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Un comienzo ajustado I

 
 
 

HarveyD, una lectora del blog, me preguntó hace unos días sobre cómo fue empezar de tan chica, resistir presiones lejos de mis afectos, manejarme con la plata, enfrentar los desafíos de las grandes ligas y, ante todo (y a esto lo agrego yo), mantener un espíritu feliz y no librarme a la tentación de aflojar. Porque sí, es muy complejo ser profesional casi de cero frente a lo que exigen los grandes siendo una adolescente y a miles de kilómetros de mi país. Claro que no todo fue ni es alegría, de eso nadie ni nada te resguarda y está bueno. Me gusta mucho esta frase que dice "el dolor es inevitable, el sufrimiento es una elección".


 
Fotos con Max Cardelli. 


 
Fotos con Max Cardelli. 


A los 16 años, como alguna vez conté en el blog, me mudé a París directo desde Caballito. Era mi primer viaje a Europa y al exterior, una lengua nueva y un trabajo muy competitivo y exigente me esperaban. Muchos me metían terror. Había empezado como modelo un par de años antes, pero al combinarlo con el colegio o hacerlo en horas libres, no era de la magnitud de la alta costura, no era Chanel. Pero no lo dudé y me fui. Vengo de una familia de gente muy trabajadora y muy simple, somos diez hermanos y mi mamá enfermó hace varios años; desde muy chiquitos aprendimos a cuidarnos mucho entre nosotros. Asumí responsabilidades fuertes, mis hermanas más chicas dependían mucho de mí y no podíamos darnos el lujo de un capricho ni de exigir mucho, de nada. Nos acostumbramos más a ayudar que a pedir. Quizás por eso siempre quise ser independiente y muy libre.


 
Estapa pelo corto. 


En este primer gran viaje a Francia me acompañó Sidney, mi agente de aquellos años. Y muy rápido se transformó en una enorme contención porque todo ese proceso de cambio y adaptación es demasiado para hacerlo de golpe. Al principio viajaba conmigo, pero el tiempo fue pasando y yo acostumbrándome a vivir sola, a hacerme cargo de una casa, de las cuentas, del banco, de mi familia que estaba en Argentina... Creer que una está sobre una bandeja de cristal por el hecho de vestir cristal es una fantasía, por lo menos en los comienzos todo es muy muy difícil. Por más diosa y deseada que seas, hay un derecho de piso que pagar en todos los ámbitos, gente nueva que se te acerca y gente que no se te acerca, estándares económicos que te abruman porque, sin que te des cuenta, se transforman en una exigencia o en una necesidad (por más espiritual que seas), mentalidades diferentes con las cuales convivir, una competencia feroz y, aunque seas muy valiente, el temor de fallar. A la alta moda llegan muy pocas, y se mantienen en carrera poquísimas. Después de diez años puedo verlo con más claridad.


 
Al comienzo, con mi gran amiga Emina Cunmulaj. 


A los 18 años me mudé a Nueva York por nuevos mercados. Fue un año intenso de trabajo, de muchas revoluciones juntas, grandes éxitos, luces, una consolidación de mi carrera con frutos que perdurarán por siempre, pero cuando cumplí los 19, la crisis golpeó fuerte al mundo y especialmente a la moda. Empecé a verme muy sola, como si un peso me asfixiara, y a la vez me encontré en una situación más material angustiante: gastaba más de lo que ganaba, sólo en alquiler y en vivir, porque si bien me fascina lo mejor y lo lindo (¿a quién no?), no derrocho, tengo consciencia de ahorro. Vivir sola era y es el lujo que me daba y que me doy (París es una ciudad costosísima y vivir solo es un esfuerzo tremendo). Es que siempre necesité mi espacio y mi aire, y confieso que fue muy difícil adaptarme y buscar un balance frente a lo que me estaba pasando. Poco a poco me fui acomodando y al tiempo todo se estabilizó bastante. Una gran lección que me quedó de esa época, aunque suene a obviedad absoluta, es que, por lo vertiginosa de mi carrera y del mundo en que vivimos, sé que de un día para el otro estamos obligados a aprender para resolver situaciones que normalmente llevarían años. El famoso "hacer algo al respecto", pero hacerlo de verdad. No quiero hacer un post kilométrico, se hartarían y yo querría explayarme! Así que haré otra entrega de este "comienzo".


 


Pero no quiero cerrar esto sin contarles algunas cosas que también aprendí, y es con lo que insisto siempre: el trabajo de modelo de alta moda tiene de positivo el no ser rutinario, el viajar, conocer, cultivarte. y, al mismo tiempo, es un campo plagado de incertidumbres, especialmente vinculado a no tener un sueldo periódico como tanta gente lo tiene y que, al final del día (o del mes, je) es una tranquilidad. En aquellos años complejos, pasé meses en que mis cuentas estuvieron en 0 y luego por milagro de un trabajo la cuenta balanceada. Ser modelo de alta moda y sólo modelo (ya escribiré un post de esto) es como ser empresario independiente, pero sin muchas reglas o indicaciones, porque la elección de una cara o de un cuerpo para una campaña tiene mucho de subjetivo. ¿Por qué una temporada ganan las andróginas y en otra temporada las ultra femeninas? No lo sé, es un enigma para todos los que incluso conocemos de cerca el medio. Ser camaleónica es una gran salida, pero a veces los camaleones tampoco gustan.


 
Tapa de Marie Claire. 


Como dice mi amigo Nicolás, la vida es una mesa redonda. Y eso tuve que aprenderlo desde muy chica. Todo gira, va y vuelve. Hoy está arriba, mañana abajo. Pero lo más importante es volver uno mismo a la felicidad de saberse en el camino elegido y re elegirlo cada día, sea como haya sido ese día. Siempre destaco que, incluso en momentos difíciles - como llegar un día a mi casa y darme cuenta de que no era feliz con mi matrimonio y que deseaba que se terminara la angustia (tengo muy grabado ese momento, ese clic)- siempre he peleado por la felicidad y por sentirme bien en cualquier lugar y plato de la mesa que me toque.


 



 
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