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Activá tu lado positivo, explotá tu lado solidario

¿Cómo mantener esa chispita prendida? Poné play a tu lado b (de "buena").

 
 
 
Poné primera y ¡animate a ayudar!.  Foto: Paula Teller

Por María Eugenia Castagnino
Producción de Lulu Biaus
Realización de Eugenia Foguel

Seguramente, a raíz de los graves y trágicos sucesos vinculados con las últimas inundaciones en las ciudades de La Plata y Buenos Aires, algo haya cambiado. O al menos, algo muy poderoso se puso en marcha: la gran mayoría de la sociedad quiso dar una mano . Lo importante era HACER algo y no ser indiferentes ante la necesidad. Ante el dolor. Ante la bronca y la impotencia. Y así, nos pusimos en el lugar del otro y nos conectamos -desde la cabeza y la emoción- con lo que le pasaba . Ahora, en el mundo en que vivimos, tenemos miles de oportunidades de ayudar... ¿Por qué no lo hacemos más seguido? Muchos dicen que de los errores se aprende, pero, sin duda, mucho más puede aprenderse de los aciertos: ¿qué tal, entonces, si potenciamos esa chispa solidaria que se encendió y la acrecentamos? ¡Hacia ahí vamos!

Un nuevo paradigma: la colaboración

Desde el siglo XIX, se explicó la evolución de las especies y la motivación que guiaba las relaciones entre las personas a través de la lucha y la dominación que imperaban. En ese momento, lo que valía era "ser superior". Sin embargo, hace ya un tiempo que podemos vislumbrar el inicio de un nuevo capítulo que empieza a emerger con fuerza. Se trata de un relato que se extiende a través de diferentes disciplinas, en el cual la cooperación y la acción colectiva desempeñan un papel más importante. ¿Esto qué quiere decir? Que ya no va más el modelo en el que se comprende la supervivencia del más apto como la derrota del más débil. Antes, las naciones, las empresas y las personas solo triunfaban derrotando y destruyendo a sus competidores. Hoy hay una nueva "historia" que guía el pensamiento en la ciencia: la cooperación . Muchos investigadores y teóricos de la neurociencia social, que estudia los circuitos cerebrales cuando interactuamos, ya avalan la emergencia de un nuevo paradigma que propone la empatía entre los seres humanos como parte esencial (y "ganadora") de nuestra naturaleza. Es decir, como la estrategia de adaptación biológica de los seres sociales.

¿Por qué ayudamos?

¿Nunca te preguntaste qué pasa realmente por tu cabeza cuando te conectás con el otro? ¿Por qué es posible que podamos saber lo que siente y entender qué necesita? ¿Por qué experimentamos compasión ante otras personas? Justamente esto es lo que viene estudiando y cuestionando la neurociencia social. Iluminó un gran misterio de la mente humana descubriendo -a mediados de la década de los 90- la existencia de las "neuronas espejo", las responsables de que sintamos casi inmediatamente lo que el otro siente. ¿Cómo funcionan? Es un mecanismo muy sutil y complejo, por el cual las neuronas activan en nuestro cerebro exactamente las mismas áreas activadas en el cerebro del otro. Y entonces, si ese otro está necesitado o si está sufriendo, automáticamente estamos listas para ayudar. Es como si de repente, nuestra conciencia se ampliara y tuviéramos la sensación de que "estamos en el mismo barco". Eso es la empatía. La gran pregunta que cabe entonces es: si todos los días nos enfrentamos a diferentes oportunidades para ser solidarias con otros, ¿por qué no lo hacemos? Y la respuesta también está en la naturaleza de nuestra mente: el altruismo y el egoísmo conviven permanentemente en nosotros. Estamos todo el tiempo oscilando en ese rango cuyos extremos son "me miro a mí" y "miro al otro". Es imposible vivir todo el tiempo en cualquiera de los dos extremos, pero probablemente muy poco puedas hacer por los otros si estás todo el día ensimismada en tus propias preocupaciones cotidianas .

Este mismo mecanismo (la visión "ombliguista" o la visión "altruista") puede aplicarse a lo que sucede con lo que sentimos cuando ayudamos. Por ejemplo..., ¿qué te pasó el día que revisaste tus placares, juntaste varias bolsas de ropa y alimentos para donar, las clasificaste poniéndoles etiquetas y las llevaste a algún centro de donaciones? Porque -¡ojo!- ser solidaria también puede despertar cierto narcisismo ; podés haber vuelto ese día a tu casa con una sonrisa de oreja a oreja mientras te repetías: "La verdad es que soy muy, pero muy buena y además eficiente, porque con la agenda de locos que tenía hoy, me hice un ratito para llevar las cosas", sintiéndote súper bien con vos misma, pero haciendo que ese ego "agrandado" te separe de los otros. O también podés ponerte a pensar en las personas a las que les va a llegar ese par de zapatillas que guardabas "por si acaso", o esa frazada que tenías en el fondo del ropero "por si viene gente a dormir" o esos alimentos que fuiste a comprar. Y obvio, también te vas a sentir bien, pero no por vos..., sino por ellos. Esta alegría altruista es mucho más cariñosa y te une a la gente, porque te trae el combo "bueno-acompañado", que es muy diferente de "bueno-admirado" , que, a pesar de ser también una opción motivadora y buena, te aleja de los demás. En definitiva, poco importan los motivos para el resultado material -ya sea narcisista o altruista, la ayuda llega y siempre suma-, pero son definitorios para la persona que resultás ser.

