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Las prendas de Karl

 
 
 

Chanel me encanta, es quizás la maison que más admiro por su elegancia, sobriedad, historia y modernismo. Por haberse podido mantener siempre en lo más alto pero sin traicionarse, y creo que en esto Karl Lagerfeld tiene gran responsabilidad. Hasta la tipografía de la marca Chanel es simpleza pero excelencia.

Me quiero centrar hoy en él y en su propia línea de ropa y accesorios, que me llama mucho la atención así como Marc Jacobs tiene la propia y hasta una librería (Bookmarc, no dejen de visitarla en Nueva York o en París). Pero la propuesta de Lagerfeld, si bien creo que sus precios son un poco elevados para la calidad de las prendas (son buenas, pero no es Chanel), tiene mucho de él, de sus gustos más personales: rockero, punk, jovial, dark, pop y elegante.

La semana pasada miré y palpé mucho de su última colección y noté el gran tributo a esta esencia en cada prenda, en cada detalle. Todo en negro o blanco, bases en gris y sólo alguna camiseta con toques de rubí o rosa pálido. Reminiscencias de Chanel en apliques a sacos, pero de cuero gastado sobre lana gruesa. Poleras muy finas con algo de cashmere, botones de nácar en el cuello y mini flecos, jeans con detalles en plateado y botamangas arruchadas tipo acordeón, guantes sin dedos, tan Karl, camisas de buen algodón con cuellos extravagantes y vestidos muy urbanos, para todos los días pero con escotes geométricos que le dan un toque de exclusividad al look.

Pensé en la eterna rebeldía de Lagerfeld, en cuánto lo apasiona la juventud, la fotografía y lo under. Y, a la vez, en todo lo bien que entiende a las mujeres más clásicas y tradicionales del mundo. Miro la última colección crucero de Chanel, toda en colores pasteles, y la colección Karl, oscura y ciertamente densa, propia del inconsciente. Y me gusta que así sea, que la diferencia esté porque al final no somos uno, si no los muchos que desde adentro movilizan nuestras pasiones.

 
 
 
 
 
 
 
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