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A los golpes

 
 

 


El sábado fue el cumple de Nacho, que sigue sin encontrar departamento. Fuimos a ver juntos uno más y él por su cuenta sigue en la búsqueda. Como insistía en no hacer ningún festejo, con Maga organizamos una cena improvisada con pizza y una pequeña torta de limón en mi casa.

Cayeron dos amigos más y nos quedamos hasta tarde. En un momento Maga me vio las piernas y me dijo riéndose: "¿querés contarnos algo?". No me había dado cuenta de que tenía un moretón en la rodilla y dos más en la otra pierna. Obviamente esto no me sorprende, porque siempre fui un poco torpe, pero debo reconocer que en este último tiempo estoy particularmente distraída y llevándome puesto casi todo lo que se cruza en mi camino.

Recapitulando un poco, me sorprende no tener más golpes. Este fin de semana tuve una invasión de polillas en mi casa (¿soy la única o está todo Buenos Aires repleto de polillas?) y creo que debo haber matado mínimo a diez. Para varias de estas hazañas tuve que subirme a una silla o salir corriendo en busca de una servilleta y chocándome con algunos muebles en mi camino (¡y eso que tengo re pocos!).

Soy flaca y bastante huesuda, quizás es por eso que maniobro mal la cadera y a veces cuando voy a la cocina me doy la cintura contra el marco de la puerta. Quizás es que mi cuerpo todavía no se acostumbró a las dimensiones de mi nueva casa, aunque lo veo poco probable. De todas formas no encuentro otra explicación para tanta torpeza.

Otra que siempre hago es la de levantar la persiana para salir al balcón, no calcular bien mi altura y dármela en la cabeza. Cuando salgo a regar, que voy con una botella cargada con agua me pasa bastante seguido.

El dedo chiquito algún día me lo voy a arrancar definitivamente. Es la parte de mi cuerpo que más sufrió en estos 24 años que llevo. Sillas, mesas, puertas, el pobre se dio con todo.

Como ya conté alguna vez, soy de cantar en la ducha. Hasta ahora nunca recibí quejas de los vecinos, así que sigo. A pesar de que sé que es un peligro, no puedo evitar cada tanto tirar algunos pasos. No se trata de coreografías muy elaboradas, son algunas mímicas que acompañan la canción. Por ahora solo me caí una vez y no fue más que un moretón en la rodilla, pero tuve que poner una alfombrita de baño para no resbalarme cuando salgo de la ducha. Estoy considerando seriamente comprar esos pescaditos que usan los nenes (que seguramente vienen en miles de formas y colores) para no resbalarme cuando me baño.

Si bien mi departamento para mí sola está bien de tamaño, a veces me pregunto por qué como seres humanos vivimos en lugares tan chicos solos. No quiero en entrar en cuestionamientos sociales ni en teorías baratas, pero una costumbre podría haber sido tranquilamente vivir de a muchos en espacios grandes y no solos en cajas de zapatos. Tampoco sé si esto hubiese hecho que yo sea menos torpe, honestamente. Y no creo que muchos hubiesen disfrutado de escucharme cantar cada vez que estoy bajo la ducha.

¿A ustedes les pasa? ¿Tienen algún mueble de esos que siempre se chocan? Yo me llevo puesta casi siempre el borde de la mesa, entre otras cosas.

Tropezón no es caída. Buen lunes para todas.

Tina
tinavivesola@gmail.com

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