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Julieta Díaz: "La presión por la maternidad no es solo de afuera"

Los 35 la encuentran más plantada que nunca: casada, cosechando el éxito de la película Dos más dos y sin miedo a tomarse el tiempo necesario para pensar en sus decisiones

 
 
 
Traje de baño (Sweet Lady, $339), camisa de poplín (Kosiuko, $420), falda de denim en degradé (Kosiuko, $774).  Foto: Foto: Sebastián Arpesella. Producción: María Salinas


Aunque el tránsito nos obligó a llegar media hora tarde y estamos a las corridas, nos quedamos impactadas por el ascensor antiguo que nos lleva a la casa de Julieta Díaz. Se trata de un edificio estilo francés perfectamente conservado en Barrio Norte, muy diferente del típico depto palermitano. Ella nos abre serena, no parece incomodarse por nuestro retraso, todo lo contrario: nos tranquiliza y nos invita a pasar, mientras intenta controlar a Niní, su perra salchicha que salta cual atracción de circo. Ya tiene preparado un té que incluye frutas secas, Frutigran, alfajores de arroz, barritas de cereales, frutillas y una tetera con un té especialmente elegido para OHLALÁ! , un blend de vainillas. Julieta nos recibe como si fuéramos amigas y nos confiesa que desde hace tiempo le venía pidiendo a su representante que le hiciéramos una segunda nota de tapa. "Me encanta la revista", cuenta. En eso llega Brent, su marido, y Niní vuelve a saltar como loca, mientras el dueño de casa ("el responsable de la decoración", explica Julieta) entra y saluda súper relajado. Tanto miramos y preguntamos que nos invitan a recorrer su hogar. Julieta hace de guía turística y no deja ni un ambiente sin mostrar, ni siquiera los que están -para su gusto- un poco desordenados. Y nosotras nos sentimos como en casa: la charla se da en ese contexto de flamante nidito de amor, con una Julieta que empieza a sentirse más cómoda con su rol de ama de casa y también con el tiempo libre.

¿Qué onda con la carrera, dónde estás parada, con qué proyectos?
Ahora mismo, estoy en un momento en el que estoy disfrutando un montón lo que pasa con la peli, que sigue en cartel...


 
Vestido de plumetí con volados (Chocolate, $1350), manta tejida en varios colores (Casa Chic, $1290).  Foto: Foto: Sebastián Arpesella. Producción: María Salinas


El tiempo de descanso, ¿cómo lo llevás?
Bien, porque propuestas de trabajo para encabezar y trabajar, siempre tengo, pero estoy haciendo lo que me gusta, lo que tengo ganas. Para mí, si tenés la posibilidad de elegir tu trabajo, que es una bendición, tenés que hacer algo que te represente en ese momento y cosechar un poco lo que sembraste, fueron muchos años de trabajo.

¿Te da miedo que te encasillen en un tipo de personaje?
No, eso no... Estoy en un momento en el que es muy importante el trabajo, pero no siento que mi identidad dependa de eso. Digo, yo tengo trabajo y necesito trabajar, nadie tiene la vaca atada, pero, a la vez, estoy haciendo un camino muy personal, pensando en las prioridades y los valores. Estoy un poco en un momento bisagra.

¿Y eso pasó porque encontraste otra vocación, por tu relación con Brent?
Creo que tiene que ver con la relación con mi marido: ahora no me siento una actriz, sino una mujer que trabaja de actriz. Eso me liberó un montón. Es fácil decir esto desde el lugar en que estoy, bendecida con la posibilidad de trabajar de lo que quiero y que mi marido tenga trabajo; ese lujo me da la posibilidad de conectarme con otras cosas, de conectarme conmigo misma. De pronto, me encontré diciendo mucho que no, pero ya no puedo seguir diciendo que no, tengo que ver qué quiero hacer.


 
Traje de baño (Sweet Lady, $339).  Foto: Foto: Sebastián Arpesella. Producción: María Salinas


Este número tenemos un especial de novias; ¿sentís que hay un antes y un después de este compromiso?
Yo soy cero Susanita, nunca pensé que me iba a casar y tener hijitos. Yo podía convivir toda la vida, no me interesaba casarme, pero sentía que él era un tipo que sí quería, y yo le decía a mi amiga: "Nunca le pediría que nos casemos, no lo presionaría con eso porque no es tan importante, ahora, si él me lo pide, le digo que sí, porque con la única persona con la que siento que me casaría es con él". Es que a él le creo que me lo pide para toda la vida, y miren que tuve parejas lindas, estuve muy enamorada, pero él tiene algo que yo le creo: es una persona responsable, tiene un compromiso, es un tipo muy honesto, muy laburador. Yo le creí y sentí que sí, que yo además necesitaba eso, el tema de lo legal, de ese orden, de esa apuesta, como algo moral, es casi como una expresión de deseo, hoy lo tomo así y quizás en veinte años no me parezca lo mismo.

