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Jazmín Stuart: "No hay nada que me cure más la cabeza que moverme"

La actriz de 37 años hizo lo que se prometió no repetir y volvió a la tele con una tira: Mi amor, mi amor. En la nota, nos cuenta por qué, qué aprendió, habla de su hijo y de su cable a tierra.

 
 
 
Camisa con bolsillo aplicado (Kosiuko, $420), shorts estampados con elástico (UMA, $448).  Foto: Martín Pisotti. Producción de María Salinas y Ferni Moreno

Por Carola Birgin y Florencia Belitrand

Llega con apenas unos minutos de retraso, pasadas las tres y media de una tarde de viernes. Camina lentamente, con una sonrisa suave, hasta la mesa donde la esperamos. Está divina: pelo recogido en una colita, cero maquillaje, y nos llama la atención descubrir un surco vertical en su mejilla derecha. No hace falta preguntar nada, al toque confiesa lo que la marca de la almohada delata: acaba de despertarse de una siesta. Nos cuenta que grabó toda la mañana, corrió para llegar a almorzar con su hijo, Manu (de tres años), lo durmió y, en el mismo acto, cayó rendida. Aprovecha cada minuto que tiene para compartir con él. Y también, para recuperar energía. Jazmín Stuart decide probar algo nuevo, pide una pomelada (como limonada, pero de pomelo), empieza a desprenderse de la somnolencia y, a medida que conversamos, se va despertando hasta mostrarnos una mujer lúcida, inquieta, creativa y apasionada.

Tanto juraste que no ibas a hacer nunca más una tira y ahora protagonizás Mi amor, mi amor... ¿Por qué volver al vértigo diario de la tele?
¡Todavía no lo sé! Efectivamente, yo me había propuesto nunca más hacer una tira diaria porque hay algo en ese ritmo de trabajo con lo que no termino de estar de acuerdo. A mí me apasiona contar historias, tanto delante como detrás de cámaras; escribo, dirijo y le tengo mucho respeto a la tarea de contar una historia. Entonces, siento que en una tira diaria se pasan muchas cosas por encima, necesariamente, porque es un sistema industrial que tiene que funcionar. Así que me había prometido a mí misma no entrar en ese ritmo. Y me lo planteé aun antes de tener un hijo de tres años con quien conciliar una rutina.

Sin embargo, ¡acá estás!
Lo que me pasó fue que venía de generar muchas cosas yo: de filmar un largo, estrenarlo, llevar todo el estreno adelante, hacer el guión de la próxima película. Venía de mucha autogestión y, en un momento, mi deseo fue: "Quiero entrar en algo que organicen los demás". Actuar me permitía irme a jugar a un lugar donde estuviera todo organizado, y por otros. Lo deseé tanto que apareció enseguida.

Sólo que no con los ritmos que esperabas...
Exacto. Pero, bueno, me resultó muy atractivo que fuera comedia, trabajar con Juan Gil Navarro, con quien ya había laburado re bien en Historias de sexo de gente común. Y además, me copó muchísimo eso de que El Árbol fuera una productora comandada por actores: Pablo Echarri y Martín Seefeld.

 
Musculosa con estampado tropical y botones en el frente (Estancias Chiripá, $210).  Foto: Martín Pisotti. Producción de María Salinas y Ferni Moreno


¡Ahhh! ¿No pudiste decirles que no a dos galanes, entonces?
Y... ¡Es que son dos muchachos muy entradores! Además, un dato no menor para decidirme fue que no tenía que grabar en los estudios de Martínez sino cerca de mi casa. De otro modo, habría sido un destierro insoportable para mí, teniendo un hijo tan chico. Era como un combo que cerraba y, como era un elenco grande, me imaginé: "Bueno, va a ser un ritmo tranqui...".

¿Te equivocaste?
Mmmm, a los diez días de estar grabando, entré en crisis profunda, dije: "No, no, no, ¿qué hice, qué hice?". Básicamente, por la falta de tiempo, no por el laburo en sí mismo, que siempre fue disfrutable, sino porque de repente me acordé de lo que era la sensación de no volver a tu casa durante doce horas, llegar filtrada. Encima con el plus de llegar y encontrarte con tu hijo, agotada. ¡Y la culpa!... Me explotó la cabeza, entré en crisis, estuve todo un fin de semana angustiada. Hasta que empecé a darme cuenta de que había semanas más tranquilas que otras y de que, si en el horario del almuerzo me hacía una escapada en la bici, llegaba a buscarlo a Manu al jardín.

Pero cansada.
El cansancio no lo resolví, pero sí solucioné los tiempos y me di cuenta de que me podía organizar como para, más o menos, dividirme entre mi casa y el laburo. Hasta que me equilibré. Ahora, ya puedo disfrutar las dos cosas.

