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Devoción bichera

 
 

No es que Buenos Aires me enrosque por puro deporte. Como ya saben, estoy en un momento bisagra en el que debo hacer una maniobra que tiene sus dificultades.

Aun así, por momentos logro desconectarme de todo eso y soy UNA con Pancha, la yegua que me lleva por este paisaje peliculesco, de ensueño... (no, no exagero, parece una sabana africana).

 
El campito de almaviajera (La Aurora del Palmar). 

Tan terapéutico que Lupe, subida conmigo, adelante mío, termina completamente dormida.

Concluye el paseo y entiendo mejor la locura de madre por su caballo y todo el folclore de la equitación, pasión que de chica ya tenía y recién a sus cincuenta y pico está pudiendo practicar a diario.

 

Y no sólo conecto, conectamos con los equinos. Estando acá también nos enamoramos de los perros. Sobre todo de una cachorra de momento apodada Luna, una Border Collie, la única que quedó de las 13 crías.

Luna despierta en hijas toda una devoción bichera que en Buenos Aires generalmente se traduce en tensión y miedo, "ay, mami, mami". China la alza y la besa, Lupe me pide: "mami, ¿podemos llevarla a casa?"

 

Las veo y me siento identificada. Lo que enloquecí a mis padres a mis 9 para que me regalen a Panchita, ah, sí, como la yegua... pero perra Beagle, cola parada, chinchuda como solo ella.

Algún día.

Algún día serán otras las circunstancias... y quizás, quién les dice.

Hoy sólo somos compañeros de recreo, de este precioso paréntesis mágico-natural que me estoy dando... para juntar coraje... antes de dar el salto.

(y-allá-vamos)

¿Cómo se llevan ustedes con los animales? ¿Con qué animales? ¿Cómo se vinculan sus hijos? ¿Y ustedes de niños? ¿Algún perrito o gato que hoy extrañen?

PD: ¡Últimos lugares en seminario de marzo (arranca el 15/03) y talleres cuatrimestrales! Ablandar la mano

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