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París para amar

 
 
 


Si París es una ciudad romántica, por estos días de mucha nieve y de menos de tres grados, diría que es la ciudad más romántica y sensual del mundo.

Los puentes me pierden, me teletransportan a besos infinitos, a caricias íntimas aunque todos pasen a tu lado. Algo como lo que me pasó hace poco en la sala de armas de un museo lleno de gente y con la autoguía en mil idiomas, pero mi cabeza y mi cuerpo sintiendo todavía la noche anterior sin poder separarme de esas imágenes... Cliché a más no poder esto del romanticismo parisino, pero es así: ¿quién no sueña con morir de amor en París? ¿Con una declaración de amor o con una invitación a vivir al límite (en el mejor de los sentidos)? ¿Con vivir algún momento especial en uno de sus puentes? Vamos, hay que sincerarnos! Hoy me toca tener mi casa en París y estoy descubriendo esta faceta suya que antes sólo leí por ahí o escuché. Hoy lo siento de verdad y el frío lo potencia.

Además de los puentes, París me vuela la cabeza en cada detalle, como fantasear con situaciones en el baño de algún bar. Y se me viene a la mente Le Fumoir , esa escena debajo de la mesa que pasa en Rayuela , de Cortázar. Alto voltaje en letras. O la magia de Medianoche en París, escenas que sólo veo factibles en esta ciudad. Eso me sucede con París constantemente: imagino las parejas que se esconden del frío, que se encuentra para recibir y dar calor... O, también, revivo amores pasados, aunque ya no estén, aunque ya no vayan a estar.


 



 
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