¿Es la primera vez que te separás de él para trabajar?
Más o menos. Hice cosas puntuales y hasta rodé una película, pero con él colgado de mí, ¡tomando la teta! Me equilibró mucho porque, al estar pendiente de Manu, no estaba excesivamente preocupada por la película, y al estar pendiente de la película, no estaba excesivamente preocupada por Manu.

 
Bikini triángulo con volados (MÄDA, $489), shorts de raso con vivo a contratono (Kosiuko, $396).  Foto: Martín Pisotti. Producción de María Salinas y Ferni Moreno


Además, como que rinde más el tiempo destinado al trabajo cuando una se lo está "restando" a un hijo, ¿no?


Es que te conectás más rápido. Yo antes me quedaba mirando la compu, y ahora ya está, tengo un rato para escribir, voy directo a la idea, no me puedo quedar en blanco tres horas. Y a la inversa, no pasarte de mambo con tu hijo. Cuando nació Manu, me tomé su rutina y sus cuidados como algo sagrado, como que para mí era un proyecto que quería llevar a cabo de manera puntillosa. Mis amigos varones me decían: "Estás enloqueciendo, no hablás de otra cosa. Cambiá de tema, relajate, relajate".

¿Te relajaste?
¡No se puede! Pero en algunas cosas, bajé un cambio. Hay etapas para todo. A mí me alegra haber estado y ser consciente de que en la vida de un nene hay momentos que no vuelven. Tengo recuerdos de momentos muy profundos de nuestra relación y estoy feliz de conservar eso. Soy muy de querer atesorar el tiempo y las experiencias. No sé, desde chica tengo una enorme conciencia del sentido del tiempo. Por eso, desde los 12 años escribo.

¿Qué?
A esa edad empecé a escribir diarios y cartas, para documentar cosas.

¿Volvés a esos diarios alguna vez?
A algunos sí. Otros no quiero. Algunos de la adolescencia son muy crudos.

 
Bikini triángulo con volados (MÄDA, $489), shorts de raso con vivo a contratono (Kosiuko, $396).  Foto: Martín Pisotti. Producción de María Salinas y Ferni Moreno


¿A quién le escribías cartas?
Por ejemplo, tengo una hermana 12 años más chica que yo. Desde que nació, le escribí cartas contándole cómo era nuestra familia, las cosas que estaban pasando, cómo la veía a ella crecer... Cuando cumplió 16, le di todas las cartas juntas. ¡Muy fuerte!Y ese tipo de cosas las hago mucho.

¿Seguís haciéndolas?
Sí. Es como querer viajar en el tiempo, de alguna manera. Poder estar en el futuro desde hoy, asegurarme de que algún mensaje llegue en el futuro y guardar cosas del pasado para que no se pierdan. Y a la vez, escribir es un momento de estar con una misma.

Teniendo un hijo quedan pocos ratos de soledad, y los pocos momentos que tenés sin el nene los pasás en pareja, ¿no?
Tal cual.

¿Ustedes tuvieron un noviazgo largo antes de que llegara Manu?
Hace como cinco años que vivimos juntos. Y si bien yo ya había tenido una convivencia anterior (porque siempre tuve eso de querer construir con la pareja, de necesitar armar algo), también vengo de mucho disfrute de estar sola. Tengo muy buenos recuerdos de viajar sola, de vivir sola, de ir al cine sola, de comer sola.

 
Camisa de gasa (Estancias Chiripá, $249), gafas estilo carey (Infinit, $999).  Foto: Martín Pisotti. Producción de María Salinas y Ferni Moreno


Además de la maternidad, ahora, con el perfil más alto por la tele, ¿te cuesta andar "sola" sin sentirte observada?
Eso no. La verdad es que no tengo mucho registro de si volvieron a mirarme por la calle como cuando hacía mucha tele. Y eso que ando mucho por la calle. Soy un poco colgada y tal vez no lo noto, pero también creo que quizá no soy una persona que inspire las ganas de acercarse. Por ahí hay actores o actrices que tienen como una cosa más de glamour. Yo creo que eso no lo tengo.

Si están Brenda Gandini y vos en la calle, ¿decís que le piden más autógrafos a ella?
Claro, obvio. No sé, capaz que no me parezco a lo que parezco en la pantalla.

¡Y no te parecés mucho a la de "antes"! ¿El cambio de look fue decisión tuya?
¡Uf!, fue como una especie de concatenación de cuestiones. Unas semanas antes de que me propusieran hacer la tira, me había cortado un flequillo medio largo, en mi color castaño; estaba feliz. Cuando tuve la reunión, dos o tres días antes de empezar a grabar, me dijeron que querían que yo estuviera rubia y que Brenda se volviera castaña. Entonces, me hicieron como un rubio, pero muy veloz, porque al día siguiente empezaba a grabar.