Pero te gusta decir: "Mi marido" (risas).
Sí, suena lindo, es (como se dice en inglés) un statement: tiene autoridad; es una pelotudez, pero hay algo ahí, es una institución, y también tiene que ver con conocerse más. Yo siento que soy más formal de lo que pensaba. Claro que hay gente que no cree en el matrimonio, y me parece genial; también hay gente que tiene hijos y no se casa, y es un statement más fuerte quizás, pero a mí me encanta que él diga: "Mi esposa", siento que soy de él y de nadie más, ¡me encanta sentir eso!


 
Remera de algodón batik (María Cher, $348), pantalón palazzo (María Cher, $798).  Foto: Foto: Sebastián Arpesella. Producción: María Salinas


¿Tenés Twitter?
Sí, es totalmente mío. Me han ofrecido pagarme, pero es un espacio demasiado personal, en el que soy yo con el mundo, recomiendo las cosas que me gustan, quizás algún plato que cocino, esas cosas.

¿Y cómo te pegan las críticas cibernéticas?
Me pasa pocas veces, por suerte; cuando me pasó fue por política o algún desubicado que manda una guarangada.

¿Por qué te criticaron por política?
Me pasó cuando fui a 678; fui por la película y me empezaron a insultar por Twitter: "Yo sabía que eras oficialista, hija de p...". Después, fui a TVR y me empezaron a decir el mismo estilo de cosas. Como yo no quise tomar ninguna posición determinada en ese momento, me empezaron a insultar desde el otro lado también: "Sos una kirchnerista tibia", me decían, y ¡epa!, es como que te obligan a tomar una posición. Pero bueno, yo los bloqueo. También hay gente que hace críticas constructivas, y les respondo, pero cuando vienen con mala onda, guarangos o medio psycho, los bloqueo.

¿Te sentiste con la necesidad de tomar una posición?
No, y tampoco me interesa que sepan todas mis posiciones, no soy una política; soy actriz, tienen que saber qué obra de teatro voy a hacer y punto. Después, cuando me interesa apoyar al Equipo Argentino de Antropología Forense, o a las Madres, o la megaminería, voy y apoyo. Hay cosas de las que creo que es necesario que se enteren, pero hay otras que no, porque tengo mis dudas, y este último tiempo intenté estar más informada, cosa que me cuesta porque no le creo a nadie. Es difícil tener una opinión, porque siempre hay una contraopinión; trato de estar informada, tener las dos campanas. Es una cuestión muy personal, yo creo que hay que estar informadas. A mí me cuesta, porque para ser coherente y tener una posición, tenés que leer los diarios todos los días, y hasta en el mismo día las noticias van mutando, entonces, bueno, tenés que estar muy atenta, y a veces me cuesta...

¿Ésta es una época que te angustia o te da esperanzas?
Hay cosas que me gustan, que creo que están bien, pero esta cosa de pros y contras no me gusta, me asusta un poco y me angustia. Yo entiendo que desde lo político sea una mirada muy naíf, y tampoco me dan muchas ganas de opinar demasiado sobre el tema porque siento que cualquier cosa que digas te va a encasillar en un lado o en el otro, y no quiero que me encasillen. De todas formas, hay una ideología básica de la que la gente más o menos se da cuenta, por los derechos, por la línea moral que tenés, los valores, las cosas de las que hablás.


 
Foto: Foto: Sebastián Arpesella. Producción: María Salinas


Tu marido, que es de los Estados Unidos, ¿se adaptó bien al país y a este contexto?
A él le costó, le costó bastante. No cualquiera puede vivir fuera de su país, y en ese sentido lo admiro, le agradezco.

¿En qué hablan?
En inglés, es una elección mía. En un momento, le propuse que él hablara en castellano y yo en inglés, para hacerlo practicar, pero la verdad es que yo le hablo en inglés porque me acostumbré y porque me divierte, para practicar. Además, me acostumbré a que la relación con él sea en inglés, tengo una relación muy emocional con el idioma.

