas, de giras por Europa o América Latina, que no las hubiera podido tener con la historieta. Subirme a un escenario con cierto desparpajo y encontrarle el gusto a hacer reír a la gente en vivo y en directo, tampoco lo hubiera vivido. Yo soy el primer sorprendido.

¿Y cómo manejaste al principio el pánico escénico?Recuerdo que la primera vez que yo me subí al escenario con micrófono fue en Venezuela (viajábamos Kevin y yo solos, sin la banda). Kevin me dijo: "subite al escenario, vos dibujás y yo canto". Y me quedé todo el viaje esperando que me venga a decir "bueno, en tal canción hacemos esto, decimos lo otro". Y nada. En el hotel tampoco, el camarín antes del show, nada. y de repente veo que está subiendo y me digo: "¡este pibe no me dijo qué hacer!". Y cuando empezó el show y lo vi a mi amigo cantando solo con la guitarra, sentí que lo tenía que ayudar de alguna manera, entonces empecé a hacer unos coritos, a tocar con la armónica. Y todo salió tan desopilante, la gente se moría de risa, que cuando termina el show Kevin me dice (imita su voz): "tengo que aprender a entender la música como un aplauso, dejame un tiempito para adaptarme a esta nueva situación".

Siempre todo apareció en el escenario. Eso es muy divertido. Desde ese momento hasta ahora nunca nos juntamos a ensayar.

¿Pero siguen improvisando? Una amiga mía, que los sigue, me decía que siempre repetían los chistes.Obviamente hay cosas que se repiten en un show, pero todo surge en el escenario. Ahora que salió "Bi" hay un montón de dibujos nuevos, pero ninguno lo practiqué antes de subir a escena.

A la gente le encanta ir al boliche a bailar, yo nunca lo disfruté. Esto del show -creo- es lo que la gente a la que le gusta ir al boliche siente. Es como una fiesta para mí. Voy, me divierto, saludo a todos, los adoro a los pibes de la banda, jodo con uno, con el otro, empieza el show, bailo un cacho, dibujo, aplausos, cierra el telón, termino todo chivado, "qué bueno". y me voy a mi casa.

Bien lo opuesto del trabajo solitario del historietistaClaro.

Para cerrar: ¿Tenés algún guía o maestro espiritual?A toda la gente que llega a niveles muy profundos de espiritualidad y después se pone a enseñar su camino, no le creo. Entiendo que ellos llegaron, pero no creo en sus recetas. Soy muy cínico para eso. Por otro lado, le tengo pánico al aburrimiento. El yoga, la meditación, me parecen aburridos No soy muy profundo (se ríe).

No sé si es un tema de profundidad o no. Esas actividades intentan desenchufar el intelecto¡Para eso duermo!

Bueno, pero acá la idea es seguir despierto. Ojo, hay actividades meditativas, quizás para vos pintar sea una actividad meditativaEs que me parece que va por ahí. Lo mismo con el psicoanálisis. Me psicoanalizo con vos. Ya está, me salió gratis. Vino acá una chica simpática, buena onda, charlamos un rato, le contesté, saqué algunas conclusiones mientras hablábamos y listo, gratis. ¿Qué le voy a estar pagando a un lacaniano que me rete? Es como esa película de Woody Allen que se llama: "Whatever Works". Todos vivimos con suerte 80 años, entonces tratá de hacer lo mejor que te salga con las herramientas que te dieron. A mí, por ejemplo, no me funciona ir a la Meca o al Vaticano, sí me gusta ir a lugares donde la naturaleza es Bestia, es como enorme. Y eso me genera un mambo espiritual. Cada uno tiene que encontrar lo que le funcione, lo que le haga ser mejor persona, no?

Muchas gracias, Ricardo

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