Todos los días OHLALÁ! en tu mail
 
 
revistaohlala.com

Pujar o no pujar

 
 

No parí a mis hijas.

Quiero decir, desde el segundo en el que ellas aterrizaron a la Tierra que las paro (paro, presente del verbo parir), pero, para decirlo técnicamente, mis hijas no salieron de mi útero por el canal de parto.

Apenas si entiendo la palabra "pujo".

Oh, sí, de nuevo: a diario pujo, a cada rato. En este amor que, como bien lo definió María Celia: "no se relaja"... pero en el momento en que mis hijas, desde adentro empezaron a pedir pista, no pude hacerlo.

¿No pude?

Y he aquí un detalle importante: tengo un útero didelfo. Es un tipo de útero que está dividido al medio por una pielcita. Es decir, en lugar de un útero, tengo 2 hemi-úteros. Y cualquier bebé alojado en cualquiera de esos 2 ambientes (en uno u otro) lógicamente tendrá la mitad de espacio físico que tuviera todo el útero tipo loft, como la mayoría de las mujeres lo tiene.

Eso hace que el cuerpo tienda a "expulsar" al bebé en gestación antes de término... ¿o será el mismo bebé que, de tan apretujado, se manda para afuera?

Lo real es que llegado el momento no pude parir a mis nenas. Había riesgos serios (China, muy alojada a un costado, bebé de 32 semanas; Lupe, muchas contracciones, dilatación mínima, cesárea previa), así que en ambos casos, confié en la palabra de mi obstetra, mujer sensible y formada, y fui a cesárea*.

Obviamente me hubiera encantado vivir esos partos en los que entrás en trance de loba y con sólo abrirte de piernas (exagero) escupís a la criatura. También, sí, me hubiera gustado hacer la previa en una playa caribeña, como una de las mujeres del documental, jugando con delfines en el agua. Pero no creo que haya partos ideales, sino partos posibles. Y los arriba contados fueron los que a mí me tocaron como madre.

En una buena institución hospitalaria, atendida y cuidada por enfermeras (mujeres sencillas y cálidas), por doctores jóvenes, amables y profesionales, por mi familia, por el padre de mis hijas, por Nati, amiga y profesora de yoga (muy presente en el nacimiento de China), por Lili, amiga reikista (que se colaba después del horario de visita a hacerme reiki), y ya con el nacimiento de Lupe, por ustedes.

¿Conclusión? No, no parí a mis hijas, pero no quedé arrepentida. Fui consciente, fui fiel a mi naturaleza y "todo fue perfecto", incluida la Medicina (en su justa medida). Y el amor y el respeto por mi cuerpo y por mis tiempos no me lo garantizó un espacio ni un sistema de reglas, sino haberme mantenido en todo momento en mi centro.

Sé que mi experiencia no es la de todas, que a veces el sistema médico puede resultar invasivo y abusivo, así como un parto domiciliario, un peligro. He conocido todo tipo de casos. ¿Tienen ganas de revivir ese momento y revisar cómo se sienten en relación a él? ¿Algún reparo, dolor, arrepentimiento, o todo lo contrario?

*La cesárea, en ambos casos, fue decidida después de arduos intentos por parirlas que no prosperaron.

PD: Las que quieran sumarme como amiga a FB, me encuentran en Ine Sainz Interesado/as a talleres: Ablandar la mano

Compartilo
 
 
Notas más leídas
Revista Ohlala