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Un comienzo ajustado II

 
 
 

En estas semanas y días de tan intenso trabajo siento que mi carrera, a mis 23 años, vuelve a foja cero; que todo vuelve a empezar. Es fundamental renovarse y encarar la moda desde otro lugar y con una nueva actitud para crecer. Pero cuando les digo que todo vuelve a empezar es porque hay muchas veces que siento que no sé nada de todo esto y ahí me veo, literalmente, sintiéndome como cuando tenía 16 años y todo era de otro planeta. Siempre digo que nos salva el instinto de supervivencia, la capacidad de adaptación y el oficio, que para eso uno se rompe construyendo tanto, ¿no?

Por ejemplo, me pasa hoy de llegar a un casting o a un desfile y no conocer a ninguna de las chicas. Cada temporada se renuevan los planteles y, a pasos agigantados, caras y cuerpos nuevos que quizás duran poco, o no, pero ahí están siempre para demostrarte que la competencia es aún fuerte y que nunca se termina de llegar. Por eso también hoy me doy cuenta de que en muchas situaciones una vuelve a pagar un derecho de piso como si fueras recién nacida, por más experiencia que ya tengas y por mucho que te adoren los diseñadores.

En este constante recambio que caracteriza al mundo de la alta moda, también hay momentos muy aburridos en los backstages ¡porque no conozco a ninguna de las modelos! Algunas tienen mi edad pero también hay muchas más chicas o más grandes. Las miro y me acuerdo de cuando empecé y mis amigas, que ahora me llevan unos 5 o 7 años, tenían otra energía y quizás más ganas de romperla. Todavía se vivía un poco eso de creerse ser una súper modelo, y estaba bueno. Hoy en día, veo que las chicas tienen una actitud despreocupada, relajada, como si estuvieran de paso temporada tras temporada, o se tomaran a este trabajo como una pasantía.

Sobrellevar con buena onda el aburrimiento y las horas muertas previas a un desfile, por ejemplo, es de lo más valioso que aprendí a lo largo de todos estos años. Porque los primeros desfiles son una montaña rusa, pero el resto más bien una calesita eterna. Por eso, buena música, un libro que tenga atrapado y saber hacer sociales distinguiendo a la gente copada son salidas óptimas para no amargarse pensando que un minuto y medio fugaz de pasarela es el resultados de más de seis horas!

 
 
 
 
 
 
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