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Más que una cartera

 
 
 

Hoy, y una vez más, vuelvo a Chanel. Inspirada por una sucesión de encuentros con esta marca en diferentes momentos del fin de semana: una entrevista a Lagerfeld divertidísima, la película que cuenta el romance entre Coco y Stravinsky (la voy viendo más de tres veces), la revisión de la nueva temporada que acaba de presentarse en París... Y caigo en que nunca antes repasé lo que para mí significa una cartera Chanel, en especial la clásica de las más clásicas, la 2.5.5: "inteligente y con un toque de lujo", como lo define la maison.

 

Digo que es mucho más que una cartera no sólo por las 180 supervisiones de calidad que lleva la confección de cada una antes de ser aprobada o por los siete bolsillos que ayudan a organizar todo (hasta hay lugar para guardar las cartas de amor, en uno pequeñito y secreto). Por ser idéntica por fuera y por dentro o por el forro en forma de sobre rígido bordó que sirve para detectar las cosas con mayor rapidez y que no se pierdan sobre un fondo negro, típico de todo bolso.

Una cartera Chanel es, especialmente, símbolo de buen gusto y tradición, tradición parisina. Chanel es París y París es la coupé de la alta moda. Si bien es un íncono costoso, por cualquier rue que uno camine se topa con una de estas carteras, en todos los colores, diferentes estilos de cuero, tamaños y diseños. Jóvenes y señoras las llevan y a todas les calza bien, pero diferente, adaptándose al hombro de cada una como un guante. Creo que una 2.5.5 caracteriza los outfits de una mujer fuerte, trabajadora, triunfadora, segura y moderna. Creo que no hay mujer que no se sienta identificada con Coco en algún aspecto, ni mujer que si ama la moda no desee tener uno de sus bolsos.

 

Mi primera cartera me sigue acompañando a través de los años, de las mudanzas y de la evolución de mi estilo. Representa para mí un símbolo de esfuerzo, dedicación y perseverancia en el mundo de la moda. Al mirarla miro mis comienzos, mis orígenes en este ambiente, mis anhelos, alegrías y luchas. Con el tiempo, tuve la suerte de que me regalaran algunas otras y la colección se fue haciendo grande, pero hace poco las regalé a todas. Fue una suerte de despojo, quizás como eso que dicen algunos de vaciar el vestidor para llenarlo mejor. O simplemente de despojo. Pero no me pude despegar de mi primera Chanel, que ya está bastante gastada de tanto uso. Sin embargo, como les contaba, el valor emocional que tiene va más allá de si sigue de moda o de su precio.

 

Es como esos pequeños (o grandes) tesoros que todos guardamos para que nos acompañen siempre. Como una especie de amuleto que nos da fuerzas y nos recuerda mucho de todo, lo lindo y feo que nos marcó. Eso especial que nos dice que que vale la pena seguir peleándola.

 
 
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