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Todos los caminos que conducen al placer

La meta es tu propio orgasmo, pero hay varias formas de alcanzarlo. Explorá todas las opciones y llegá así a un multiorgasmo.

 
 
 
Por Denise Tempone.

Tenés un objetivo claro, que es, por supuesto, llegar al placer. No estás sola. Un hombre, uno que te encanta, te acompaña en esta aventura. Él deberá hacer lo mismo, sólo que parece mucho más fácil la parte que le toca a él: su objetivo es mucho más cercano y directo. Lo tuyo puede tardar un poco más, pero usando todo tu cuerpo de manera apropiada no sólo vas a alcanzar tu meta una vez, sino ¡todas las que quieras!

Prepará tu cuerpo

Es cierto: a veces, el primer intento puede dejarte exhausta. Si fue muy intenso o te costó mucho dar en el blanco, tal vez ya no quieras ni volver a probar. Sin embargo, la mayoría de las veces, podés apelar a algunas técnicas para juntar fuerza y seguir de largo.

Tensioná tu cuerpo en cuanto finalice el primer orgasmo: aunque todo tu ser pida relajación, empujalo a seguir contraído y alerta. Tensioná deliberadamente los músculos de tus piernas, brazos, abdomen y estirá tus empeines como una bailarina. La tensión corporal ayuda a estimular la circulación, mantener la temperatura y la atención.

Contraé también tus músculos vaginales: una vez que hayan terminado las contracciones del primer orgasmo, comenzá a contraer nuevamente la zona del músculo pubocoxígeo, calificado como el músculo sexual por excelencia. ¿Cómo lo hacés? Mediante los famosos ejercicios Kegel: tensionando la zona que apretás cuando querés evitar hacer pis. Presionar hará que se mantenga la concentración de sangre en la zona.

Jugá con la respiración: olvidate de las bocanadas de aire lentas y pausadas. La idea no es abandonarte al relax sino todo lo contrario. Mantenela superficial, jadeá, entrecortala, aguantala un poco. Así tu cuerpo va a entender que esto recién empieza...

Activá la fantasía: justo cuando empieces a sentir que ya estás satisfecha, pensá en eso que te vuelve loca . Esto es sumamente privado; no hace falta que se lo digas a él, o ni siquiera que lo sospeche. Es una pequeña carta mental a tu favor para mantenerte andando como si aún no hubiese pasado nada. Funciona.

Redoblá la apuesta: actuá físicamente como si ya estuvieras lista para ir por tu próximo orgasmo. Mové la pelvis, gemí, movete. Apelá al lenguaje corporal de una gata en celo y mantenete en la sintonía de sentirte absolutamente sexual e insaciable. Actuá un poco el personaje para conocer otras facetas tuyas y lograr nuevas sensaciones.

Hablá: ciertas palabras y frases pueden ser muy fuertes dichas en el momento justo. Tal vez quieras pedirle más, rogarle que no pare y confesarle que seguís en llamas. Escucharte puede ser mucho más poderoso que pensarlo. Intentalo.

Cambiá el tipo de estímulo: si tuviste el primer -o segundo, o tercer- orgasmo mediante el sexo oral, buscalo ahora con otro estímulo. Tal vez quieras ahora un toque más directo o estés lista para la penetración. Ya lo sabés: en la variedad está la diversión.

Cambiá el punto:explorá diferentes zonas erógenas . Recordá que aunque te parezca difícil alcanzar el orgasmo a través de puntos no genitales como los muslos y los pezones, una vez que ya alcanzaste uno o varios, el cuerpo femenino está más listo para responder. Es como si estuviera más cerca y, por ende, el recorrido fuera menor. Podrías sorprenderte.

No te obsesiones: si bien toda mujer tiene el potencial de experimentar multiorgasmos, hay que tener en cuenta que son sólo una opción más. No hagas de esto una gran meta porque la misma ansiedad por lograrlos puede boicotear la experiencia. Simplemente, hacé tu parte para que tu placer no quede en los pocos segundos que duró el primero e intentá ponerle más fuego al encuentro.

Seguí participando

Con la actitud correcta - es decir, natural y juguetona -, podés seguir intentándolo en cada encuentro, todas las veces que quieras. Si te das la libertad, nunca sabés hasta dónde podés llegar.

Experta consultada: Dra. Silvina Valente. Ginecóloga y sexóloga del Hospital de Clínicas.
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