¿Cómo emocional?
Es que cuando empezó la relación, quería que él me entendiera, y tenía miedo de que si yo le hablaba en castellano no lo hiciera. Es tan complicada una relación y la vida en general que yo quería que me entendiera, y además las mujeres tenemos esa cosa de hablar tanto, nombrar todos los sentimientos, y el tipo quizá pierde concentración, entonces yo trataba de parafrasear, metía ejemplos, me esforzaba mucho. Me pasaba que estábamos discutiendo y en la mitad yo metía unos errores gramaticales o inventaba palabras y él se me cagaba de risa. Me re enojaba: "¡Yo estoy expresando mis sentimientos, tratando de tener una conversación con vos, y encima te reís de mi inglés!" (risas). Pero bueno, me acostumbré tanto a hacer ese esfuerzo para que él me entendiera que ya quedó así.

¿No te cansa hacer ese esfuerzo todo el tiempo?
Lo que pasa es que no tengo miedo a equivocarme: me equivoco, mando fruta y sigo; entonces, en ese sentido está bueno. Con él no tengo vergüenza. Además, lo que siento es que de alguna manera él está resignando un montón de cosas; y acá, conmigo, quiero que se sienta en su casa. Entonces, me parece que está bueno que en el espacio íntimo de la casa se hable su idioma, ya que él resignó su país.


 
Suéter de hilo (María Cher, $548).  Foto: Foto: Sebastián Arpesella. Producción: María Salinas


¿Ya tenía una base en Buenos Aires?
Sí, tenía su trabajo acá, su departamento...

Pero podría haber elegido irse...
Sí, porque tuvo una crisis de laburo y no sabía si volver o no. Lo ayudó nuestra relación, más allá de que él estaba instalado acá, pero bueno, la verdad es que cualquier trabajo es difícil en otro país, de cero. Imágínense lo que sería para mí trabajar allá, después de estar quince años armando una carrera acá.

Bueno, pero mirá a la Lopilato, en Italia (risas)...
Pero ella entra por Bublé, yo no estoy casada con Bublé, yo puedo llegar a poder trabajar en una inmobiliaria (risas). Es hermosa y tiene su ángel, pero está por él, cosa que me parece genial, no está mal: él es Hollywood, está en ese nivel, no es un pibe que canta nada más.

¿Y de dónde es Brent?
De San Francisco.

¿Van a visitar a los suegros?
Sí, siempre voy y estoy con la familia, con los amigos. Ahora quiero hacer un viaje para recorrer un poco más, me encanta viajar y probar nuevos sabores.


 
Maxivestido de algodón a rayas (Chocolate, $690), camisa de denim (Americanino, $269), sandalias (Hush Puppies, $590).  Foto: Foto: Sebastián Arpesella. Producción: María Salinas


¿Cuánto hace que sos vegetariana?
Siete años, y me encanta, está buenísimo...

¿Brent también?
No, pero se la banca. Aunque yo no cocino muy bien, tengo mis recetas, mis croquetitas, ensaladas con palta, pepino y tomate, después hago un arroz yamaní, y a él le encanta comer sano. El otro día, hice un acto de amor enorme y le compré el pescado, pero le dije: "Yo no lo voy a cocinar".

¿Y por qué te hiciste vegetariana?
Porque mi vieja es vegetariana desde hace veintipico de años, y en casa comía como vegetariana y cuando salía comía carne... y luego empecé a probar cocinar así, y bueno, me gusta... Yo como huevo, y ahora estoy tratando de dejar las harinas blancas y los lácteos...

En este parar y repensar, ¿entra en juego el tema de la maternidad?
Sí, es un proceso muy personal conmigo misma, obviamente con mi marido, pero sí, está presente y tiene que ver con lo mismo.

¿Sentís la presión del entorno?
Un poco sí... Es como inevitable: sos mujer, te casaste, todas las actrices tienen hijos... Es como una pregunta normal, no lo tomo a mal. Después es un tema interno, la presión no es de afuera, es interna: tomemos la decisión que tomemos, las mujeres tenemos un tiempo.

Siempre decís que por haberte casado con un norteamericano podrías tener que irte a su país en algún momento...
Sí, lo digo porque soy consciente de que el día de mañana él puede querer volver a su país, y entonces yo tengo que saberlo. Para mí no es fácil, tengo mi ego, acá me va bien.

Pero estás abierta a la posibilidad...
Tengo que estarlo, si me casé con un extranjero, no puedo cerrar la puerta a eso. Los padres de mi marido son grandes, él puede querer viajar para estar con ellos; son cosas que se van planteando.

Decís mucho que estás agradecida, que tenés el lujo de... ¿Te da un poco de culpa o de miedo que se estén cumpliendo todos tus sueños?
La verdad es que sí, porque no es fácil tener una persona al lado con la que te llevás bien, que amás, que respetás. Tengo una familia que me apoya, tengo amigos y un trabajo en el que mejor no me podría ir: soy muy agradecida. Pero también me pasa que a veces quisiera que todos pudieran tener algo así.

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