¿Te gustó cómo quedaste?
¡No! Cuando me desperté y me vi en el espejo, casi me muero de un infarto, me pegó muy mal, pero tuve que ir a trabajar igual y empecé a grabar así como estaba: rubia con un flequillo demasiado largo que me tapaba mucho los ojos. A los días empecé a darme cuenta de que me tenía que cortar un poco el flequillo porque no podía actuar con la mirada tan tapada. Lo empecé a cortar, y lo corté y lo corté y me fui a la mierda (risas). El color me lo fueron haciendo con un poco más de cuidado y se fue armando ahí el personaje. Pero fue todo como consecuencia de distintas incomodidades.

 
Camisa de gasa con cuello a contratono (Estancias Chiripá, $249), falda plisada (Kosiuko, $928), cinturón trenzado (Besha, $298),acordonados (Complot, $999).  Foto: Martín Pisotti. Producción de María Salinas y Ferni Moreno


¿Ya estás cómoda?
Sí, ya sí. Fue mucho cambio junto, pero igual me sirvió porque yo siempre fui muy temerosa de cambiar demasiado el aspecto para un personaje, y eso me sirve para animarme. Fue como un empujón. Entre el look y la nueva rutina, de pronto me di cuenta de que se puede cambiar y que está todo bien.

¿Le das bolilla a la apariencia? ¿Sos de cuidarte?
Más o menos. Pero trabajo físico hago siempre.

¿Qué hacés?
Voy cambiando. Uso la bicicleta como medio de locomoción. Tomo clases de danza y corro. Eso me da mucho placer. Es una descarga alucinante, me conecto con el aire libre, pongo música y es genial.

¿Te hacés listas de música para correr?
Sí, las hago yo. Es muy importante la música.

¿Lo importante es que sean temas que sigan tu ritmo y lo mantengan?
Depende, hay varios discos que son perfectos para correr, rítmicamente hablando. Y a veces puedo correr con música más tranqui, pero tiene que ser definitivamente más lenta. Hay una frecuencia que te mata porque está más abajo que la velocidad de tu corrida, pero apenas. Entonces, eso te genera confusión. Pero si vas con algo muuuuuucho más lento, ya no te confunde. A medida que doy vueltas, hay algo que se me suelta, y ese momento es alucinante porque las piernas van solas y entrás en un estado como de meditación, de mucha relajación, a pesar de que el cuerpo está haciendo un esfuerzo grande. Cuando termino de correr, hay algo emocional que se ablandó muchísimo. Alguna vez me tuve que arrojar detrás de un arbusto y esconderme a llorar a moco tendido porque se me suelta algo que ni sabía que estaba.

¿Corrés con regularidad?
Sí, dos o tres veces por semana. En este momento, es mi terapia. Si dejo de hacer algo físico, a los quince días estoy completamente loca. Mucho pensamiento.

¿Cómo es eso?
Es que si no me muevo se me va toda la energía a la cabeza y empiezo a enroscarme. Para mí, pasar la energía al cuerpo desenrosca la cabeza, es automático. Sobre todo en actividades que impliquen sincronizar. Cuando bailo, también: si pienso, me pierdo, así que estoy plenamente presente en el cuerpo.

Y eso es lo que te conecta.
Es terapéutico, como un lavado de cerebro. Y correr tiene el mismo efecto. No hay nada que me cure más la cabeza que moverme.

 
Solero con corte en la cintura (Complot, $379), bandolera con vivos (Lázaro, $898).  Foto: Martín Pisotti. Producción de María Salinas y Ferni Moreno

Se ve que tenés mucha energía. Ahora que en el programa dejás mucho en manos de otro, ¿qué hacés con toda esa energía que te queda?
Bueno, mucha se me va actuando. Y aparte, yo estoy corrigiendo dos guiones y estoy con la previa de una película que voy a estrenar el año que viene. Tengo muchos archivos abiertos en la computadora que vendría a ser yo. A mí me gusta tener varias cosas en paralelo. Me interesa mantener el entusiasmo, si no, me desespero.

¿Siempre fuiste de manejar muchas cosas a la vez?
No sé si siempre, pero sí distingo un momento clave. Tenía veintipico, había terminado la carrera de dirección, no había trabajo en cine y me metí en la tele. Descubrí que no tenía sólo un oficio, sino tres: escribir, dirigir y actuar. Eso me terminó de identificar como persona, la posibilidad de elegir.

¿Te aburrís fácilmente?
Sí, justamente por eso me gusta tener tres o cuatro cosas. Yo creo que la vida tiene mucho que ver con algo tan simple como "estás divertido o estás aburrido". Suena bobo, pero me parece que es así. Hay otros aspectos de la vida que son, necesariamente, estables. Como madre, como esposa, una mantiene muchas estabilidades en la vida. Vos sos un pilar que sostiene la estabilidad de tu casa, las cuestiones domésticas, la estabilidad de tu pareja, la de tus hijos. Si te quedás sólo ahí, te ahogás. Ahí es donde también es importante estar divertida.

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