¿Qué nos "distrae" a la hora de ayudar?

¿Cuándo se apaga esta empatía que traemos por naturaleza? ¿Qué cosas empañan el "espejo" de nuestras neuronas? Debemos reconocer que la cultura en que estamos inmersas nos propone poco tiempo para conectarnos. ¿Por qué? Porque nuestro cerebro registra mucho (¡muchísimo!) y entonces se dispersa fácilmente con distracciones inacabables y la sensación permanente de que nunca es suficiente (lo que hacemos, lo que tenemos, lo que logramos), y vivimos pendientes de los proyectos acumulados que se generan por compararnos continuamente con todo eso que registramos. Por eso siempre estamos endeudadas de recursos: "No tengo plata", "no tengo tiempo" y "estoy tapada de proyectos" son la tríada de cosas que nos suceden. Obviamente, estar tan enfocadas en la acción y en lograr cosas apaga la empatía -¿cómo fijarme realmente en el otro si estoy permanentemente evaluando si voy a poder pagar el alquiler o si voy a llegar a tiempo al trabajo con el tráfico infernal de Buenos Aires?-. Cuando nosotras mismas nos transformamos en "posibles víctimas", nos ponemos egoístas e incapaces de sentir eso que haría que valiera la pena saludar con una sonrisa a los que viajan conmigo o ir todos los domingos a un geriátrico a leerles a los viejitos. ¿O acaso nuestro "yo" narcisista va a poder lucirse lo suficiente ante los demás cuando digamos que en vez de estar terminando una maestría, vamos tres veces por semana a dar clases de apoyo escolar a un barrio carenciado? Eso es algo de lo que se ocupa nuestro contabilizador interno, ese que siempre está haciendo cuentas para nuestra imaginaria "supervivencia" y que solo se apaga cuando le hacemos saber que es suficiente lo que somos, tenemos y/o hicimos, porque si no, siempre cree que podríamos estar haciendo "más" y "mejor", y entonces -a sus exigentes ojos- el tiempo y los recursos dedicados a otros podrían entenderse como una "pérdida", en vez de una increíble oportunidad de sentirnos contagiadas por el bienestar que podemos provocar en los demás. Por lo tanto, la próxima vez que escuches ese ronroneo mental, decile: "¡Shhhhh!" y ponete en marcha.

Claves para potenciar tu solidaridad

 
Foto: Paula Teller


1) Pará la acción desmedida de tu rutina. Estamos agotadas, apuradas, estresadas, y muchas veces necesitaríamos días de 48 hs. para resolver todo. La mente siempre va a tejer sus argumentos para mantenerse ocupada "haciendo" algo productivo. Y es probable que si echás un vistazo a tu agenda, no tengas espacios destinados para hacer trabajo solidario o voluntariado. Eso no implica que no puedas generártelos. Es básico: si no parás un minuto y estás todo el tiempo persiguiendo las cosas urgentes, lo verdaderamente importante puede estar sucediendo a tu lado sin que seas capaz de girar por un momento la cabeza para observarlo. A veces, solo es cuestión de detenerse un instante y mirar alrededor.

2) ¡Arrancá! "Sí, este año, cuando esté un poco más tranquila, quiero organizar unas colectas en la escuela adonde va mi hijo", dijiste a principio de año, y seguramente todavía estés esperando que se te haga el tiempo. O quizá lo que te está deteniendo sea no saber exactamente dónde y cómo canalizar tu solidaridad. Lo importante es que arranques por algo: quizá chiquito, improvisado y con lo que tengas a mano. Eso ya te pone en movimiento y empieza a crear un círculo virtuoso: al ver los primeros resultados, no vas a poder parar.

3) Comunicá y estate atenta Ser el nexo entre los que necesitan algo y aquellos que lo tienen es una forma de ayudar. Existen miles de fundaciones y ONG que necesitan recursos de diversa índole: de infraestructura, medicamentos, alimentos, mobiliario o incluso recursos humanos específicos. Durante los episodios de las inundaciones, las redes sociales y las casillas de mails de la mayoría de nosotras explotaron con pedidos. De eso se trata a veces: de funcionar como un "puente", de estar alertas para ver cómo podemos contribuir. Por ejemplo, hace algunas semanas llegó un mail a la redacción de una periodista que decía que una amiga suya hace cuadernos artesanales y con el agua había perdido todo, y necesitaba una mano para volver a empezar. ¿Cómo ayudarla? Desde nuestro lugar, por ejemplo, dándole difusión a lo que hace para que pueda recuperarse de a poco (más info: www.zafirologia.com.ar). Estar atentas también implica detectar esas cosas que acumulás en tu casa, pero que otros pueden estar necesitando imperiosamente. ¿Tu hijo ya empezó la primaria y todavía guardás la cuna por si llegás a tener otro bebé? Muchas personas pueden estar necesitando eso que no usás y/o stockeás "por las dudas". Y ojo: no pienses solo en objetos materiales. También podés ayudar con ciertos talentos tuyos. Lo mejor que sabés hacer -curar, hacer manualidades, tejer, cocinar, leer o defender derechos- puede ponerse al servicio de quienes lo necesitan.

