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Aleluya, ¡empiezan las clases!

 
 

El lunes una de ustedes se quejaba de esta época, del inicio de clases, de la re-activación en la ciudad, de las corridas, los bocinazos, de las madres corriendo con sus crías.

A lo que otra de las comentaristas (Mariatmina) comentó: "a mí me organiza".

Y me identifiqué de lleno con esas palabras. A mí también me organiza. ¡No saben cuánto!

No puedo negarles que me da un poco de pereza todo el folklore de los primeros días, que chuik, chuik, besos, ¿y qué tal tus vacaciones?... Y eso no es nada, ésa es la mejor parte. Después vienen las reuniones de padres (de hecho, en minutos nomás debo salir rajando a una de ellas), las clásicas instrucciones, las entrevistas iniciales, la puesta a punto del guardapolvo (Fede lo retira), de sus cuadernos...

Uh, uh, paréntesis: Se me vino un recuerdo pesadillesco para mi vieja, de cuando yo hacía la primaria en el Andersen. Le daban un listado de mínimo 5 hojas, ¡cinco hojas! con una cantidad desopilante de útiles (nunca tuve una cartuchera tan sofisticada y pipona como en aquél entonces), de cuadernos por materia, que no sólo había que forrar con papel araña de equis color, sino además, sumarle una cartulina, un plástico protector, las etiquetas institucionales, una carátula con el escudo del colegio (sí, había un escudo con el lema "luz y guía", pfff) y encima, una cintita bebé -del mismo color del cuaderno- a la que se le adosaba un papel secante, también con etiqueta. Estoy hablándoles de un promedio de 10 cuadernos (entre mañana y tarde)... ¡!

Recuerdo después del cual, no, no podés quejarte, Inés. Lo tuyo es fácil, facilísimo. Además, tus hijas van a escuela pública. Que es excelente, que tiene maravillosos docentes, espacio, gran estructura, Cooperadora al pie del cañón, y encima no hay que pagar más que una cuota mínima de materiales, y anual. Mínima. Que ni siquiera te la imponen.

Eso sí, como arriba les decía, hay folklore. Reuniones y actos, actos por todos lados. Himnos. Palabras en voz alta, aplausos, a veces el recitado de una poesía y en general juegos para que los adultos pongan el cuerpo con sus crías.

Y bueno. Un poco me divierte. A veces.

Ahora bien, habiendo sorteado esa primera semana-obstáculo... para mis hijas y para mí la rutina del jardín es todo-disfrutable. Ellas en su salsa, con sus amigos, mamá con más tiempo de trabajo y cuando voy a retirarlas, nos quedamos "papando moscas" (¿se acuerdan de aquel post?), yo con varias madres, amigas, que quiero y que ahora vengo extrañando, por haber estado de vacaciones.

Y a la vuelta, amigas a casa, o hijas a casa de una amiga. Sociabilidad en su dosis máxima, sin abombarme, sintiéndome en comunidad, acompañada, vinculada, en presencia. ¡Presencia!

Imaginen que trabajo mucho sola y vinculándome desde la virtualidad (salvo cuando doy mis clases), entonces la rutina escuela se convierte en una parte necesaria en mi vida, casi la otra cara de la moneda.

Oh, sí, sí... ¡¡¡da fiaca el arranque, pero qué bueno, qué bueno que empiezan las clases!!!

¿Cómo viven ustedes el inicio de las clases? ¿Cómo lo vivían de chicos?

 
En la mercería, comprando cintita para las toallas.. 

 
Terminando los cuadernos: imprimí, corté, pegué, escribí, etc.. 

 
Ah, creer o reventar: ¡también cosí!. 


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