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Para romper el hielo (confesiones de febrero)

 
 

Confieso que el texto de los lunes, el primero de la semana, me da una fiaca poderosa.

Confieso que hoy es domingo de mediodía y todavía estoy despertándome porque ayer tuve una jornada socialmente agitada: bautismo de sobrina suiza, Celina, hija de cuñada Julieta y su marido canadiense-alemán, Matthias.

Confieso que creí que quedaría toda la noche pintada, toda la cena, venía ya con jaqueca en la misa evangelista y sin embargo, me pasé toda la noche speaking (more listening) in English con/al padre de Matthias, un hombre canadiense con una historia de vida y realidad tan ajena a la propia (vive en el campo, limpia los caminos cubiertos de nieve, y es parte de una asociación que acompaña a personas en sus últimos días, hasta su muerte) que no podía no escucharlo, no interesarme por sus él y sus relatos.

Confieso que presenciar el bautismo de mi sobrina me hizo recordar el tema pendiente con mi segunda hija, y volví a considerar lo que vengo sintiendo hace un tiempo: quizás deba buscar otro marco, fuera del catolicismo, para hacerlo. Confieso, sí, que el ritual de bautismo de China no me terminó de cerrar en un sentido profundo. Y tampoco tengo absoluta claridad sobre qué de todo (si la ceremonia, si el sacerdote, si el credo) no me convenció en su momento.

Confieso, cambiando de tema y en otro orden de cosas, que me vengo sintiendo obsequiada (¿será por la cercanía con mi cumpleaños?). Que una amiga me hizo un regalo atípico y de entrada no supe qué hacer, si aceptarlo o no. Me regaló un conocido curso de respiración, conocido pero también polémico (o cuestionado al menos).

Confieso que no sólo sentí mis prejuicios sino que además llegué a preguntarme: "¿cómo lo comunico en el blog? Con todo el revuelo que el año pasado se armó, me van a dar con un caño"... y sin embargo, al rato, me sentí una estúpida si no abrazaba la posibilidad de 5 noches conmigo misma, poniendo el cuerpo en ejercicios que, más allá de cualquier ideología, me significarían un beneficio. "Masí, recibilo", concluí, "vos que vivís pidiendo ese tipo de huecos". Y sentí un profundo agradecimiento por mi amiga, por su gesto.

Confieso que no sabía cómo miércoles terminar el texto -que confieso deseaba fuera breve y al grano- así que decidí soltarlo y dejarlo reposar.

Confieso que son las 9 y 38 AM y no tengo una idea wow ni una gran confesión que hacerles, pero sí una linda sensación en el cuerpo, de ligereza, de pecho abierto, de viva viviéndose...

Y confieso, por último, que quiero seguir confesándome con ustedes, en los comentarios, que ya sabemos, es en equipo, entre todos, a fuerza de coraje colectivo, que uno va agarrándole la mano (a esto).

¿Ustedes qué confiesan?

 
Con Luna, prima mayor, que vive en Suiza. En breve se viene video.

 
Celina, la menor de las primas. Tan chiquita y linda.


PD: Las que tengan FB y quiera agregarme como amiga, me encuentran en Ine Sainz https://www.facebook.com/inaese Para las interesadas en talleres o seminario de marzo: Ablandar la mano http://www.ablandandolamano.blogspot.com.ar/

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