4) Comprometete Una vez que arrancaste, hay que sostener la acción desde el compromiso. ¿Qué significa? Reafirmar y cultivar permanentemente las ganas de estar haciendo eso, ponerse ciertos límites (mantener cierta cuota de egoísmo hace que tampoco te olvides de tu propia vida), apagar nuestro contabilizador, que siempre va a intentar boicotearnos, y priorizar la experiencia otorgándole un valor dentro de tu vida. ¿Cómo te sentís desde que te entregás a los demás? Volvé a esa sensación para apoyarte en ella cada vez que estés desganada o agotada. Y si asumiste el compromiso de ir todos los jueves a la tarde a dar clases de apoyo escolar a un hogar de niños, no faltes a la primera de cambio o cuando aparezca un plan más interesante. En algún momento del proceso, tu cabeza va a hacer ese "clic" necesario para convertirlo en un hábito, y la próxima vez que te surja algo un jueves a la tarde, va a resultarte natural decir: "No puedo, estoy ocupada".

5) Premiate al final del día Los balances siempre son buenos y necesarios: saber qué cosas hicimos bien reconforta y produce una sensación de bienestar muy placentera. Repasá internamente al final del día, antes de acostarte, esas acciones solidarias que pusiste en práctica durante la jornada -sí, también vale el haberle cedido tu asiento del bondi a esa señora que subió con cara de cansada-, pero no para hacerle un mimo narcisista a tu ego -"¡guau, qué genia y buena que soy!"-, sino para sentirte recompensada por eso que el otro te devuelve en un gesto, en una mirada o en su gratitud, o quizá no, pero vos tenés la convicción de haber hecho lo correcto. Y por otra parte, revisarte también implica reforzar el compromiso para el día siguiente.

¿Qué te vuelve cuando ayudás?

¡Mucho más de lo que pensás! La generosidad con los otros crea riqueza interior y es altamente transformadora. Robert Axelrod, en su libro La evolución de la cooperación, aportó un concepto basado en la teoría matemática de los juegos, que se conoce como "toma y daca" ("tit for tat", en inglés) y, básicamente, tiene que ver con la idea del altruismo recíproco (te doy, me das), una estrategia que funciona para el largo plazo y cuyo precepto más sencillo es "empezá siempre dando". Cuando damos, siempre vamos a estar recibiendo algo a cambio, y vas a advertir rápidamente que es un buen negocio: en general, es mucho más lo que recibís -en gratitud, en alegría, en bienestar y felicidad- que aquello que empezaste ofreciendo. Las acciones solidarias -que activan la entrega, el amor, la compasión y el cuidado- generan esas mismas emociones en nosotros, y de esta forma vas a estar actuando de la manera en que te querés sentir. ¿Qué esperás para ponerlo a prueba? Vas a ver que es mucho más fácil cambiar las emociones a partir de las acciones. Y volviendo un poco al inicio de la nota, no dejes que se duerma aquello que hizo que te movieras por los otros en este último mes. Despabilalo y mantenelo vivo. Que no aflore solo en las situaciones de crisis extrema. Que no sea tan solo un boom pasajero. Y si sos una abanderada de la solidaridad, contagialo a quienes te rodean. Recordá que siempre, pero siempre, hay cosas por hacer.

Inspirar al otro

El psicólogo Daniel Goleman -autor del libro Inteligencia social- brindó un claro ejemplo en su conferencia TED acerca de la compasión: una vez, en las escaleras del subte, él observó a un hombre inclinado hacia un costado, sin camisa y sin poder moverse. Cientos de personas pasaban apuradas por encima de él y caminaban a su lado. Pero él se detuvo un momento. E inmediatamente, una media docena de personas también lo hizo. Y así averiguaron que el hombre no sabía el idioma del lugar, que no tenía dinero, que llevaba días deambulando por las calles y que se había desmayado de hambre. Inmediatamente, alguien fue a conseguir un jugo de naranja y algo de comida. Y así, entre todos, ayudaron a que el hombre se pusiera nuevamente en pie. Pero hizo falta que uno mirara, sintiera empatía y tomara responsabilidad. El hacer, ponerse en marcha, es muy inspirador para otros que aún siguen mirando su propio ombligo.

¿Colaborás con alguna causa? ¿Qué sentís cuando ayudás?

Experta consultada: Lic. Inés Dates, Psicóloga.
Maquilló Agustina Caparra para Bettina Frumboli Estudio con productos Lancôme.
Peinó Roho Boutique con productos Redken. Agradecemos la colaboración de Andrea Escudero, Las Pepas, Akiabara, Kosiuko, Complot, Vitamina y Uma.
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