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De a dos y sin escala

 
 

El sábado a la noche, después de un viernes en el que tomé cerveza para un equipo de futbol entero, salí al cumple de una amiga de la secundaria. Ahí me encontré con Maia, una amiga de ella que también es periodista y con la que cada tanto hablo.

" Tengo algo para tu blog ", me dijo.

Se está por ir a vivir con el novio, derecho desde lo de los padres, sin escala. Estuvimos hablando un rato y coincidimos en algo: sus planes hace cinco años, cuando no lo conocía a Iván, eran otros. Siempre quiso irse a vivir sola, tener su espacio propio y disfrutar de la soltería con su lugar como centro de operaciones de su grupo de amigas. Los planes cambiaron. Y eso la hace muy feliz.

Están de novios hace cuatro años y ambos sienten que ya es momento de dar ese paso. Tienen mi misma edad, viven con los padres y recién ahora, él a punto de recibirse y ella con el título en la mano, están económicamente preparados para poder mantenerse.

"Podría irme a vivir sola, pero hoy elijo estar con él", fue lo que me dijo cuando yo le conté que vivir sola para mí es una experiencia por la que está bueno pasar. Según lo que me dijo, vienen pensando y ahorrando para esto desde hace varios meses. Y desde que dieron el sí (a la mudanza) están atravesando todas esas cuestiones (elegir departamento, comprar muebles y electrodomésticos) juntos.

Sus planes originalmente eran mudarse a principios de mayo. Para esa fecha él termina de rendir y ella tiene vacaciones en el trabajo, pero siempre hay imprevistos. Empezaron a buscar departamentos con tiempo y encontraron el indicado muy rápido, así que decidieron alquilarlo para no perderlo y empezar a llevar las cosas ahí de a poco. Hace dos semanas los padres de Maia le contaron que a mediados de marzo vienen abuelos y tíos de visita de afuera y se quedan parando en su casa un mes.

Según lo que me contó, ella tiene más de un motivo para huir rápido de su casa. Lo que no tiene, obviamente, son muebles ni electrodomésticos. Los planes volvieron a cambiar: ella se muda hoy y él cuando termina sus exámenes.

Lo que más le preocupaba con la idea de que ella se instale primero y él después era que él sintiera que no es su casa solo porque ella estaba viviendo ahí desde antes, pero Iván la tranquilizó. Le dijo que quizá es bueno que se vayan haciendo la idea de a poco y que él le puede ser muy útil para instalar cosas, ayudarla a mudarse, etc.

Organizada y meticulosa, decidió hacer división de tareas: Maia es alérgica al polvo así que casi no puede estar presente cuando hacen instalaciones, por eso él se ocupó de esperar a todos los gremios en el departamento (electricista, pintor y demás). Un santo.

Mientras Iván discutía con un electricista, llegó la heladera que compraron, que era la que más les gustaba y que, después de averiguar mucho, encontraron un tío con descuento en el fabricante y la compraron. Por algo está hecha la frase: lo barato sale caro.

 

Él estuvo llamando para quejarse varios días hasta que Maia agarró el teléfono. La conozco y doy fe que es de esas personas a las que no las conforman con "la llamamos mañana" y la musiquita de fondo. Logró que se comprometan a cambiársela este viernes.

"Moraleja: es buena la división de tareas pero en definitiva somos un equipo.", concluyó ella. A veces me pasaba que no entendía a las que se van directamente de la casa de sus padres a vivir con sus maridos o novios, pero ahora lo veo con más claridad. Son un equipo, y no hacer escalas en un departamento de soltera no tiene nada de malo; es solo un camino alternativo. Muchas cosas de a dos deben ser más fáciles y compartir la vida con alguien debe estar buenísimo también.

¿Ustedes cómo hicieron? ¿Se fueron directo de lo de sus padres con novios? A las que viven solas, ¿les gustaría vivir con alguien? Con ropa y alergias de otoño empiezo la semana. No me disgusta este frío.

Buen lunes.

Tina tinavivesola@gmail.com

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